Pregón del Cristo de Las Aguas 2019 (Guatiza)

Pregón de las Fiestas del Cristo de Las Aguas
Guatiza 2019

Por:  MERCEDES NIEVES CABRERA

Buenas noches a todos/as, Sr. Alcalde, Sr. Concejal, miembros de la Directiva y Comisión de Fiestas del Centro Socio Cultural Taiga, familias, vecinos/as, amigos/as y a todos los que nos han querido acompañar en este acto.
Ante todo, quiero agradecer a las personas que han pensado en mí como pregonera de las fiestas del Sto. Cristo de las Aguas.
Para mi es todo un honor el estar aquí esta noche compartiendo estos momentos con ustedes y que este día seis de septiembre quedará escrito en mi memoria para siempre como un día inolvidable.
Un pregón contiene siempre un testimonio, muchos sentimientos, sensaciones y emociones sobre determinadas circunstancias, hechos, recuerdos y vivencias.

Su preparación me hizo retroceder en el tiempo, socavar en los recuerdos y llegar a mi historia personal, pero sin olvidar que el verdadero protagonista de este momento es el Sto. Cristo de las Aguas del pueblo de Guatiza.
Nuestro pueblo se encuentra entre montañas, calderas, tuneras y una vega rica en sus cultivos. Aunque esto ya quedo atrás hace muchos años.
Guatiza, pueblo agrícola por excelencia, destacando entre sus ricas legumbres las famosas garbanzas reconocidas en el resto de la isla por su gran calidad. Y como no, hablar del ¨bichito de oro¨, refiriéndome al cultivo de la cochinilla, siendo nuestro pueblo el pionero en esta producción y la que generó el gran motor de nuestra economía, a pesar de que el agua, eterno problema en la isla, también afectó a nuestros vecinos. De ahí las penurias que se pasaron para poder sobrevivir.
Fue un pueblo de un cúmulo de trabajo y esfuerzo de buen hacer. Los que están y los que no están siguen llenando nuestro recuerdo de sus imágenes y experiencias.
Aquellos hombres y mujeres que con mucho sacrificio y sudor trabajaban de sol a sol. Fueron años de muchísimo trabajo en los cuales nada abundaba, luchando contra las adversidades. Cuando alguien les preguntaba a algunos de nuestros mayores ¿cómo estaba?, la contestación siempre era: aquí seguimos en la batalla…
Como muchos hombres de nuestro pueblo, mi padre también fue agricultor. Su mirada estaba puesta en la tierra. Día tras día preparaba sus aperos de labranza y partía hacia el campo, pasando muchas horas en sus faenas agrícolas. La mujer capaz de realizar trabajos fuera y dentro de la casa. Recuerdo aquellas mujeres, entre ellas, mi madre, ataviadas con sombrero y falda larga para protegerse del sol y emprender su labor hacia el campo. Mujeres imprescindibles en la ardua tarea de sacar a su familia adelante, y por muy cansadas que estuvieran, al encontrarse el saludo siempre iba acompañado de una sonrisa aliñada de cariño.
Al caer la noche, reunidos después de cenar a la luz tenue de un farol o quinqué, escuchábamos la radio, ya que la electricidad aún no había llegado al pueblo. Recordando el parte de Radio Nacional de España, el Carrusel Deportivo o las famosas canciones de la época.

Años después llegaron los seriales radiofónicos como “Simplemente María” o “Lucecita”. En algunas ocasiones, a las madres y abuelas se les asomaban unas lagrimitas ¡madre mía, qué emoción y que angustia viviendo aquellos romances y desencantos, amores y desamores!!!!.
A menudo nuestra creatividad crecía por falta de medios y las niñas nos las ingeniábamos para hacer nuestros propios entretenimientos, como hacer muñecas de trapos y el mobiliario de tuneras, que de esas sí que había en abundancia!!!! y como no, la vajilla de conchas de lapas “ la cartuja” se nos pasaba de presupuesto!!!.
Los chicos también eran ingeniosos, formando la silueta de un camello con las palas de las tuneras. A veces jugaban a los boliches, al trompo o al aro con los arcos de las barricas.
Eran tiempos en los que íbamos a la lonja a comprar una cuarta de aceite, no existía el aceite embotellado, lo mismo pasaba con el petróleo, había que comprarlo a granel para rellenar nuestros faroles. Eran tiendas típicas de los pueblos regentadas por familias.
Se trata de una estampa del siglo pasado, donde proliferaban estos pequeños establecimientos, con rudimentarias pesas donde se vendía una amplia gama de géneros, desde comestibles, material escolar, botones, jabón en barra, calderos y algunas piezas de ferretería, de todo como en botica, recordando el nombre de algunos productos como Margarina “La niña”, los calmantes vitaminados, los cigarros Progreso y Mecánicos y el famoso reconstituyente estomacal y tónico aperitivo “ Kina San Clemente”¡ decían que era muy bueno para abrir el apetito!!!!!.

