Pregón de Soo 2006

Pregón de las Fiestas de San Juan
Soo  2006

Por: INÉS ROJAS DE LEÓNInes+

Mi querido pueblo de Soo … iCuánto agradezco y valoro la invitación para ser la pregonera de nuestras fiestas en honor a San Juan! … Es un orgullo y una satisfacción muy grande, para quien ha vivido y participado tanto en la vida de nuestro pueblo y de nuestra gente.

iCuánto han cambiado las cosas con el tiempo! Las chicas de mi época esperábamos los bailes de San Juan como uno de los pocos medios para encontrarnos con los chicos. Íbamos al baile acompañadas por nuestras madres, que se sentaban a tu lado, y con un pellizco, un gesto, daban su consentimiento para aceptar el baile del chico que te invitaba. ¡Qué raro era todo!

El mes de junio en Soo se vivía entre olor a flores y pintura. Todo el mundo colgado de la escalera, cacharro en mano de verde primavera, más tarde verde Lanzarote. Todavía hoy cuando huelo a pintura, me huele a fiesta, me huele a San Juan.

¡Qué bonito se ponía Soo! Lucía resplandeciente con paredes blancas y puertas verdes, que hacían un maravilloso contraste con el amarillo del jable, al sur, y el rojo, canelo y negro de las montañas al norte. iQué bien orientado está mi pueblo!

Las madres iban a Arrecife, al Puerto, para comprar todos los menesteres para poner bonita la casa y guapos a los miembros de la familia. Sólo estrenábamos una vez al año. Algunos, los que tenían más suerte, lo hacían dos, por el San Juan de diciembre. iQué ilusión tan grande suponía estrenar! ¡Qué grande era la víspera de la fiesta! Hoy ya no hay vísperas de casi nada; el día antes se vivía con tal intensidad y emoción que casi no vivías. Todo preparado: la comida, la ropa, la casa reluciente.

Salíamos para la función, que siempre era al mediodía. La iglesia era pequeñita, con un patio de lajas mirando al jable, con su cruz al frente. Se llenaba hasta los alrededores ya que a San Juan venía muchísima gente de otros pueblos. Lo mismo para los bailes. Los bailes de Soo eran muy solicitados y afamados.

Años más tarde le dieron la vuelta a la iglesia y ahora la puerta mira al pueblo. Se le añadió la cúpula a través de un programa del gobierno del Estado llamado P.P.O. que trataba de enseñar el trabajo de albañilería y la técnica del encofrado a los hombres… y, como trabajo de práctica: la cúpula de la iglesia.

Cuanto más me remonto a los años de mi niñez, más adoro mi pueblo: cada mañana nos despertaba la voz de Alejo Machín… iLa leche!, ila leche!.. era el aviso para que cada vecino fuera soltando el ganado, que se iba sumando al que ya traía desde Los Llanos y Barrioverde, seguía por la aldea y continuaba hasta Juan del Hierro rumbo al jable. iCuánto recuerdo ese tintineo! La alegría de cada mañana, el saludo de cada vecino mientras iba camino al campo al trote de los burros y las pisadas silenciosas de los camellos. Se cruzaban unos hacia la Caldera del Cuchillo, otros hacia el jable. iY qué sandías daba el jable de Soo! iQué generosa es nuestra tierra!

Lo que recuerdo con mucha indignación e impotencia era la actitud de los comerciantes con nuestros agricultores. Nunca pude soportar el trato que recibía este duro y esmerado trabajo del que vivíamos, a veces, tan pobremente, y que tan ricos hacía a otros. No han cambiado tanto las cosas, ¿verdad?
Lo exigente del trabajo del campo, los años de sequía, motivaban que nuestros vecinos emigraran en busca de mejor vida. Recuerdo que mis tíos! Juan y Pedro se fueron a La Palma. Otros llegaron más lejos, como José Cáceres o mi tío Marcos, que eligieron Europa. Tengo un recuerdo muy especial del regreso de mi tío Marcos: alquiló una guagua para toda la familia y nos llevó de excursión por la Isla. Era la primera vez que salía a tantos pueblos de Lanzarote de un golpe.

Recuerdo que Soo era un pueblo bastante aislado. La carretera de Tiagua a Soo era de tierra. Se hacía muy difícil para un coche transitar por ella. Sin embargo, la gente de nuestro pueblo siempre fue de iniciativa. Un pueblo pequeño con personajes sabios, entrañables, políticos, hombres de negocios, mujeres luchadoras. Yo creo que la mentalidad de las gentes de Soo es tan grande como el horizonte que se adivina desde estas montañas.

Recuerdo a Tomás Rojas, Sotero Martín, el cartero, Manuel Arbelo, el practicante! que aprendió en la guerra civil española, y transmisor del juego pelota-mano; Antonio Peña y Marcial Rodríguez, ambos con sus coplas, a Santiago Martín, a la señora Adela, a mi abuela Justiniana … personas que dejan huella. Nicolás Rivera, por ejemplo, me contaba como vivieron la guerra del 36 y la historia política posterior.

Mi abuela fue una mujer que influyó muchísimo en mí. Fue una mujer muy adelantada a su tiempo para la que lo más importante eran las personas. Tenía tanta sabiduría y tanta fe que los que la conocíamos, sobre todo, sus nietos, la llevamos siempre presente.

Soo, como pueblo con iniciativa, nunca espera que nadie le resuelva sus necesidades. Se pone manos a la obra: las gentes de Soo pueden presumir hoy, de este centro sociocultural, construido por sus propias manos. Se organizaron en torno a una asociación de vecinos, compraron el solar y construyeron este centro, mejorado por el ayuntamiento de Teguise años más tarde.

