Pregón de Caleta Famara 2018

Pregón de las Fiestas del Sagrado Corazón de Jesús
Caleta de Famara 2018

Por: ANDRÉS CASTILLO BONILLA

Buenas noches a todos: excelentísimas autoridades, comisión de fiestas, público en general, queridos vecinos de La Caleta y visitantes: gracias por su asistencia a este acto del pregón con el que dan comienzo las fiestas en honor al Sagrado Corazón de María 2018.
Especialmente quiero dar las gracias a la comisión de fiesta por haberme invitado a ser el pregonero de las fiestas de este año en este maravilloso pueblo de La Caleta de Famara y que considero un honor el que me eligieran a mí para este acto, pues aunque no soy caletero de nacimiento, les puedo asegurar que llevo en mi corazón esta Caleta a la que he venido desde pequeño a veranear y en la que resido desde hace veinticuatro años.
En estos veinticuatro años he vivido muy feliz en este pueblo, pues aunque la mayoría de la población es joven me relaciono bien con ellos y con los que todavía quedan de mi edad compartimos buenos ratos de nuestra niñez.

La pesca ha sido una actividad fundamental para este pueblo y sus familias. Yo también me dediqué a la pesca de la vieja mientras el cuerpo me lo permitió, recorriendo todos esos pesqueros que los marinos me enseñaron cuando era pequeño, por eso quiero desde aquí tener un sentido recuerdo a cuantos caleteros han escrito la historia de este pueblo y tristemente nos han dejado.
Especialmente recuerdo a María la de Abraham, que desde pequeños fuimos muy amigos, y en mi nueva etapa en La Caleta también vecina y amiga. En el momento en que se fue no estaba aquí para poder darle el último adiós, aunque sé que algo de ella sigue en nuestra calle, en nuestros hogares, pues el alma de las personas nunca termina de irse.
Espero poder disfrutar muchos años del encanto de esta playa con mis baños desde el mes de mayo a diciembre, con los paseos por estas calles y la visión del risco, de una belleza indescriptible desafiando al mar. Un paisaje que enamora a todos los que se acercan al lugar, no en vano el gran artista universal César Manrique dijo de él que era un paisaje único.

