Litigios para la sucesión al Estado de Lanzarote

Fuente: Lanzarote. Apuntes para su historia
Por José Manuel Clar

El derecho a sucesión al Estado de Lanzarote, levantó la codicia de numerosos aspirantes, entablándose varios litigios. Las partes contendientes que se lo disputaban eran las siguientes:
– El conde de Saldaña, don Diego Gómez de Sandoval, por su mujer doña Luisa de Mendoza, heredera de la casa del Infantado. Fundaba su derecho al Estado vacante de Lanzarote, en calidad del hijo segundo del primer duque de Lerma, cuya línea se creía estar llamada a heredar en la hipótesis de extinguirse la sucesión de don Agustín de Herrera y Rojas, al estar vinculada con Diego García de Herrera.

La duquesa de Lerma, como tutora de su hija, doña Antonia de Sandoval (duquesa de Uceda), alegaba que esta señorita debía entrar en el mayorazgo de Lanzarote, como segunda de la casa del último duque de Lerma.

El conde de Ampurias, pretendía que su hija, segunda de la casa de Lerma, era la más inmediata sucesora.
Don Antonio de Herrera, se creía con derecho a un ma¬yorazgo a que había llamado expresamente el marqués de Lanzarote, su abuelo, los descendientes de doña Juana de Herrera, su madre.
Doña Luisa Bravo de Guzmán, que se creía con mejor de¬recho que los demás pretendientes, y para tener una persona que defendiera sus derechos, o, tal vez, por abandonar su estado de viudez, volvió a casarse con don Juan de Castilla y Aguayo, Caballero de la orden de Calatrava y gentilhombre de Cámara del rey Felipe III, a quien como a ninguno, debió doña Luisa la victoria en el litigio, ya que, gracias a las influencias y relaciones de su nuevo marido, consiguió que se terminara una información, de la que se hallaba encargado el oidor, don Álvaro de Navia y Valdés y de la cual dependía el éxito del pleito. De este importante documento resultaron probados los hechos siguientes:
1º Que aunque el primer marqués había obtenido licencia real para vincular sus bienes, nunca hizo uso de ella.
2º Que aunque con igual aprobación legitimó a las hijas bastardas, doña Juana y doña Constanza, no hizo más que dotarlas con 10.000 ducados.
3º Que doña Juana había sido considerada siempre como hija legítima de Teodoro Espelta.
4º Que la fundación del mayorazgo era una farsa inventada por Francisco Amado, con el designio de poner la herencia a cubierto de los acreedores.
5º Que los escribanos por quienes aparecía autorizada, no ejercían el oficio por aquel tiempo.
6º Que los marqueses de Lanzarote habían disfrutado siempre de sus fincas y rentas, como libres y enajenables.
7º Que doña Luisa Bravo de Guzmán, como heredera de su hijo, tenía pleno derecho de sucederle en todos sus bienes, títulos y privilegios.
Escudada la marquesa con esta prueba, venció a todos sus rivales y obtuvo por fin el Estado de Lanzarote, ejerciendo actos de soberanía de que participó su esposo, don Juan de Castilla, a cuya constancia y desvelo debía ella tan señalado triunfo. Pero lo que parece increíble es que, muerto también el tercer marido, contrajese cuartas nupcias, esta vez con don Pedro Paniagua Loaisa de Zúñiga, al parecer con la intención de tener un hijo que heredase los cuantiosos bienes que le habían producido su matrimonio con el segundo marqués de Lanzarote. Sin embargo, esta señora que todavía sobrevivió a su último esposo, falleció en Madrid el 24 de noviembre de 1661. En su testamento, otor¬gado un año antes de su muerte, dejaba por heredero a su primo don Diego Bravo de Guzmán y, después, a don Fulgencio, hijo de aquél, quien, efectivamente, tomó posesión del Estado el 16 de diciembre de aquel mismo año, por haber fallecido ya su padre.
Este sucesor de la marquesa no tuvo tampoco descendencia alguna, entrando a heredarle su primo, don Juan Francisco, duque de Estrada, que inmediatamente se trasladó a Lanzarote, visitando sus Estados, haciéndose cargo de sus rentas y administración y prosiguiendo el embrollado litigio de Quintos que aún estaba pendiente de resolución, dando lugar durante muchos años a una larga serie de incidentes jurídicos que concluyeron con un embargo general de todos los bienes del marquesado.
Hasta aquí hemos hecho una descripción de la familia Herrera. Aunque el Señorío de Lanzarote continuó hasta que las Cortes de Cádiz de 1812 abolieron todos los Señoríos, el marquesado de Lanzarote persiste en la actualidad. Sin embargo, nuestro trabajo está enfocado únicamente a relatar los hechos, circunstancias y vicisitudes de los marqueses de Lanzarote pertenecientes a la familia Herrera, por considerar que todos ellos escribieron páginas en la historia de Lanzarote que merecen ser estudiadas y difundidas. Así pues, no nos extendemos con los demás personajes que han ostentado el título de marqués de Lanzarote hasta nuestros días, por no entrar dentro de las pretensiones del autor de esta obra.

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