Tasadora de sueños

JUANA TERESA GONZÁLEZ PÉREZ–  Santa Cruz de Tenerife

3° PREMIO

Dónde mueren los sueños, 14 de febrero de 2012

Estimado Ambrosio:

Me he decantado por el tratamiento de estimado, haciendo un esfuerzo para no pensar que deriva de estima; más bien, es el tratamiento de cortesía cuando no hay otra cosa que poner.

Treinta y cinco años de una gran historia de amor han quedado al desnudo con la llamada de nuestro amigo y, parece ser que ahora tu abogado. Me habla de arreglar lo de nuestro divorcio, como si yo me hubiese casado con él. Sabes muy bien, Ambrosio, porque me conoces, cuánto me hubiese gustado llevar al despacho del abogado los acuerdos pactados entre nosotros, pero ya me ha dicho que proponga yo un reparto de los bienes, puesto que tú no tienes valor para sentarle en frente de mí. Y yo me pregunto: ¿Se pueden dividir los bienes trabajados, cuidados y atesorados entre los dos durante tantos años? ¿A qué bienes se refiere nuestro amigo, ahora tu abogado? Repartir los bienes materiales que juntos conseguimos es un trabajo tan simple, que lo dejo en manos de un tasador que tú mismo elijas.. Pero hay otros bienes, que no tienen precio ni están sujetos a tasación, en los que yo sí quiero decidir el reparto. Y a ello voy.

Te quiero regalar los sueños que juntos tejimos desde que éramos casi unos niños: los primeros besos que nos dimos acurrucados; bajo la sombra de la farola, huyendo de la luz que nos delataba ante el mundo; te regalo el proyecto de vida en común que fuimos haciendo realidad casi sin esfuerzo porque el amor podía con todo… Quiero que te quedes los momentos en los que sumábamos nuestras fuerzas para que las cargas de la vida pesaran la mitad. Deseo quedarme para mí los instantes en que los sueños se hicieran añicos entre mis manos; los duros momentos de soledad en los que ya no tenía quien llevara la mitad de la carga. Quiero para mí, Ambrosio, la evidencia de que hay cosas que pueden con el amor y dejo para ti, repito, aquel Amor que podía con todo.

Deseo quedarme con los cinco años dedicados en cuerpo y alma a cuidar a tu madre enferma. No fue para mí una madre, puesto que ya yo tenía la mía. Pero yo sí fui para ella la hija que le hubiese gustado tener. Le diré a tu abogado que la dedicación a esa mujer, que fue mi familia desde que la conocí, es un bien innegociable: lo quiero, sí o sí. Todos y cada uno de los fines de semana en los que la cuidé, son un ejemplo para mis hijas de un valor incalculable. A ti, en contrapartida, Ambrosio, te corresponden los mismos fines de semana que aprovechabas para pasear con tu amante, o para enamorar en la casa de tu madre cuando venía a acompañarnos los domingos por la tarde.
Esos, toditos para ti. Si quieres, puedes registrar a tu nombre también los viajes que hacías en compañía de tu amante, a la que tenías a los ojos de todo el mundo como la gran amiga de toda la familia.

Te quedas con la frustración de no haber tenido los hijos perfectos, que a mí me toca la hermosa certeza de que los hijos no vienen con molde, sino que cada uno es único. Te corresponde la vivencia de la compañera de viaje que trabaja dentro y fuera; la que fue el timón del hogar para que tú pudieras desarrollar sin trabas tu actividad profesional. Te ha tocado, es este singular reparto, la experiencia de un profundo Amor, de una tolerancia sin límites… A mí me reconforta, aunque sea difícil de entender, que llevarme como patrimonio el que te burlaras cruelmente de mi buena fe, es una mochila que a1gera mis pasos de mujer nueva, aunque sea en solitario. Me quedo, Ambrosio, y lo siento por ti, con mis dos hijas acostadas conmigo en la cama cuando he estado convaleciente de una operación. Tú, quédate con tu amante.

Esta es, pues, mi propuesta de reparto, con muy pocas posibilidades de negociación. Solo me queda decirle que me he retirado sin bajar ni la cabeza ni los brazos; que me quedo en un camino atestado de hojas muertas, que voy apartando cada día. Y que nadie pase pena por mí, porque tu amor tiene el tacto de las hojas secas estrujadas entre las manos, y huele ya a flores marchitas; las que no dejan ninguna nostalgia por muy hermoso que haya sido el ramo …

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s