Pregón de las Fiestas de Las Nieves
La Montaña 2024

Por JOSÉ MIGUEL DUQUE HERNÁNDEZ
Buenas tardes y sean todos bienvenidos, vecinos, vecinas, familiares, amigos, ilustrísimas autoridades y nuestro párroco Juan Manuel, a esta ermita de Nuestra Señora de Las Nieves.
Hoy damos el pistoletazo de salida a las fiestas en honor a la Virgen de Las Nieves, las fiestas que cada agosto celebramos en la montaña, en hermandad con los vecinos del pueblo de Los Valles, aunque cada vez son más las personas que se acercan hasta aquí desde otros puntos de la isla e incluso desde La Graciosa y algún que otro foráneo que se acababa integrando en la celebración, dado que la ermita de las nieves aparece como atractivo turístico en muchas páginas web y guías turísticas para conocer Lanzarote.
Es un placer para mí que se me haya brindado la oportunidad de ser el pregonero de las fiestas en este año 2024, esto no entraba en mis planes, pero es el fruto de la insistencia de nuestro párroco. Ha sido tanta su insistencia intentando convencerme de que era una buena idea algo que yo veía impensable y descabellado, que por su tesón decidí aceptar la propuesta.

El propio Juan Manuel, una persona de carácter jovial y mirada afable, acostumbrado a ver con frecuencia mi presencia en el templo, pero sin conocer mi nombre, entablaba conversación conmigo al verme en la ermita al terminar la misa, sin borrar una majestuosa sonrisa de su cara. Con el paso del tiempo, me apodó cariñosamente con el nombre del peregrino, ya que cada quince días asisto a misa caminando y nos cruzamos de camino a la ermita. Y a pesar de que el viene en coche y yo a pie, y perdonen que esta vez deje a un lado la cortesía y me ponga yo primero, paradójicamente siempre soy yo el primero en llegar y él el último en irse.
Tardé semanas en darle la respuesta, recuerdo las conversaciones previas a la llegada de este momento, en las que siempre terminaba poniéndome la mano en el hombro y mientras me lo apretaba levemente en señal de aprecio me decía «tu piénsatelo y el próximo día hablamos». Después de tanto pensarlo y aceptar el trato, de hacer memoria de las anécdotas, los buenos ratos y las hazañas vividas en este entorno, tras plasmar en papel una y otra vez mis vivencias hasta obtener un escrito medio decente que poder contarles hoy aquí a ustedes los presentes, creo que he conseguido el reto propuesto por Juan Manuel y me presto a ello.

Recuerdo que, siendo niño, con unos seis o siete años, mi abuelo Pepe me trajo por primera vez a la montaña. Fue de mano de un hombre noble y muy devoto de la Virgen de Las Nieves a través del que yo la conocí.
Recuerdo salir junto con él desde la plazuela a primera hora de la mañana, cuando aún no había aclarado el día, siempre decía que el hombre empieza a trabajar antes de que salga el sol y que cuanto más pronto se salía menos pesado se hacía el camino. Mi abuelo y yo emprendimos camino montaña arriba en compañía de su burro y un grupo de hombres del pueblo de Femés, los cuales habían hecho el servicio militar junto a él. Ratos a pie, ratos subidos en el burro llegamos a la ermita ya aclarado el día y me sorprendió bastante ver ante mis chinijos ojos la imagen de la virgen tan blanca y la niebla que envolvía la montaña a pesar de ser un día veraniego del mes de agosto.
Fue así, como se convirtió en tradición para mí subir a ver a la virgen cada agosto por la semana de sus fiestas. Desde entonces y después de las fiestas del Carmen, he vivido la fiesta de la montaña como una fiesta grande, siendo fiel devoto de la Virgen de Las Nieves. Es tanta mi fe en ella, que hasta me planteé contraer matrimonio ante su presencia, no siendo esto posible dado que no se celebraban bodas en la ermita, teniendo que traspasar mi ilusión y la celebración de mi matrimonio a la iglesia de Nuestra señora de Guadalupe.
Durante mi juventud, época coincidente con la llegada a Teguise del cura Don Agustín Sánchez, se promovió gracias a él, el que fuera conocido como Movimiento Junior, muy popular entre los jóvenes de la época, era algo muy parecido a las convivencias que se celebran durante el periodo que dura la catequesis de hoy en día antes de realizar la comunión e incluso entre los jóvenes que se preparan para la confirmación. Don Agustín, era un hombre que les prestaba mucha ayuda a los jóvenes. Con él, todos los muchachos y muchachas que conformábamos el movimiento realizábamos encuentros en la montaña en la que está emplazada la iglesia donde hoy nos encontramos, con diferentes grupos de jóvenes de distintos municipios de la isla. Normalmente lo hacíamos los domingos y pasábamos toda la jornada en la montaña.
Compartíamos la comida, impresiones de las convivencias de otros años, hacíamos actividades y nosotros, los del grupo de Teguise, éramos el grupo más numeroso. Recuerdo mucha gente con la que conviví en aquella época y todavía, cuando nos cruzamos entre el ajetreo del día a día nos paramos a hablar y recordamos anécdotas de aquellos tiempos.
A lo largo de los años, según cuenta la historia, y de manera orientativa, dado que las fechas varías dependiendo de dónde leas la información que reza sobre esta ermita. Estando un pastor en la montaña, por el entorno donde hoy en día se encuentra enclavada esta iglesia sacando a pastar a sus cabras, se le apareció la imagen de una mujer con rostro suave, pálido y delicado en medio de la niebla y la bruma del entorno, que le pedía con voz dulce al pastor que congregara al resto de vecinos para que juntos le construyeran un santuario donde albergarla.
La ermita de Las Nieves fue construida en el siglo XV, dándole el mismo nombre que el que lleva la virgen que alberga en su interior. Se dice que por el año 1576 la ermita fue quemada y arrasada por un ataque pirata, quedando abandonada por una larga cantidad de años, siendo esta atendida y reconstruida por los feligreses que también fueron los encargados de la reconstrucción de la imagen.

