Por si olvido tu nombre

1er Premio

Vanesa Martínez López

Querido Daniel:

¿Recuerdas el día que quedamos por primera vez? Yo temblaba como un flan. Y no porque fuera una de las tardes más frías de diciembre. Estaba histérica. Incluso llegué a pensar en anular nuestra cita. Lo sé, me hubiera arrepentido, pero en ese momento aún no lo sabía. Hasta intenté odiarte durante unos segundos, «¿por qué me habrá insistido tanto? O peor aún, ¿para que habré aceptado?», pensé. No es que no me gustaras. Para nada, de hecho me encantabas. Pero la verdad es que estaba muerta de miedo; estaba tan nerviosa que temía quedarme sin palabras y que pensaras que era una idiota. O peor aún, que no tuviéramos tema de conversación. No tardé en descubrir que eso hubiera sido imposible, porque tú siempre tienes algo que contar; contigo no existen los silencios incómodos.

      Y entonces pasó. Estuvimos hablando durante horas en nuestro centro comercial. Y de repente todas mis dudas desaparecieron, como si nunca hubieran estado ahí. Todavía puedo recordar las palabras exactas que salieron de mi boca: «Bésame ya por dios». A mí se me paralizó el cuerpo entero y tú incluso dejaste de hablar. ¡Tú dejaste de hablar! Fui impulsiva por primera vez en mi vida. Supongo que las ganas que tenía de besarte superaron cualquier miedo. No pasaron demasiados segundos cuando ya tenía tus labios sobre los míos. Fue una sensación indescriptible. Había oído muchas veces hablar sobre las famosas mariposas en el estómago, pero yo debía tener toda una fauna ahí dentro. Justo en ese momento comprendí que sí existe el amor a primera vista y que me gustabas más de lo que creía .

      Jamás hubiera imaginado un principio tan bonito. Ni siquiera podría haberlo inventado mejor. Luego llegaron las cartas de amor; recuerdo como las metíamos entre tontas sonrisas en la taquilla del instituto. ¿Y recuerdas las promesas? Nos íbamos a querer toda la vida. Y lo cumplimos mi amor. Porque llevamos tantos años amándonos con tanta intensidad que, aunque algo nos separase, este sentimiento ya no podría dejar de existir.

        Tengo tantos recuerdos bonitos a tu lado, que ni siquiera tienen cabida los que no lo son. Que me hagas reír hasta cuando no quiero hacerlo. Que bailemos en mitad del salón, con nuestros perros mirándonos como si estuviéramos locos. Que solo haga falta una mirada para saber qué es lo que queremos. Que te guste la pizza tanto como a mí. Dormir en tu pecho mientras acaricias mi pelo. Despertar con el sonido de tu respiración. Que los dos queramos dar la vuelta al mundo, aunque te rías de mí cuando me hablan en inglés y yo les sonrío como si les entendiera. Que hayamos aprendido juntos todo lo que conlleva la palabra amor y que el amor adolescente, a veces, sí que es para siempre.

Cada año al soplar las velas deseo estar junto a ti toda la vida. Pero el futuro es incierto. Lo único que sé con certeza es que nunca te voy a dejar de amar. Y si llegamos juntos a viejos, tal vez olvidemos quienes fuimos. Y por si eso pudiera suceder, si alguna vez no recordara cuán feliz he sido, léeme una y otra vez esta carta. Porque nada me dolería más que olvidarlo. Que olvidarte a ti mi amor.

Mi querido Daniel, por si algún día no recuerdo tu nombre

Tu querida Vanessa.

Vanesa Martínez López

 Almàssera- Valencia

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