Pregón de Nazaret 2016

Pregón de las Fiestas de Nazaret
Nazaret  2016

POR AURELIA GONZÁLEZ GONZÁLEZ

Buenas noches a todos. En primer lugar, quiero dar las gracias a la directiva, en este caso a Nazaret, que es la que me llamó para ofrecerme estar aquí esta noche para dar el pregón.
Lo primero que le dije es que no, porque yo no me encontraba capacitada para ello, y que lo hiciera otra persona. Ella insistió, me dijo que me lo pensara, y que volvería a llamarme.

Esa noche ni dormí, y por mucho que lo pensara, yo no me veía aquí hablando para todos ustedes. A los dos días me volvió a llamar, y sin saber cómo, le dije que sí, y bueno, pues aquí estoy.

Esta noche les voy a contar un poco lo que yo he vivido de niña.
El pueblo de Nazaret siempre fue muy unido, éramos pocos vecinos y todos nos conocíamos. Recuerdo cómo nos ayudábamos unos a otros. Cuando se hacía una casa, se iba a plantar el cebollino, o a ahollar, que se organizaban pionadas, y a media mañana tocaba el bocadillo de sardinas con cebolla, y ya a la hora del almuerzo garbanzas o sancocho para comer todos. Todo se hacía con mucho cariño.

Desde muy pequeña, en casa de mis padres ya jugábamos a la baraja , a la brisca, a la ronda y alguna vez al envite con mis hermanos mayores. También jugaba al boliche con los gemelos o con la máquina y el camión de madera que hicieron Amador y Feliciano y que yo aprovechaba a cogerlo cuando ellos no estaban en casa para que no se enfadaran.

Quiero un poco contar cómo nos divertíamos antes, aunque a los jóvenes de ahora les cause risa.

Jugábamos a la bola en los caminos frente a casa de Víctor, y cuando pasaba algún coche, que serían Julián, José Crespo o Manuel Espinosa, que eran los únicos que tenían coche en ese entonces, teníamos que retirar las bolas, y luego continuar con la partida. También jugábamos frente a mi casa, en casa de mi tía Susa o de mi tía Carmen los domingos.

Otra manera de pasar el rato era cuando en el tiempo de la fruta, ensillábamos las burras y nos íbamos a las higueras del volcán todas las chicas. Recuerdo una vez, que íbamos Eloína y yo montadas las dos juntas, y Eloína que iba detrás, se cayó y tiró de mí para no caerse ella sola. Nos reíamos mucho aunque un poco doloridas.

Recuerdo con mucha ilusión cuando llegaba el día de San Juan, porque ese era el único día del año que iba a la playa, aunque también recuerdo ir con Felipe y Lourdes, o con mi tía Bárbara, Julián, Benedicta y alguna que otra vez. Mi madre, desde una semana antes, ya iba a comprarme el bañador y las zapatillas de goma con ese olorcito a chicle de fresa, y como no, la noche antes, que hacíamos la hoguera en casa de mi abuela con mis hermanos y algunos primos, o también en casa de mis padres, que nos asaban las pinas, las sardinas y también batatas enterradas en las brasas. Llamaban a José Manuel y le pagaban para que nos llevara a la playa y pasábamos allí todo el día con mis padres y hermanos. Mi padre siempre guardaba la mejor sandía de la cosecha, de esas grande, moscatel, la partía, la dejaba al sol para que se refrescara y comerla en la orilla de playa.

Otra de las cosas por las que siento añoranza, era cuando los domingos nos reuníamos en la escuela vieja los chicos y las chicas, y hacíamos nuestros pequeños guateques. Román y Eloína eran como diría la juventud de hoy, “los DJ”, pues ellos llevaban el tocadiscos y ponían la música con aquellos discos enormes, los de vinilo. Allí pasábamos una agradable tarde, bailando o charlando.

Una fecha más para recordar de aquella época, es el día de todos los santos, que ya desde el día antes cogíamos las “Santa María” para al día siguiente temprano, ir a enramar las tumbas de nuestros abuelos en el cementerio viejo de La Villa, y en el coche de Julián, Paco nos llevaba en la caja, con las flores y coronas que antes eran de plástico y se guardaban de un año para otro.

El coche lleno de chicas y de flores, parecía más una carroza yendo para el Rocío. Ya allí en el cementerio, adornábamos la tumba de tierra, que cuando caminábamos sobre ellas parecía que nos íbamos a hundir. Les poníamos con las flores las iniciales D.E.P. y una flor a la altura donde creíamos que estaba el ombligo. Bien nos reíamos…
Ya por la tarde íbamos a misa con nuestras madres y con un poco más de fundamento.

Otros momentos transcurrieron en la época de la escuela, con la maestra Doña Elisa y Don José el marido. Deseando que llegara la hora del recreo para ir a jugar al quemado, cuando nos mandaba a coger las espiguitas al barranco para luego ella hacerse ramos en su casa, cuando nos llevaba de excursión en el tiempo de las papas crías para cogerlas para ella que le encantaban, y también cuando los chicos tenían que ayudamos a cruzar el barranco cuando por las lluvias se llenaba de agua.

Como no, tenía que recordar la época donde fui catequista junto con Eloína y Callita y allí en la Sacristía de la iglesia les dábamos catequesis a los niños (no sé si alguno se acordará). Cualquier pretexto era bueno para salir de mi casa. Eloína y yo sólo nos reíamos, pasábamos
un poco de los chicos y era Callita la que se encargaba de ellos.

