Retazos de la historia de la isla de la Graciosa

Por  Francisco Hernández Delgado

La situación geográfica de la Graciosa la convirtió en paso obligado para el tráfico entre Europa y África, deshabitada hasta mediados del siglo XIX, fue sin embargo visitRiscoada de acuerdo con las numerosas referencias escritas, por griegos, fenicios, cartagineses y romanos.
Los amores de la Reina Armida, descritos en la obra “Jerusalén Liberada” de Torcuato Tasso y que Torriani los sitúa en la Graciosa, aventuraban de algún modo la presencia de los romanos en la isla. Presencia que se confirmaría con las ánforas romanas localizadas en las playas de La Cocina y Francesa, datadas entre los siglos II y III después de Cristo y sobre todo la descripción que Torcuato Tasso hace de la zona donde según él tuvo lugar los idilios entre Armida y Reinaldo.

La Graciosa Forma con Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste el llamado Archipiélago Chinijo, se encuentra separada de la Isla de la Graciosa por el estrecho del Río, tiene una superficie de 25.642.546 metros cuadrados. Abundan en la isla los llamados “matos” y en las épocas de invierno aparecen las plantas de salado, coranzoncillo, la patilla, escarchosa, y el cosco que se utilizaba para hacer gofio. De sus pardelas se aprovechaba su carne, sus plumas y se obtenía un aceite utilizado como combustible para alumbrarse y grasa empleada como medicina y para sus barcos.

Pero era la cría de ganado la principal actividad de la isla de la Graciosa. El traslado de ganado a la Graciosa ya era recogido por Torriani, que dice “que los lanzaroteños dejan en ella las cabras y las ovejas”.

Las especiales condiciones de la zona, hizo que en 1402 los barcos de Juan Bethencourt fondearan en los islotes antes de pisar tierra lanzaroteña. Este hecho hace que el nombre de la Graciosa quede unido a la historia de Lanzarote. Los sucesores de Bethencourt entran en un continuo litigio sobre la propiedad de la isla, hasta que Don Agustín Herrera y Rojas, conde y marqués de Lanzarote hizo merced de la Graciosa al Cabildo de Lanzarote para que los vecinos se aprovecharan de sus recursos.

Fue así como esta isla pasó de propiedad señorial a ser un bien del común. El Cabildo General de Lanzarote establecido en la Villa de Teguise, se convirtió en su Administrador.
En la Graciosa estuvo la nave Tajamar utilizada por Bertín de Berneval en su traición, aprovechando la ausencia de la isla de Lanzarote de Gadifer. Pero el islote fue también base de operaciones de numerosas incursiones piráticas, como la de 1537 con unos corsarios franceses; o la de 1581 en la que incluso tuvieron tiempo para construir una galeota, una barca ligera que utilizaban para desembarcar en las playas; un año después la Graciosa y el Río serian escenario donde se concentró la flota que llevaría al conde a la Isla de Madera y entre cuyos pilotos se encontraban dos Ianzaroteños; en 1586 Argote de Molina defendió Lanzarote de los corsarios que pasaron por Arrecife, isla de Lobos y la Graciosa; en 1589 serían los corsarios ingleses lospoblacion que visitan la isla y fueron expulsados por Agustín de Herrera y Rojas. En 1598 George Clifford, pasa por la Graciosa antes de llegar al Arrecife el 13 de abril.

De la pertenencia del Islote a los vecinos de Lanzarote y de su aprovechamiento nos habla el acuerdo del Cabildo General de 1631 que entre otras cosas decía:

“Que el islote de la Graciosa pertenece a los vecinos de Lanzarote y su administración al Cabildo, y acuerdan que dicha isleta se arriende por tiempo de un año………..con la condición que en el mes de octubre que es costumbre el ir a cazar pardelas puedan los vecinos ir libremente a cazar pardelas y hagan grasa de ella y pescar sin que por ello paguen cosa alguna…”.

