Pregón de Soo 2013

Pregón de las Fiestas de San Juan
Soo  2013

 Por: MARÍA A. BETHENCOURT BENÍTEZ  Y  PIEDAD PACHO VALBUENA

Sean nuestras primeras palabras las de gratitud por la oportunidad de compartir con ustedes este Pregón. No saben la alegría que supone para mí y para Piedad que no ha podido venir, por tener una reunión importante en Madrid; pero que está aquí con ustedes, repito la alegría y dicha que supone volvernos a encontrar después de 28 años y el agradecimiento inmenso que sentimos por habernos pedido ser las pregoneras de las fiestas de San Juan 2013.

Agradecemos profundamente a la comisión de fiestas y en la persona de Nori Machín Barrios la invitación que se nos ha hecho, a la vez que ponemos nuestras palabras y nuestros corazones a los pies de San Juan Bautista, siendo este Pregón un espacio para reconocer la importancia de nuestro patrón en la historia personal y colectiva de la vida, de las costumbres y de la fe de este pueblo.

Pregonar la Fiesta es hablar de ella, de su significado más hondo y profundo, y no cabe duda de que la fiesta de San Juan Bautista es un símbolo de la identidad de Soo, como pueblo.

Nuestro PREGÓN quiere hacer presente la VIDA de Soo a través de las vivencias, anécdotas, personas, experiencias, etc., generadas desde 1978 hasta 1985.

También quiere ser un canto a esas personas anónimas, a esos hombres y mujeres que desde su sacrificio, abnegación, su constancia, sus luchas, sus éxitos y fracasos, sus plegarias, promesas, ofrendas u oraciones, se echaron el futuro a sus espaldas, apostaron por todos nosotros, dignificaron con su testimonio las penurias, las carencia y los malos tragos.
Sus lágrimas y sudores regaron, nuestras tierras, regaron nuestra vida de esperanzas, de sueños, de alegría, de atrevimiento e imaginación, de amor a lo nuestro, de futuro.

Cientos de familias desde todos los rincones de Soo desde Barrio Verde, pasando por La Aldea y hasta Juan del Hierro, cientos de hombres y mujeres han amasado valor y coraje, ímpetu y determinación, heroicidades personales y colectivas, fe y confianza en Dios, en San Juan Bautista y cercanía a la Virgen de las Nieves a la que tanto fervor, auxilio y confianza le tenemos los conejeros a lo largo de muchísimos años.

Por todo ello hagamos presente a todos nuestros mayores que hoy no están entre nosotros; pero que construyeron este pueblo.

Durante esta charla, que así la queremos considerar, irán pasando varias fotos de la época, que nos pasó María Rodríguez, la maestra Lourdes Montesdeoca y el Archivo histórico de Teguise, un agradecimiento para ellos, y aquellas que pudimos hacer nosotras, y conservamos, ya que en aquel tiempo la cámara fotográfica no era un artículo de uso común y generalizado.

Cuando llegamos a Soo, apoyadas por el párroco D. Agustín Sánchez y el Ayuntamiento que nos prestó la casa de los maestros para vivir, veníamos con la ilusión y deseo de integrarnos en el pueblo y trabajar con su gente. Sabíamos que íbamos a aprender de ustedes y que todo lo que nosotros podíamos aportar lo haríamos con dedicación, entrega y cariño.

Nunca olvidaremos cuando tomamos posesión de la casa de maestro nueva, como la llamaban, frente a la casa de Teresa, cómo Carmelo y Casimiro Hernández, Serapio Rojas y José Juan Curbelo nos ayudaron a hacer los muebles trayendo de la montaña grandes piedras de volcán que nos permitieron construir los sillones de la entrada, y las mesas de noche. También nos consiguieron cajas de frutas de la tienda de Encarna Villalba, para hacer las estanterías de los libros y cuando había que subir agua al bidón nos ayudaban con la bomba, que era muy pesada de usar.

Tampoco olvidaremos la generosidad de la Sra. Agustiniana que todas las mañanas nos llevaba la leche de cabra para desayunar, así como la generosidad y ayuda de muchas familias, de todas las partes del pueblo, que nos ofrecían algo de sus cosechas, lentejas, chícharos, cebollas, queso, sandía, melones, batatas, uvas, viejas jareadas, burgados, etc. Ahora se lo decimos, gracias a esto muchas veces comimos.

