Pregón de San Antonio 2022 (Los Valles)

Pregón de las Fiestas de San Antonio
Los  Valles 2022

 POR: ANTONIO JUAN LÓPEZ GONZÁLEZ

EL PUEBLO DE LOS VALLES ES UNA FAMILIA TRABAJADORA QUE DISFRUTA HACIENDO Y VIVIENDO LA FIESTA

Era hacia finales de abril, me encontraba en las cumbres de Gran Canaria en el municipio de Santa Lucía de Tirajana. Junto con el párroco y el arquitecto que asesora a la Diócesis estábamos estudiando una obra a emprender en dicha parroquia. Terminada la tarea, encuentro en el móvil una llamada perdida de Noly. Le devuelvo la llamada y sin rodeos me dice: “Oye, este año los jóvenes del pueblo han cogido la directiva del teleclub y quieren que seas el pregonero de las fiestas de San Antonio. Me pidieron si yo podía llamarte y como saben que tú no me vas a dejar mal seguro que vas a aceptar”. Escuché en silencio y prometí devolver la llamada tras comprobar mi agenda. En el camino de vuelta a casa me preguntaba si debía aceptar la invitación. Ciertamente un motivo de peso me empujaba a hacerlo: tenía mucha ilusión por volver a Teguise y especialmente a este pueblo de Los Valles después de tanto tiempo. Tenía ilusión por encontrarme con ustedes y poderles saludar, por recordar juntos algunos momentos vividos aquí, muchos de ellos entre estas paredes del Teleclub.

En casa comprobé la agenda y vi que podía arreglar el programa de este día sin mayores apuros, así que confirmé mi asistencia a Noly.

Pues, manos a la obra. Y para empezar a elaborar este pregón me fui a buscar en el diccionario el significado de la palabra pregón, y en una de sus acepciones hallé lo siguiente: “Discurso elogioso en que se anuncia al público la celebración de una festividad y se le incita a participar en ella”.

Quien me conoce sabe que no soy de discursos sino más bien de sermones y que no soy amigo de elogios, ni de darlos y mucho menos de recibirlos. “Pues sí que empezamos bien”, me dije, sin embargo me dio consuelo la segunda parte: anunciar públicamente las fiestas e invitar a la participación de las mismas, aunque creo que esto último no es muy necesario en este pueblo…. Así las cosas, pensé que lo mejor sería recordar mis vivencias en este pueblo de Los Valles durante mi estancia entre ustedes y especialmente durante las fiestas.

Hablando de recordar…., la palabra recordar viene del latín “recordari”, formado por el prefijo verbal re (que indica repetición, o sea, de nuevo) y cordis (corazón). Recordar quiere decir mucho más que tener a alguien presente en la memoria. Significa volver a pasar por el corazón. Y es lo que me apetece renovar con ustedes esta noche al inicio de las fiestas de San Antonio.

El pueblo de Los Valles es una familia

En mi re-cuerdo, este pueblo es una familia que sabe unirse, tanto en las alegrías como en las tristezas. Dos acontecimientos entre muchos me lo hicieron percibir nítidamente.

Apenas recién llegado al pueblo, fui a comprar por la mañana a la tienda de Duque en La Villa y la conversación que mantenían en la tienda era:

  • “Hay un velatorio en el tanatorio”
  • Sí, tiene que ser de Los Valles porque el gentío que había anoche era tremendo.

Fue terminar la frase y entrar un señor a dejar las esquelas en la tienda. Efectivamente era de Los Valles. Supe entonces que cada vez que fallecía alguien del pueblo se sabía por la gran cantidad de coches que había en el tanatorio. Son personas de acompañarse en el dolor y en las pérdidas y ausencias de sus vecinos.

