Alejandro Niz Fernández

Por Francisco Hernández Delgado Teguise-2006

Las costumbres y tradiciones, identifican de algún modo a nuestros pueblos.
Costumbres y tradiciones que forman parte de nuestro patrimonio cultural.
Una tradición popular importante en la historia de la isla de Lanzarote son las peleas de gallos.

El origen del gallo de pelea lo sitúan en el Continente asiático en la India o en Medina, una región cerca de Babilonia, de donde proceden la variedad de gallos llamada Bankora o Bankivas y los Sonneratti. En China aparecieron unos 1400 años antes de Cristo A lo largo de la historia el gallo es representado unas veces como ave que espanta los males como ocurre en Irán, como ave sagrada en el código Mamo de la India, como modelo e inspiración de artistas o como figura en Grecia en la cimera de Minerva, junto a los dioses Marte y Mercurio. También se cuenta que en la antigua Grecia, a los jóvenes se les obligaba a presenciar las peleas de gallos para que aprendieran como había que morir defendiendo la patria, también es en Grecia donde estos gallos aparecen en las monedas.
No se sabe en qué fecha llegaron los gallos de pelea a Canarias. Algunos historiadores cuentan que desde la época feudal se celebraban peleas de gallos en Fuerteventura y Lanzarote. Bethencourt Massieu, nos dice que los gallos ingleses o de peleas llegaron a Canarias desde la baja Andalucía a raíz de la incorporación de las islas de realengo a la Corona. Otros dicen que nuestros gallos ingleses proceden de la India, de donde fue traído a occidente por los colonos ingleses.
La llamada variedad jerezana fue la que entró en las Islas Canarias. Las flotas que iban a las Indias llevaban gallos que peleaban en las cubiertas para hacer más llevadera la travesía.
Hay datos sobre las peleas de gallos celebradas por el año 1700 en la Casa de los Coroneles en la isla de Fuerteventura.
De 1778 se conocen algunas referencias sobre las peleas de gallos en Tenerife. Estas peleas a las que en principio no asistían las mujeres, lograban reunir entre 400 y 500 personas los domingos y días de fiesta.
Un documento localizado y publicado hace ya algunos años cita un encuentro gallístico entre Lanzarote y Las Palmas celebrado en 1859.

En una carta enviada por don José Cullen desde la Habana a don Agustín Aldana y fechada en 1905, le pregunta cómo van las peleas de gallos entre Arrecife y Teguise.
Don Carlos de la Serna publicaba en 1946 en unas Hojas Divulgadoras un artículo sobre gallos, en ellas habla de un capote dado por Arrecife en unas peleas celebradas en el mes de abril.
El desaparecido semanario Antena, recoge en sus páginas parte de la historia de esta tradición popular que son las peleas de gallos y al igual que ocurría con el fútbol era la rivalidad entre Arrecife y Teguise, lo que motivaba el calor y la emoción entre las aficiones de ambos pueblos.
Alberto Cancio, José Ramírez y Francisco Spínola Gómez, son tres mecenas de la tradición gallística de Teguise, junto a sus nombres figuran también en la páginas de esa historia, Severino Bethencourt, Agustín del Castillo, Francisco Perdomo Spínola, Andrés Cabrera, Jesús López, Tomás Chacón, Maximiano Díaz y Leandro Fajardo entre otros.
Al desaparecer el partido de Teguise, las aficiones se concentraron en las galleras que se llamarían el Norte y el Sur, hasta volver nuevamente y gracias a los aficionados antes mencionados, a crearse los partidos de Teguise y Arrecife.
Por Arrecife potenciaron la afición Paco Delgado, Pepe Saavedra y Augusto Lorenzo entre otros.
Las palomas eran quienes llevaban las primeras noticias de los resultados de las peleas entre Arrecife y Teguise. Los palomares de las casas de los Spínolas en ambas ciudades hacían de modernas estafetas en las que se agolpaban los aficionados que no se podían desplazar hasta el lugar de las peleas.

