Una luz entre mis manos

JOSÉ ISIDRO LÓPEZ FUMERO –  Santa Cruz de Tenerife
FINALISTA

Mi querida Valeria:

Espero que al recibo de mi carta te encuentres bien, todo lo bien que yo, hora tras hora y con mucho cariño, te deseo. Hace tiempo, mucho, mucho tiempo que no te escribo; por eso te ruego mi pequeña, que me perdones si me notas algo amargo, lastimado. Si me sientes como herido y trasegado por el aire; pero nada más lejos de la realidad. Recibí tu carta. Es preciosa. Realmente, ha pasado el tiempo. Ocho años. Viéndome ahora que ya no estoy trasegado por el veneno y que casi he pagado la cuantía de mi deuda, me he dado cuenta al contestarte, que apenas no me va a alcanzar con estos versos, para todo aquello que te tengo que decir.

Replegado celosamente en mi celda te contaré, que en esta cárcel la vida sigue. A pesar de que nuestro destino hace tiempo que se ha empeñado en quitarnos a bocados la esperanza. A pesar de que hace tiempo que ya no me llega ni el aroma de tu fragancia ni el aire de tu sonrisa, nunca me olvido de ti. Porque tú, agua y fuego de la tierra que el destino me hurtó; eres, has sido siempre, mi gran amor, mi amor único y verdadero. Y aunque a veces me pregunto atormentado, que por donde andaba yo cuando me necesitabas, que por donde dormían mis pies mientras medías con los tuyos los límites de nuestra cama; me respondo que anduve a oscuras soñando contigo y que he llorado con asfixia arrastrándome por el campo tantas veces como he ido, vagando y sin rumbo entre mis fracasos.

Sé, que siempre, superado cada día por la vida y por esa sombra que nunca duerme, te he creído ver, llorosa y alegre a veces, paseando tras los muros inexpugnables de mi encierro. Sé que en mis sueños, cuando la luna era mía, te encerraba entre mis puños y dormido en la noche, iluminaba tu rostro. También sé que mi corazón, como una fuente de sol que se apaga a flor de asfalto, palpita con rabia entre latidos que se arrancan de mi cuerpo por volver. Volver, aunque me vieras flaco y endeble, de apariencia quebrada y a punto de caer medio muerto a mitad de camino; pero volver al fin; volver a tu lado, puede que un tanto pobre, mal vestido, pero lleno de poemas, todos limpios para ti.

Ya ves pequeña, pienso en ti casi desesperadamente. Por eso te escribo al recibo de tu carta, por eso sueño contigo desde esta cárcel, y, por eso, ya no me importa que me veas metido en este traje. Un traje que me parece más grande de lo que aparento y con el que tengo la sensación de que mi amor navega por un mar menos agitado, por un idílico mar más azul y más hermoso.

Esta mañana cuando desperté, me acordé otra vez de ti y amanecí triste; noté un aire como derramado y apretado de melancolía pero te ruego que no me hagas caso. Fui mordido por tu recuerdo y tal vez me dormí mirando por la ventana la redondez de la luna; de esta luna tan nuestra que esta noche clara y viva en que te escribo, parece llena.

En esta noche en que apenas noto estos dedos doloridos; dedos que aprieto contra mi pecho y que siento dormidos de tanto aplastarlos contra la frente y mi cabeza; en esta noche donde las sienes se me revientan de tanto pensar en ti y de tanto echarte de menos. En esta noche de mi liberación quiero decirte; que tengo ganas de verte pronto, que tengo ganas de abrazarle y de quererte hasta que nos salga el amor por la piel de nuestros cuerpos. Que tengo ganas de que recibas, hirviendo como una hoguera, la primera fuerza de esta tácita luz que llené de raíces y de esperanza en el último faro del fin del mundo; de esta luz que en buena lid arrebaté entre la niebla de una noche desnuda y recién nacida a los navegantes. Un haz de luz brillante que te mando para que se encienda en tus ojos grandes y maravillosos.

Querida Valeria, ya es mitad de la noche, la niebla se expande y nos han dejado a oscuras. Esto es todo hasta mi vuelta; cuento los días que me faltan para quitarme los calcetines y sentir el calor de mi tierra bajo los pies. Con todo mi amor me despido. Espero que muy pronto pueda alzarte entre mis brazos. Aquí te dejo en estas líneas, una imagen, apenas real, de lo que significas para mí. Un torrente de caricias y de mimos que caminan luminosos. Una luz blanca y hermosa que se enciende enamorada por los rincones que los dos hemos vivido, oníricamente, noche tras noche. Un haz de luz que llena el silencio de mis vacíos.

Siempre tuyo: FRANCISCO.

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