El Cabildo gestionaba la explotación de algunos recursos naturales de la Graciosa como pastos, pardelas, cosco, barrilla y otros. También fijaba las fechas en que se debía pescar y echar el ganado. Los beneficiarios debían obtener previamente una licencia.

En 1631 la marquesa Doña Mariana Manrique, madre del segundo marqués de Lanzarote pretende adueñarse de los beneficios de La Graciosa, el Cabildo se opone a ello y así se registra en sus libros capitulares.

En 1726 Rodrigo Peraza ataca una nave pirata que había fondeado al lado de la Graciosa.
Cuando las erupciones volcánicas de 1730, el cabildo acuerda que los pastos de la Graciosa se destinarían para el ganado de los vecinos de Yaiza, cuyos animales agonizaban a causa del calor y las cenizas.

En 1764 el comerciante ingles Geoge Glas, hace una descripción de la Graciosa, que la considera junto con el Arrecife, como dos de los mejores puertos de Lanzarote. Glas indica que la isla está deshabitada y que los lanzaroteños llevan a la misma, cabras y ovejas a pastar. También cita las salinas del Río.

Lo que deducimos hasta esa fecha es el aprovechamiento que los lanzaroteños hacían de esta isla, de pesca, pastoreo, recogida de orchilla, caza de pardelas y unos después el gran negocio de la barrilla.
En 1808 Carlos IV, concede al Coronel Francisco de la Cruz, la propiedad de la isla de la Graciosa. Inmediatamente el Cabildo reaccionó protestando por tal decisión, enviando un gran expediente a la Corte que dio como resultado el que se reconociera nuevamente el derecho de los vecinos de Lanzarote sobre la isla.

Todos las ayudas de parroquia tenían representación en la Junta Administrativa de la Graciosa, cuando se formaron los Ayuntamientos eran estos los que enviaban un representantes. Para su funcionamiento La Junta redactaba un Reglamento, existiendo alguna referencia de los de 1834, 1861 y 1871.De toda la recopilación de documentos referentes al islote de la Graciosa, lo que más abunda son las denuncias por infracciones a los distintos reglamentos, siendo sus protagonistas principalmente los vecinos de Haría y Teguise.

El reglamento controlaba la entrada de ganado en la isla, no se podía sacar reses sino en los tres primeros días de cada mes. Los pastores que introducían el ganado podían permanecer tres días en la Isla, hasta que los animales localizaran los lugares para beber y los corrales. La caza del conejo se fijaba para los últimos días de octubre.

Estas actividades de los lanzaroteños en la Graciosa y las noticias que sobre la isla se habían publicado por algunos viajeros, hizo que fueran varias las personas interesadas en el aprovechamiento del islote para la instalación de factorías de salazón y derivados del pescado.

Sobre 1852 Rafael Cappa Maqueda solicita permiso para instalar en la Graciosa una factoría de salazón de pescado. Esta solicitud dio motivo para levantar en la Graciosa las primeras construcciones, dos casas un almacén, un secadero y un muelle de desembarque. Casas y almacenes que estaban construidas en 1861. Sobre la llegada de los primeros pobladores y estas edificaciones hemos localizado en Teguise dos documentos, el primero es una carta del Vise Cónsul de Su Majestad Británica John T. Tophan, fechada en el Puerto del Arrecife el 4 de noviembre de 1861, dice la carta:

“… Tengo el honor de acusar recibo de oficio de V. del 31 del vencido acompañando copia de un Reglamento para la conservación del Islote de la Graciosa y en spescau contestación digo: que las personas establecidas en el citado islote no pueden mirarse con carácter de extranjeros, pues que el principal es socio y representante, y los demás operarios de una compañía Española bajo el titulo de Rafael Cappa y Cía, quienes por una Real concesión de 17 de Abril del presente año, se han situado en el precitado Islote para emprender la pesca en grande escala en los mares de las Islas canarias y costa de África, designándoles en dicha Real concesión, el indicado Islote de la Graciosa para la salazón, secaderos etc.

