El poeta de tus sueños

ÁNGEL SILVELO GABRIEL -Madrid
FINALISTA

Amor mío, apareciste en mi vida bañada por las tenues sombras del atardecer. Envuelta en tules de colores que se difuminaban como la luz del otoño. Te movías delante de mí con desenvoltura y alegría, pero entonces, mis ojos estaban cerrados y no te veían. Apenas te escuchaba cuando te ponías a hablar de agujas y bordados, volantes y fiestas… Todo era como un frenesí que se vertía sobre la nada. “Diseño mis propios vestidos, me dijiste”. ¡Estabas tan alejada de mí!, que todavía sufro al recordarlo. Sin embargo, algo me hizo despertar del letargo en el que me hallaba. Debes saber que los poetas permanecemos sumergidos en el largo sueño de los tiempos donde no existe ni el aquí ni el ahora. Pero llegó el día, en el que desperté de mi desesperada vigilia a través de tus palabras, o quizá todo cambió en el instante que intuí esa necesidad tuya de buscar en mis atormentados versos. No te importaba venir a donde yo me encontraba.

Corrías escaleras arriba con una taza en tu mano; y lo hacías con la única excusa de que yo te viera sonreír después de verter el té sobre la mesa. Algo ocurrió, pero sólo en mis entrañas. Hambre, creo que lo llaman. Y al caer en esa necesidad sin límite que nunca se apacigua, comencé a arder como la madera seca que no se apaga. Me consumí poco a poco con el fuego de tu alma. Y en mis sueños, todo… todo, estalló como en una flor en primavera. Deseos que se convierten en aullidos llenos de rabia. Metas que dejan de existir y cielos que ya lejanos me parecen. Todo, todo quedó atrás, excepto tú.

Amor mío, algo tira de mí hasta el recuerdo de nuestros alocados encuentros, pero sólo es eso, una sombra que queda en mi cabeza entre la nostalgia más amarga. “Fe y resultado no son lo mismo”, me anunciabas. Lamentos que yo no sé cómo se calman. El mayor reto de mi vida ha sido conocerte, pues nadie más que tú se encontraba tao lejos de los escándalos que manejaban mis versos. Tú fuiste capaz de hacerme interiorizar lo poco que valían. Mi pobreza y el fracaso de mi poesía me condenaban a no poseerte jamás, salvo en esa parte de tu alma que todavía navega junto a la mía. Me gustaría abandonar la silueta de mi vida que se pierde en la desdicha, y vagar por los límites de la gloria acurrucado en tu regazo. Ya no me siento culpable.

Mi falta está siendo saldada con la cuenta más aciaga ¿Por qué te negué si apenas te conocía? ¿Por qué renuncié tao pronto al designio de mis miedos? Fui prisionero de mis caprichosos sentimientos y ellos se encargaron de dejarte a un lado. Quería tenerte a solas, y te escondí conmigo en el más profundo de los sueños. Amor mío, le llevé hasta la última rama de mis anhelos, lejos de todos, y sólo al alcance de mis desvelos. Te negué ante los demás sin saber por qué. Me miento al pensar que lo hice porque eras el mayor de mis secretos; la dicha que no quería compartir; la palabra que no tenía un nombre… Sin embargo, en la soledad que recorría dura y frágil a través de mis sonetos, me quedaba sin nada que decir en tu contra. Yo, el poeta que ansiaba la libertad a través de las palabras, cayó prisionero de la dulzura de tus gestos. Poco conocía yo tus artimañas, a pesar de que por alguna razón siempre te recordaba entre aduladores… y pretendientes. Mi amor hacia ti fue como la inspiración que buscas, pero que sabes que nunca llega. Entonces eras mi secreto. Sólo eso. Un lamento que nadie conocía. Hasta que me atreví a escribirte la primera carta, y luego otra y otra… A través de las palabras intentaba acortar el camino hacia tu corazón. Tú eras libre, como ahora, pero enseguida me di cuenta que tus pretendientes dejaron de interesarte y tu afán por la costura devino en pasión por la lectura y el conocimiento de los poetas.
Mientras yo me lamentaba en silencio, tú te armaste de valor para empezar a desempolvar el baúl de tus sentimientos. La única excusa a mi favor fue que yo era un hombre solo frente al mundo y frente a sí mismo, cuyo único consuelo era la poesía.

Amor mío, llegas a mis pensamientos en forma Je ataques incontrolados, fugaces, intensos. Y surges de la nada; una nada que es lo más parecido a un estado hipnótico de la mente en el que el artista es zarandeado sin cesar por ideas e imágenes que no le dejan vivir la vida propia. Todo se fragua en un proceso donde la vida ajena arremete con fuerza contra mis sentidos, como en los sueños, y donde siempre caigo atrapado por la fuerza poderosa de las aventuras que todavía no conocen un final.

Lejos queda ya aquella patraña que me bacía pensar que mi fiebre era culpa de tus miradas y de tu amor hacia mis palabras. Cuánto me arrepiento ahora de pedirte que me abandonases a una suerte que no era la nuestra. ¿Por qué llegue a romper nuestro amor ante todos, cuando era sólo a ti a quién necesitaba? Amor y más amor era la única pócima mágica que me consolaba. Pero yo no lo sabía, como tampoco ahora conozco el sentir de tus palabras. Mi sangre brota por el lugar equivocado.

Cada esputo de vida que me sale por la boca, deja de llegar a mi corazón, y eso es injusto, amor mío, muy injusto. Huérfano de vida, mi corazón languidece, y esa sangre que tanta falta me hace, me dice que ya no estarás a mi lado. Nunca más amor mío, nunca más…

Eternamente tuyo.

El poeta de tus sueños.

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