El Ayuntamiento de Teguise

Por Francisco Hernández Delgadoayuntamiento-teguise

El Ayuntamiento de Teguise, tiene jurisdicción política y administrativa sobre toda la zona central de la isla de Lanzarote y los cinco roques que se ubican al N. de su costa: La Graciosa, Montaña Clara, Alegranza, Roque del Este y Roque del Oeste.

Una superficie de 263,98 Km2, de los cuales, 52,99 Km2 corresponden a los Roques.

Limita por el S. con el Municipio de Arrecife, con el de Haría por el E., y con los de San Bartolomé y Tinajo por el O.

El término acoge las poblaciones de la Villa de Teguise, Tahiche, Nazaret, Las Caletas, Costa Teguise, Guatiza, El Mojón, Los Valles, Teseguite, La Caleta de Famara, Soo, Muñique, Tiagua, Mozaga, Tao y La Graciosa. Algunas poblaciones históricas desaparecieron a causa de las erupciones volcánicas del XVIII o XIX, y de las continuas “Hambrunas” que padeció la Isla, obligando a la emigración a grandes grupos poblacionales. Un claro ejemplo de ello fue el del pueblo de Taiga, desarraigado en el siglo XIX.

la evolución histórica de esta entidad no podemos decir que se inicie con las Cortes de Cádiz, de 1812, sino más remotamente, con la implantación del Antiguo Cabildo o Consejo de Lanzarote, tras la conquista de la isla, en 1402.

Los conquistadores normandos, impusieron su propio fuero apoyados por el rey Enrique de de Castilla, a quien Jean de Bethencourt había rendido pleito homenaje.

Con este acto se reconoce oficialmente las Islas Canarias como señorío vinculado a Castilla, y se obtienen privilegios económicos como el monopolio sobre el comercio exterior de las islas, principalmente el de la orchilla y la obtención del quinto real sobre las importaciones.

En 1412, estas prerrogativas se ven aumentadas cuando Bethencourt reitera su apoyo al nuevo rey, Juan II, de quien obtiene el privilegio de acuñar moneda.

Teguise se convertirá en la capital de Lanzarote y de Canarias. Su valor estratégico militar, y su alta concentración de población aborigen, la avalarán ante Maciot de Bethencourt, su fundador, y también, ante los gobernantes castellanos posteriores.
Será la sede política y administrativa de los poderes laicos y religiosos del señorío, y por ello botín apetecido por los piratas que infestaban estos mares, hasta bien avanzado el siglo, XVIII.

La etapa normanda finalizó hacia 1418, cuando Maciot vendió los derechos sobre las islas al conde de Niebla. La castellana se caracterizó por no basarse en un pacto feudal sino en una delegación del rey en los nuevos señores. Las leyes normandas fueron sustituidas por las leyes generales del reino y el señorío perdió parte de su autonomía y se acentuó la intervención regia.

Cada isla contó con un nuevo marco legal, paralelo al experimentado ya en la recién conquistada Andalucía. Los Concejos o Cabildos fueron la unidad primaria de la administración de cada isla.
Los Concejos de las islas de señorío tuvieron como modelo las normas legales aplicadas en los señoríos andaluces, con un sometimiento orgánico a su señor.

Respecto al funcionamiento y composición del Cabildo de Lanzarote, este adoptó un sistema restringido, que de hecho era una asamblea de notables del lugar presidida por el señor, aunque en determinadas circunstancias especiales se contara con la participación de los vecinos, sin carácter decisorio.

Los recursos económicos se basaban fundamentalmente en unos de tipo ordinario y otros extraordinarios. El problema surgía al existir un número elevado de competencias con escasos resultados económicos, y de los escasos recursos pecuniarios de los vecinos de Lanzarote, viéndose la hacienda concejil obligada a la ayuda real si se presentaba algún gasto cuantioso.

Los señores Peraza y Herrera potenciaron en la Isla una población castellano-beréber, sobre la cual disponían de poder jurídico y militar. No obstante, una vez desaparece esta dinastía y a lo largo de todo el siglo XVIII, los señores van perdiendo sus privilegios en favor de los representantes de la Corona (Comandante General y Audiencia).

Además, a raíz de la implantación de Carlos III de los Diputados y Personeros del Común, la burguesía agraria y comercial, se incorpora masivamente a la vida política local rivalizando en muchos casos con los señores.

