Venusina

FRANCISCA ARMAS FONSECA  (La   Habana-Cuba )

Planeta Tierra, 14 de febrero de 2005.

Amor:

Te extraño, pienso y sueño dibujada contra el rojizo de otro atardecer sin ti. Mi saliva se espesa con sólo recordar las aureolas de tus pezones, ciruelas deliciosas que no me cansé de lamer en días como estos, aquí en este mismo lugar de hormigón carcomido por las olas y la sal. No sería la primera vez que nos amáramos en este muro. Bien lo sabes. Cierro mis ojos y siento como mi dedo se sumerge entre tus piernas, aumentando la divina humedad que te hace ronronear. Te estiras hacia atrás y ya sé lo que esperas. Pero te hago sufrir, Amor, voy de nuevo a tus senos y tú te abres más. Entonces bajo hasta ese olor a marisco singular que se mezcla con el que nos rodea, y mi lengua te posee, te busca, te encuentra, te somete, hasta que gritas y casi te acuestas en el muro.

Mis sentidos me traicionan. Es tan fuerte tu presencia lejana que siento una erección como cuando tú, vuelta del marasmo, te inclinabas hacia mí y por la cintura me acercabas a tu cara. Tus manos ahora, Amor, abren la bragueta y al buscar acarician. Tu largo pelo no me deja ver la maniobra que me place tanto como me atormenta. Tu lengua me hace tuyo, baja y sube, sube y baja, pero detente en esa cabeza que sólo siente cuando tú la tomas en tu boca. Eros es un principiante al lado tuyo, venusina mía.
¿Dónde estás, Amor? Te he buscado cada día, cada hora, cada minuto. «Piensa en mí por cada estrella que veas y cada ola que te salpique. Encuéntrame en el per fume de la mariposa y el aletear del zunzún. Mira la luna y dibuja en ella mi rostro. Lee a Neruda en voz alta para escucharte. Yo estaré lejos y cerca, vigilaré tus pasos para que no te suceda nada, te amaré en la distancia, Amor, te amaré», escribiste en la nota que cayó a tus pies el día de la partida ..
Me han dicho loco, Amor, cuando le conté de ti a un amigo. No me cree, no me ha creído nadie, no te han visto, no te han olido, no te han sentido. Y cometí un error: busqué tu foto para que comprobaran que eras real, pero ellos no veían tu pelo, tu cara, tus muslos… Desde entonces me escondo. Todos piensan que deliro cuando hablo de tu cabellera dorada, tu piel rojiza y tus ojos fosforescentes. Tú, Amor, me has puesto en esta situación ambigua. Aún con solo inhalar un poco de aire me lleno de tu perfume, ese que fue la primera señal de tu presencia. Ese olor penetrante a mar, a tierra, a flores, a todo y a nada. Ese olor que me despertó aquella noche que dormitaba bajo las estrellas. No te vi llegar, sólo te sentí y bastó.
Así empezó nuestra historia. Aprendías muy rápido a hablar, pero nunca quisiste que nadie te viera. Yo escapándome de mis amigos, de mi casa hacia el bosque. Yendo en tu busca para cabalgarte y hundirme en ti una y otra vez. Aceptaste venir de noche hasta el muro, junto al mar. Te he amado tantas veces que pienso que las rocas ya saben nuestros nombres, lo que yo desconozco de ti, porque sólo por Amor te conocí. Me habías advertido que algún momento tenías que partir. Traté de retenerle, lloramos, reímos, juramos. ¿A qué estrella miro, de cuál llegaste?, ¿Estaré realmente loco, Amor?. Hoy, he decidido escribirte, tal vez Cupido se apiade de nosotras y te haga llegar este mensaje. Estaré esperándote. Ven, quiero sentirle una vez más o por lo menos hazme llegar una señal, o una palabra, una sola, quizás logres que una estrella se deslice fugaz en nuestro cielo, Amor. No como, no duermo, no vivo desde la noche en la que te disolviste en un rayo de luz. Tu Ángel.

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