Nosotras nos poníamos la ropa del cura, ella hacía de monaguillo y yo de señor cura, hartándonos de ostias y buscando a ver si quedaba algún resto de vino por allí, pues ya que estábamos era hacer la misa completa. ¡Pobres niños!, si las madres hubiesen sabido en aquel momento lo que hacíamos, no nos hubieran mandado a los chicos, pues cuando fueron a hacer la primera comunión, nosotras ya los teníamos hartos de ostias. Si hay aquí algún cura que me perdone.

También teníamos nuestro lado bueno, pues todos los viernes íbamos a la iglesia, los chicos guindaban el agua de la aljibe y nosotras regábamos las plantas con el regador.

Recuerdo cuando teníamos que ir a la tiendita de Carmen, a buscar el pan todos los días. A las diez de la mañana ya me ponía en la esquina de mi casa a mirar cuando Eloína desde la suya, me abanaba para salir las dos juntas. Nos encontrábamos en el barranco y salíamos
deprisita, porque allí también nos esperaba Alicia.

Primero hacíamos la compra y después nos metíamos para dentro de casa Carmen con Lucía. Allí pasábamos las horas muertas. Cuando llegaba a mi casa, mi madre se ponía hecha una fiera, que por qué había tardado tanto, y yo le decía: ¿y qué quieres? si había montón de gente.

Recuerdo también ir a la tienda a buscar el gas con la carretilla y ponerle dos piedras para que no se rodara la bombona.

Una vez que venía por arriba por la cuesta Mercedes, y que había llovido y se juntó montón de barro, en vez de apártanos, nos metimos allí como dos chinijas ruines, llegándonos el barro hasta casi las rodillas y a mí se me quedó un zapato dentro.

Al llegar a mi casa, ya se podrán imaginar la reacción de mi madre al verme llena de barro y que encima me faltaba un zapato.

Bueno, y hablando un poco de las fiestas del pueblo, recuerdo que la primera verbena que hicieron entre todos los chicos, fue en frente de mi casa, donde hoy viven Vanesa y Aníbal con sus hijos, en la era de la casa de seña Rita.

Parece que los estoy viendo con el coche de Manuel Espinosa creo, cargando las hojas de palmeras y colocándolas allí para hacer el abrigo y hasta hicieron como una habitación a parte que hacía la función de baño.

Otro año se hizo donde era antes el restaurante en el Oasis. Ya más adelante fue cuando comenzaron las obras del tele club, que como todos sabemos se hizo los fines de semana con los hombres del pueblo y algunos allegados.

¡Qué ilusión me hacía desde que llegaban los primeros días de agosto! cuando ya mis padres o hermanos empezaban a pintar, todo el pueblo blanqueando sus casas para cuando llegara el día 15 de agosto, estuviera todo bonito.

Días antes, mi madre me compraba mi vestido, mis zapatos nuevos y las enaguas, o bien iba al Puerto, u otras veces venía el turco en su coche vendiendo por las casas y luego se le pagaba poco a poco.

Me ponía muy contenta porque venían los familiares que no vivían en el pueblo y juntos íbamos a la misa y procesión, para sacar a la virgen tan bonita que se encargaba Paquita de arreglarla. Y ¿quién no recuerda a mi madre dedicándole una poesía a la virgen? Ya después al mediodía íbamos a comernos el puchero de gallina.

Hoy en día tenemos estas grandes instalaciones donde poder hacer y mejorar nuestras fiestas. Recuerdo cuando hicimos nuestro primer play-back en el escenario aún sin encalar, los pases de modelo de los hombres que se echaban unas copitas y salían al escenario a desfilar con sus modelitos tan atrevidos.

También jugamos los campeonatos de bola donde era el campo de lucha. Como no, esas obras de teatro que con tanta ilusión íbamos a ensayar y demostrar que cuando queríamos, podíamos ser grandes artistas. ¡Lo que nos reíamos ensayando!, pero cuando llegaba el día de la actuación, ¡fuerte dolor de barriga que nos entraba!, pero creo que a la gente le gustaba mucho nuestros teatros.

Carmen quiere volver a hacer otra vez, pues ya hace bastantes años que los dejamos de hacer. Luego llegaron los play-back de nuestros hijos y a nosotros se nos caía la baba cuando salían al escenario. Hoy en día se nos cae pero con nuestros nietos. ¡Cómo pasa el tiempo!
11. Bueno, para no entretenerlos mucho más, decirle a los jóvenes que ahora les toca a ellos seguir trabajando juntos y aparcar las diferencias para conseguir un pueblo habitable y feliz.
Decirles a todos ustedes que esto ha sido un pequeño resumen de mis vivencias y aunque sólo he mencionado a algunos de ustedes, todos los aquí presentes y los que ya no se encuentran entre nosotros, han formado parte de los bonitos recuerdos de mi vida en este pequeño pueblo.

Ya para finalizar y siguiendo la tradición de mi madre, les voy a leer una poesía que he escrito yo en estos días:

¡Ay mi pueblito de Nazaret!
donde mis padres me criaron
que orgullosa estoy de nacer en él,
junto con mis cuatro hermanos
en una humilde casa donde viví y jugué.
Hoy por mis ojos llueven los recuerdos de aquella lejana niñez.
Mi pueblito de Nazaret, tan pequeño
y tan grande a la vez.
Recuerdo cuando no teníamos luz
y mi madre encendía el quinqué,
cuando la tele se usaba con batería
y a casa Susa iba a ver el 1,2,3.
¡Cuánto han cambiado las cosas!
que ahora todo va por internet,
éramos tan felices
las muñecas de trapo jugando al virilé.
Quisiera regresar al tiempo
y ser niña otra vez,
y si otra vez tuviera que nacer
que sea en este pueblo de Nazaret.

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