En 1772, don Joseph Ruiz Cermeño, en su “Descripción de la isla de Lanzarote”, reseñó que la isla contaba con un Cabildo secular, cuyo gobierno se reducía a un Alcalde, mayor, un Alguacil mayor con sus ministros para la Administración de la justicia ordinaria, y un Gobernador de Armas, para lo militar, que nombró la Comandancia militar.

El fuerte deterioro que se sufrió a causa de las erupciones volcánicas, trajo una fuerte crisis económica a la isla. Los principales campos cerealísticos fueron destruidos y la emigración de la población fue tan fuerte que solo se vio paliada por el fomento del cultivo y exportación de la barrilla, (sosa).

A finales de este siglo XVIII, el Cabildo estaba compuesto por doce regidores y su Alcalde Mayor, que era Juez ordinario con las mismas facultades que un corregidor, cuyas providencias debían ser apeladas a la Audiencia de Canarias. Los corregidores representaban a cada una de las poblaciones de la isla: Haría, Yaiza, Femés, Tinajo,etc.

Las expectativas de la isla de Lanzarote fueron diversas a lo largo del siglo XIX : en lo que respecta a sus recursos económicos, sufrió una fuerte crisis agrícola provocada no solo por las sequías y las plagas de langosta, sino por las pérdidas de mercados internacionales. Esto originó otra avalancha migratoria hacia varios países americanos.

En lo político y administrativo sucedieron varios acontecimientos de gran trascendencia para la isla: la abolición del señorío, la división administrativa de la Provincia de Canarias en dos sectores, la aprobación de la Ley de Puertos Francos para los puertos canarios, y en lo local, el traslado de la capitalidad de la isla desde Teguise a Arrecife.

Las antiguas alcaldías pedáneas, dependientes del Cabildo de Teguise, se reconvierten en municipios independientes con sus ayuntamientos correspondientes: Teguise, capital de la isla, Puerto de Arrecife, Haría, Tinajo, Yaiza, Femés, Tías y San Bartolomé.

Teguise conservó algo de aquella vieja preponderancia al ser su jurisdicción la mayor de la isla: Nazaret, Tahiche, Teseguite, El Mojón, Tayga, Soo, Tiagua, Tao, Zonzamas , etc.

El fuerte crecimiento de Arrecife, principal puerto comercial de la isla, ocasionó que Teguise, la capital, perdiera las dos terceras partes de su población a favor del Puerto.

Junto al traslado de la población se fueron muchos centros oficiales, tales como la administración de Reales Rentas, la Ayudantía de Marina, el Gobierno militar, etc.

Esto fue lo que provocó en la primera mitad del siglo, el traslado de la capitalidad a Arrecife.

El último cuarto del siglo XIX fue calamitoso para Lanzarote y Fuerteventura, tanto que las autoridades canarias tuvieron que adoptar una serie de medidas asistenciales para estas dos islas.

Tal vez, lo más destacado de este periodo calamitoso fue la emigración de familias enteras que se vieron obligadas a dejar su hogar, malvendiendo unas tierras que nada producían, para buscar un incierto futuro en otras islas o en América. Teguise y Haría serán los municipios más afectados. El siglo XX trajo la Ley de Cabildos, en 1912, que dotó a cada isla de un Cabildo, con representación en las Cortes de la Nación, un diputado a Cortes y su Juzgado.

La primera Guerra Mundial repercutió sobre toda Canarias muy duramente. La conflagración supuso un corte en las comunicaciones marítimas con los países europeos implicados en el conflicto, trayendo consigo la caída en picado de las exportaciones plataneras y la consiguiente paralización de los puertos, pese a que España se mantuvo neutral en este conflicto.

La consecuencia efectiva de la crisis que trajo esta guerra para todas las islas fue la escasez de los principales productos de primera necesidad: carbón, combustibles derivados del petróleo, etc. Apareciendo otra vez el fantasma del hambre y recrudeciéndose la emigración a América.

Con la Dictadura del General Primo de Rivera, la situación cambió por completo. Una de las primeras medidas tomadas fue la de destituir a las autoridades por “miembros asociados”, hasta lograr que los alcaldes y gobernadores civiles fueran designados desde el Gobierno.

