Castillo de Guanapay (II)

Fuente: arquitectura de Lanzarote en el siglo XVII
Por Manuel Lobo Cabrera y Pedro Quintana Andréscastillo

 En una de las colinas que más sobresale sobre la villa de Teguise se levanta y destaca el castillo de Guanapay, también llamado de Santa Bár­bara o de San Hermenegildo. Al parecer se inició su construcción a partir de la conquista normanda, a comienzos del siglo XV, sobre los restos de aquel que construyera Lancelotto Mallocello. Perteneció siempre a los señores de la Isla y así consta en el inventario de bienes de don Agustín de Herrera (115), pues su reconstrucción fue llevada a cabo por don Sancho de Herrera.

Era una torre de planta rectangular, para que sirviese de vigía en caso de peligro, como así sucedió a lo largo del tiempo. Su recinto no era muy amplio, pero así todo sirvió de refugio en los primeros ataques que sufrió la Isla, razón por la cual se creyó conveniente su ampliación, añadiéndole otras construcciones que sirvieran de cobijo a la población en caso de invasión.

Después del ataque que sufrió la Isla en 1569, la corona se va a preo­cupar de armarla y de fortificarla mejor, comisionando a los ingenieros Agustín de Amodeo, Juan A. Rubián y L. Torriani para que visiten Lanzarote y proyecten un plan de fortificaciones (116). En 1587, se ordenaba a Torriani desplazarse a Lanzarote para informar sobre la fortificación. Este ideó un plan para mejor proteger y defender la Isla, en el cual reco­mendaba la reconstrucción del castillo de Guanapay para defender a los habitantes de Teguise (117). En 1591, sabemos que la fortaleza de Guanapay le había comenzado a reedificar. Argote de Molina, yerno de don Agustín de Herrera, en esa fecha, señala que el Rey había ordenado a don Luis de la Cueva y Benavides, gobernador y capitán general de Canarias, reconstruir dos fortalezas, una de ellas en Teguise. Argote, al estar su sue­gro ausente, considerando el servicio que hacia al rey, por ser Lanzarote la puerta de Berbería y la más ofendida por turcos y moros, comenzó a lubricar el castillo, con el consentimiento del Capitán general, quien le dio licencia para sacar madera de Tenerife, a la vez que le proveía de los materiales necesarios para su fábrica, en la cual gastó 28.500 reales. Las obras iban ya adelantadas cuando don Luis de la Cueva visitó Lanzarote y el castillo en unión del obispo de Canarias don Francisco Suárez de Figueroa, del propio marqués y del ingeniero italiano L. Torriani, a los cuales comentó las obras que había hecho. Los mismos de común acuerdo le comisionaron para que continuase la fábrica, siguiendo siempre las órde­nes del ingeniero (118).

El castillo estaba en buen estado en 1618, y allí se refugió la pobla­ción de la Isla con motivo de la invasión de turcos y berberiscos, murien­do en esta ocasión su alcaide Pedro de Cabrera.

Después de la citada invasión, los señores no se preocuparon en exceso de su mantenimiento y ampliación, más preocupados por la rehabilitación de la Villa. Sin embargo, a partir de 1659 comprobamos como se inician nuevas obras en el castillo, a instancias del rey. En la citada fecha se con­creta la ejecución de dos traveses, es decir muros que protegieran el lugar. Pura ello el sargento mayor de la isla y el quintador, habían contratado los servicios de un oficial de cantero, Antonio Pacheco, para que hiciera la obra y sacase la cantería necesaria para ello, además de otras fábricas co­mo la plataforma y la escalera del castillo (119).

Casi treinta años más tarde, el marqués don Juan Francisco Duque de Estrada Laguna Herrera y Rojas, trataba de hacer nuevas obras en Guana­pay, y para ello contrata los servicios del maestro de pedrero Juan Luis, para repararlo en todo lo necesario. El maestro se compromete a realizar la obra con seguridad durante tres años. Construiría paredes en los aloja­mientos y sus divisiones de piedra y cal, así como bóvedas, enlosar la plaza de armas sobre las bóvedas con piedra viva. Para ello el maestro fabricaría toda la cal necesaria y el marqués tendría que darle toda la piedra, rofo y agua que demandara la obra. Asimismo terraplanería los alojamientos antiguos, y demolería el parapeto de piedra y cal que estaba hecho en la parte que miraba a la Villa, volviéndolo a hacer de nuevo, a semejanza de los otros (120). A la vez en esta obra, para hacer las cimbras de las bóvedas y para otros reparos necesarios de carpintería, trabajó el carpintero Sebastián Álvarez (121).

El maestro pedrero Juan Luis confesaba recibir, en 21 de noviembre lie 1688, 4.228 reales a cuenta de la obra que estaba haciendo en el casti­llo, en donde colaboraban con él otros oficiales y peones, que cobraba en nombre del señor de Lanzarote, de don Gabriel Vadillo, administrador de las cuentas de la Isla (122).

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115.-  BONNET, B.: Notas…, art. cit., pp. 188-189 .
116.- RUMEU DE ARMAS, A.: Op. cit., T. I, pp. 485-494, T. II, 1» parte, p. 81.
117.-  Idem, T. II, 1« parte, pp. 428-430.
118.- A.H.P.L.P., Lorenzo Palenzuela, ns 848, f. 375 r..
119.- Documento n” 23.
120.-  Documento n” 51
121.-  Documento n” 57.
122.- Documento n” 59.
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