La Aldea de Santa Catalina

Por Francisco Hernández Delgado

Santa Catalina era uno de los pueblos más importantes de la isla de Lanzarote. En él vivían numerosos propietarios como Elos Valles-1l Capitán Roque Luis, José de Calleros, Bartolomé Martín, los Curbelo, los González, los Guerra, los Camacho, y los Marrero, entre otros.

Resulta un poco difícil localizar el sitio exacto donde se encontraba la Aldea de Santa Catalina, ya que no sólo quedaron sepultadas las casas sino que además desaparecieron, tal como nos confirma el amigo José de León Hernández, algunas elevaciones de importancia que habían antes de las erupciones, como Montaña de Buen lugar y la Montaña de Blas.

Las primeras noticias sobre la advocación de Santa Catalina en Canarias fueron facilitadas por el Cronista-Soldado Antonio Sedeño, que intervino en la conquista de las Islas.

Dice Sedeño, que sobre el año 1390, unos mallorquines, entre los que viajaban unos frailes, edificaron una ermita cerca de Telde, bajo la advocación de Santa Catalina y San Antón.

Un estudio sobre la Bula de Martín V, fechada en Roma el 20 de noviembre de 1424, demuestra la existencia en Lanzarote de algunas ermitas.

Sobre la antigua ermita de Santa Catalina, se sabe que estaba construida antes de 1625, pues en esa fecha ya figuraba los Valles-3en un expediente de la Real Audiencia, cuyo documento se localiza en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas. También figuraba la ermita en un plano de la Villa de Teguise de 163 6, levantado por Iñigo de Bricuela Hurbina y en el de Pedro Agustín del Castillo de 1686.

La importancia de esta ermita queda demostrada en el hecho de que cuando se intenta crear una ayuda de parroquia en Yaiza, ya que en Lanzarote sólo habían dos, la de Teguise y la de Haría, los vecinos de Yaiza, Femés, El Chupadero y Uga, se encontraron que se oponían a esta creación los habitantes de Chimanfaya, Santa Calina, La Geria y Tingafa, que proponían que la tercera ayuda de parroquia de Lanzarote debía estar en Santa Catalina.

El 7 de septiembre de 1730, las masas de lava destruyeron los lugares de Maretas y Santa Catalina con su ermita.

En los textos del alcalde mayor, la noticia quedó reflejada de la siguiente manera,

Se quemó el buen lugar de Santa Catalina con su ermita y sus vecinos huyeron hacia el norte de la isla.

Pero si la ermita se quemó, no así su imagen y joyas, estas fueron depositadas por los vecinos de Santa Catalina en la iglesia de Teguise, concretamente en la capilla del Rosario, convertida más tarde en la capilla de Las Mercedes.

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