Pero además, estas lonjas eran el lugar de encuentro con los vecinos del pueblo, ya que en alguna de ellas también contaban con el despacho obligado de algún vino y del ron de garrafones, el cual iba acompañado con algunas pastillitas para poder suavizar el gaznate, me refiero a los caballeros, entre ellos quiero recordar a nuestro querido pastor el Sr. Santiago Barrios, al que le tenía un cariño muy especial. Él me llamaba muy cariñosamente “la inglesita” por el color rubio de mi pelo.
Todas estas tienditas contribuyeron a dinamizar la economía local de la época.
Recuerdo con mucho cariño a Cecilita, como dueña de una de ellas que nos aguantó las impertinencias de tocarle a la puerta a deshora para comprar alguna chuchería, alcanzándonos los correspondientes resongos y con bastante razón.
La tienda de Rafaela Abreut donde comprábamos la peras, membrillos y algún durazno también. Nos lo comíamos a la salida de misa paseando carretera arriba, carretera abajo y a la vez aprovechábamos para echarle una ojeada a los muchachos que por allí solían estar.
Y como no, la tienda de Martín Socas y Carmita, los padres de nuestra amiga Lourdes. La del Sr. Manuel Santos, Alejandro, Gabriel, Los hermanos Fernández Barreto y don Anacleto.
Recuerdo cuando íbamos a comprar con nuestras talegas de tela o cestos de palma, que es algo a reivindicar si queremos luchar con ímpetu por nuestro medio ambiente. Actualmente queda la tienda de Pepa y la Gambuza de Antonio y Mari Carmen.

Guatiza también fue un pueblo de molinos de viento, aunque casi todos estaban en completo desuso, salvo el que regentaba la familia Espino, donde el agricultor acudía con su grano tostado para la obtención del gofio, un popular alimento que no faltaba en cada casa.
Años más tarde, como de todos es sabido, este molino pasó a formar parte de las joyas que tiene nuestra isla de Lanzarote por nuestro querido y gran artista César Manrique. El jardín de Cactus fue su última y gran intervención de César, el artista más universal de la isla. Imaginó el jardín en un espacio que logra dar vida en este caso a una arquitectura orgánica y a elementos decorativos y escultóricos fusionados con el entorno, uniendo Arte y Naturaleza que sólo la fuerza creativa de un artista tan destacado como César podía vislumbrar. Acoge ejemplares de especies diferentes relacionadas con la familia de los cactus.
El verdor de las plantas contrasta con el azul del cielo y el negro del volcán, creando una armonía de colores que impacta en el visitante. Como también los altos monolitos de ceniza volcánica, huellas que guardan intacta la memoria de lo que fue el lugar. Arriba desafiante, en lo alto de una pequeña loma se divisa el Molino enclavado sobre una antigua cantera, de la cual se extraía el rofe, plasmando una bonita imagen y quedando así formado el popular icono del pueblo de Guatiza.
En el mes de abril del presente año se conmemoró el centenario de este visionario que convirtió Lanzarote en su mayor obra de arte, compaginándola con la defensa de los valores medioambientales de Canarias.
También quiero hacer mención a la zona costera de nuestro pueblo donde se encuentran nuestras famosas Salinas, conocidas por las Salinas de los Agujeros. En sus buenos momentos de producción, obtenían grandes cantidades de sal gruesa marina de gran calidad, donde se apilaba para su posterior recolección en sus cocederos en forma de terraza.
Esta actividad prácticamente ha desaparecido con un entorno un tanto descuidado.
Continuamos en la zona para hablar del Riadero, lugar donde se bañaban las mozas del pueblo, pero sin propios atavíos, a no ser los zagalejos que se pegaban a las carnes ocasionando sus atrevidas transparencias.
Sobre el enclave de esta zona se edificó la urbanización de los Cocoteros, siendo su promotor nuestro vecino Dimas Martín, hoy convertida en este pueblecito casi familiar, con su maravillosa gente y disfrutando de su gran tranquilidad.
Y como no, ¡hablar de la Caleta de Guatiza!, es una pequeña cala resguardada de los fuertes vientos.
De esta zona concretamente conservo muchísimos y gratos recuerdos. De pequeña junto a mis padres y mi hermano, íbamos a pasar el día de San Juan. Era un día grande para los habitantes de este pueblo. Recuerdo a mi padre levantarse a la madrugada para poder reservar la cueva y allí cobijarnos entre amigos y familiares. También recuerdo a Juan Fernández que nos transportaba en su camión.
Me viene a la mente la preparación de la vestimenta para acudir a este encuentro. Aunque parezca increíble por los tiempos que corrían en esa época, entre mi madre y mi tía Carmen