El otro documento lleva la firma de Juan Maqueda, y está también fechado en Arrecife el 27 de enero de 1865 el mismo está dirigido al Presidente de la Junta de Gobierno de la Graciosa y dice:

“D. Juan Maqueda Capitán y Piloto de todos los mares, natural y vecino de Málaga y residente hoy en esta isla, a V. con el debido acatamiento espongo: que según ha de constar en la Junta de su digna Presidencia, que como director y Jefe de la empresa de salazón establecida en la graciosa en virtud de Real autorización y aclaración posteriores de la autoridad Superior civil de esta Provincia, se han construido en dicho Islote, casas, almacén y otros útiles indispensables para el servicio y buen desempeño de la empresa precitada ……….”
La carta la escribe con motivo de que tenía que desplazarse a Europa y para que la Junta no permitiera durante su ausencia que otros vecinos de Lanzarote utilizaran tales construcciones.

Entre las solicitudes realizadas para instalar factorías de salazón o cultivo de la cochinilla estaban la de 1866 de Antonio María Manrique, la de Eduard Belknap o la de Francisca Gascón Segarra en 1868, pero la más significativa para la historia de la Graciosa es la realizada por Ramón Silva Ferro, teniente de navío que residía en Londres, solicitud que tuvo lugar el 9 de octubre de 1871, pero al no poder cumplir los plazos la vuelve a solicitar en 1876 y en 1879 pide una prórroga , constituyéndola por fin en 1880.

En 1875 Ferro publicó un libro en el que explicaba los distintos estudios que había realizado para instalar la factoría en el Graciosa, decía que la Graciosa solo era utilizada temporalmente por pastores y pescadores que obtenían el agua en el manantial de Guza, en el Risco de Famara, que daba unas dos barricas de agua al día. Entre técnicos y operarios se desplazarían a la Graciosa unas 80 personas.

Es esta concesión la que dio origen al asentamiento de población fija en la isla de Graciosa. Una vez fracasada la factoría de salazón de pescado, los vecinos de Lanzarote desplazados al islote para trabajar en las factorías, decidieron quedarse a vivir en la Graciosa. Tras la muerte de Ramón Silva, Federico Rubio socio fundador de la Empresa liquidó la Sociedad y donó a los trabajadores los materiales e instalaciones de la factoría que había quedado en la isla.

Con piedra seca y restos de maderas y materiales de las antiguas instalaciones de las fábricas se fue levantado un pueblo de la mano de sus primeros habitantes, Francisco Álvarez, Sebastián González, Miguel Hernández, Cayetano y Zenón Betancort, Agustina Quintero, Antonio Morales y Manuel de Páiz, siendo este último el representante de estas primeras familias en la Juan de Administración del Islote de 1877. Poco después van llegando otras familias procedentes de Teguise, de donde vienen los Morales y los Martínez, de Haría llegan los Páez Álvarez, Batista y González, de Órzola los Guadalupe y Curbelo, los Toledo vienen de Arrecife y de Arrieta.

Entre las inscripciones de los primeros niños nacidos en la graciosa figura José Hernández, nacido dice la nota en “la misma choza o cabaña de su madre” nació el 03.11.1873, era hermano de Juan Hernández casado con Antonia Pérez, con quien tuvo 11 hijos, y de Miguel Hernández que se casó con Casimira Luzardo de quien conocemos cinco hijos. Juan llegó a la Graciosa en 1874 y venía como su hermano Miguel, del Puerto del Arrecife donde figuraban como marineros.

Entre antiguos trabajadores de las Industrias de salazón y las familias de marineros llegadas a la Graciosa contabilizaban a finales de del siglo XIX, unas 100 personas y que en 1910 llegarían a 160 los habitantes de la pequeña isla.

Se importaron camellos de Lanzarote y de África, utilizados en la Graciosa como animales de carga. En 1901 se obliga a varios vecinos a que trasladen los camellos a Lanzarote, debido al gran número que existían. Se continúa con el aprovechamiento del Islote mediante la ganadería, la caza de pardelas, conejos, los marisco, el cosco, la pesca y la barrilla, cuya quema para exportar terminó con la mayor parte de los arbusto de la Graciosa.