En Lanzarote, fue depuesto el Delegado Insular del Gobierno, haciendo entrega de su cargo al Comandante Militar de la isla. EI Alcalde elegido por los vocales asociados para Teguise, fue D. Félix Robayna Betancort. Asimismo, fueron establecidas varias disposiciones tendentes a garantizar el orden y moralidad de Lanzarote.

La guerra civil española, y tras su Alzamiento militar del 18 de Julio, trajo unas autoridades que crearon un nuevo orden, donde se procedió a borrar todas las ideas democráticas anteriores.

La dura postguerra, con su régimen de racionamiento, declarado el 15 de Mayo de 1940, obligó a los Ayuntamientos de la isla a constituirse en Delegaciones Locales de Abastecimientos, dependientes de la Delegación de Abastecimientos y Transportes de Las Palmas, sita en el Gobierno Civil.

Este cometido no cesó hasta que se hizo cargo de los abastecimientos y transportes al Coronel Gobernador Militar de Lanzarote, el 16 de Octubre de 1941.

La Segunda Guerra Mundial tomó la isla aun sin haberse repuesto del déficit anterior. La emigración que se produce entre 1945 y 1954, incidió negativamente sobre la calidad poblacional de la Isla. A partir de 1962, disminuirá esta emigración a América por el cierre de la inmigración por parte de Venezuela, desviándose, aunque en bastante menos escala, hacia países de Europa: Alemania, Suiza, Francia, Bélgica, etc.

Esta fuerte y continuada sangría poblacional impidió la recuperación del municipio de Teguise. Deficitaria en servicios sociales y sanitarios, económicos y de educación, con un viejo casco histórico en ruinas, y abandonada de La mano de Dios, el Ayuntamiento fue incapaz de plantear un cambio visible has finales de los años 70, con la acción directa sobre el municipio del fruto del incipiente turismo que nacía en la futura Costa Teguise.

El auge de este centro turístico será el motor que inicie las transformaciones a niveles sociales, sanitarios y de infraestructura de Teguise. Se crearan centros socio-culturales en todos los pueblos, con sus correspondientes salones de usos múltiples, ambulatorios e instalaciones deportivas. Se sanearan las carreteras, barrancos y desagües. La luz y el agua se llevará hasta los lugares más alejados. Educación se ocupará de crear becas para estudiantes de todos los niveles, y una moderna Escuela de Hostelería que proporcione personal especializado a los servicios turísticos de la Isla.

El Departamento de Economía apostará por un Complejo Agroindustrial con una visión moderna y de futuro. Se restaurará y rehabilitará el casco histórico de la vieja Teguise y se inicia la creación de una infraestructura universitaria que le permita sobrevivir, (la Escuela de Enfermería será su primer éxito). Antiguas casa de todo el municipio son adquiridas y rehabilitadas con diversos fines culturales y administrativos. El arte religiosa o laico, será puesto en manos expertas para su conservación. La Graciosa recupera su estampa marinera y se convierte en una población limpia y estable, con todos sus servicios sociales y sanitarios. Playas, costas y campos serán seguidos por una Brigada Ecológica única en ese momento en Lanzarote y una de las pocas existentes en Canarias.

Sanidad crea una escuela de Logopedia, y una brigada social para la atención directa de ancianos y personas desvalidas. Se fomenta la Escuela Especial de niños con problemas psíquicos de Tahiche, y se inicia la creación de un gran ambulatorio que cubra las urgencias de todo el territorio municipal.

Teguise se convierte en un pueblo moderno, guiado por estas inversiones de su Ayuntamiento, que por primera vez en dos largos siglos no pierde población, sino que la recupera a marchas forzadas.

Por desgracia, muchos de estos esfuerzos, proyectos y planificaciones se están viendo terriblemente afectados por la fuerte crisis con que se ha inaugurado los años 90, reforzada por la Guerra del Golfo Pérsico y las desestabilizadoras conflagraciones europeas.

Esta crisis, que está agobiando a toda España, ha parado bruscamente este crecimiento espectacular, y amenaza con un retroceso económico tan brutal, que estas tierras temen verse retrotraídas de nuevo a la dura prueba de la emigración en busca de un sustento foráneo. La situación se ve recrudecida ante la penuria actual de los antiguos países receptores y la dura política fiscal en la que se está viendo obligada a sumergirse España.

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