Qué decir:
• Del paso diario del coche de D. Julián a buscar el correo a San Bartolomé y los paseos de Desi, todas las tardes, con su víscera hacia atrás y su gran sonrisa repartiendo las cartas por todo el pueblo.

• De Juan Luís y Manuel Rojas, que hacían, muchas veces, el servicio de sacarnos del pueblo, a cualquier hora del día, pues sólo había un servicio de guagua por la mañana y otro por la tarde.

• Del Pedro y Juan Rojas que esperaban a los que llegaban retrasados a la parada, antes de hacer el servicio diario de transporte.

• De todos los vecinos que recogían en auto stop a los que querían salir de Soo por algún problema, o querían bajar desde Tiagua, donde dejaba la guagua que seguía para Tinajo.

• De la Sra Mariana que tenía el primer teléfono de Soo, que con mucha generosidad mandaba aviso a las casas para que acudiéramos a una nueva llamada.

• De D. Antonio y Rosario que prestaban el local, lo llamaban el casino, para hacer reuniones cuando empezamos a constituir la Asociación de Vecinos, o hacer obras de teatro con los niños y niñas en edad escolar, así cómo nos dejaban ver la Televisión , en su casa, los fines de semana.

• De Sra Catalina, que las tardes que había rosario o misa, subía con dificultad desde Juan del Hierro, con lo que le costaba, y con su mantilla negra nos avisaba que ya era la hora de acercarnos a la ermita. Su presencia era como un reloj.
• De Alejo que caminaba sonriente saludando a todo el mundo y de la Sra Julia que acompañaba siempre a su hijo a todas las cosas en las que él quería participar.

• De nuestros vecinos: Lupe y Manuel Rojas, Teresa y Domingo Rojas, Teresa y Antonio Rivera, Carmen y Frasco Machín, Susa y Paco Curbelo, Sofía y Valentín Martín, las hermanas María y Basilia, Ma. Carmen y Manuel Brito, Antonia y Anastasio Machín, Mari Carmen y Agustín Rodríguez que tanto nos ayudaron, y acompañaron. Sabíamos que podíamos acudir a ellos y que siempre nos iban a ayudar con cariño.

Gracias a todos ellos y a los servicios que otros pudieron prestar y se nos han olvidado. Su entrega y ayuda posibilitaron suplir las deficiencias de estructuras y servicios que tenía el pueblo.

Desde el primer momento teníamos claro que un objetivo sería construir que fueran PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA que se fuera tejiendo en el pueblo y PROTAGONISTAS DE SUS PROPIAS VIDAS.

Este deseo nos llevó a descubrir desde los primeros tiempos que había que ir tejiendo acciones y actitudes que hicieran posible SER LIBRES ante costumbres, como el luto que paralizaba el pueblo, hasta el punto que tuvimos que luchar para que mandaran a los pequeños a clase, cuando moría alguien o LIBRES ante lo que pudieran pensar o decir los demás, persiguiendo con ello que fueran más FELICES.

Más adelante nos embarcamos en que se RECONOCIERA y se REVALORIZARA
el trabajo de la mujer, para ello desarrollamos la formación que les permitiera tener herramientas, criterios y arranque para actuar, al margen del qué dirán y de esa forma ayudaran a que sus hijas pudieran crecer con la idea de que ser mujer es importante y que pueden y deben desarrollar un puesto en la sociedad igual que el hombre. Hoy día muchas de aquellas jóvenes y niñas, hijas de aquellas madres, ocupan puestos de responsabilidad y han salido a trabajar fuera del pueblo en distintas profesiones: educación, política, hostelería, administración, comercio, servicio, etc. y son unas madres excelentes que han hecho todo lo posible por educar a sus hijos e hijas en libertad.

Vamos a recordar las noches en que algunas mujeres, Antonia Barrios, la Sra. María, Nieves de León, Mari Carmen Callero, Florentina Brito, Damiana Ferrera y Teresa de León grupo de adultos lo llamábamos, nos reuníamos para hablar de nuestras inquietudes, necesidades, pesares, etc. y todo ello lo iluminábamos con la palabra de Dios a través de la Biblia, saliendo de esos encuentros con algunos compromisos a seguir en la vida diaria. El cansancio del trabajo del día no las echaba para atrás y eran fieles a la cita.

Nos reíamos, nos acompañábamos en nuestras penas, nos ayudábamos y teníamos nuestras pequeñas fiestas con algún quequi de vez en cuando.