nos hacían el conjunto de pantalón y blusa con tela de vichy que compraban en el puerto, en la tienda de Don Domingo Lasso. Los petos y bolsillos de los pantalones los bordaba mi tía, que como estuvo viviendo algunos años en la isla de la Palma, ¡bordaba que daba gusto!.
Muy buenos recuerdos de este lugar de la Caleta de Guatiza, que ya siendo mocitas acudíamos a esta zona para el disfrute del baño llevando una cámara de la rueda de un camión que nos servía de flotador, dándonos algún susto y llevándonos mar adentro ¡por poco visitamos al rey Hassan II!.
En la víspera a este día por la noche, no faltaban las tradicionales hogueras de San Juan, recolectando trozos de madera y lo más viejo de lo que había en cada casa y hasta las gomas de camiones, ¡no eran tiempos de hablar del medio ambiente!. Cada barrio hacía la suya, procurando que fuese la más alta y duradera.
Ya, en nuestra adolescencia, los domingos salíamos de excursión en un medio de transporte, muy común de la época, me refiero al burro, un animal que en casi todas las casas lo había y la que no lo tenía lo pedía prestado. Salíamos de Guatiza llegando a Mataburros y ya de vuelta pasábamos por el Vallito de Marcial Brito, haciendo aquí un pequeño descanso para saborear nuestro crujientes crocantes, o mejor dicho “clocantes” en aquellos tiempos. Alguna visita también hacíamos al duraznero del Sr. Heriberto, porque si no, ¿ de qué nos íbamos a confesar con don Santiago el cura?.
Eran tiempos de inocencia, de fantasías y de sueños. Las fiestas se acercaban y traían la magia, la alegría, la ilusión por el estreno de ropas y zapatos nuevos. Los horarios de salida y llegada a casa se flexibilizaban, porque en las fiestas, la calle era una extensión de las casas, donde nos sentíamos seguros y guardados y sobre todo por aquellos guardias uniformados de verde a los que les teníamos cierto respeto, por no decir miedo ¡cómo se movían aquellas capas al son del viento! Y ¡cómo relucían aquellos tricornios! ¿Quién me lo iba a decir….?
Nuestra fiesta del Cristo, siempre es recordada con mucha ilusión. Las casas se albeaban y el buen puchero no faltaba. Las calles se adornaban con hojas de palmeras y banderas de colores. En la calle principal se instalaba los ventorrillos, tómbolas y como no, la inolvidable ruleta de Cazorla, que según los comentarios ¡algún trucaje tenía!, yo no sé si cierto era.
También estaba el Parral de Marcial, otro lugar de encuentro. En los ventorrillos con sus olores a carne en adobo llegó la moda del clipper, más conocida por el agua moya y el seven-up llamado vulgarmente siete machos. En aquella época se desconocía este sobrenombre. Pero ¡ nos daba igual ¡. Parecía funcionar bien!. Las banderas ondeaban desde lo más alto de su mástil de la Sociedad Unión y La Imparcial, anunciando las verbenas y sus correspondientes Asaltos prolongados, amenizadas por las orquestas punteras de la isla, siendo para mí, la más recordada, la llamada orquesta Lira de la Villa. ¡Con qué desespero vivíamos la llegada de los músicos!, porque con su retraso las horas de baile eran menos, ya que sólo nos permitían acudir al asalto por aquello de la edad. ¡Eran otros tiempos! Qué alegría cuando veíamos aparecer ese coche de color amarillo portando en su baca sus resplandecientes instrumentos musicales. Y qué curioso que con el paso de los años volví a encontrarme con ellos como contribuyentes cuando empecé mis tareas laborales en la Villa de Teguise, recordando aquellos viejos y bonitos tiempos!.

