José Domingo Fernández Torres (Agricultor)

Fuente: Rostros de un paisaje (Miguel Hernández)José  Domingo  Fernández  Torres

Por Saúl García Crespo
Periodista

En Guatiza bajo nació y en Guatiza bajo vive. Unos metros más allá de la casa de sus padres y otros tantos más allá de las tierras de sus abuelos. Las mismas que ha trabajado toda su vida, las de Costo atrás y las de Costa abajo. En el único lugar del Hemisferio Norte donde se cultiva la cochinilla. De andar pausado y de hablar tranquilo. La gorra, calada. La sonrisa, siempre a la espera. No tiene paciencia para hacer puzzles con su nieta pero sí la tuvo para sacar adelante a tres hijos a base de ejercitar el riñón, con sol o con lluvia.

«No me ha faltado de comer pero he tenido que luchar y trabajar». De la escuela, también en Guatiza, no hay muchos recuerdos. Los maestros dormían más de lo que enseñaban. Aprendió lo que poco que sabe -según dice- por la noche, cuando rondaba los 18, en clases de pago. La letra, por lo visto, entra mejor después de levantarse al alba y volver del campo cuando el poniente toma sentido. «Ahora ya no hay sacrificio». «Éramos más conformistas».

«Cada generación vive una época buena y una mala y yo ya pasé la mala: esto no puede seguir así». Lo dice sin amargura. No ha sido de mucho bar pero ahora va todos los días al teleclub. Le gusta pescar a la caña, desde tierra, en la tierra. “Si me dan un barco y no lo puedo vender, no sé qué hacer con él». «El mar -como dicen por aquí- no tiene cabello donde agarrarse». La tierra, sin embargo, le agarró y no le suelta. No recuerda la primera vez que fue a trabajar al campo. Siempre había algo que hacer: cabristear, coger higos… «El campo es duro y mal pago». Lo dice ahora que sigue yendo «para que esté limpio». Después de miles de horas de cuchara, de milano, de despenque -«lo peor»- y de tintarse los dedos de rojo, aún le queda una tonelada y media de cochinilla seca en sacos, que sigue recogiendo y va entongando. Hace años que no se vende. La última vez le dieron 15.000 pesetas por kilo. Mira los sacos y dice: «Parece mentira que todo lo que está aquí se haya recogido a mano».

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