La Casa de La Mareta

Por Bernardo Bravo Martín
Enero 2014.

En el antiguo Cortijo de Tao, limitando por el sur con el actual lugar conocido como La Mareta, poseía terrenos el matrimonio formado por: Vicente García y Marcelina de León, a comienzos de siglo XIX.
Una hija de ambos, Felipa García de León, contrajo matrimonio con Domingo Lorenzo Abreu Alcalá, hijo de Salvador Lorenzo Abreu y Agustina Alcalá Linares, casados estos últimos, el 24.10.1811.

Los mismos tuvieron tres hijas, Petra casada con el vecino de San Bartolomé, Marcial Rodríguez de León, hijo de Pedro Rodríguez y Josefa de León. María de las Nieves, con Candido Quintero Peña, procedente de Tinguatón, hijo de: José Quintero Pérez y Francisca Peña Betancor y Dolores (conocida como Dolores Rubina) Abreu García con Leandro José María Pérez Martín en 1877, procedente de San Bartolomé, hijo de Marcial Pérez Rodríguez y María Martín García.
Este último matrimonio reconstruyó una nueva vivienda sobre unos antiguos restos que existía en el lugar anteriormente indicado, que sirvió posteriormente como hogar de los Pérez Abreu.
Fruto de dicho matrimonio, nacieron:
Domingo, casado con Lorenza Camacho y Camacho, de Tiagua.
Juan, con Josefa Bonilla Curbelo, hija de de: Luís Bonilla Bermúdez y Juana Curbelo Parrilla.
Nicasio, con Leocadia Isabel de León Delgado, hija de Marcial de León González y Margarita Delgado Cabrera, quien emigro a las Américas sin regresar.
Dolores con Miguel Bonilla Curbelo, hijo de: Luis Bonilla Bermúdez y Margarita Curbelo Parrilla, quienes emigraron a la Republica de Argentina, donde se establecieron y formaron familia.
Y Marcial Pérez Abreu, soltero, quien vivió en la isla de Gran Canaria.
Hasta los años 40 del siglo XX, vivió, ya viuda la señora Dolores Abreu García.
Una vez la casa deshabitada, María Dolores Pérez Abreu, hija de Nicasio, quien era propietaria por herencia de su padre, de un 20% de la misma, junto a su marido: Andrés Betancor Duque, los cuales habían contraído matrimonio el 4 de mayo de 1932, compraron el resto de la finca a sus tíos.
De este matrimonio, nacieron:
Carmen casada con Santiago Rodríguez Santana; Margarita con Carlos Gil Hernández; Andrés con Virginia Betancor López y Nicasio Betancor Pérez, quien falleció en plena juventud, debido a un accidente.
Por herencia, la vivienda paso a nombre de: Carmen Betancor Pérez y su esposo Santiago Rodríguez Santana, quienes vivían en Las Palmas de Gran Canaria.
En 1995 se hace una reparación general a la misma, debido que llevaba años deshabitada.
A comienzo de siglo XXI, la misma se vende al matrimonio formado por: Marciano Acuña Betancor y Clara Bonilla Cabrera, quienes la habitan en la actualidad.

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