Pregón de las Fiestas del Risco
Los Ancones 2023
Por DAVID ASOREY CALLERO
Autoridades, vecinos y vecinas, familiares, amigos y amigas, muy buenas noches a todos y todas. Es un honor para mí ser el pregonero de las Fiestas de mi pueblo de Los Ancones de este año 2023. He de decir que no estaba previsto que yo fuera el pregonero, porque siempre pensaba que era muy joven, que mi momento ya llegaría, pero cuando el equipo de la directiva de la asociación me lo propuso, acepté orgullosamente.
Mis primeros recuerdos de infancia que tengo de Los Ancones fue estando en lo que era el almacén de la casa de mi abuela. Era verano. Al fondo había una habitación en la que estaba mi abuelo en cama, cuya imagen, es el último recuerdo que tengo de él. A posteriori, la casa de mi abuela no había piso, ni corriente de luz y de agua, pero lo que si había, a parte de la cocina, el baño, la televisión, etc., eran varios colchones por todo el suelo, donde los primos nos quedábamos a dormir y nos tirábamos jugando.
Las mañanas y las tardes las pasábamos en la playa. Al no saber nadar, me negaba meterme en el agua, hasta que un día, mi tía Marta, me cogió y me metió. Al ver el fondo los callaos, tenía unas llantinas que no paraba, hasta que empecé a nadar poco a poco, como un perrito, y se me quitó el miedo. Otra anécdota que recuerdo fue un día, que mi tío Casto, junto a mi madre Toña, vinieron con el barco a la orilla de la playa. Mientras estaba sentado en la escalera de la playa, mi madre, que no sabía nadar, la vi sumergirse al fondo, pero no salía, por lo que mi tía Marta y mis primos tuvieron que lanzarse para ayudarla.

Cuando subíamos por las tardes de la playa, nos bañábamos con una palangana para quitamos el salitre y, después de cenar, nos poníamos a jugar a las cartas o veíamos la televisión con el gran programa que nos marcó la infancia que era el «Grand Prix». Así eran todas las noches de verano, hasta que el motor se quedaba sin gasolina y era la señal de que había que acostarse.
A parte del verano, también veníamos al pueblo en navidad y en semana santa. Quienes conocen a mi primo Sergio, saben perfectamente que era muy revoltoso y no podía estar quieto, y siempre se inventaba una actividad. Una de ellas fue la visita de Los Reyes Magos de Oriente al pueblo. Como hay menores presentes, ustedes se pueden imaginar los detalles. En los archivos de la hemeroteca tienen que estar esas fotos.
Con la llegada de Semana Santa, a Orlando y a mí nos dio la época de ser «fieles religiosos», y fíjense ustedes que, en los Ancones se realizaban procesiones, como las de Sevilla. Sacábamos a los santos de mi abuela por la ventana, a escondidas, para que no nos viera ni nos peleara, pero de nada nos servía porque el sermón nos los daba al vernos en la calle con la carretilla, adornada con telas, por encima los numerosos santos, y con el casete de aquella época, que poníamos la banda de la saeta, y de ahí íbamos dando la vuelta por todo el pueblo. No teníamos nada que envidiar a las procesiones de Arrecife.
Cuando nos juntábamos los tres primos, casi siempre me enfadaba (cosas de niños) y me iba solo a la playa, a la montaña o a la casa vieja. Una tarde, que me hicieron enfadar mucho, cogí y me fui solo caminando al morro de la montaña y como no, Sergio, desde la casa de mi abuela, me hacía señas haciendo perretas, y si me vieran, estaba ahí, solo, brincando y llorando en el pico de la montaña. Mi abuela, toda preocupada, llamaba a mi madre para que ella o alguien me fuera a buscar. Eso sí, Sergio no se libraba de las regañinas de ella.

Antes de la llegada de las primeras fiestas del Risco de Los Ancones, teníamos un grupo de amigos que, por lo menos éramos 12, y había juventud. Nuestra rutina era igual para todos los días; por las mañanas, desayunábamos, alguien me venía a buscar y comenzábamos a tocar las puertas de las casas para buscar al resto del grupo para irnos a la playa hasta el mediodía, ya que teníamos que subir a almorzar, de lo contrario, nos regañaban. Después del almuerzo, y sin hacer la digestión, corríamos de nuevo a la playa. Las noches las pasábamos ensalitrados, con un bocadillo en la mano que, directamente, era nuestra cena; jugábamos a oscuras a las cartas, dábamos la vuelta por el pueblo, veíamos las estrellas y, cuando nos daba, a oscuras, íbamos por el camino en dirección a Costa Teguise para cenar a la pizzería o ir a las Cucharas, donde hablábamos de nuestras preocupaciones.
También he de reconocer que, con poca edad, éramos muy valientes porque nos metíamos en la marea, a la vez, estando mala. Y más de una vez nos llevábamos cada susto con los revolcones que casi no salíamos vivos.
Con la llegada del verano del año 2004, a Sergio se le ocurrió hacer unas fiestas populares. Me acuerdo que nos reuníamos en casa de Candelaria para ensayar el play back y el teatro. Hicimos nuestro programa a mano y lo repartíamos como lo hacemos hoy en día, por toda la localidad y con el bote en la mano, pidiendo a los vecinos la voluntad para cubrir los gastos de las fiestas. Construimos el escenario con un poco de todo: de lo que encontramos por casa, en las casas de los vecinos para el decorado, y la acera de la casa de Marta (que nos sirvió de escenario) y el pueblo disfrutaba viendo el espectáculo. De ahí, nuestra primera fiesta de Los Ancones.
En el año 2006, ya teníamos una tarima de escenario, y cuando hacíamos los certámenes de Miss y Míster, quedé Míster Los Ancones con 12 años. Me acuerdo que, cuando todos tenían las bandas, excepto yo, Kaoru se volteó y me dijo «David, que eres el míster y mi respuesta fue: shh, cállate, deja que lo digan».
También, cuando solíamos hacer la procesión marítima, me ponía a jugar con el boogie y me acuerdo que los chicos me decían «venga David, toca la bocina del barco». Ahí iba yo con mi boca trompetera. A día de hoy ya no me sale.
Otros de los actos que hemos tenido, ha sido el primer carnavalito de Los Ancones, en el que elegimos a nuestra reina del carnaval y contamos con la actuación de varios drag del propio pueblo.
Para ir acabando, quiero dar las gracias a todos y todas las vecinas del pueblo, a los que están y a los que ya no están, los llevo presente en el recuerdo de mi corazón. Esas tardes en la playa, quiénes me vieron crecer como persona, con esas largas charlas de apoyos y consejos para que me empeñara con esfuerzo a sacar los estudios adelante.
Y miren si ha valido la pena.
No puedo finalizar este pregón sin antes hacer mención a nuestros fundadores del pueblo de Los Ancones «Juanito y Guillermina» y en el empeño de cumplir sus promesas. Como saben, el año pasado se pudo traer desde Tenerife, a la patrona Nuestra Señora de Candelaria. También tengo que mencionar a nuestro patrón San Juan Bautista, que esperemos que esté pronto con nosotros. A la directiva de la asociación por estar, por sacar el programa y las fiestas un año más.
Y ahora si, como punto y final, invito a la ciudadanía de toda la isla a participar en estas fiestas, donde el ocio, la cultura y devoción, son protagonizas en el pueblo más pequeño de Teguise.
Muchas gracias. ¡Felices fiestas!
