La mareta de Soo

Por Francisco Hernández Delgado

La necesidad de agua de los habitantes de Lanzarote era uno de los problemas más importantes. Problema que para loSoo-s vecinos de Soo supuso la casi desaparición de todo un pueblo. De ahí que para evitar el aire seco y las continuas corrientes de arena los nuevos moradores construyeran sus casas junto a la montaña y aprovecharan los terrenos del jable para el cultivo de la barrilla, sandías, melones y batatas cuya calidad conservan hoy día a pesar del tiempo transcurrido.

La Mareta de Soo pertenecía al pueblo, su agua era aprovechada hasta la última gota, pues al secarse ésta, se tenía que traer desde Famara o desde la Mareta de la Villa. En un documento del Personero General para pedir el perdón de la contribución debido a la escasez de agua dice:

” Los habitantes hacían gofio con pepitas de higos porretos y las mujeres Soo tenían que atravesar el Jable con sus hijos pequeños mientras llevaban sobre su cabeza una botija con agua”.

Los vecinos de Soo además del derecho sobre la Mareta del lugar, tenían también cierto derecho sobre el agua de la Poceta y desde los primeros años del siglo XVIII, eran los responsables de su limpieza.

Camino de Soo a la Poceta que conocían muy bien las mujeres del pueblo. Mujeres que las recogió en su obra el hijo ilustre de Teguise don José Betancort Cabrera “Ángel Guerra” diciendo de ellas:

Donde más trabajo encontraron fue en Arrecife. La escasez de agua en la isla, daba a las lavanderas de Soo una importancia muy grande. Los pies descalzos, andando los caminos, los brazos desnudos, de remojo casi todo el día en el agua. Padecían los horrores de una labor tan penosa como el oficio les imponían. De generación en generación iban transmitiéndose la clientela, nadie les disputó nunca los charcones de agua salobre de la Poceta, para lavar ropa ajena, ni aun propia, teniéndolos como un feudo hereditario, solo compartido en los años malos, épocas trágicas de hambre y sed en que desde los más remotos lugares venían por agua ranchos de gentes miserables, a punto de morir famélica y los rebaños llegaban a abrevar sin fuerza para andar, dejando en el camino a cada jornada, unas cuantas reses desfallecidas o muertas.

En 1890 don Rafael García Rodríguez, denuncia a varios vecinos por tratar de reducir las acogidas de la mareta. La Mareta significó la salvación de muchas familias. Los vecinos de Soo cuidaban mucho su limpieza y vigilancia. Son varios los expedientes abiertos sobre la limpieza, multas por sacar agua sin permiso, así como por desviar los barrancos que llevaban el agua a la misma.

Eran también las mujeres de Soo, quienes trabajaban en los principales telares del pueblo, así lo recoge con motivo del XIV Aniversario del Movimiento Nacional, se programó por el Ayuntamiento de Teguise, que el día 18 de agosto de 1950 se hiciera entrega a los vecinos de Soo del aljibe construido por el cabildo. Pero esta corporación no accedió a dicho acto ya que el aljibe era propiedad del cabildo y no podía acordase su cesión, y pedía que se le comunicara el momento en que los vecinos necesitaran agua de aquel aljibe para proceder en la forma de su distribución.

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