Toponimia de Los Valles (I)

Fuente: Agustín Pallarés Padilla
http://agustinpallares.blogspot.com.es/2011/02/historia-de-lanzarote-5-siglo-xviii-2.htmllos-valles-1

Los Valles. Está situado este caserío unos 4 Km al NE de la capital del municipio, y ocupa la mayor parte de la mitad inferior de los dos grandes barrancos que llevan conjuntamente este nombre de Los Valles. Se llaman ‘de Abajo’ el de poniente y ‘de Arriba’ el de naciente. A estos dos valles o barrancos hay que añadir como solar en que se asienta el pueblo, de un lado parte de la llanada que se extiende frente a la boca del Valle de Arriba y la montañeta llamada Lomo Guantesive, que se yergue frente a ella, y, de otro, parte del territorio comprendido entre la boca del Valle de Abajo, el citado Lomo Guantesive, El Lomo de Saavedra y La Ladera del Ovejero, espacio de terreno allanado que antes de ser ocupado por las casas del pueblo era conocido con el nombre de Las Gavias.


Corren estos valles paralelos de N a S y alcanzan una longitud de más de 2 Km cada uno, hallándose separados entre sí por El Lomo de Enmedio.
Todavía bien entrado el siglo XVII no constituía este lugar de Los Valles un enclave poblacional o caserío, pues en unos documentos referidos a 1676 en que se recogen las declaraciones del entonces guarda de La Vega de los Valles (nombre ya desaparecido de la memoria popular) Luis Alonso, producto del interrogatorio a que fue sometido por el vicario de la isla con ocasión de unas fantasmagóricas ‘voces’ que dijo haber oído de noche conminando a los fieles a que restauraran la próxima ermita de Las Nieves, se declara expresamente que sólo existía en este lugar una casa, que era precisamente la que servía de resguardo al vigilante en cuestión. Aunque tal aseveración no es, sin embargo, totalmente exacta, pues se sabe que ya existía en este lugar, desde mucho antes, al menos otra, si bien es cierto que su ubicación no es dentro de ninguna vega, sino en la parte baja de la falda del antedicho Lomo Guantesive por la parte que mira al N. Me refiero a la casona solariega que hicieron construir los señores de la isla Inés Peraza y Diego García de Herrera a finales del siglo XV para usarla como lugar de retiro o descanso, el edificio, por cierto, más antiguo de toda la isla, más incluso que el vetusto castillo de Guanapay.
No se sabe con certeza cuándo, a partir de ese año de 1676, se establecieron allí los primeros vecinos que por su número acabaron por elevar Los Valles al grado de poblado. Sí que a mediados de noviembre de 1730, un par de meses y medio por tanto después de  iniciarse las erupciones volcánicas de aquel siglo, esta localidad fue ya incluida en la categoría de “lugar” o centro habitado. Así se hace constar en un mapa de la isla levantado en dicho mes por un “pintor” que fue enviado a Lanzarote por el Gobernador de las Armas de Fuerteventura con la finalidad de hacer llegar tal documento a la Real Audiencia de Canarias como exponente gráfico de los daños ocasionados por los volcanes hasta entonces. En ese mapa figura entre los “lugares sin ruina” con el nombre “Balles”, bien entendido que con la denominación de ‘lugar’ se significaba a los centros habitados de la isla. También figura como población en un escrito cursado por las autoridades de Lanzarote al mismo organismo central en el mes siguiente de diciembre con objeto igualmente de poner a aquellas autoridades en antecedentes de los “estragos” que llevaban causados los volcanes hasta aquel momento. En dicho documento se dan conjuntamente para las localidades de El Mojón, Taiga (ya desaparecida), Teseguite y esta de Los Valles, 89 vecinos, por lo que no es posible determinar cuántos de ellos correspondían a este poblado de Los Valles. Lo que sí parece más que probable es que un buen número de los 23 vecinos con que el pueblo contaba tres años más tarde cuando estuvo en la isla el obispo de la diócesis Dávila y Cárdenas procedieran, al menos en su mayoría, de los moradores de Santa Catalina que según tradición huyeron precipitadamente cuando se les echaba encima la lava surgida de La Caldera de los Cuervos pocos días después de haber reventado este volcán el 1º de septiembre de 1730, aldea que contaba entonces con 42 vecinos según se testifica en las Sinodales del referido obispo. Parte al menos de estos transmigrantes forzados se dice que llevaron consigo la imagen de su patrona, la cual quedó depositada provisionalmente en la iglesia parroquial de Teguise, en cuyo templo se custodió hasta el 25 de septiembre de 1749 en que fue entronizada en la nueva ermita que se acababa de construir en Los Valles en su honor. Es de suponer que sería a partir de esa fecha cuando se le empezaría a aplicar al pueblo el complemento nominal de Santa Catalina, que en la actualidad es parte integrante de su denominación oficial.
En las últimas décadas de este siglo, por 1776, el Compendio Brebe consigna para este caserío 72 vecinos, y a comienzos del siguiente siglo ascendían ya a unos 380 habitantes, pues la Relación de Alcaldías Pedáneas de Teguise, de 1802, le señala 78 vecinos.
Es esta zona de Los Valles de Santa Catalina una de las más pintorescas, de más alegre paisajística y de mayor feracidad de la isla. En los extensos y allanados terrenos aledaños al pueblo y a lo largo y ancho de los dos valles que le dan nombre destacan los múltiples planos geométricos de sus enarenados, que a poco que la lluvia los vivifique rinden un rico y variado surtido de productos de la tierra, entre los que han destacado tradicionalmente sus sabrosas y afamadas papas, el granado millo y las tiernas y sabrosas arvejas.

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