Don Agustín de Herrera y Rojas. 1537

Fuente: Lanzarote. Apuntes para su historia5
Por José Manuel Clar

Fue la vida de don Agustín de Herrera, primer marqués de Lanzarote, una sucesión de hechos valerosos, tanto en su tenaz lucha por defender la Isla como en las expediciones al exterior.
Además de lo acaecido con motivo de las invasiones argelinas, berberiscas y turcas, hubo el marqués de luchar contra otros muchos violadores de sus derechos y de la soberanía de España en Lanzarote y fuera de su isla.

Este prócer lanzaroteño, nació en 1537 en la Real Villa de Teguise, de donde era Señor, como hijo único legítimo de doña Constanza Sarmiento de Herrera y Rojas, esposa de su padre, don Pedro Fernández de Saavedra. Durante su minoría de edad gobernó la Isla su madre como tutora.
A la muerte de su padre, ocurrida en 1545, recibió juramento de fidelidad por parte de sus vasallos como Señor de Lanzarote cuando sólo tenía ocho años de edad. En 1549, fallecía su madre, haciéndose cargo de la tutela su abuela doña Catalina da Fra.
Don Agustín de Herrera heredó el valor de su padre. Así, cuando tenía 19 años, continuó las expediciones a Berbería iniciadas por sus antepasados para la captura de esclavos moros con que poblar Lanzarote. Entre 1556 y 1569, realizó hasta catorce expediciones a las costas africanas, cautivando a más de mil moros que poblaron la isla, de los cuales muchos de ellos se convirtieron al cristianismo y recibieron el sobrenombre de “moriscos” incrementando lastimosamente la población beréber de la isla, llegando a constituir un serio peligro no sólo para la religión sino para la seguridad de Lanzarote. Incluso llegó a formar una Compañía de Milicias a su servicio, a la que denominó Compañía de “Naturales Berberiscos”, que componía su guardia personal.
Cuenta la historia que en una de sus correrías a Berbería, que hizo siempre con gentes y navíos costeados por él, sostuvo un duelo a espada con uno de los jeques berberiscos más famosos llamado Athomar, venciéndole y obteniendo a cambio por su rescate 50 esclavos moros.
En 1567, el rey Felipe II, quiso premiar sus hazañas y como reconocimiento a sus servicios y los de sus antepasados, elevó su Señorío a la dignidad de título de Castilla, con la denominación de conde de Lanzarote. Esta medida no hizo más que envalentonar más a don Agustín de Herrera, que prosiguió con más saña, si cabe, que antes, sus expediciones africanas, hasta el año 1569, lo que, como veremos traería gravísimas consecuencias para Lanzarote y sus habitantes.
Como represalia a sus correrías por Berbería para capturar esclavos, tuvo que sufrir la incursión del Jeque Calafat, que invadió y arrasó Lanzarote en 1569, y dos años más tarde, la del corsario berberisco Dogalí “El Turquillo”.

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