Pregón de las Fiestas del Sagrado Corazón de María
Caleta de Famara 2024
Por: JUAN JOSÉ DUQUE HERNÁNDEZ
JUN JOSÉ DUQUE HERNÁNDEZ

Buenas noches a todos, autoridades, familiares, amigos y vecinos del pueblo de La Caleta de Famara. En primer lugar, muchas gracias a quienes trabajan por hacer posible estas fiestas, que es uno de los momentos especiales del año para una gran número de personas. Y en segundo lugar y no por ello menos importante, darles las gracias por haberme invitado a ser el pregonero de las fiestas del Sagrado Corazón de María 2024. Esta invitación es un privilegio y un honor para mí, pero también una gran responsabilidad.
Como uno no sabe decir que no, aquí estamos, dando el pregón, que ya les adelanto que no será muy extenso. Más que un viaje por la historia del pueblo, una tarea para la que hay personas con más conocimiento y mejor memoria, va a consistir en un recorrido personal de lo que siento por La Caleta y sus fiestas.
Mis recuerdos de La Caleta son distintos a los que vemos ahora, mis primeras llegadas a este pueblo las hacía en el camión de Juan Morales conducido por mi tío Antonio Duque. Las carreteras de entonces eran de tierra, por lo que tras recorrer el camino de La Villa a La Caleta llegábamos llenos polvo y lo que primero que hacíamos era tirarnos al agua.
Otras veces nos llevaba Farray en su Peugeot, cuando llegamos con antelación a la fiestas, veíamos como los jóvenes de la Caleta traían desde Famara palmeras y flores para enramar la plaza.
Más tarde, mi padre compró un furgón y veníamos habitualmente a La Caleta en verano, si desde La Villa se veía el día bueno bajábamos sin dudarlo. En aquel entonces, La Caleta era un poco más de cuatro casas y la gente que residía aquí se dedicaba a la pesca.
¿Quién de mi edad no recuerda, ayudar a sacar los barcos de los pescadores cuando llegaban de la mar? Subíamos las embarcaciones por la playa haciéndolas rodar sobre parales, poniendo los palos debajo para dejarlas tierra adentro. Es una de esas imágenes que queda para la memoria del pueblo.
Recuerdo a marineros mayores de La Caleta como Feliciano, Patricio, Rogelio, Antonio y otros. Recuerdo el burro del señor Vicente que llevaba uno de sus hijos rodeado de fogones porque no había luz eléctrica y sobre el burro a Paco el de Severa que fue el primer pregonero de estas fiestas. Dámaso era quién tiraba los voladores en la procesión y su figura nos imponía respeto.
Otra atracción de las fiestas eran los concursos de cucaña y los de natación, estos últimos casi siempre los ganaba Juan El Rubio. Yo no era buen nadador, pero me gustaba acercarme al trampolín y subir sus escalones y volvía a bajar, porque tirarme no me atrevía. Alguna noche nos quedábamos en La Caleta, compartíamos los juegos del pañuelo en las montañas de jable que se formaban al lado de las casas.
En La Caleta mi padre hizo una casa y allí disfruté de mi infancia y mi juventud. A día de hoy sigo manteniendo los lazos con el pueblo, dado que tengo una residencia de verano aquí y de vez en cuando bajo a dar una vuelta y visito a mi hermano Miguel que reside en La Caleta todo el año aquí junto a su familia.
En La Caleta también se han forjado relaciones de amistad que han perdurado a lo largo del tiempo con personas que a día de hoy no se encuentran entre nosotros como Antonio De León Rivera y Pedro Rodríguez Martín conocido como El Palmero.
Con otros amigos compartí durante años una de mis grandes aficiones, los ventorrillos. Me refiero a Jaime Betancort Guerra, Felo Robayna y Francisco Padrón conocido como La Perica.