En este sentido, viví en el pueblo uno de los momentos más desagradable que he tenido, pero a la vez un acontecimiento que me aportó un gran aprendizaje. Fue el día que me olvidé de venir a celebrar un funeral, tanto que llegué con un retraso de una hora y media. La vergüenza que me atenazaba era tan grande que me impedía hasta mirar de frente a toda la gente, especialmente a la familia. No sé cómo pude celebrar la misa. Yo sólo deseaba que terminara cuanto antes y que se abriera a mis pies un gran agujero para meterme en él. Finalizado el funeral, me metí en la sacristía y estuve llorando sin parar. Nunca olvidaré los gestos de cariño de la familia y de muchos de ustedes, que se acercaron a mí para que me tranquilizara y estuviera sereno. Me decían algunos: “Son situaciones que le pueden pasar a cualquiera”. Recuerdo que al final del todo, estaba casi sólo en la sacristía, hecho trizas. Entonces entra Domingo Valenciano y se sienta a mi lado en silencio. Después de un par de minutos callado me dice:

  • Antonio Juan mírame a la cara. (Yo lo miré entre lágrimas y él continuó diciendo) Esta situación seguramente es la primera vez que te ha pasado, pero no te creas que va a ser la última. No es malo reconocer que uno se equivoca y tiene errores. Ya lo has vivido y lo has manifestado, pues ahora ponte en pie, a seguir caminando y con la cabeza alta.

Aquel día y las sucesivas semanas, sentí la cercanía, el cariño, la paciencia, la comprensión que tuvieron conmigo muchos de ustedes. Esto me hizo apreciar lo que significa sentirse y estar en familia.

Esto mismo lo experimenté fuertemente en otra ocasión. Fue un 22 de diciembre cuando casi todo el pueblo se ganó un pellizco en la lotería de Navidad con uno de los premios importantes. Yo estaba en casa aquella tarde y alguien del pueblo -no recuerdo quien-, me llamó al móvil. Por detrás había tal bullicio que apenas podía entender lo que me hablaba. Me parece recordar que tuvo que salir del Teleclub para que yo pudiera entender lo que me decía: “Antonio Juan, vente al Teleclub que te estamos esperando, tenemos algo importante que compartir contigo y queremos que estés con nosotros”.  Cuando llegué casi la totalidad del pueblo estaba festejando dicho acontecimiento. Allí estaban los que tenían algún décimo y los que no, como en mi caso, pero unos y otros lo celebrábamos como si la fortuna nos hubiera sonreído a todos. El haberme hecho partícipe de aquella alegría como de tantas otras en lo sucesivo, me llevó al convencimiento de que este pueblo es una gran familia. Y así fue: siempre que había un acontecimiento importante me invitaban a participar. Son gestos que no se olvidan.

Una familia digo, sí, una familia donde todos y cada uno son importantes: niños, jóvenes y mayores. Recién llegado me quedaba asombrado cuando venía al teleclub después de misa o durante las fiestas y veía cómo chicos y grandes interactuaban, echando una partida al truco o un envite con equipos formados por todos. No hacían falta muchas cosas para formar una parranda en cualquier esquina de este teleclub y siempre estaban los chinijos con los jóvenes y también los mayores. Y muchas veces tanto los mayores como los jóvenes se arrancaban con canciones como esta (se escuchan unas “polkas” tocadas y cantadas por la Parranda de Los Valles). Me impresionaba cómo chicos y grandes se cuidaban mutuamente. Era significativo para mí ver que los domingos al mediodía cuando las chicas terminaban de jugar, creo que al Continental, al salir se llevaban a sus madres que también jugaban a las cartas o a sus padres que estaban en el bar echando su manita o conversando con los amigos. O cómo alguno de sus nietos cogía el coche de sus padres para llevar a los abuelos a casa para poner a calentar la comida de modo que estuviera lista cuando llegara toda la familia.

El pueblo de los Valles es una familia trabajadora

¡Qué estampa tan hermosa ver a muchos de ustedes en el arenado arando, plantando, regando o echando guano cuando iba al pueblo a visitar a los enfermos o tenía que subir a Las Nieves o a Haría  por los Valles! Me encantaba esa imagen del burro o del tractor preparando la tierra, diseñando un dibujo sobre ella de líneas y curvas con los surcos que se iban formando. Era difícil no encontrar algún vecino plantando papas, cebollinos o lentejas ya fuera para la venta o para la producción casera. Fuera el día que fuera, siempre que pasaba por los Valles y La Montaña, encontraba a alguien. Me acuerdo con mucha claridad de Irene; la madre de Esteban, José María y sor Ana; Marusa con sus padres; Antonio Martín; Vicente Rodríguez y a tantos otros.