También contábamos con el cine de Luciano, en la Sociedad La Imparcial. La duración de las películas se hacían interminables por los cortes producidos por el deterioro de sus cintas. Los tocadiscos con sus canciones de los Bravos, de los Brincos y tantas más. La televisión de batería en blanco y negro donde podíamos disfrutar de lo que en su día fue el gran Festival de Eurovisión.
Por las fiestas hacíamos nuestras pequeñas obras de teatro ensayadas por señorita Lola, nuestra maestra de escuela, ¡Sabe Dios, si de haber continuado hubiera salido alguna de nosotras destacada en este género literario!, era lo que teníamos a nuestro alcance. Guatiza siempre fue y sigue siendo un pueblo de jóvenes emprendedores y con muchas ganas de superación.
Por supuesto, no existían los móviles, nada de redes sociales, ni de whatsapps, ni de sms! su creador ni tan siquiera había nacido!.
Aquí quiero hacer un pequeño inciso para recordar a nuestro vecino Juan Núñez, hombre muy servicial en el pueblo, sin dejar de hacer mención a su gran invento por todos conocido, convirtiendo la estructura de un viejo camión en la famosa máquina, con su nombre muy peculiar a la que llamó la Chocha, siendo de gran utilidad para los agricultores en la tarea de la trilla y en algunas más. Servicial también lo fue Ambrosio Placeres ejerciendo de practicante.
Muy importante nuestra romería en honor al Sto. Cristo de las Aguas, que suele contar con una gran participación de los vecinos del pueblo y visitantes ataviados con sus ropas tradicionales de romero. De cada barrio sale un carro muy bien engalanado concentrándose todos junto al campo de fútbol, partiendo el tradicional recorrido por el pueblo acompañados por una parranda de vecinos, llevando cada uno de ellos sus enyesques y un buen trago de vino de la tierra para afinar sus gargantas.
En mi barrio vivió un señor, llamado Manuel Nieves, al que le gustaba todo tipo de fiestas pero su preferida era ésta, por el gran disfrute de su romería.
Días antes ya estaba inquieto, nervioso….. Pintaba su carro de color verde adornándolo con hojas de palmera y racimos de dátiles, y ¡cómo no, la bota de vino y unos pejines, nunca faltaron! Y qué casualidad!!. Hace ya muchos años el destino quiso que ese día trece de septiembre nos dejara, cuando el pueblo ya estaba concentrado para iniciar la romería. Aunque otro vecino del barrio que ya participaba en aquel entonces, refiriéndome a Pedro Berriel, tomó su relevo. Hombre incansable, que junto a Tíbida son los que desde hace muchos años se preocupan de adornar la carreta y que no falte de nada para ir chascando, sin olvidar el gran pan con chorizo de Domingo el de Sixto.
Al llegar a la plaza de la iglesia el Sto. Cristo espera a los romeros, portando productos típicos de la tierra, ofrendas destinadas a las personas necesitadas.
Sin faltar la ofrenda musical por parte de una representación folklórica, así como la participación de la parranda del pueblo que no perdió la ocasión de tocar y cantar para su santo. Y desde estas líneas quiero hacer un pequeño reconocimiento a nuestra querida amiga Menchu que durante tantos años convivió y compartió sus experiencias y buenos momentos con todos nosotros formando parte de nuestro folklore. Para concluir, después de las ofrendas se hace el baile del romero en la cancha del centro Sociocultural Taiga, sin faltar el tradicional y sabroso caldo de millo y trigo, así como dulces típicos canarios, agradeciendo a

estas personas la colaboración en esta tarea para disfrute del pueblo ¡no pierdan las buenas costumbres!!! Y desde aquí el cariñoso mensaje para Mª Carmen y compañía.
Al día siguiente, día principal de la fiesta el repique de campanas anuncian la celebración de la función religiosa y procesión con el Santo Cristo por la calles del pueblo, acompañado por la banda de música
Las fiestas no sólo deben servir para buscar huecos de diversión, nuestra mirada debemos desviarla también a las personas mayores, aquellas gracias a las cuales hoy podemos estar aquí, a los enfermos debemos llevarles la alegría y el consuelo que no pueden ir a buscar por ellos solos, a los jóvenes para que encuentren la sana diversión de la experiencia y bondad de nuestros mayores, inculcándonos tantos valores y entre ellos la educación, siendo el arma más poderosa para cambiar el mundo.
La participación en las mismas es un modo de implicarnos en la vida social de nuestro pueblo, donde entre todos formamos una gran familia, independientemente del lugar de origen.
Si un pueblo pierde su cultura y sus tradiciones, lo pierde todo, preservar nuestra cultura significa preservar nuestra identidad y representa para el ser humano un hecho vital…
Con esto ya doy por finalizado este pregón, agradeciendo a todos su presencia y deseándoles unas felices fiestas en honor al Santo Cristo de las Aguas.

Guatiza, a 6 de septiembre de dos mil diecinueve.

Mercedes Nieves Cabrera.

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