Un año, el Ayuntamiento de Teguise trajo a La Pantoja y a Los Hombres G, para actuar en las Fiestas del Carmen celebradas en el mes de julio. Pensamos que sería una buena idea montar un ventorrillo y no nos equivocamos, el tiro nos salió bien. Entonces pensamos, ¿Por qué no nos vamos a La Caleta y preguntamos si nos lo dejan colocar por las fiestas? En cierta manera, podemos decir que aquel grupo de amigos que le mencionaba hace un momento, puso su granito de arena en la evolución de las fiestas hasta llegar a lo que son hoy en día.
Fuimos los primeros que montamos ventorrillo en El Muelle allá por el año 1989, en una época en la que se podía terminar sin problema las fiestas a las 6 o las 7 de la mañana.
Hay que reconocer que aquellos años disfrutamos una barbaridad porque hacíamos lo que nos gustaba, aunque no les voy a negar que a veces se hacía cuesta arriba terminar de servir en el ventorrillo, recoger y subir a La Villa a trabajar en el supermercado, incluso los domingos, para luego volver al pueblo al mediodía, cerrar los ojos para descansar un poco y vuelta a empezar.
Todos nos preguntaban que qué necesidad teníamos de pegarnos todas las fiestas detrás de una barra. Necesidad ninguna porque todos teníamos nuestro trabajo y aquello era un hobby.
Tengo que hacer una pequeña parada para recordar a Don Rogelio, que era el cliente más fiel del ventorrillo. Cuando íbamos a abrir la primera tarde, era como si lo oliese, porque el hombre ya aparecía por allí antes que nadie. Y cuando íbamos a cerrar, era el último en marcharse.
Don Rogelio tenía una técnica conocida, iba empezando por una esquina de la barra y terminaba en la otra punta. Le teníamos mucho cariño y siempre lo invitábamos a una copa de vino o a un chupito de ron. Seguramente, alguna noche llegó a su casa algo divertido por nuestra culpa.
Recuerdo que Don Rogelio, que había hecho el cuartel con mi padre, siempre que llegábamos a La Caleta ya nos estaba esperando al lado de la tienda del Señor Pedro.
Al llegar al pueblo había que comprar los víveres, el pan para las comidas lo comprábamos primero en la tienda de Marcial Machín, al igual que el agua y después en el supermercado de Pedro. Justo delante de la tienda de este último jugábamos partidos a la bola y recuerdo la figura de Serapio Acuña en la ventana de su casa contemplando la partida.
Volvamos al ventorrillo. Después de unos años seguidos montando el ventorrillo en las fiestas de La Villa y La Caleta El Perica y Felo lo dejaron, cogiendo el relevo el hijo de Jaime, Ricardo y mi hijo Orlando. Sí «El Perola» que no hay quién lo llame por el nombre con el que lo bautizamos. No solo es quién ha mantenido la tradición sino que ha ido más allá. Es cierto que en nuestra época eso de internet no existía y lo que había era el banco en el que echar un alegato, pero a uno no deja de sorprenderle la popularidad que logran las nuevas generaciones y la cantidad de gente que se mueve ahora alrededor de la fiesta.
Eso sí, lo que no ha pasado de moda es la receta de la carne de cochino, de la que en las últimas fiestas, si no me equivoco, se vendieron unos 400 kilos, que ya son kilos.
Es un plato que desde el principio del ventorrillo, allá por 1989 se nos conocía como el ventorrillo de la carne, porque una vez frita, llenábamos el aire con el olor de su buen adobo.
Desde siempre ha sido el plato estrella, comprábamos morena para hacerla frita y calamares, pero la gente lo que quería era la carne de cochino. Humildemente he de decir que la receta es mía y la sigo preparando a día de hoy para que la venda mi hijo en el ventorrillo Ca’Terola.
Para ya ir acabando, me gustaría destacar algo que creo que ha sido un acierto, y es que la verbena del sábado empiece a las 4 de la tarde y termine a las 12 de la noche. Todos sabemos que las fiestas son para celebrar y divertirse, pero también hay que tener control para que la cosa no se desmadre.
Solo me queda desearles a todos que disfruten del amplio programa de las fiestas que han preparado para este años y que Viva La Caleta de Famara, viva el Sagrado Corazón de María y nos vemos en Ca’ Perola.