Incendios en la parroquia de Teguise

Fuente: Lanzarote. Apuntes para su historia36
Por José Manuel Clar

Pocos templos en Canarias han sufrido tanta destrucción a lo largo de su historia, como el de Nuestra Señora de Guadalupe, en la Real Villa de Teguise. Así es, en 1569, lo incendió el corsario Calafat. En 1571, hizo lo mismo el pirata berberisco Dogalí “El Turquillo”. En 1586, el pirata argelino Morato Arráez, no sólo destruyó buena parte del templo, sino que incendió su valioso archivo. En 1618, el pirata argelino Jaban Arráez, destruyó y saqueó también la iglesia.

Ya en este siglo, en 1909, un voraz incendio destruyó el coro, que era de cedro; el tesoro; la imagen de Nuestra Señora del Carmen y el campanario.
Al parecer, la causa del incendio fue el olvido de un monaguillo, que dejó una vela encendida en el coro, que, como ya hemos dicho, era todo de madera, facilitando la propagación del fuego.
El insigne escritor teguiseño, don Leandro Perdomo, escribe que la causa del incendio bien pudo ser otra y argumenta: “dijeron que el fuego fue provocado por unos señores que ya habían sacado del templo ricas reliquias de oro y plata”. Asimismo, Don Leandro Perdomo, describe el relato que del incendio hizo un testigo presencial, con estas palabras: “Las llamaradas eran como gigantescas olas rojas embicadas al cielo, y el humo cubría la Villa como una inmensa capota negra, como un toldo, como una carpa, como un infernal parasol turbio, oliente de teas requemadas, diabólico, siniestro. Hombres y mujeres gritaban, llorando éstas, maldiciendo aquéllos. Las lenguas de fuego salían por la parte de la torre que empezaba a derrumbarse campanario abajo, y los lengüetazos del fuego parecían dientes de demonios, aletas coloradas de los diablos rabudos del infierno...” Más adelante dice también: “...De repente, y cuando más vorazmente el incendio arremetía, veo con mis ojos que por lo bajo de la plaza, a una distancia de unos treinta metros por la parte de Poniente, aparece un grupo compacto de personas en procesión, cargando al hombro varios santos, los de la otra iglesia, la Veracruz. Marchaban todos hacia el templo en llamas nerviosamente, precipitadamente… Y gracias a que en el preciso instante apareció el alcalde con los brazos en alto, como aspas de molino dando saltos enormes frente al cortejo y empezó a gritar: ¡Pero qué vais a hacer, cristianos de Dios! ¿No veis que es una locura? ¿No os dais cuenta que con eso lo que haréis es atizar el fuego?… Y gracias a la intervención oportuna del alcalde se salvaron los santos de la procesión, ya que la intención de aquellos hombres era meterlos a todos en la iglesia en llamas para que ayudaran a salir a sus hermanos que estaban dentro quemándose…”
Actualmente, la iglesia posee imágenes procedentes de otras ermitas y conventos, como la del Cristo de la Veracruz, San Francisco, Santo Domingo, y de las desaparecidas ermitas de la Vega, San Isidro y San José.

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