Fuente: Cuaderno de Difusión Cultural nº 32- Año 2010
Por Francisco Hernández Delgado
El gran maná de Lanzarote dura n te el siglo XIX, fue la barrilla, gracias a su producción, los lanzaroteños pudieron en parte paliar las hambrunas vividas después de las erupciones volcánicas de 1730 y hasta finales del siglo XVIII.
Para poder exportar la barrilla, había que proceder a su combustión en los llamados quemaros, de los que apenas queda alguno por la geografía lanzaroteña; junto a la barrilla se ponía los matos secos o convertidos en carbón, para mantener el fuego, hasta que la hierba ardiera en su totalidad.
Son numerosas las denuncias registradas, con motivo de la tala de matos en la zona del Jable. Los lanzaroteños ante el miedo de ser denunciados, iniciaron la taca de arbustos y matos de la graciosa, una vez cortados eran convertidos en ceniza (carbón) y se transportaba en barcos a Lanzarote.
En 1836, hay un cruce de cartas entre el Subdelegado de la Marina José Clavijo y el Alcalde de Teguise, pues el Subdelegado concede autorización a varios marineros inscrito en el registro de la marina, para que pudieran coger una cierta cantidad de arbustos en la Graciosa, el primero de estas personas fue Rafael romero, que fue detenido haciendo cenizas, y llevado inmediatamente a la cárcel de la Villa. El alcalde de Teguise hizo valer su autoridad como responsable de la conservación del Islote, argumentando que ...no siendo la citada Isleta un término realengo poblado de monte sino una dehesa común de los vecinos de Lanzarote, ocupada la mayor parte de arenas y poblada de matos y arbustos que las contienen y conservan el pasto de los ganados ….
De todos los pueblos de la isla acudían al islote a coger matos, para hacer cenizas, en 1865 fueron sorprendidas las vecinas de Arrecife, Antonia Suárez, Francisca García y Josefa Hernández, que habían ido con algunos familiares para lleva r ceniza para Arrecife.
En 1868, Lucia no Vega alcalde de Teguise, nombra a Pedro García Rosa, celador encargado de la vigilancia del islote, en la notificación que se le envía se dice,
“…En atención a que V. es el que está más próximo para pasar al referido Islote, y en vista de la confianza que me merece, le confiero a V. comisión bastante para que inmediatamente desembarque en aquella tierra, aprenda toda la ceniza que en ella se encuentre, en presencia de dos o tres testigos y la conducirá a esta isla, para ponerla en depósito…”
El artículo 5º del Reglamento de aprobado el 3 de abril de 1971, para la administración del aprovecha miento del Islote la Graciosa, prohibía rozar los matos y todos los arbustos para quemarlos.
En 1871, el Ayuntamiento de Teguise, redacta un Auto en el que entre otras cosas decía,
“Habiendo llegado la noticia de que en el Islote Graciosa, lejos de aminorar los abusos que allí se venían cometiendo con la quema de arbustos para hacer ceniza, se aumenta cada dia mas; ………………se nombra de acompañantes auxiliares de la visita de inspección que se piensa hacer a los vecinos Miguel Morales y José C. Torres…….”
Esta visita de inspección tuvo lugar el día 6 de junio de 1871, localizando en Pedro Barba, unas 70 fanegas de ceniza, que pertenecían a unas nueve personas.
En 1890, se nombra al vecino de Haría, Antonio González González, guardián para que nadie intente coger arbustos para hacer cenizas.
1896 son más de 150 las fanegas de cenizas requisadas, y conducidas a la Caleta, y desde allí se trasladaba a la Villa, para ser vendida en pública subasta.
La decadencia del negocio de la barrilla, logró por fin detener la tala de pastos y arbustos del islote de la Graciosa.