Desarrollo socio-económico en La Graciosa

La Graciosa ha vivido distintas etapas a lo largo de su evolución, y aunque, en la actualidad, el sector turístico es una importante fuente de ingresos para la isla, la actipescavidad pesquera fundamenta, desde los primeros tiempos, el desarrollo socioeconómico de la isla.
Desde su asentamiento, a finales del s. XIX, hasta principios del s. XX la precaria actividad económica de las gentes de La Graciosa se limitaba, casi exclusivamente, a la comercialización de sus productos provenientes de la pesca y el marisqueo, principalmente, en Lanzarote. Entonces, la infraestructura era mínima, reduciéndose a unas pocas casas realizadas con materiales simples, como el barro y la piedra e, incluso, insólitos, como los huesos de ballenas varadas y otros materiales que los lugareños aprovechaban, buscando entre los objetos que arrastraba el mar hasta la costa.

Sumando a la extrema pobreza la falta de agua, las condiciones higiénico-sanitarias eran pésimas, lo que ocasionaba una alta mortalidad infantil entre la población graciosera, que tampoco contaba con médicos ni apenas con medicinas.
En este contexto, la población masculina se dedicaba casi exclusivamente a la pesca, así como al pastoreo y a la ganadería, aunque en menor medida, quedando en manos de las mujeres, además del cuidado de la casa y de la familia, la venta de los productos obtenidos y mujer resulta fundamental, originando una el marisqueo (lapas, burgaos, etc.)
La recolección de la sal para conservar pescado y las actividades artesanales consistentes en la realización de sombreros de empleita, esterillas, camisas gracioseras, originaron una economía mercantil de pequeña escala que resultaría fundamental para la supervivencia de las familias gracioseras.
Es a partir de la posguerra española cuando la política de inversión del Estado permite la transformación socioeconómica de la población graciosera: se creó una escuela, la iglesia, el cementerio y varios aljibes y viviendas, y se organizó una alcaldía Pedánea si bien el verdadero desarrollo se produjo a partir de los años setenta, con las importantes inversiones estatales del primer gobierno democrático en España y la mejora de las infraestructuras. Así pues, algunas familias se dedican al negocio hostelero, en auge en la época, y abren bares y pensiones regentados por ellos mismos. Otras familias menos afortunadas emigraron y las hubo que invirtieron en la mejora de los artes de pesca y continuaron trabajando como autónomos en el sector o incluso mantuvieron la explotación tradicional, por falta de recursos.
También, en este momento, el papel de la mujer resulta fundamental, originando una economía complementaria de vital importancia ligada, principalmente, al desarrollo del sector servicios, acometiendo tareas de limpieza, venta de productos artesanales, atención a los clientes en los locales públicos, etc., aunque en condiciones laborales precarias, etc.,
Pero la clave del desarrollo económico de La Graciosa se encuentra en el magnífico reclamo, que como pueblo pescador artesanal, fue y es para el turismo, sin olvidar las magníficas condiciones climatológicas que posee para esta actividad y la belleza de sus playas. Estas condiciones no escaparon al ojo de los inversores, iniciándose un proceso de mejora de las infraestructuras definitivo: luz eléctrica, desalinizadora, red de distribución general de agua, telefonía, servicios sanitarios mínimos y mejora de las comunicaciones con la isla.
Sin embargo, la presión turística constituye una amenaza para la forma de vida y los recursos tradicionales de La Graciosa que repercute en la degradación del medio ambiente, en los intentos de especulación urbanística y en el perjuicio que para la pesca profesional ocasiona la utilización indiscriminada de artes de pesca nocivas para el medio marino, entre otros factores.
La clasificación de La Graciosa y Los Islotes como Parque Natural Marítimo-Terrestre, en 1986, supone una esperanza para el adecuado equilibrio entre el desarrollo económico y la preservación del habitat natural del territorio, así como también lo es la declaración como Reserva Marina en 1995 de cara a la sostenibilidad de las pescas profesionales y la regulación de las actividades que se realizan en la Reserva Marina: pesca deportiva y submarinismo.

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