lnolvidable paréntesis

ALICIA JIMÉNEZ MUÑOZ – Membrilla (Ciudad Real)
FINALISTA

¿Te acuerdas de aquel 24 de julio de 1987 en que la tristeza más envolvente se apoderaba de nuestro corazón adolescente?

Desde entonces, si hay algo que me pone triste, es el andén de una estación de tren, pues instintivamente la asocio con despedidas, y las despedidas no me gustan, me ponen triste.

Después de ese día, y a lo largo ele un año se produjeron mu­ chas más, siempre tristes, pero ninguna la recuerdo tan amarga como la primera.

Visto desde la distancia puede parecer incomprensible que un amor marque una huella tan profunda en un corazón adolescente, pero a mí me marcó; tal vez porque el primer amor cala hondo; quizás porque los años en los cuales se desarrolló nuestro enamoramiento eran años de emociones densas. En estos tiempos en que vivimos tenemos más ventanas por las que mirar y distraernos, y así, los pesares fluyen más diluidos por los canales de nuestro ser.

Rememorando el día que te fuiste, recuerdo claramente una voz resabiada que retumbaba por toda la estación de Manzanares anunciando el tren que, procedente de Barcelona, hacía su entrada por el andén 2 y seguiría su camino para Andalucía hasta el trayecto final que terminaría en Cádiz.

Cómo chirriaban esas palabras en mis oídos y cómo me incomodaba la imagen de aquel soldadito con uniforme de la legión, apoyado en la puerta de entrada al tren, que agitaba su mano con una sonrisa interminable e inamovible hacia sus familiares; ¿te acuerdas?

En mi enojo más profundo sólo me daban ganas de gritarle: ¿y tú, de qué te ríes? Como si el pesar que yo llevaba dentro tuviera que ser compartido por todo ser viviente.

Subiste al tren con un trozo de mi corazón en tu equipaje, como una pertenencia más, y debido a esa mutilación, me costaba respirar y vivir…

De regreso al pueblo, los ecos de los pasodobles y la algarabía de la verbena de Santiago, llegaban hasta mi calle transportados por el airecillo tibio de esa noche de verano; y me resultaban aún más chirriantes, que la voz resabiada anunciando la llegada de aquel tren que nos separó.

Una vez en mi cuarto, mi almohada fue absorbiendo las lágrimas amargas de la separación, hasta que un rueño balsámico me venció.

Cuántos días esperando la hora de la llegada del cartero, para recibir la misiva que me trajera noticias tuyas; cuantas cruces tachadas lentamente en el calendario, pues en aquel año, los días transcurrieron más lentos y los meses más parsimoniosos. Alguien (seguramente del Ministerio de Defensa), confabuló con Dios para que así fuera.

Y cartas van y cartas vienen, portadoras todas de un mal de amores incurable en la distancia. Y los días cada vez más lentos y los anhelos para el reencuentro cada vez más grandes, y la melancolía pegajosa y amarga, instalada en mi alma, y el sarcasmo de quien nunca sufrió mal de amores y el olvido de los amigos, y la inmadurez de los años …

Pasaron dos meses y partí a tu encuentro para verle jurar fidelidad a la bandera, y allí estabais esperándome el mar y tú.

Bellísima estampa la que me ofrecía la Bahía de Cádiz, presentando ante mis ojos por primera vez la inmensidad del mar, ese mar que no conseguía abarcar con mi mirada, por más que abriera los ojos. Ese mar azul verdoso que me cautivó al igual que tus ojos la primera vez que los vi.

”Soldadito Español, soldadito valiente…” se escuchaba a través de unos altavoces, …”muerta de pena en el pueblo quedaba tu novia morena ..•” y pensé que alguien se había inspirado en mí para escribir esa canción.

Muerta de pena esperaba yo otro permiso, del cual apenas disfrutaría, pues sabía que ir:ía ligado a una despedida, esta vez más larga, pues te enviaron al otro lado del mar.

Otra separación y otro reencuentro, entretanto cartas van y cartas vienen, con besos polizontes camuflados entre los renglones de la misiva, y más cruces en el calendario, y el horizonte aunque me parecía lejano, tal vez por la visión borrosa que produce la impaciencia, en realidad estaba cerca.

El aire olía a verano, las furgonetas ambulantes pregonando la venta de turrones, me sacaron de mi letargo, anunciándome que las fiestas de Santiago ya estaban aquí, que ya había pasado un año.

“La Paloma”, que es como llamabais los soldados al barco que atravesaba el Estrecho de Gibraltar de Ceuta a Algeciras, venía cargado con la flor de la juventud.

Atrás quedaron los barracones para los novatos, las guardias, las imaginarias y los amigos… con la promesa incumplida de escribirse para recordar la experiencia compartida.

Y por fin llegó el día de tu regreso. Antes de que el tren procedente de Algeciras, cruzara Despeñaperros, ya estaba yo esperando en la estación. Entonces sí, la alegría se instaló en
mi alma, después de arrancarme de un tirón la melancolía que la cubría, y se reflejó en mis ojos, que aunque no son tan bonito:; como los tuyos, también son espejos del alma.

Esta vez el reencuentro no iba ligado a una despedida inmediata.

Los días empezaron a cobrar su curso corriente, y desapareció el maleficio de los meses eternos… ya juntos, todo transcurre como debe ser, con la cara y la cruz inevitables de la convivencia.

La próxima vez que el destino quiera separamos espero ser yo la que se marche primero; no soportaría quedarme otra vez en el andén, viendo partir el tren con destino al más allá …

Lema:Alexo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s