Primera invasión de berberiscos en Teguise

Lorenzo Betancort
Cronista de la Villa de Teguise.teguise

Sedientos de sangre y ansiosos de riquezas, los argelinos, por venganza hacia
el marqués D. Agustín de Herrera y Rojas, que había hecho varias correrías en las vecinas costas de Berpería, echáronse, como fieras, sobre la Villa de San Miguel de Teguise, el 7 de Septiembre del año 1569, en considerable número.
La media noche en filo era, cuando los beduinos entraron a degüello con la gente de una casa que se levantaba junto al palacio de los Herreras, donde los isleños celebraban una «última”, a usanza del país.

Ni el Marqués, ni el cuerpo de milicianos que guarnecían el Castillo de GUANAPAY, ni aún los frailes de San Francisco, tuvieron tiempo de evitar aquella inesperada sorpresa, previniéndoles de ella, echando arrebato sus campanas.
Después del espanto que produjo la presencia de los argelinos, trabóse encarnizada lucha, cuerpo a cuerpo, dentro de la habitación donde aquellos teguiseños se regocijaban.
Las mujeres, llenas de pavor, huyeron a esconderse en distintas cavernas.
Cuenta la tradición, que una recién parida desmayóse ante aquella horrible matanza de moros y cristianos, y, que los beduinos, creyéndola muerta, respetaron su cuerpo, así como el del inocente recién nacido.
Ante los desesperados gritos de pavor, se dieron cuenta del suceso, los frailes de San Francisco, que ocupaban un pequeño recinto, no muy lejos de aquel lugar, y, echaron arrebato su pequeña campana, reunióse un considerable número de paisanos que, armados con palos y porras, al mando del mismo D. Agustín Herrera, bloquearon el callejón donde estaban aquellos feroces hijos del desierto, y protegiendo a los nuestros la veleidosa suerte, dieron muerte a más de 170 moros. El resto, de berberiscos que pudo escapar con vida, huyó a sus galeras, dejando abandonado aquel considerable número de mutilados cadáveres.
Tres días estuvieron insepultos los cadáveres de ambos bandos; pero los frailes de San Francisco, ejerciendo una de las más hermosas obras de misericordia, procedieron al enterramiento de los cristianos, en las amplias naves del templo parroquial, y al de los argelinos, en grandes zanjas que abrieron, con sus propias manos, en la plaza mayor. (1)
El Marqués D. Agustín de Herrera, al frente de numerosos milicianos y no menos numerosos paisanos, había perseguido a los moros fugitivos, ganándoles una bandera; pero no pudo impedir que aquellos aventureros, saqueasen las casas que encontraban a su paso, y se llevaran cautivos a más de 80 paisanos.
No fué esta la última correría de los berberiscos; pues con frecuencia invadían la isla y embestían a la desgraciada Villa, según hemos manifestado otras veces.
Aun existen los muros de la casa y callejón donde se desarrolló la terrible escena, y hasta ha pocos años llevaba el nombre de “Sangre”. Es de lamentar que el Ayuntamiento no procure conservar estos nombres, que tanto recuerdan los gloriosos y trágicos hechos de nuestros mayores en sus pugnas con la Media Luna.

——

(1) En el año 1899, siendo Alcalde D. Ricardo Cancio, de feliz memoria, procedióse a la plantación de árboles en la plaza mayor, y al abrir los hoyos, encontráronse varios esqueletos. Algunos fueron trasladados al Museo de Las Palmas.
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