Por los años 60-70 se decidió demoler el templo, ya que no había forma de restaurarlo de manera segura y se encargó el proyecto a un arquitecto de la isla nacido en nuestro municipio, Enrique Espínola, el cual respetó en su proyecto el aljibe originario que aún hoy se encuentra pasando el arco de la entrada de la ermita a mano derecha. Siendo yo un niño por aquel entonces, recuerdo cuando se vinieron a la montaña la gente del municipio de Teguise a restaurar la ermita. Los traía Pepe Morales en una furgoneta que tenía. Venían todos los domingos por la mañana y estaban hasta el mediodía que regresaban a sus casas, ya para descansar y el lunes emprender la jornada laboral de cada uno.
Las visitas a la virgen en su día acababan con la celebración entre parrandas. Siendo ya más joven y menos niño, recuerdo de ver a la gente arremolinada en los aledaños de la iglesia parrandeando, echando vinos y asando sardinas que se vendían en los ventorrillos hechos con vigas, bidones y hojas de palmeras, donde jugaban hasta altas horas de la noche a juegos de baraja como el truco o el envite.
Vaya gratos recuerdos llegan a mi memoria al recordar el ventorillo de Pacheco, donde con amabilidad y gracia despachaba los bocadillos de sardinas asadas. Abría el pan por la mitad y encasquetaba la sardina en medio, con cabeza incluida, que junto con una botella de Mirinda conformaban la merienda perfecta acorde la festividad que se celebraba, dado que cincuenta años atrás, poder permitirme esto era todo un lujo para mí, ya que en los tiempos que corrían y la edad que yo tenía muchas perras no manejaba.
Recuerdo ver al sacristán de la iglesia pasar tiempo en la ermita junto a su perrito Toribio. Allí pasaba los fines de semana. Desde el viernes a mediodía emprendía camino montaña arriba hasta llegar a la ermita. Subía caminando acompañado de Toribio con una talega con la comida para aguantar hasta el domingo. Recuerdo incluso, ver a la venta una postal de Lanzarote que se vendía a modo de souvenir, donde reflejaban una tierna estampa de Toribio junto a su dueño que permanecía sentado en el interior de la ermita con el perro a sus pies. Los domingos bajaba hasta la Villa en coche, unas veces con Rosendo, otras con Bartolomé, pero siempre con Toribio sentado en su regazo.
También vienen a mi memoria recuerdos de ir junto a mi padre Juan y mi tío Segundo a llevarles la comida a los curas hasta la montaña, cocinada con esmero por mi tía Carmen y sus empleadas en la cocina del famoso restaurante Acatife.
Mi tío Antonio, a los mandos del camión de Juan Morales daba un viaje de ida desde la Villa hasta la ermita. Colocaba una escalera en la trasera del camión, para facilitar que subieran las señoras que se habían vestido de gala para acudir a misa. Era tal su destreza al volante, que las pobres señoras a pesar de haberse puesto sus mejores galas llegaban a la montaña despeinadas por el viento y llenas de polvo del camino. Tras la misa, tocaba emprender el viaje de vuelta a La Villa en el camión.

