Casa modernista de La Caleta

Fuente: Arminda Arteta
http://lanzaroteinedita.blogspot.com.es/2013/11/luis-ramirez-gonzalez-el-gran-mecenas.htmlcasa modernista-1

En la Caleta de Famara sobrevive, agonizante, uno de los ejemplos más singulares de la arquitectura de nuestra isla: la casa veraniega de don Luis Ramírez.
Se trata de un pequeño edificio de dos plantas, una inferior curva y una superior retranqueada, con un arco dividido en dos por un robusto pilar, sobre el que pueden leerse las iniciales de su propietario: LR.


La decoración de la fachada es un despliegue de motivos marinos: delfines, pulpos, caracolas y burgados de formas sinuosas recorren el espacio curvo de la fachada, en una mezcla de ingenuidad y elegancia que hacen las delicias de cualquier paseante. Precisamente estos motivos marinos (especialmente el pulpo) y el predominio de la curva, nos hablan de la influencia del art nouveau o modernista, que tanto éxito había tenido en Europa, especialmente en la Barcelona de Gaudí. Luis Ramírez, afamado viajero y enamorado del arte y la cultura, quiso recrear en su casa veraniega esos sofisticados aires europeos, regalándonos de este modo esta joyita arquitectónica, único ejemplo modernista de la isla.casa modernista
En una de las paredes interiores construyó un nicho para enterrar a su perra Florinda, homenajeada en una pequeña lápida que rezaba: Aquí yace Florinda, la mejor amiga del hombre, demostrando, nuevamente, una enorme sensibilidad.
Una de las personas que lo conoció, José Ferrer Perdomo (propietario del museo Tanit), me informó acerca del cariño y la admiración que sentían los niños hacia Luis Ramírez, pues, entre otras cosas, daba un peseta a todo aquel chiquillo que le llevara un cesto lleno de papas crías, lapas, burgados o huevas de erizos, alimentos predilectos del mecenas.
Desgraciadamente, este inmueble, que fue donado por su propietario a la Iglesia, muere lentamente, atacado por el efecto de la maresía y por el aún más feroz efecto del olvido, a la espera de que algún espíritu sensible como el de aquél que la construyó lo rescate y lo haga lucir de nuevo en todo su esplendor.
Luis Ramírez falleció en Barcelona en 1950 a causa de una peritonitis, cuando se dirigía a Roma para encontrarse con el Papa. Sus restos reposan hoy en un bellísimo monumento funerario del antiguo cementerio de La Villa. Aunque su legado está presente en múltiples espacios de la isla, quizá no haya recibido aún el reconocimiento que merece un personaje que, por sus características, hoy más que nunca, cualquier pueblo soñaría con tener.

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