Qué bien lo pasábamos cuando nos encontrábamos con otros grupos de Muñique, Tiagua, Mozaga, Tao, Teguise y todos los demás pueblos hasta Guatiza, en la casa de la Iglesia que está en Tahiche y cómo sentíamos que no estábamos solas en este camino de crecimiento personal.

Cómo recordamos las reuniones, en nuestra casa, a la luz del petromaz o con una bombilla que se alimentaba de una batería de camión que nos dejó Don Ramón Rivera y que Don José Cáceres nos dejaba cargar en su panadería, reunión con los hombres que se apuntaron para formar la Asociación de vecinos: Don Ramón Rivera, José Cáceres, Gerardo Curbelo, Juan Manuel Arbelo, Abrahán Arbelo, Baldomero Curbelo, José de León, Andrés de León, Ramón Rivera, Eladio Rivera, Agustín Rodríguez, Eugenio Pérez, Juan José Villalba, Antonio Rivera, Sotero y que más tarde se integró el maestro Don Antonio. Se dieron los primeros pasos administrativos y las primeras asambleas donde participaba, casi todo el pueblo, para la aprobación de los estatutos.

Una de las primeras luchas fue conseguir que nos pusieran la luz y al buscar las razones por qué a finales del siglo XX este pueblo había sido olvidado por parte de los políticos de aquella época (empezaba la andadura de la democracia en España), nos enteramos que en los papeles oficiales constaba que ya se había realizado dicha instalación y por ello no había nuevas partidas económicas para ello. Ante esta respuesta decidimos entre todos, hacer una manifestación en la Villa reivindicando la luz como un bien esencial. Muñique también se unió a esta petición.

Fue la primera manifestación que se hizo en la zona. Participó casi todo el pueblo y no olvidaremos que hasta los niños y niñas de 4 y 5 años, que estaban conmigo en la escuela participaron, aprendiendo desde pequeñitos que las cosas no siempre se consiguen fácilmente, si no que hay que pelearlas.

Otra lucha fue lograr un Teleclub para el pueblo. Cuantas andanzas para adquirir el suelo, los planos, empezar las obras… y sobre todo conseguir el dinero necesario para ponerlo en pie. Porque queríamos que conseguirlo fuera obra nuestra y no del Ayuntamiento, organizábamos bailes en el solar de Antonio, así como organizar teatros, rifas, etc. y poco a poco se logró tener un espacio para reunirnos, hacer las fiestas, hacer los bailes de San Juan y muchas cosas más.

También se luchó por conseguir que se asfaltara la carretera que une a Soo con la Caleta. Una vez más cuando se hacían las gestiones para ello nos enterábamos que el dinero se había destinado a otra cosa y en Madrid constaba que ya estaba hecha. ¿Será que ya en esa época empezaba a aparecer la corrupción o era que no sabíamos todavía cómo vivir en democracia?

Una de las acciones más fuertes con los adultos fue a través del Movimiento Rural. Nos reuníamos los agricultores de Soo, Tiagua, Muñique, Tao, Mozaga, Teseguite, Tahiche, Nazaret, a veces los pueblos por separados y otras veces juntos para decidir qué postura tomar ante las distintas situaciones que se iban generando en todo el período de recogida y venta de la cebolla.

Luchábamos por conseguir buenos precios en la zafra y obligar a los intermediarios a subir el precio por cada saco que compraban, para ello en alguna ocasión se mantenía la cosecha en los sacos durante un tiempo hasta que el intermediario se veía obligado a subir el precio.
Una de las victorias más grandes, fue en la zafra que ofrecía 12 pesetas por kilo y aguantando, con todos los miedos y temores que generaba a las familias, se logró que fueran ofreciendo otros precios, nos acordamos de 15 y 17 pesetas hasta llegar a 25 pesetas, siendo una de las zafras y cosecha más fructífera.

Pero no todo fue lucha, también hubo momentos de relax y alegría como la excursión que se programó con todos los mayores para conocer los sitios emblemáticos de la Isla: Montañas de Fuego, Cueva de los Verdes, Jameos del Agua, Castillo de San José donde nos tomamos un refrigerio y nos hicimos una foto que sale en el documento gráfico que están viendo. ¡Qué bien los pasamos,! ¡Cuánto disfrutamos! ¡Qué contentos volvimos a Soo! y es posible que al día de hoy, todavía se guarde ese recuerdo en la mente de las familias porque se lo contó su abuelo o su abuela. Recordamos con sorpresa aún, cuando nos confesaban que era la primera vez que pisaban estos lugares de su bonita y querida isla.

