Comercio de la barrilla

Fuente: Lanzarote. Apuntes para su historia
Por José Manuel Clar

Reciben el nombre de barrilla un conjunto de plantas que generalmente viven en terrenos próximos al mar, de las cuales se extrae aquella piedra salina de álcali mineral, tan conocida como apreciable en el comercio, con los títulos de barrilla y de sosa, y cuyo uso es tan necesario en las fábricas de jabón, de cristales, de tintes, y sobre todo en la química y en la farmacia.

Estas plantas son ricas en alcaloides, por lo que de ellas se extrae la sosa y la potasa. Su aplicación se extendía para la obtención y fabricación de jabones.
Desde los años 1785 al 786 empezó a tenerse en cuenta en Lanzarote la hierba conocida con el nombre de barrilla, exportándose en ceniza hacia Londres.
En 1787, los ingleses exigieron que la barrilla fuera enviada quemada y reducida a piedra, procediéndose a cultivar esta planta ya que hasta entonces era espontánea, obteniéndose en las localidades de Soo, Cuchillo, Muñique, Arrieta, Órzola y alguna más.
Se puede decir que el comercio de la barrilla experimentó tal auge que de 60 pesos el quintal que se pagaba en 1786, subió espectacularmente al mismo tiempo que se ampliaba su mercado a Venecia. Sin embargo, a partir de 1806, la picaresca de algunos cosecheros hizo aparecer el fraude, consistente en introducir piedras, arena y otras hierbas que la adulteraban o hacían aumentar su peso. La consecuencia de este engaño no tardaría en llegar, pues ocasionó la pérdida de confianza de los comerciantes y destinatarios del producto quienes cancelaron y extinguieron sus pedidos.
Si a ello se une los impuestos que percibía la Real Hacienda, que en 1790, por ejemplo, valoraba a 22 reales y medio de vellón el quintal, y sobre este importe cobraba el 13,5 % por derechos de exportación; impuesto también como derecho de Quintos del Señor de la isla; diezmo eclesiástico, etc., y a la poca protección que el gobierno de la nación prestaba a estas islas, acabaron poco a poco con este comercio.
En 1810 la barrilla fue decayendo día a día hasta cotizarse tan baja que pocos comerciantes la solicitaban. En 1832, con el fin de fomentar la exportación de los productos de las Islas Ca-narias, entró en vigor la reforma de Aranceles, quedando libres de derechos. Pero a pesar de ello, esta medida no fue suficiente para fortalecer la exportación de la barrilla, ya que en los países de destino, desconfiados de la garantía de su pureza y alarmados por su elevado costo prefirieron adquirir otras substancias alter¬nativas mucho más económicas.
Pese a las medidas adoptadas por el Ayuntamiento de Teguise para refrenar el fraude de la barrilla, que también se había extendido a la orchilla, el comercio de estos productos decayó a partir de 1837.

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