Pregón de Caleta Famara 2008

Pregón de las Fiestas del Sagrado Corazón de Jesús
Caleta de Famara 1999

 Por: NIEVES DEL CASTILLO BONILLAnieves famara 2008

Señoras, señores, vecinos, veraneantes, caleteros y caleteras, en primer lugar quisiera agradecer a la comisión de las Fiestas del Sagrado Corazón de María de la Caleta de Famara, su invitación para pregonar estas fiestas.

Pregonar es anunciar, invitar, y sobre todo recordar. Para mí lo más importante es recordar, y es que La Caleta y Famara invitan a grabar en nuestra mente las más bellas imágenes que la naturaleza lanzaroteña puede ofrecernos.

Recuerdo el primer pregón de las Fiestas de la Caleta, hace más de 30 años, lo dijo el amigo Francisco Hernández Delgado, montado en un burro que llevaban los hermanos Zenón y Victor, ya que el animal era de su padre, recorrimos el pueblo acompañado de mechones ya que no había luz eléctrica.

Días antes habíamos ido al cortijo para traer palmeras, para el arco que levantamos en la plaza y decorar las entradas de la iglesia.

Si hay algo que jamás podremos olvidar los que hemos vivido aquellos años en la Caleta, es la amistad y cariño que brotaron en aquellas reuniones sobre las montañas de jable que se formaban detrás de muchas casas.

Juntos residentes y veraneantes, nos reuníamos para pescar en la Marquesa, para jugar al pañuelito, al clavo, para hacer concursos de postres en casa de Mercedes Duarte, los bailes con tocadiscos en la terraza de don Alfonso Vals y ver las vivencias ocurrentes de aquellos caleteros que un día sí y otro también inventaban una nueva actividad. Recuerdo entre ellos a Juan Antonio Morales, Pepito Bonilla, Paco Hernández, José Ramón, José Domingo Morales y a Rosalía Villalba entre otros.

Otra estampa que ha quedado grabada en mi memoria, son esos personajes, que cargados de años y de experiencia, encontraba en mis paseos por las calles de esta Caleta. Ellos son los descendientes de las primeras familias que formaron este pueblo y los que poco a poco se fueron uniendo, apellidos como Tavío, Batista, Morales, González, Martín, Machín… entre otros.

Feliciano Tavío y su mujer María: no era necesario que nos explicaran cual había sido su vida en este pueblo, en sus rostros estaba marcado el paso del tiempo como una película en la que uno se podía imaginar las olas, los barcos, las alegrías y los sufrimientos que viven los hombres y mujeres de la mar, y que hoy sus hijos, Marcial, Feliciano … nos recuerdan una y otra vez, manteniendo vivo el espíritu de su familia, espíritu de amor y trabajo hacia esta Caleta, para que nunca pierda su encanto.

Juan Tavío, que a pesar de su enfermedad quiso estar hasta en los últimos días de su vida junto a los barcos de la playa de la Caleta, una visita que nunca fallaba.

La señora Bárbara sentada a la puerta de su almacén miraba una y otra vez el horizonte, como queriendo dar gracias al Dios que le dio aquellos hijos, verdaderos marineros de la Caleta y que a todas nos imponían su estatura y piel curtida, me parecían columnas que sujetaran los ricos de Famara: Marcial, Ramón, Francisco, Rafael, José Felipe …

Marcial Machín, a cuya casa acudíamos a buscar agua y aquel rico pan moreno del que muchas veces daba buena cuenta antes de regresar a mi casa. También el señor Pedro hacía un pan muy bueno.

El Señor Dámaso, siempre con su sombrero, comentando sus vivencias y denuncias, amante de las costumbres y tradiciones le veíamos al frente de las procesiones con sus voladores.

La estampa de las mujeres de la Caleta, cargando sobre sus cabezas las latas de agua desde el pozo al pueblo y al fondo, el mar de Famara, ese mar del que el hijo ilustre de Teguise Ángel Guerra decía que » se ama con locura, con pasión honda, como se puede amar a una mujer, porque el mar parece vivir, parece que tiene alma, un alma de niño, que no sabe más que llorar o reír. El agua es como el amor, despierta nuestra sed, y luego salobre, no la sacia y es amarga como si se nutriese nada más que de lágrimas. Que no se diga que el mar no tiene corazón. Es quizás la pena de ser cruel, lo que le da el sabor amargo a sus aguas».

El trampolín, del que todos lloramos su desaparición, un símbolo físico de la identidad de la Caleta, algo que a nadie le hacía daño, y sin embargo por ser querido por todos nos lo arrebataron, como quién quita o pone una ficha de ajedrez sin tener en cuenta sentimientos, costumbres e identidad de un pueblo.
Las entradas y salidas de agua en los alrededores de la plaza y en cuyos bajos atracaban los barcos de la Graciosa, recuerdo el año en que las dos imágenes religiosas de ambas islas recorrieron las calles de la Caleta, recuerdo los vecinos de aquella isla, cuando venían en la víspera de los Dolores y desde aquí iniciaban esa larga romería de amor y sacrificio hacia la Virgen.

Los mariscos y pescado de este lugar, una delicia entre todos los manjares que la naturaleza nos aporta y que los residentes y visitantes los han valorado como los mejores platos de la isla.

Yo no sé si había que agradecer antes más que ahora a la Sagrada Imagen, seguramente es que hemos olvidado los sacrificios y penurias de nuestros padres, vivimos en una generación en la que les damos todo a nuestros hijos, incluso sin que nos lo pidan.

Las fiestas no solo deben servir para buscar huecos de diversión, nuestra mirada debemos desviarla también a las personas mayores, aquellos gracias a los cuales hoy podemos estar aquí, a los enfermos debemos llevarles la alegría y el consuelo que no pueden ir a buscar por ellos solos, a los jóvenes para que encuentren la sana diversión, sin romper lazos sino uniendo la sencillez e inocencia de los niños, y la experiencia y bondad de nuestros mayores.

Las Fiestas de La Caleta, tienen que estar bañadas de salitre y recuerdos de la mar, conjugadas con todo el progreso que la sociedad pone a nuestra disposición.

La participación en las mismas es un modo de implicarnos en la vida social de este pueblo, donde residentes y veraneantes formamos una gran familia, independientemente del lugar de origen, lo importante es que la Comisión de Fiestas ha programado una serie de actos, de los que estoy segura todos encontraremos alguno que llene nuestras ganas de participar.

Como dije al principio, pregonar es anunciar. Les deseo a todos que pasen unas felices fiestas de Nuestra Señora del Corazón de María de la Caleta de Famara y que participen en todos los actos. Muchas gracias.

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