Y me alegra saber que la asociación de agricultores La Montaña de Los Valles ha elaborado una marca propia que identifica la papa cultivada en esta zona. “Gracias a las condiciones climáticas de los Valles, – un paraje sin igual en la isla con tierras fértiles y agricultores que trabajan el campo para lograr los mejores frutos y verduras de Lanzarote-, y a las propiedades del arenado que hacen retener la humedad por largo tiempo en el suelo, se obtienen unas papas de gran calidad en esta zona”. Así decía la noticia que en 2014 salió en la prensa. Pero yo subrayaría que gran parte del éxito se debe al esfuerzo de sus gentes trabajando a diario, desviviéndose por cuidar los cultivos y cuidar la tierra.

Pero no sólo del trabajo de la agricultura vive este pueblo, también de la ganadería, y si no preguntémosle a Julio que cuida a diario de su ganado y cada día sale a recorrer estos parajes en busca del alimento para su rebaño. Me sorprendió mucho comprobar cómo un joven de este pueblo se levantaba bien de madrugada para dejar atendidos los animales antes de incorporarse a su trabajo. Pero además tenía tiempo para disfrutar de su otra pasión que es el folklore tocando como muy pocos la bandurria o el laúd, pero además tenía tiempo para otra cosa que hace muy bien. Y si no, como muestra este botón:

Cada vez que Junio siente
que ya es 13 del mes
Los Valles tu pueblo es
un reencuentro permanente.

En fiesta es más que una fiesta
tu fiesta entre sal y bruma
pretende ser una suma
en un presente que resta.

San Antonio nuestro patrón
tu humilde y constante empeño
de ser fiel en lo pequeño
te hizo grande ante el Señor.

Testigo de su labor
bendice y cuida el afán
de los que fueron y serán
de este pueblo agricultores
y saben con sus sudores
ganarle a la tierra el pan.

San Antonio chiquitito
de este pueblo eres patrón
y por ser santo y bendito
te llevo en mi corazón.

Que ilusión y que alegría
al acercarse tus fiestas
para todos tus vecinos
no hay ninguna como estas.

Todo a punto se ponía
cada cosa en su lugar
la casa había que albear
y tirar lo que no servía
para que al llegar tu día
todo estuviera oliendo
de blanco y verde luciendo
como si fuera un primor
lo hacíamos en tu honor
pero ya se ha ido perdiendo.

Por costumbre y tradición
tu día es de estrenar
aquella prenda de ropa
que se va al Puerto a comprar.

De reunión en las casas
toda la familia entera
para comer el puchero
receta de las abuelas.

Ojalá un día tus ojos
hechos de frío cristal
se volvieran manantial
de anécdotas y sonrojos
que al cementerio se han ido
calmando así en el sonido
de su ya mudo abolengo
esta nostalgia que tengo
de momentos ya vividos.

Los que están y los que no
en presencia o en memoria
sepan que tienen rellena
una página en la historia.

Para terminar San Antonio pido
que nos des tu bendición
y que con tu protección
mantengas este pueblo unido
como siempre hemos vivido
para así poder disfrutar
las fiestas que van a empezar
sean todos bienvenidos.