Momentos de relax como las partidas de pelota a mano en el centro del pueblo. Las imágenes que veremos nos ayudarán a poner el pasado en presente.

Otro espacio en el que trabajamos fue en la escolarización de los niños y niñas de 4 y 5 años, pues la Consejería de Educación de esos años no valoraba la importancia de educar desde edades tempranas. Nos prestaron la escuela nueva, porque el maestro que estaba cuando nosotros llegamos se fue y todos los niños y niñas de Primaria pasaron a la escuela de Tinajo.

Al cabo de dos años se consiguió que se volviera a abrir una unidad de Primaria en Soo siendo nombrado maestro Don Antonio, y como él iba a usar la casa y la escuela nueva, nosotros pasamos a la casa y escuela vieja, hoy tanatorio.

Más adelante se abre la unidad de preescolar y los niños y niñas que escolarizaba María pasaron a ser escolarizados por la maestra Dña. Lourdes Montesdeoca que ocupó la casa y la escuela vieja, teniendo que irnos nosotros a vivir a otro pueblo. Escogimos Tao porque en él encontramos una casa para alquilar.

Mientras pudimos utilizar la escuela vieja, por la tarde teníamos dos horas de estudio para ayudar en los deberes. Asistían los que querían y de distintos cursos. Siempre la escuela estaba llena.

Esta relación con casi todos los niños y niñas de Soo a través de la escuela y la catequesis nos facilitó que se pudieran plantear otras actividades como, teatros para las fiesta de San Juan o para recoger dinero para la construcción del teleclub, limpiar de vez en cuando el parque infantil, ir de excursiones a la playa Guerra, a la Santa, etc.
¿Se acuerdan de la obra de teatro “El Principito”?

Queremos resaltar la fuerza de voluntad y constancia, de todos los niños y niñas que asistían a la escuela de Tinajo, pues tenían que madrugar mucho, salían muy pronto del pueblo y volvían muy tarde.
Eran unos verdaderos jabatos y jabatas, ya que estudiaban a la luz de las velas. Enhorabuena porque con gran esfuerzo supieron labrarse un futuro.

Otra línea de acción era ayudar en el crecimiento de la fe en Jesús a través de las catequesis a niños-niñas, jóvenes y la atención a los mayores enfermos.

Las catequesis para la Confirmación era el espacio que le permitía a los jóvenes de Sóo: Esther Rojas, Tina De León, Carmen Rosa Curbelo, Irene y Rosa Machín, Loly Machín, Ana María González, Carmelo Curbelo, María Rodríguez, Manolo Martín y algunos más que se nos han podido olvidar, esta les permitía profundizar en las enseñanzas de los evangelios y hacer presente aquel compromiso de fe, que un día sus padres asumieron por ellos y ellas, con el bautismo.

Los primeros jóvenes en los que nosotras nos apoyamos para empezar a caminar en el pueblo fueron Blanca Machín, Ramona Martín, Nievitas Rojas, Julia Martín, Lala González, Flora Arbelo, Irene Machín y algunas más que se nos han olvidado. Gracias por su apoyo y por asumir tareas junto a nosotras.

No podemos olvidarnos de las “Pascuas juveniles” que celebrábamos en la casa de Nazaret. Esto permitió la celebración festiva de la fe y la relación con otros jóvenes de otros pueblos de Lanzarote.
Era una gozada ver a tanta juventud celebrando que creía en Jesús y estaban dispuestos a comprometerse, a vivir desde esa realidad, al recibir el sacramento de la Confirmación.

Otro espacio de crecimiento de la fe fueron las “celebraciones de La Palabra”, que se celebraban los domingos que no podía celebrarse Misa en Soo. En ese espacio reflexionábamos sobre los acontecimientos, que habían ocurrido durante la semana en el mundo y en el pueblo desde la óptica de la Palabra de Dios.

Una de las acciones de fe más importante fue cuando todos los pueblos que formaban la parroquia de Teguise y Guatiza nos encontramos en el santuario de la Virgen de Las Nieves, que se encuentra en lo alto de la colina o risco de Famara, lugar que ha sido siempre casa de todos los conejeros, lugar de encuentro y peregrinación, espacio para la gratitud, el llanto, la oración, la súplica, el canto y el encuentro de fe con el Señor.

