Mi verdadera imagen de amor

ISABEL GARCÍA  VIÑAO – Huesca
FINALISTA

En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón.
NIETZSCHE

Querida Tatiana:

Me gustaría saber qué piensas de mí. Si aprecias la alegría de mis ojos cuando te miro, si te percatas que mi mirada siempre va a parar al lugar donde te sientas, si notas que mis palabras tiemblan cuando me dirijo a ti, si te diste cuenta que trepidaban mis manos cuando sobre un folio en blanco te explicaba grosso modo los intríngulis de la Teoría de las Ideas de Platón. Me gustaría saber si tu mirada inocente de adolescente es en realidad virginal o si debajo de tus pupilas se esconde algo que yo no puedo llegar a ver. Me gustaría saber si tus ojos brillan para todos o sólo son mis ojos los que perciben tu brillo. Me gustaría saber tantas cosas de ti pero… pero quizás yo no sea para ti más que un profesor trasnochado que suelta en clase una retahíla de palabras incomprensibles de filósofos a los que vuestras bocas tachan de locos,… y me da miedo pensar que a mí, como trasmisor de sus teorías e ideas, me consideréis más raro que un perro verde.

Todo empezó de pronto. Un día por arle de magia removiste mi interior tiempo atrás aletargado. Me robaste el corazón con aquella representación teatral en la que hacías el papel de
Ariadna. Sentí la necesidad imperiosa de ser Teseo. A partir de entonces fue cuando tus ojos grandes me absorbían todo, cuando me percaté que en cada clase de filosofía me ibas robando un poquito más de mí. Y ahora, ¡Ay de mí! Me lo has robado todo, pero, a su vez, ¡me has llenado de tanto! Mi amor hizo su aparición comenzando en los sentidos, luego pasó al entendimiento y por último ha debido terminar en la razón. Porque tú eres la razón de mi vida, la que me alienta, la que alimenta mis fantasías, la que estimula mis pensamientos. Eres tan poderosa que has transformado todas mis ciencias: la metafísica, la ética, la epistemología, la filosofía,… Ahora, tú, mi pequeña princesa, eres el principio y el fin en mi existencia, el alfa y el omega. En ti descubro todos los términos universales buenos, la idea de mujer, la belleza absoluta, la feminidad, el amor, la pasión, mi bien moral,…No me queda duda alguna de que tú eres mi realidad absoluta en este mundo sensible. Eres esa forma, esa idea de amor que Platón debió descubrir seguramente cuando amara a una mujer como yo te amo a ti.

Mi querida, sé que el cansancio que vas acumulando preparando la selectividad te va agotando. Lo noto en esas bolsas y ojeras que se van agrandando. Y quizás se deba a este cansancio el que hoy hayas faltado a clase. El pupitre sin ti me ha producido una tristeza infinita. El vacío, que se dice que no es nada, paradójicamente se me ha hecho inmenso. Sin verte, me he sentido derrotado, con el ánimo en los pies, o, mejor, debajo de las suelas de mis zapatos, sin una pizca de ilusión y como si mis cuerdas vocales hicieran huelga y no quisieran hablar. Las notaba insumisas e indómitas como las fieras salvajes. Así es que el repaso que hoy íbamos a hacer en clase sobre el Mundo de las Ideas de Platón ha quedado prácticamente suspendido en el aire del silencio, con las treinta caras de tus compañeros mirándome sin adivinar qué era lo que me estaba pasando. ¿Y cómo decirles que era debido a tu ausencia? ¿Cómo explicarles que este profesor tachado de serio, un hombre diez años mayor que tú, se desespera y decae si no te ve? Además, querría añadirte algo más, Tatiana. Mi amor por ti me enseña a entender muchísimo mejor los pensamientos de estos grandes filósofos que dejaron su marca para la posteridad, la de ésos que nunca mueren, y que para vosotros no son más que los creadores de galimatías y rompecabezas revueltos que con sus raras ideas os matan la cabeza. Ahora comprendo mejor a Platón, porque tú eres mi verdadera idea e imagen de amor.

Bueno pequeña, voy a despedirme, pero antes quiero decirle que dos cosas llenan mi ánimo de admiración y de respeto: el cielo estrellado que está sobre mí y la ley de tu amor que está en mí. La primera me empequeñece y la segunda representa mi grandeza.

Te ama con locura, pero como dijo Nietzsche, en la locura siempre hay algo de razón.

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