Amor de antaño

JOSEFA GONZÁLEZ CUESTA -Albacete
PRIMER PREMIO

Mi querido Rafael:

Mucho me alegraré que al recibo de esta carta te encuentres bien, yo estoy bien gracias a Dios. Solo cuatro letras para decirte lo mucho que me está costando estar lejos de ti, en esta ciudad que cada día, se me echa más encima sin tu compañía.

Mira que te he hecho caso, cuando me dijiste que saliera raticos a que me diera el aire, que no me quedase en casa. No fuera a dar en reinar y se me quitasen las ganas de comer. Pero cariño es que tan separados estamos, que lo que se me fueron son las ganas de vivir. Lo mismo me da si entro como si salgo, yo siempre llevo el mismo títere en la cabeza: tú, sangre mía, tú al levantarme y al oscurecer. Tú siempre.

A veces me acuerdo, aún sin ser preciso, de lo mal que lo pasamos en el pueblo. El cómo nos miraban si se me ocurría cruzar por enfrente de la tasca del Gordo, cuando te sentabas a la tarde a tomar el fresco, con tu hermano y tu primo (que a tus amigos ni mentarlos quiero) parecía que basta los ojos nos iban a prohibir. ¡Qué tirria en que no nos cuajaran los quereres! cuando tu y yo éramos ya la misma carne.

Querido mío, más vale no penar por aquellos tiempos, que mucho fue el recomer y de nada vale traerlos otra vez al resuello.

Mira que te diga, cuando acabes de leer la presente, quémala no sea que tu madre la fuera a encontrar y le sirviera de desazón. Bien sabes que no me ha de importar que te desprendas de ella, que yo se que te has de guardar las letras en lo más hondo del corazón.

Y ahora Rafaelico mío, quiero que caso me hagas, que te eches una mujer decente y que te mire bien. Que te de chiquillos para callarle la boca a muchos y para que te alegren la vejez, que bien te lo has ganado. Te has de figurar el por qué te recomiendo esto, si ya mil veces lo hablamos antes de venirme a este destierro.

No penes por mí, que yo hago lo que hago feliz, en sabiendo que reharás tu vida y estarás recogido, yo estoy conforme. Sé de seguro que si tú lo hubieras de tramar por mí, no habrías de pensártelo dos veces, que te conozco bien y sé que de todo tienes menos de cobarde.

Vida mía no me vayas a llorar, no me tomes pesadumbre con lo que ya no tiene remedio. Yo me quiero ir donde te pueda esperar sin que nadie me eche en cara nuestros amores, ni nos tenga por lo que no somos. Bien sabes que no hay vicio entre los dos, solo querencia ele ley.

Y no te preocupes por más, que he forjado la manera de hacerlo para que sea ligero el trance. Ya lo compré en la droguería tal como te dije y en dos sorbos todo se acabó.

Cuídate Rafael mío y nunca olvides que igual que fui hombre para amarle, lo soy para morir por ti.

Este que mucho te quiere y que nunca te ha de olvidar. Miguel.

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