La arquitectura culta y popular. Teguise

Fuente: arquitectura y paisaje.

La arquitectura tradicional en el medio rural de Canarias Tomo III

historia

La capitalidad de Lanzarote reside actualmente en Arrecife, pero hasta mediados del siglo XIX, la capital histórica fue la villa de Teguise. Las arquitecturas de ambas capitales difieren por su carácter señorial y por­tuario, respectivamente.

Teguise ha sido tradicionalmente el núcleo de po­blación con el carácter urbano más preciso, al articu­larse en torno a un centro definido por la presencia de los poderes religioso, civil y económico, representados por la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, el pa­lacio Spínola y la cilla. La edificación se estructura en manzanas cerradas en un tejido urbano de crecimiento alveolar. La arquitectura de la villa, por tanto, presen­ta características urbanas similares a la de otros centros históricos canarios y también peninsulares. Los edifi­cios terreros o de dos plantas ofrecen una fachada a la calle y se articulan en torno a patios interiores, donde se encuentran ejemplares magníficos de carpinterías de balcones y galerías, como en la casa Spínola, la casa de la Inquisición, la casa Horacio Rodríguez o la actual Escuela de Enfermería.

La representatividad del poder señorial se refleja en el ennoblecimiento de la arquitectura fruto de la ma­yor riqueza de sus habitantes. El auge de la capital se produce sustancialmente en los siglos XVII y XVIII cuando finalizó la amenaza de las incursiones de piratas sobre la isla y se produjo cierto progreso demográfico y estabilidad social, así como a comienzos del XIX con el auge del comercio de la cochinilla y la barrilla. Cuando a mediados del siglo se traslada la capitalidad al puerto del Arrecife, la villa de Teguise deja de crecer. Fruto de esta inmovilidad, ha quedado protegida de posteriores reformas urbanísticas y se ha garanti­zado la conservación del centro histórico. Ya en la vista de la población que dibuja Torriani a fines del siglo XVI —”La villa de Teguise es la principal de la isla.[..] Tendrá unas 60 casas habitadas, y otras tantas arruinadas por los moros, y dos iglesias, la parroquial y San Francisco.”- y más tarde Pedro Agustín del Castillo en 1686, se aprecian las caracthistoriaerísticas fundamentales de su arquitectura y su urbanismo que hoy todavía se conservan. Pascual Madoz des­cribe a mediados del siglo XIX el aspecto de la villa: “tiene unas 200 casas pequeñas y viejas, escepto 6 ó 7 fabricadas de un alto. Forma la población una especie de semicírculo irregular alrededor de un gran vallado de tierra, y sus calles y plaza también irregulares, son limpias, aunque muy mal empedradas”.

La arquitectura tradicional de Teguise es un ejemplo magnífico de la transferencia de motivos y elementos entre la arquitectu­ra culta y la popular. Torres Balbás escribía que “las formas de la arquitectura popular suelen proceder, a través de un largo proceso de simplificación, de la que pudiera llamarse, respecto a aquélla, gran arqui­tectura o arquitectura monumental […] Algunas de las formas de estos edificios repítense en interpretaciones bárbaras y torpes, pero a veces no desprovistas de gracia y valor pintoresco, hasta llegar a los últimos estratos de viviendas modestas, en la que permanecen estancadas durante siglos. El pueblo ha sido, singularmente en España hasta hace poco tiempo, el núcleo social más hondamente tradicional y conservador […] Algún día deberá escribirse el capítulo de la historia de nuestra arquitectura, aún ni siquiera esbozado, que refiera, con auxilio de abundantes gráficos, cómo muchas de las formas arquitectónicas más llamativas pasaron simplifica­das a las viviendas populares”.

La imagen formal de la arquitectura de estilo -en Teguise es predominante el lenguaje clásico academicista- presente en los edificios principales es interpretada por carpinteros, albañiles y demás artesanos de la construcción. De esta manera, sus realizaciones, en un ejercicio de mimesis, tratan de reproducir las formas de moda encargadas por los propietarios de las viviendas populares.

El ejemplo más significativo de esta imitación de formas de moda y estilo se encuentra en el tratamiento estético de algunas carpinterías de la villa. Sobre algunas ventanas aparecen frontones o a sus lados pilastras de perfil clásico. En este sentido, el desarro­llo formal de las ventanas de la casa parroquial es espectacular: la portada se enmarca con un frontispicio de perfil circular y jam­bas labradas en piedra negra, mientras que cada ventana queda encuadrada por un frontón triangular visualmente apoyado en modillones acanalados.

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