Oliver Martín Hernández

Qué alegría vivir en el año 2013 el reconocimiento por parte del Cabildo a Hortensia Pérez Abreut como “Artesana del año” en la Feria insular de Artesanía. Una mujer autodidacta, minuciosa e incansable con una vida dedicada a la artesanía elaborando la auténtica sombrera de Lanzarote, de palmito y forro de paja de trigo. También su cuñada Ana María de León de León que también lo realiza con gran esmero. Es difícil que no haya una de esas sombreras elaboradas por Hortensia y Ana María en muchas casas de esta isla y sobretodo de este pueblo. Todos ellos nos hacen comprender que estamos en medio de un pueblo en el que sus gentes viven del trabajo de sus manos. Pues para estos artesanos de la tierra, de los animales y de los productos naturales va dedicada esta canción: (La parranda de Los Valles toca “la Saranda”)

El pueblo de los Valles es una familia trabajadora que disfruta haciendo y viviendo la fiesta

La llegada de las fiestas empieza a ser evidente cuando los alrededores de la ermita y del teleclub se engalanan con las banderas y la hilera de bombillas encendidas a lo largo de toda la carretera. Se empieza a adornar el teleclub por fuera y por dentro. En aquellos primeros años, entrar al teleclub en esos días de fiesta era disfrutar del aroma de los distintos platos cocinados en el bar por Emilio, encontrar todas las mesas ocupadas por vecinos y foráneos jugando a las cartas o tomando un refrigerio digno del momento, era encontrar la terraza siempre ocupada mayormente por las chicas. Sí, las chicas, porque todos y todas las que llegaban allí el saludo era: ¿Qué tal chicas? El acoplado era un servidor y luego empezaban a llegar sus maridos, hijos o sobrinos. En esa terraza, dependiendo del momento del día, tomábamos café o unos cubatas. Los cafés o alguna cerveza los domingos al salir de la misa y los cubatas casi siempre por las noches, especialmente en los días de fiesta. Era un lugar para hablar de lo humano y lo divino, para ponernos al día, incluso para pensar en algunas actividades que se podían hacer en el pueblo o en la parroquia. Esa terraza tenía su encanto. De hecho, las primeras veces que fui a celebrar la eucaristía a Los Valles, fue mi plataforma para empezar a conocer a los vecinos. Cada cinco minutos llegaba alguien y me lo presentaban, y una me decía: “Este es mi hijo”, y otra de ellas, refiriéndose a la misma persona me decía: “y es mi sobrino”. Y otra decía: “y es el novio de mi hija”. Ahí empecé a darme cuenta como les decía antes que Los Valles es una familia en muchas familias.

Pero toda fiesta, tanto en Los Valles como en cualquier pueblo del municipio, ¿empieza con qué? Efectivamente, con el asadero popular. Era el pistoletazo de salida. Ya podía ser de sardinas o de carne, y que no faltara el buen vino, la cerveza o un buen cubata. O las tres cosas según se iba terciando la noche. Era un encuentro de casi todo el pueblo, donde me ayudaba a conocer especialmente a los vecinos que no se dejaban ver por la parroquia o no acudían a celebrar la eucaristía los domingos. Excepto los de las primeras fiestas que mi timidez y vergüenza hizo que me costara relacionarme, ya después reconozco que fui cogiendo carrerilla y estaba como pez en el agua. Creo que después no me perdí ninguno.  Recuerdo aquellos bidones cortados a la mitad que servían de barbacoa llena de sardinas o chuletas, con el queso, las papas arrugadas y el mojo.

Una señal inequívoca en este pueblo de hacer y vivir la fiesta son las parrandas improvisadas que se formaban, cualquier lugar de este teleclub era bueno para ello: en el pasillo de ahí fuera, en la barra del bar, en las canchas de atrás e incluso en la calle cuando la noche así lo merecía. Otra cosa no, pero esto es un lugar de tocadores y cantadores espectaculares. ¿Se acuerdan? (La parranda de Los Valles toca la canción: “Tu retratito lo llevo en mi cartera”)

Me encantaba cuando algún espontáneo cogía una botella, o dos palos, o una tapa de caldero que pedían en el bar para hacer música, o cuando menos esperabas, alguien de los no habituales se arrancaba con una copla de lo que se estuviera cantando. Si les digo la verdad, muchos de esos días se me hicieron bastante de noche para llegar a casa.