Bajo el lema que rezaba la pancarta de todos “María une los pueblos para que formemos una comunidad en Jesús” nos reunimos y celebramos la Eucaristía, haciendo presente con nuestras ofrendas la vida, las angustias, los deseos, de cada unos de los pueblos: Mala, Guatiza, Los Valles, El Mojón, Teseguite, Tahiche, Teguise, Nazaret, Mozaga, Tao, Tiagua, Muñique y Soo y le pedimos que nos enseñara a andar por todos los caminos y encrucijadas de la vida comprometidos con la frescura eterna del evangelio.

Otra actividad era llevar la comunión a los mayores enfermos, Sra Dominga Rojas, Sra. Emilia , Sra. Adela Betancort, Sra. Petronila, y algunas que se nos quedan en el olvido, lo cual nos producía gran felicidad ya que nos acercábamos a personas con dificultades físicas; pero tenían un gran cariño hacia su familia y a los demás y nos enseñaban con su sabiduría llana y vivida, cosas del pueblo y saberes transmitidos de generación en generación. Gracias por acogernos en vuestro estado de debilidad externa; pero de gran fortaleza interior aceptando la enfermedad con paciencia y tranquilidad.
Ellos y ellas no están entre nosotros; pero viven en el espíritu del pueblo. Descansen en paz.

Todo lo que en este pueblo vivimos, desarrollamos y compartimos era expresión del compromiso de todos los que formábamos lo que denominábamos “la Célula”, en ella estaba: Don Agustín párroco de Teguise, que más tarde continuó Don Antonio Perera, Las monjas que popularmente le decíamos “las Dominicas Francesas” Carmen, Upe, Ana, Paula, etc que vivía un grupo en Guatiza y otro en Teguise, Don Juan Santiago Quintana “Chago” para los amigos párroco de Guatiza, Pepechu y nosotras dos Piedad y yo.

Este era el grupo base donde programábamos, revisábamos lo que llevábamos a cabo en los pueblos o en la isla, rezábamos, celebrábamos nuestra fe, asumíamos determinadas responsabilidades en la coordinación del trabajo y ciertamente que todos nos entregábamos en cuerpo y alma, a la bonita misión de vivir el Evangelio, junto con las comunidades de cada pueblo.

El compartir todas estas experiencias vividas con ustedes nos permite alentar a las nuevas generaciones de niños-niñas y jóvenes a comprometerse con su realidad actual.

Hoy la identidad del pueblo de Soo no es completa si no va asumiendo serenamente las nuevas sensibilidades, las nuevas inquietudes de los jóvenes que quieren unir su esfuerzo al proyecto común como pueblo.

Los más jóvenes son la garantía, la renovación y oxigenación de nuestro caminar como comunidad. Ellos-ellas, y todos en general tenemos la obligación de arriesgarnos, de asumir retos, de cuestionar las falsas seguridades, discursos y vanidades, de desenmascarar los miedos y perezas; tenemos igualmente el derecho a equivocarnos en esa búsqueda del bien común; pero no permitamos que otros hagan del error una derrota, ni tampoco por orgullo nos empecinemos en no reconocer los errores y equivocaciones propios. El camino nunca ha sido fácil, pero sí apasionante.

Sintiéndonos alegres y orgullosos de ser de Soo, no debemos caer en una complacencia fácil de nuestra identidad y no pensar y tomar conciencia de que aún hay mucho que hacer y cambiar, de que mucha es aún la tarea por mejorar como personas y como pueblo. Si esto no lo hacemos echamos por tierra todo el esfuerzo y trabajo de tantas generaciones pasadas.

En una sociedad como la nuestra, que da culto al poder, al aparentar, al tener, a las marcas, al consumo desenfrenado, a la vulgaridad, a presumir, a la frivolidad de cómo vivimos nuestras creencias y convicciones, al todo vale para sobresalir, de trepar, etc., actuar como si con nosotros no fueran los problemas de la sociedad, mostrarnos indiferentes, exigir que lo hagan otros, mirar cómodamente para otro lado, es derrochar, y renunciar a las señas de identidad más profunda como personas y nuestra responsabilidad como ciudadanos y ciudadanas.