Siendo ya más mayorcito, subía con la banda de música municipal a tocar por las fiestas. Un año nos colocaron a todos los jóvenes de la banda en la parte de atrás del altar, justo en una especie del segundo piso que hay en el interior de la sacristía. Siendo el día grande de la fiesta de Las Nieves, bajaron la imagen de la virgen a los pies del altar y en su lugar colocaron una cortina y un crucifijo, con tanta mala fortuna que en medio de la eucaristía el crucifijo acabo cayendo entre los curas que oficiaban la misma causando un estruendo y un revuelo terrible.
Escribiendo estas líneas viene a mi cabeza otra anécdota de tiempos pasados que tiene emplazamiento en este entorno y cabida en este pregón.
Como muchos de los presentes saben, formo parte del grupo de Unión de Radio Aficionados de Teguise. Conocido popularmente y a nivel estatal como la URE.
Es muy popular dentro de la Unión realizar concursos entre radioaficionados dentro y fuera del territorio nacional, que para ponerlos en contexto y entiendan de lo que hablo, viene siendo, por explicarlo de manera resumida, la realización de contactos mediante una emisora de radio y el uso de un indicativo personal e intransferible entre usuarios del mismo sistema. A mayor número de contactos estableciendo comunicación con otros radioaficionados mayor o menor puntuación en función del lugar del mundo en el que se encuentre el interlocutor contactado, ganando el que mayor número de puntuación obtenga, de ahí el que se le llame concurso.
Recuerdo realizar uno de estos concursos junto a mis compañeros durante largos fines de semana en la montaña, durmiendo en casetas de campaña y usando para el resto de las actividades las dependencias aledañas a la ermita. Una de las noches, apareció Don Dimas Martín a ver qué tal iba el concurso. Después de un rato alegando con nosotros e interesándose por la actividad que estábamos desempeñando, dijo que se iba y nos despedimos de él, entendiendo que con el frío que hacía aquí arriba y que él no concursaba, sino que no era más que un mero espectador, el hombre decidiera marcharse. Nuestra sorpresa fue verlo volver al cabo de las horas, pero no solo, sino acompañado de una gran caldera de caldo de gallina para atajar el frio y terminó quedándose con nosotros hasta por la mañana.
Una vez casado, acompañado siempre de mi mujer y a veces de mis hijos, acudían las romerías que organizaba el Ayuntamiento. La salida estaba fijada en el campo de fútbol de la villa y desde ahí peregrinábamos todos los vecinos. Parábamos un poco antes de los militares, antes de subir el último repecho para encontrarnos con el resto de las personas que salían peregrinando desde Haría y pueblo de Los Valles para culminar juntos la subida hasta la ermita, cada uno caminando a su tranco pero siempre yendo acompañados hasta los más rezagados. El propio Ayuntamiento ponía una guagua que trasladaba a los vecinos que no podían subir a pie desde el pueblo de La Villa hasta la ermita y los llevaban de vuelta al finalizar la fiesta. Lo importante era la celebración y acercar la fiesta y la virgen a su gente. Al llegar a la ermita compartíamos vino, chicharros, truchas, carne frita y todo aquello que cabía en la talega con el resto de los vecinos que también peregrinaban hasta los pies de la Virgen de Las Nieves y disfrutando de los grupos folklóricos y las parrandas que amenizaban las ofrendas a la virgen. Con la pena de que cada año acudiera menos gente a la romería y con el paso del tiempo la tradición de subir a pie hasta aquí se acabó perdiendo. Es una pena tremenda que este tipo de fiestas se dejen de celebrar de la manera que se hacía antiguamente, pues es un gran momento y una buena opción de inculcar y transmitir las tradiciones a las generaciones futuras, que no se pierdan las costumbres de nuestro pueblo y que ya sea por el amor a la virgen o las ganas de pasar tiempo reunidos entre familia y amigos, se sigan peregrinando hasta esta ermita.
Desde hace muchos años y hasta día de hoy, aunque no sea el día grande de las fiestas de Las nieves y con una periodicidad de quince días, que es cuando se celebra misa en este templo, emprendo la propia romería en solitario y acudo a misa caminando. Llegar desde La Villa hasta la montaña es camino fácil, pero vital y necesario para reconstruirme interiormente, aclarar mis pensamientos y sentirme en paz, dado que pienso que al igual que yo, a cada uno de ustedes, lo que les mueve a estar aquí hoy presentes es el motivo de la fe.
Dos son los municipios conejeros que comparten esta ermita, Haría y Teguise. Nuestra Señora de Las Nieves fue en 1725 elegida oficialmente por el Cabildo de Lanzarote Patrona y Abogada Medianera entre los hombres y Dios María Santísima. Era a ella a la que los habitantes de Lanzarote rezaban clamando la traída de la lluvia y que cesaran los desastres naturales. Recuerdo ver a mujeres entrar a la iglesia de rodillas pidiendo a la virgen que les ayudara a quedarse embarazadas o pidiendo que enfermedades que padecían familiares cercanos llegaran a buen puerto.
Aunque la fiesta es en verano, a la orilla del risco, el viento, el frio y la brisa del mar causan la misma sensación térmica de un día de invierno en pleno agosto, pero no por ello menguan las ganas de venir a acompaña a la Virgen de las Nieves y disfrutar de sus fiestas.
Sin más dilación, no me queda más que agradecerles a todos los presentes su asistencia, desearles un feliz día y decir juntos ¡Viva la Virgen de Las Nieves!
Muchas gracias.