La barrilla

Por Francisco Hernández Delgadobarrilla

El nombre de barrilla, según Agustín Pallares, se dio por desplazamiento metonímico a las cenizas de contenido sódico obtenidas de esta planta y de otras productoras de sosa, adquiriéndolo finalmente por antonomasia nuestra planta barrillera.

Se dice que en Lanzarote se extraía la barrilla de tres plantas, la Cofe-Cofe, la escarchosa y la patilla, siendo la más conocida la Escarchosa, aparentemente de origen sudafricano, Tallos y cabezas floríferas densamente cubiertas por excrecencias (papilas) acuosas. Flores solitarias o agrupadas, auxiliares, blancas o ligeramente rosadas.

La barrilla ha sido objeto de algunos estudios, gracias a los cuales hoy podemos conocer la importancia de su comercialización en la isla de Lanzarote, así como su influencia en el desarrollo del Puerto del Arrecife sobre todo su repercusión en el modo de vida de los agricultores lanzaroteños.

Son muchas las versiones que existen sobre la forma que llegó a Lanzarote la semilla de la barrilla, unos dicen que pudo llegar pegada al equipaje de las personas que llegaron a Lanzarote, otros que fue el Presbítero de Lanzarote llamado José García Durán, que volvió a la isla sobre el año 1740, después de haber sido cautivado por los moros.

Pasaron varios años, antes que los lanzaroteños se dieran cuenta del valor económico de esta planta, sobre todo por la gran cantidad de sosa caustica que contenía. Los lanzaroteños añadían a las cenizas de la barrilla un poco de cebo de cabra, obteniendo así un jabón, económico y práctico para sus familias.

Los terrenos de la isla de Lanzarote, donde desde un principio se producía la mayor cantidad de barrilla era la zona de Sóo, Cuchillo y Muñique y luego la zona norte, en Arrieta y Orzóla. Después de las primeras lluvias se procedía a la siembra, cuando sus ramas estaban verdes, aunque los botones o cajas de la flor permanecieran cerrados, se procedía a su recolección, se arrancaban formando pequeñas gabillas. Pasadas unas tres semanas, se hacía la quema de la planta, en unos quemeros hechos con piedra en forma circular de un metro más o menos de diámetro y de 40 ó 50 centímetros de alto. (Después de quemada y enfriada la barrilla formaba una masa compacta, que pasado unos 5 días era partida en trozos y llevada en burros hasta los almacenes para su embarque.

Desde los primeros momentos del negocio de la barrilla, el Cabildo General de la isla, establecido en la Villa de Teguise, tomó una serie de medidas, de carácter económico y sobre todo de vigilancia en la quema de la barrilla.

En 1798 ya se habían exportado para Londres y Venecia y en menor cantidad para Lisboa, unos 43.300 quintales.

Desde 1800 a 1804 el precio medio del quintal de barrilla fue de unos 60 reales y se exportaron 199.361 quintales en los cinco años.

En 1808 la producción llega a pasar los 100.000 quintales. Y su precio estaba entre 3 y 4 pesos. Los diputados de todos los pueblos de Lanzarote, acordaron que se pagara 17 maravides, por cada quintal de barrilla exportada, esta recaudación estaba destinada a la creación de escuelas de primeras letras, apagar un médico y los gastos de la botica.

Durante varios años se denuncia el fraude que se realizaba en la combustión de la barrilla, añadiéndole otros arbustos e incluso piedras, este hecho, además de que ya se podía obtener la sosa cáustica por otros medios, terminó con el negocio de La barrilla lanzaroteña.

 

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