Las almas de Soo se han forjado también desde la religiosidad y la fe: los elementos claves de la existencia como personas y como pueblo han girado en torno a la experiencia religiosa: los rezos, oraciones, y plegarias han acompañado los momentos más dulces y felices, más duros y desconcertantes de sus vidas.

Es cierto que hubo épocas y momentos en que esa fe, esa religiosidad popular, socialmente tenía más fuerza y su práctica mayoritaria configuraba toda una manera de entender la realidad más inmediata.; pero también es cierto que cada año que celebramos la fiesta de San Juan renovamos nuestra fe en Dios Padre a través de su Hijo Jesús proclamado por Juan Bautista y vivido a través de los valores que se encuentran en los evangelios.

Recordemos a los diferentes sacerdotes, religiosas, que nos han acompañado en nuestro caminar de creyentes; Agustín Sánchez, Antonio Perera, Pepechu, ellos no eran de Lanzarote; pero se hicieron parte de vuestra historia. Con sus defectos y virtudes han vivido con ustedes los avatares de caminar como pueblo, así como a las catequistas de aquella época Florentina Brito, Blanca Machín, María Rodríguez, Adela Rodríguez, Flora Curbelo, Carmen Arbelo y muchas más, ayudaron a que los niños y niñas conocieran a Jesús y el mensaje evangélico.

Pensemos ahora en San Juan Bautista que perdió su cabeza por ser sincero consigo mismo y con los valores que defendía. Por no seguir los valores que existían en su época, tales como: desprecio a las personas; derroche del dinero por unos pocos, mientras la mayoría del pueblo vivía la pobreza; del poder opresor, caprichoso y manipulador del rey Herodes, así como vivir la fe de forma farisaica. Hoy su actitud ante la vida debe ser un referente de todos nosotros que somos creyentes que nos ponemos bajo su advocación. Debemos mirar hacia él y ver cómo llevó hasta las últimas consecuencias las enseñanzas de los profetas que se hacían visibles con la llegada de Jesús.

Vivimos en estos momentos un cambio cultural profundo; la realidad es un dinamismo complejo, que sólo admite aproximaciones y no afirmaciones tajantes ante ella.
Actualmente se ha impuesto como sistema único:
• El “liberalismo económico”; su objetivo principal no es producir bienes y servicios para satisfacer las necesidades humanas, sino mercancías para ser vendidas y obtener el máximo beneficio. Este sistema ha generado “el todo vale”, la corrupción política y las corrupciones a menor escala que producen las personas cada día, generando un mundo con unos pocos poderosos y muchos, muchos que luchan por sobrevivir.

• La libertad insolidaria de los que más tienen y más saben, que no deja espacio para lo más débiles.

• La interdependencia económica cada vez mayor con el mundo, gracias a la técnica y a los valiosos medios de comunicación. La mal llamada “globalización”, no se traduce en “Fraternidad global” sino como alguien ha dicho, se deteriora en “jungla global” donde los más fuertes disfrutan a costa de los más débiles que no tienen sitio en el imponente crucero del progreso.

• Un mundo donde la educación, la vivienda y la sanidad, pilares de los derechos humanos, se destruyen por el bien de ganar más y ser competitivos económicamente hablando, valorando más a los mercados que a las personas, y a todo este nuevo sistema que se está creando lo llaman crisis.

Ante todo esto sigue presente la pregunta bíblica “¿y tu hermano, dónde está?, pregunta que sigue resonando en el corazón de la humanidad sin encontrar una respuesta adecuada.

Y si todos los aquí presentes tenemos un corazón de fiesta, un corazón para acoger, para abrazar, besar y querer; un corazón para perdonar, festejar, abrir caminos de diálogo y comunicación; corazón para no creernos el centro del mundo y aprender a reírnos de nuestras propias tonterías, corazón en definitiva para comprender que el otro es un hermano, no importa su raza o su manera de creer o no creer, por eso es imposible aprender a conocer a Dios sin pasar por amar a nuestros hermanos. Y es por ello que Jesús, al que anunció el Bautista, a la hora de enseñarnos a hablar con Dios nos dijo que le tratásemos como “Padrenuestro” y no “Padre de los nuestros”, es decir de los que piensan como nosotros, de los que son de nuestra misma condición social, de los que nos caen simpáticos, de los que tienen prestigio, de los que son de mis creencias políticas, culturales o religiosas.