Y si no había parranda era muy probable una partida de envite. Siempre de anfitriona con Rina que buscaba desconsolada siempre jugadores y equipos para jugar una de éstas. Qué pasión por las cartas la de ella y cuánto le costaba perder. Con todas en las que participé y en las que vi desde la barrera, con todas las cañas o faroles que se pegaban, hubiera necesitado muchas horas de confesionario para algunos de los jugadores. Recuerdo que cuando pegaba un envite, el mandador del otro equipo decía: “cuidado que el cura no puede mentir y siempre dice la verdad”. Con ese pensamiento alguna que otra piedra conseguí para mi equipo. Aunque sólo temía una cosa jugando al envite: jugar contra Juan Pedro, porque para terminar una jugada podía estar diez minutos, le daba vueltas y vueltas y vueltas hasta que lograba cansar a cualquiera. En otro orden de cosas me acuerdo mucho de lo que me decía Ricardo: “para aprender a jugar al truco tienes que pagar muchas tapas de pulpo”. ¡Y qué razón tenía! Mira que estuve horas y horas viendo jugar pero a día de hoy estoy como al principio. No me entero. Quien me parecía que era un especialista en eso y disfrutaba mucho era Primitivo. Todos los domingos después de misa siempre te lo podías encontrar en la mesa de la esquina donde está la ventana echando su partida y casi con los mismos jugadores, entre otros a Francisco, Javier, Ricardo y algunos más que no recuerdo bien. En cambio las mujeres en este salón no paraban de jugar al Continental y otros.

Cada año de las fiestas intentaban innovar con nuevos actos que hicieran pasarlo bien a todos los que acudíamos: los Playback, los campeonatos de petanca, bola, ronda, envite, los festivales de Gran Aldea que se hacían siempre en el marco de las fiestas del Rosario, la noche de humor. Un año se les ocurrió organizar una luchada en la cancha de atrás. Fue un domingo después de misa y se acababa con un almuerzo. Como siempre hacía, al terminar la misa me dirigí a la cancha para disfrutar de una luchada como espectador. Pero no me dejaron llegar, porque Ricardo y Aníbal me abordaron y me dijeron que para un equipo hacía falta luchadores. ¿A que no saben cuál? Así es, al de los casados. Uno de los dos me dijo: “Tú como te casaste con Dios eres del equipo de los casados” Y yo les dije: “Sí, yo me casé con Dios porque no había nadie que se casara conmigo” Y Ricardo me dio unos calzones y una camisola. Aquellos calzones el cordón me daba dos vueltas a la cintura. Algunos se acordarán porque estuvieron. Era un espectáculo deprimente verme con aquella ropa y cómo salía de aquellos calzones dos verguillas de pies.

Mira que uno es atrevido. Cuando me tocó salir a luchar, enfrente tenía a Luis Miguel (hijo de Juan Pedro). Ricardo me dijo: “aguántale un poco y después te dejas caer”. Quien me conoce bien sabe que tengo un puntito de orgullo y chulería y me dije: “cómo me voy a dejar caer, que me tire si puede”. Y en la primera agarrada en un despiste de Luis Miguel se fue al suelo, pero no porque yo lo tirara sino porque me empujó y yo me fui a un lado y se cayó. Aquel puntito de orgullo y chulería creció a pasos agigantados. En la segunda Ricardo me volvió a hacer la misma sugerencia: “que me dejara caer y que dejara caer el cuerpo momio”. Creo que a Luis Miguel no le gustó mucho el resultado de la primera agarrada que en las dos siguientes me dio tales meneos que besé la colchoneta antes de poder darle algo de resistencia. Hubo algo que me dijo Ricardo al terminar: “no te asustes mañana si no puedes hacer alguna cosa”, que lo entendí al día siguiente. Cuando me fui a poner los calcetines no pude ponérmelos y estuve todo el día con chanclas. Y no sólo ese día sino parte de la semana.