Quiero continuar este pregón haciendo un pequeño recuento de los habitantes de esta Caleta en los años 1946 al 1955 aproximadamente, empezando por el orden de entrada, partiendo desde la villa.
Matrimonio Ramón Morales y Carmen la de Estebana como cariñosamente la llamábamos.
– Señor Marcial Machín y la señora Tomasa, su hijo Domingo era el más pequeño, vivía en La Caleta y era el que llevaba el ganado de cabras que tenía de pastoreo por el jable y el risco, Manuela les ayudaba en las tareas de la casa y la panadería.
– Seguidamente nos encontramos con la casa de Vicente Morales y Manuela.
Le sigue la casa de la señora María Tavío.
Siguiendo el itinerario por la orilla del mar nos encontramos con el señor Ramón Morales y la señora Bárbara.
Siguiendo el camino llegamos a la casa de Feliciano Tavío, y María Martín.
La casa del señor Dámaso y Pilar Tavío
Al otro lado de la playa, la casa de Miguel Morales y Carmen Abreut.
Llegamos a la casa de Isidoro Tavío y Petra.
La casa del señor Antonio Morales y señora Carmen.
Terminando con la familia del señor Felipe Morales y su esposa Juana.
Luego por la parte de atrás vivía Marcial Morales con su esposa Juana Pérez.
Y como no, el señor Pedro Perdomo y señora Eugenia con su tienda y panadería.
También estaban el bar de Andrés García y el del señor Florentín.
Todos estos matrimonios con su respectivos hijos/jas. Formaban lo que era el pueblo de La Caleta de Famara, dedicados todos ellos a la actividad de la pesca y las esposas a las faenas de la casa y también dedicaban buen tiempo a la recogida de lapas, erizos, burgaos etc. El lavado de la ropa lo hacían en el pozo que contaba con unas pilas para ello, salían del pueblo con la ropa en una cesta cargada en la cabeza y allí pasaban la mañana hasta que terminaban dicha faena, luego con el mismo sistema de transporte tendían la ropa al llegar a sus casas.
A la llegada de los barcos que desde muy temprano salían a la mar ayudaban a varar los barcos, a recoger el pescado, separar algunos para el consumo de la casa y el resto lo vendían a un señor vecino de la Villa que se llamaba José Machín (José el del pescado le llamábamos) que en su burro con dos cestas lo llevaba a la Villa o a otros pueblos para venderlo.
El trabajo en la mar era duro pues no solo tenían que tener los barcos y aparejos siempre preparados para la faena de la pesca, sino que por las noches tenían que ir a los bajos a coger carnada para la pesca del día siguiente, en el que el trabajo era más duro todavía pues trasladarse a los pesqueros unas veces con el barco a vela si el tiempo lo permitía y solo con remos a fuerza de brazos, sin dejar atrás la dura y peligrosa pelea con el mar cuando se les ponía bravo teniendo muchas veces que sufrir para llegar sanos y salvos a su playa querida y el sufrimiento de sus familiares que veían como estaba el mar y como sus maridos e hijos luchaban por llegar a tierra. Con todo este sufrimiento, realmente ¿es caro el pescado?
La playa de La Caleta era la mejor playa que había en Lanzarote un poco más pequeña que la que hay ahora que por hacerla más grande la destrozaron, a esta playa nunca se le vio una piedra ni un risco como se le ve ahora, la arena era limpia pues hasta los marinos y veraneantes dormían la siesta debajo de los barcos que antes se varaban en la playa, como niños que éramos jugamos en la playa al juego del cuchillo, al del clavo y a veces también echábamos alguna partida de envite pues era una gozada estar encima de aquella arena tan limpia y fina… Por eso ahora toda la arena que se le ponga a parte de tener tierra revuelta no dura sino el tiempo que tarda el mar en llegar a lo más alto .
Y es que el mar no quiere acariciar su playa ni ninguna arena que no sea la suya aunque esta no vulva nunca.
¿Y qué decir del trampolín? De quién sería la feliz idea de quitarlo y a quién molestaba. En él disfrutábamos no solo los pequeños sino también los mayores, que esperábamos a que la marea estuviera llena para ir a tirarnos de cabeza tantas veces como quisiéramos, todavía lo recuerdo y me da rabia y pena al mismo tiempo, pues pienso que no hacía ningún daño ni molestaba a nadie y que aun podía estar ahí presidiendo y embelleciendo la playa para deleite de pequeños, mayores y visitantes que estoy seguro se harían muchas preguntas sobre el citado trampolín.
También nuestras diversiones era la pesca, en la laja o en el cuarto arriba como así se llamaban los riscos donde nos sentábamos a pescar. (Lugares donde hoy está el muelle) el fútbol también era otra diversión de nuestro tiempo pues teníamos un campo al otro lado de la carretera, solo que las porterías eran dos piedras y no postes y redes como ahora. También por las noches chicos y chicas jugábamos al escondite, formando dos bandos, la cosa era divertirnos y pasarlo bien todos juntos en buena amistad y armonía, pues así lo requerían las vacaciones que estábamos disfrutando.
Por la mañana íbamos a comprar un garrafón de agua pues las casas no tenían aljibe y las que la tenían se llenaban de cucas, por lo tanto había que coger el garrafón y tres perras para ir a comprar el agua a casa del señor Marcial Machín o de don José Betancurt. De camino comprábamos el pan calentito de la señora Tomasa o también de la señora Eugenia, desayunábamos y así empezaba el día para nosotros.
Por la mañana temprano la playa se quedaba sin barcos pues todos salían a la pesca cuando el mar lo permitía, y a la ahora del baño más o menos sobre la una del mediodía todas los familiares de los marinos esperan la llegada de los barcos que habiendo terminado la faena de la pesca regresaban a su puerto, reflejándose en los rostros de sus familiares la alegría de ver que los suyos regresaban sanos y salvos a su lugar de partida. Los barcos eran varados ayudados también por los veraneantes que andaban por allí cerca y también para ver la pesca que habían cogido ese día.
