Vida

IRENE BETHENCOURT DELGADO (Las Palmas )

Te llamo amante, porque así probablemente te llama­ ría la sociedad. A mí no me gusta, pero de alguna forma me tengo que dirigir a ti y por tu nombre no debo.

Me enteré hace unos días ya, pero el dolor aún duerme conmigo, se levanta conmigo y al doblar una curva, me espera de frente.

Las dos semanas no es en verdad lo que me duele, ¿sabes? Me parte el alma no pasarlas contigo. Dos semanas de vida y seguimos escondiéndonos. Francamente triste.

¿Cogerías un billete y lo dejarías todo para pasar es­ tos últimos días conmigo? Probablemente no…

El tiempo es sólo aproximado. En verdad puede ser sólo una o un mes. El caso es que me voy y tú te que­ das. El caso es que marcho y no podemos disfrutar abiertamente de nuestro amor.

Mientras te bebías las lágrimas hoy en la cafetería, me has hecho reflexionar sobre la vida. La cantidad de tiempo que pasa por delante de nosotros y ni nos perca­ tamos. Las sonrisas que no expresamos, los besos que no nos hemos dado, los abrazos que hemos dejado para otros instantes. Tan seguros que al día siguiente nos volveríamos a ver.

Aunque quisiera estar estos 20.160 minutos a tu lado, suponiendo que sean dos semanas, se me haría todo corto. Por eso te escribo esta carta de amor y aunque yo no esté tú podrás leerla y volver a leerla y sabrás y recordarás el amor que cada poro de mi cuerpo sentía por ti. Y que tú sentías por mí.

Te pido de todo corazón que no cambies porque si has conseguido enamorar a una persona como yo, es que eres único, eres especial. Siempre me has parecido capaz de ver sin mirar, de acariciar sin tocar, de comunicar sin hablar.

Te amo. Te amaré siempre. No sabes lo feliz que me voy. No te he tenido siempre que he querido, pero sé que cuando has estado a mi lado te he poseído al cien por cien y de eso todo el mundo no puede presumir, aunque tengan a su pareja al lado.

Ahora, no estás aquí, pero te hablo como si enfrente de mí estuvieras. Las lágrimas que de mis mejillas caen ahora mismo, me las secas tú. La mano que acaricia mi espalda, es la tuya. El mechón de pelo juguetón de mi cara, lo devuelves a su sitio tú. El latir de mi corazón, lleva tu nombre. El abrazo que estoy ahora sintiendo, lo protagonizas tú. Y en la cama, esta noche, me amas tú.

Mi amor, me vaya cuando me vaya, te llevo conmigo y me quedo contigo. Aquí queda una prueba escrita de nuestro amor, y aunque nunca pudimos gritarlo, todo aquel que lo lea lo revivirá, tal vez se emocionará. Y serán nuevas lágrimas que alimentarán nuestro amor.

Me lo has dado todo. Y aunque sé que hoy te cuestionas si habías sabido estar a mi altura, por dios, mi vida. Mira, mañanaza, si aún tenemos tiempo, mis ojos, si te brillan, que lo harán, tendrás la respuesta. Ahora no lloraría, si no te amara, no estaría triste, si no te adorara.

Cada vez que mires una estrella, acuérdate de mí y sonríe. Como una vez te dije, siempre que te recuerdo, dibujas una sonrisa en mi cara. Ahora te recuerdo. Sonrío. Sonríes en mi mente. Lloro. Y tú secas mis lágrimas.

Solía con frecuencia preguntarte cuando me mirabas ¿en qué piensas?, en ti, siempre fue tu respuesta. Mi amor, yo dentro de poco no te podré preguntar más

pero prométeme que cuando alguien te lo pregunte dirás: en alguien especial.

En el cielo, a partir de no sé qué día, tendrás un nuevo ángel que velará por ti. Mi vida enterita te la regalo, para que seas feliz. Recuerda que desde donde esté, cuando te vea feliz, yo lo estaré.

Ahora me tendrás que disculpar porque he quedado para amar a alguien. Te amo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Gravatar
Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s