Ciertamente que no es así y es por ello que San Juan Bautista nos sigue invitando a que sigamos a Jesús, construyendo espacios de dignidad humana, de respeto y acogida para todas las personas y en ese sentido nos invita a que seamos felices y embajadores del evangelio. A ser todos uno.

S.Juan Bautista, era “la voz que clamaba en el desierto” y bautizaba como símbolo de conversión interior.

Pensemos por tanto, cómo dar una respuesta solidaria a la situación que antes relatábamos: no todo está perdido, porque cada uno de nosotros podemos convertir nuestro interior y cambiar aquellas actitudes que nos alejan de construir un mundo más justo, solidario, igualitario, respetuoso con el medio ambiente, comprometido con las más necesitados, etc, que no son ni más ni menos que dar respuesta a las enseñanzas del evangelio.

Pensemos y sintamos que OTRO MUNDO ES POSIBLE y que dicho mundo lo podemos seguir construyendo cada uno de nosotros desde nuestras pequeñas o grandes actuaciones diarias y mucho mejor haciéndolo como comunidad que participa en dicha construcción.

En estas fiestas tenemos un acto tradicional, “las hogueras de San Juan”, que nos permite quemar trastos de las casas, o rastrojos del campo consiguiendo limpiar nuestras casas y el medio donde vivimos; pero el fuego abrasador también puede purificar nuestro interior, consiguiendo así el cambio necesario para la construcción de un mundo nuevo, junto a los otros.

Muchos de estos deseos por mejorar y recuperar lo mejor de nosotros mismos, lo expresamos en la fiesta. Necesitamos las fiestas para recuperar el sentido gratuito y generoso de la vida.

Festejemos pues la vida. Soo está de fiesta.

Que por todos los rincones de Lanzarote se pregone que estamos festejando nuestra identidad como pueblo, que estamos reafirmando nuestro presente y nuestro futuro desde el respeto y el amor a lo que nos enseñaron nuestros mayores y antepasados, y desde el deseo de impulsar nuestra historia por los caminos de la fraternidad y la paz.

Brindemos por la familia y los amigos, con la familia y los amigos; brindemos por la salud, el trabajo y las buenas cosechas, brindemos por los que llegan y los ausentes; brindemos por el amor.

Que todo nuestro pueblo sea en estas fiestas una mesa adornada:
• con la alegría de los que comparten mesa y vida,
• con el repiqueteo alegre de las campanas de la ermita,
• con las mejores ropas y estrenos para decirles a todos que nos apasiona la vida,
• que cerramos una etapa en el trabajo y a la vez abrimos la siguiente: bailando, agradeciendo, reencontrándonos como pueblo, como familia, y como identidad colectiva.

Que las casas pintadas y remozadas, los voladores, los ecos de los cantos y plegarias en nuestra ermita, el teatro, el Playback, etc. anuncien que seguimos renovando un pacto de identidad con nuestro Santo “San Juan Bautista”, al que le pedimos que nos siga acompañando porque nos quedan muchos pleitos aún, para ganar una mejor vida.

Nuestro abrazo más entrañable a los que comparten con nosotras este pregón, a todos los que aparezcan por Soo en estas fiestas, y un recuerdo lleno de cariño para todos y todas los que no pueden estar aquí y para los que están en la otra orilla disfrutando de la eterna alegría de la amistad de Dios.

Nuestra petición de perdón, si, muchas veces no supimos buscar la parte de verdad que las tradiciones del pueblo tenía, o no respetar más el proceso de crecimiento de cada una de las personas (niños-niñas, jóvenes, mayores) y de alguna manera imponíamos cambios difíciles de entender

Nuestra gratitud más sincera a todos ustedes por el cariño y la amistad, que han perdurado en el tiempo y por la paciencia de escuchar a estas pregoneras.

También nuestra gratitud inmensa porque esta experiencia vivida nos ayudó a ir aprendiendo a querer a las personas, a trabajar por mejorar las condiciones de vida en esta tierra, a vivir los valores del evangelio desde la cultura y la forma de ver la vida las personas que conformaban el pueblo de Soo.

Que todos los hogares disfruten de la fiesta y San Juan Bautista bendiga a nuestro pueblo y su gente.

Muchas gracias y un beso y abrazo grande.

María A. Bethencourt Benítez
Piedad Pacho Valbuena
Pregón 2013

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