Cuando el tiempo estaba bueno para ello preparaban el chinchorro y se dirigían a los Caletones para echarlo y coger sardinas, a esto se le llama “calar”. Los demás marinos, familiares y todos los que queríamos íbamos caminando por tierra para ayudar a tirar del chinchorro desde tierra y también coger alguna sardina que se enredaba en la malla ancha y allí mismo en unas aulagas asarlas para comérnoslas. ¡Qué bonito era aquello y cuánto disfrutábamos!
Terminada la faena los barcos regresaban con su pesca de sardina y los demás por tierra también regresábamos a nuestras casas contentos de haber participado en aquella hermosa faena.
Por las mañanas las mujeres después de terminar las tareas de sus casas se reunían para jugar a la ronda, hacer punto, rosetas, mientras charlaban de sus cosas, esperando la hora del baño y la llegada de los barcos de la mar para comprar pescado.
Los hombres se reunían en el bar para jugar partidas de envite, napolitana, mus, dominó, charlando, hasta la hora del baño y luego la comida.
Por las tardes la vida de la playa cambiaba totalmente pues esta se quedaba solitaria haciendo la vida por detrás de las casas bien tendidos en la arena de tertulia charlando de cuantas cosas venían a la memoria de cada uno, también delante de la tienda del señor Pedro se organizaban partidas de bolas hasta caída ya la tarde en que la gente se iba a sus casas para cenar y luego reunirse otra vez para escuchar al señor Isidoro Tavío con su requinto, otros con el timple y guitarra, acompañados de sus cantos, reunidos todos escuchando y también bailando, todo esto a la luz de la luna o de un fogón de petróleo que los marinos usaban para coger carnada, las mujeres que no estaban en los bailes se reunían en los almacenes o algunas casas para jugar a la lotería (bingo) y así un día tras otro iban pasando nuestras vacaciones, felices y al mismo tiempo viendo acercarse el final de las mismas.
También se celebraban las fiestas en las que ahora estamos en honor del Corazón de María, solo que en aquellos tiempos no había tantas atracciones ni eventos como ahora los hay, pero tanto el pueblo como los veraneantes disfrutaban con las verbenas que se hacían y los clásicos ventorrillos, terminando la fiesta con la tradicional función religiosa y la procesión terrestre y marítima.
Entrábamos ya en el mes de septiembre y se anunciaban las fiestas de Los Dolores que para esta Caleta significaba la venida de los romeros que venían de la vecina isla de La Graciosa. Esto era el día 14 de septiembre, cuando todo el pueblo de La Caleta se disponía a recibir a los gracioseros que llegaban para trasladarse a Mancha Blanca.
El día 14 de septiembre como ya dije, muy de madrugada, nos reuníamos todos en la playa y plaza de la iglesia para recibir a los gracioseros, era todavía de noche pues aunque el amanecer del día estaba cerca todavía no podíamos ver la llegada de los barcos aunque sí oíamos sus voces, lo que nos indicaba que ya estaban cerca y cuando las primeras luces del día iluminaba el mar aparecían los barcos cargados de gracioseros/ras, la gente comentaba: vienen cuatro barcos, otros decían: no, son seis y así con estos comentarios los barcos iban entrando en la playa poco a poco. Me acuerdo de los más grandes y digo grandes porque comparados con los de esta playa su tamaño nos asombraba, recuerdo “la isla” que era el mayor de todos, luego el “San Roque” y así iban llegando, luego los marinos iban desembarcando a las mujeres a hombros para que no se mojaran, y cargadas con sus belillos de ropa todo era una algarabía en la playa y como no una fiesta, saludos de los conocidos. Después de varados los barcos se cambiaban de ropa y emprendían el viaje a través del jable caminando hacia la ermita de Mancha Blanca.
A la vuelta, el día de Los Dolores, regresaban de la fiesta y aquí se organizaban parrandas y bailes, para luego al día siguiente muy temprano emprender viaje de regreso a su isla de La Graciosa.
Y así se iban terminando las vacaciones pues en el mes de octubre ya empezaban las clases y había que regresar cada uno a su lugar de destino, con la esperanza de volver para el próximo año a disfrutar de esta Caleta tan acogedora.
Yo quisiera despedirme pidiendo a todos vecinos de La Caleta, veraneantes y visitantes, que luchemos por conservar esta pequeña caleta, cuya playa por mi parte considero la perla de todas las playas de Lanzarote, esta bella playa acompañada por la izquierda por este hermoso litoral, empezando por la marquesa, el bajo del perejil, playa de San Juan, los Caletones, Guerra etc. Y por el lado derecho el bajo Méndez, la belleza de la playa de Famara y ese impresionante monumento que es el risco de Famara que nos impresiona y al mismo tiempo nos deleita nuestra vista. Como mirador desde la playa nos deja ver la isla de La Graciosa, Montaña Clara, Alegranza, Montaña Amarilla y el río que separa las islas de Lanzarote y La Graciosa. Todo ello bañado por las azules aguas del Atlántico.
Cuidemos esta joya de la naturaleza que es un regalo para dejar a nuestros hijos, nuestros nietos y todas las personas que se acercan a nuestro particular paraíso. Desde este bello rincón del Atlántico les agradezco a todos su presencia y les deseo unas felices fiestas en honor al Sagrado Corazón de María.

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