Pero junto a estos mecenas de la tradición lanzaroteña, además de los gallos y aficionados, figuran como principales protagonistas los galleros, los hombres que convierten su afición en su trabajo y su trabajo en amor y arte.
Amor, porque el gallo es como un hijo, a quién cuida y mima, al que trasmite el calor de sus manos al que habla con el lenguaje mudo de sus ojos.
Arte, porque convierte al gallo en una figura, cuyos músculos, plumajes y espuelas son elementos que llenaría cualquier obra artística.
Así es un gallero, los gritos que con todos los sentidos que se les quiera dar, el ambiente del día de la pelea, las miradas de consuelo o los aplausos ante las victorias, son la savia que hace circular sus sentimientos , que siempre encuentran su comprensión junto a su familia o a sus seres más queridos. De los que siempre al igual que ocurre con otras tantas facetas del deporte, del arte o de la cultura en general solo los recordamos y valoramos cuando ya no se encuentran entre nosotros.
Por eso hoy nos alegramos junto con todos los que de algún modo sienten y viven nuestras costumbres y tradiciones, porque nos reunimos para rendir homenaje a un gallero, ALEJANDRO NIZ FERNANDEZ, un gallero al que se le debe en parte la potenciación de las peleas de gallos en Lanzarote durante muchos años.
Nació Alejandro un 4 de diciembre de 1938 en plena guerra civil, era alcalde de Arrecife don José Miranda y presidente del Cabildo don Augusto Lorenzo y fue en la casa de este último donde Alejandro con nueve años, ya se familiarizaba con los gallos de la mano de un gran gallero Juan Jorge, quién junto a Alejo Yánez, protagonizaron los famosos encuentros gallísticos entre los partidos llamados Norte y Sur en los años cincuenta. En concreto en la temporada de 1955 ambos partidos reunían más de 200 gallos y la prensa destacaba las obras de mejora realizadas en las galleras figurando como presidente de la gallera el Sur Tomás Armas Doreste que estaba en la calle Fajardo número 19 y por el Norte Federico Coll cuya gallera estaba en la calle Figueroa.
Es el mismo año en que se sustituye al gallero Alejo Yánez por el que la prensa denomina el tercer gallero de Canarias, Israel Vargas Zamora conocido con el sobrenombre de El Artillero.
Sería en el inicio de los años sesenta, cuando Teguise y Arrecife inician una nueva etapa gallística en Lanzarote, recuperando esos mismos nombres que aglutinaban a su alrededor los aficionados de la vieja villa y los de la capital de la isla.
Es en esta etapa, en la que nuestro hombre, el hombre al que hoy rendimos homenaje, el amigo Alejandro inicia su trabajo profesional con sus gallos, y lo hace con la gallera de Teguise, es el año 1965, le precedieron José “El Moño” y Álvaro Tapia. Por Arrecife se encontraba Manuel Marrero Santana. Ese su primer año gana por 9 gallos de ventaja. Un año después se enfrenta a Federico Chacón y Garrincha y gana por 4 gallos. Figura nuevamente en la gallera de Teguise en los años 68, 69 y 70 obteniendo tres victorias consecutivas para Teguise, por 1, 11 y 13 gallos. En el año 1973, Alejandro se enfrenta a Adolfo Santana el pichón, lo hace desde la gallera de Arrecife, ganando Alejandro por la mayor diferencia de todas las temporadas en las que se enfrentaron ambos galleros, 12 gallos.

Un año después •Alejandro logra una temporada inolvidable, en el último domingo Adolfo le llevaba 5 gallos, empatando Alejandro al lograr una fenomenal mantilla. De los cinco enfrentamientos posteriores entre ambos galleros Adolfo logró tres victorias terminando en tablas las temporadas de 1976 y 1980.
Con algunos años sobre sus espaldas, con cientos de días de experiencia, con la nostalgia y la añoranza clavada en lo más profundo de su ser, como el abuelo que se encarna en su nieto para trasmitirle su amor y sabiduría, Alejandro vuelve al mundo de los gallos en el año 2005 de la mano de la gallera que hoy le rinde este Homenaje la Gallera Volcán y de un hombre que vivió el inicio de la afición a los gallos a su lado, Ignacio Villalba logrando cuando el dolor y el peso de los años hacen mella en su cuerpo, el título de Subcampeón de Canarias, como broche de oro a una humilde y ejemplar profesión.
Hoy Ignacio y su directiva, la afición en general de Lanzarote, sus amigos, quieren en este homenaje expresarles los sentimientos más sinceros de agradecimiento, al gallero, al hombre, a ese padre, a ese esposo que hoy más que nunca necesita nuestro calor humano para saber que está vivo y que le damos las gracias sencillamente por haber vivido, como ha vivido.

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