El principal problema de estos vecinos era el agua. De la fuente de Gusa nos habla Sabio Berthelot después de su vista a la isla en 1829. Día. Las primeras aguadas y depósitos fueron construidas por los pastores y ganaderos que acudieron en la primera mitad del siglo XIX. Hemos localizado documentos de la aljibe fabricada por el vecino de Teguise, Vicente Robayna en 1834 y la de Manuel de Páiz a quien la Junta Administrativa en su contestación dice:

“Deseando que su ganado apaste en verano en dicha isla y no pudiendo verificarlo por la escasez de agua que hay en la misma se observa debido a que solamente hay una pequeña y mala mareta, completamente abandonada que apenas suministra este liquido dos o tres meses por cuya razón se ven obligados todos los ganaderos a salvar sus animales en la mejor oportunidad y el que quiere dejarlos tiene que sufrir el grave perjuicio de tener que pasarse a la fuente de Guza…”

Luego figura la de Rafael de la Torre. La Compañía de Ferro reparó la aljibe de Manuel de Páiz en el periodo en que estuvo funcionando en la graciosa, Ya en 1902 es Pedro González vecino de Haría quien construye otro aljibe, le sigue José Manuel Curbelo Barreto y después Rafael de la Torre, que es comprada con dinero del Mando Económico y con los mismos fondos se compró en 1944 la de los hermanos Santiago y Margarita Barreto construida en Pedro Barba.

Las primeras construcciones de Pedro Barba se iniciaron en los primeros años del siglo XX. En 1906 se prohíbe que le levantara en este poblado una caseta de baño. Los vecinos que llegan a este lugar proceden de la Caleta de Famara y de Haría. En 1940 ya cuenta con 11 casas.

En 1900 Antonio Fránquiz Socas de Haría solicita la creación de dos colonias agrícolas en la Graciosa. En septiembre de 1913 se plantea nuevamente la creación de colonias agrícolas, se argumenta ahora que esa gestión evitaría la gran emigración que sufría el municipio de Teguise. En 1935 son los vecinos de la Graciosa encabezados por José Toledo, quienes solicitan ante el Director del Instituto de Reforma Agraria la sesión de 6.000 metros cuadrados con la finalidad de parcelarla entre los vecinos.

Con fecha 6 de julio de 1941, la corporación municipal de Teguise acuerda, otorgar en arrendamiento a los vecinos de la Graciosa, una parte de la isla, estos debían pagar 10 pesetas por Hectárea y año a partir del segundo año del arrendamiento.

En la historia de la Graciosa hay que destacar la intervención del Capitán General de Canarias y Jefe del Mando Económico, general García Escámez, por su iniciativa se construyó un pequeño muelle, la iglesia, una escuela, el cementerio, 3 aljibes, se repartieron 65 lotes de tierra de labor e instrumentos de labranza, regaló 4 camellos para los trabajos agrícolas. Las comunicaciones entre Lanzarote y La Graciosa, mitigó en parte la dura tarea de las mujeres que tenían que subir el Risco para llevar el pescado y cambiarlo por otros alimentos de primera necesidad.

Jorge Toledo Betancort, fue alcalde pedáneo de la Graciosa durante más de cuarenta años. Fue presidente de la Comisión encargada de las obras del Mando Económico. Gestionó la instalación en la isla del correo, telégrafos. En 1950 inició los viajes entre Lanzarote y La Graciosa de materiales, alimentos y pasajeros en su pequeña falúa llamada el Chipirripi y más tarde en el Jorge Luis.
De los litigios sobre la propiedad de la Graciosa así como de las intenciones de crear en la isla grandes complejos turísticos y de los acontecimientos hasta el siglo XXI, quedarán reflejados en otras páginas de la historia de esta isla.

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