Pero en las fiestas había tiempo para cuidar el cuerpo y tiempo para el alma. Cada 13 de junio, cayera el día que cayera se celebraba el día grande con la misa al atardecer y la procesión. Era el día de estreno de ropa, de zapatos, de enramada de los tronos, de la preparación de la misa con las ofrendas. Era un día muy celebrado, muy familiar donde se reunían en las casas a compartir el puchero o la sopa de pollo como las que tuve oportunidad de comer en casa de Petra o de  mi tocayo Antonio Delgado y su mujer Carmen. Ese día la ermita se hacía pequeña como pocas veces sucedía. Nunca faltaban el alcalde y los concejales de turno, las personas más mayores del pueblo que venían gracias a sus hijos e hijas que les traían en sus coches, los jóvenes del pueblo y los vecinos de los pueblos colindantes del Mojón, Teseguite, Teguise, Tahiche y Haría. Y después de la misa la procesión calle abajo y calle arriba donde para llevar los tronos se organizaban de modo que las mujeres llevaran uno y los hombres otros. Era un día hermoso y bonito como todos los demás. Entre cantos de la iglesia, algún ¡Viva San Antonio! Y ¡Viva Los Valles! íbamos en la procesión intercalando algún volador que anunciaba el festejo.

Cuando un pueblo como el de Los Valles festeja de esta manera, hace que se creen, vivan y perduren tradiciones. Y es que estas tradiciones forjan la propia identidad del pueblo. (La parranda de Los Valles toca la canción de entrada del Rancho de Navidad). Así empezaba la celebración del día de Navidad por la tarde noche. Entrando el Rancho desde la calle hacia el interior de la ermita anunciando el nacimiento de Jesús de Nazaret. Otro día de encuentro y de verdadera fiesta de todo el pueblo donde los niños decían sus versos a Jesús recién nacido trayendo sus mejores ofrendas, los jóvenes participaban cantando en el rancho, algunas mujeres y hombres organizando y preparando toda la celebración y el montaje del Belén, las abuelas disfrutaban de ver a sus nietos participando y los hombres esperando por llevarse el Evangelio de cada día que regalábamos al final de la celebración. Era otra tarde de encuentro familiar y de celebrar la fe haciendo y viviendo la fiesta.

Después de estos últimos años tan distintos que hemos tenido, en medio de esta nueva normalidad que no termina de arrancar, me gustaría invitarles y animarles a que puedan acercarse a este pueblo de Los Valles ya que las fiestas de San Antonio de Padua van a comenzar. Destacar la labor de un grupo de jóvenes que con todo el cariño del mundo, dejando sus cosas llevan varios meses pensando en estas fiestas y cómo organizarlas para que podamos disfrutarlas.

Llegados a este punto les expreso que no me arrepiento de compartir esta noche tan especial para todos, que ha merecido la pena poder liberar mi agenda aquellos días finales de abril para que este día fuera realidad. Les hago partícipe de mi profundo agradecimiento a las personas que en su momento se acordaron de este humilde pregonero y de todos ustedes por la paciencia que han tenido en este paso de nuevo, por el corazón de un tiempo inmensamente feliz para mí. Expresar mi agradecimiento a La Parranda de Los Valles y a Oliver Martín por su participación en el mismo. Era algo que tenía claro desde los inicios de su preparación: tenía que ser participado por las mismas gentes de Los Valles.

Que suenen las cuerdas de los instrumentos (La parranda empieza a tocar una melodía). Desde Martina de León Pérez  hasta Remedios Bonilla Alpuin, que no se quede nadie en casa, que se acerquen estos días a celebrar las fiestas, que puedan seguir manteniendo en este pueblo de Los Valles el ser una FAMILIA TRABAJADORA que disfruta HACIENDO Y VIVIENDO LAS FIESTAS.

En este municipio y en sus pueblos, como en éste de Los Valles ustedes me han enseñado a ser cura. Me han enseñado a valorar la vida desde lo pequeño, a disfrutar de cada momento. Con ustedes he aprendido a rezar, he descubierto una nueva forma de brindar. Por todo ello me gustaría que termináramos este pregón haciendo el primer brindis de las fiestas de San Antonio 2022. Me gustaría que nos pusiéramos en pie, cogiéramos nuestro vaso y  repitieran conmigo:

Si Dios por su gran bondad
aquí brindando nos tiene
será porque nos conviene
hágase su voluntad.
¡Viva San Antonio!

¡Felices Fiestas a todos!

(Tema musical)

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