Pero a pesar de lo que aprendía, vivía y sentía en mi pueblo, no me sentía plena, no me sentía realizada. Yo necesitaba más cosas, cosas que Soo no podía darme.

Siempre fui muy rebelde con la monotonía, con las cosas preestablecidas: yo no me veía paseando por la calle con mi novio, ni me parecía aquello de los jueves y los domingos, ni mi única meta como mujer era casarme.

¡Qué tiempos aquellos!

Yo también hice rosetas para ayudar a la economía familiar, pero sabía, intuía, que el mundo era mucho más, y quería vivirlo, descubrirlo.

De mi padre heredé la afición por la lectura. Descubrí que la libertad que yo deseaba estaba en los libros, pero era casi impensable que una chica pudiera ir al Instituto. Mi propio padre, que enseñó a leer a mucha gente, entendía que una chica no necesitaba estudiar, sino casarse. Pero yo tenía un referente: Margarita Cáceres, la única mujer de Soo que estudiaba. Más tarde, María Teresa Morales. Si ellas pudieron, yo también lo haría.

Estaré eternamente agradecida a mis maestros: Don Francisco Reyes y Doña Liduvina. Con ellos aprendí a leer, con ellos acabé el quinto grado. Debía, entonces, ir al Instituto.

Ese año, varios chicos iban al Instituto: Lázaro, Leonardo, Lalo… y debíamos ir dos chicas, Rosa Delia Martín y yo. No fue posible. Mi sueño por tierra. Se acabó la escuela y me vi de nuevo en casa. Tenía entonces 11 años: mis padres se iban muy temprano al campo y yo debía cuidar de mi hermano pequeño, de dos años y, al mismo tiempo, atender la tienda de comestibles.
Esto me obligó a adoptar una medida por laque tuve que pedir perdón a mis padres. Unos padres orgullosos de su única hija y de sus tres varones, por quienes lucharon todo lo que supieron y más de lo que pudieron.

No me resigné a dejar la escuela y pedí a Don Francisco que me permitiera volver. Doña Liduvina, – ellos eran matrimonio – , tenía un hijo de la edad de mi hermano pequeño y, como saben, mi casa está pegada a la escuela. La maestra me permitió dejar a mi hermano con su hijo mientras yo estaba en clase con el maestro que tenía los cursos superiores. En la hora del recreo, abría la tienda y, a las 12,00 ya estaba en mi casa. Del campo siempre se viene más tarde, así que mis padres no se dieron cuenta… eso creo yo, porque sospecho que mi madre lo sabía y callaba.

Cuando acabó el curso, mi hermano un año menor que yo, se fue al Instituto. iYo también quería ir! Mis queridos maestros influyeron en mis padres, y ¡por fin! pude entrar en el instituto: mi madre se puso manos a la obra con el uniforme, la maleta… no pueden imaginarse la ilusión que me hacía… los años más felices de mi vida los pasé estudiando.

Estoy muy agradecida a la vida y a mi familia por darme la oportunidad de nacer en Soo, por permitirme aprender, disfrutar y descubrir la vida en el campo.

Por cierto, que en nuestro pueblo, la escuela era mixta y me sorprendió encontrar un instituto masculino: el Agustín Espinosa, y otro femenino, el Blas Cabrera Felipe.

Después, fueron muchos los estudiantes de Soo. La gente de mi pueblo iba, – y va – , con la cabeza alta y el orgullo henchido de haber sabido resistir a tiempos de sequía, de aislamiento, de haber sabido levantar la voz para reivindicar sus derechos.

Ya en 1868, nuestra gente envió un escrito al ayuntamiento para que no se construyera en un llano llamado ”juego de la pelota”. Somos un pueblo abierto al mundo pero respetuoso con las tradiciones. Tenemos en Soo una costumbre, bonita, de buena y sana convivencia, que hemos ido transmitiendo de generación en generación: cada año, se nombra a tres chicos y a tres chicas, solteros, para organizar la fiesta del año siguiente. Los propone el grupo saliente. Estos “probadores” se encargaban de pintar la iglesia y organizar los actos religiosos. Más tarde, el ayuntamiento se hizo cargo del mantenimiento de la ermita, y es entonces, cuando los probadores se unieron a la directiva del Centro Sociocultural y plasmaron el programa de las fiestas conjuntamente. Aún así, San Juan sigue necesitando de nuestras atenciones y es una forma de garantizar la participación en la organización de nuestras fiestas, que ahora se hacen con más medios y más ayudas.

Cuando tocó el turno a los de mi generación, recuerdo que los teatros los hacíamos en la escuela, poniendo el escenario con cajillas de batatas, o en La Era de la madre de Emilio González. Más tarde, ya teníamos hasta el cine de Antonio Cáceres… Cómo hemos avanzado …

Pasé unos años fuera de Soo. Me fui a la Universidad. Estudié Magisterio. Me casé. Viví en Arrecife, donde tal y como hacía en Soo cada verano, continué con las clases particulares a la espera de mi plaza como maestra. Di catequesis en Titerroy y trabajé con mi marido en la cocina del bar de nuestra propiedad. Nacieron mis dos primeras hijas. Pasaron diez años durante los que venía a Soo a ver a mi familia y, por supuesto, a las fiestas de San Juan ¬esto es de obligado cumplimiento -.

Y vuelvo a la vida social de la mano de mi hermano, aquel que jugaba con el niño de la maestra para yo ir a la escuela. De Serapio.

La política es innata en mí. La entiendo y la defino como la inquietud del ser humano por mejorar su entorno. En 1991 fui concejal en Teguise. Por aquel entonces, teníamos problemas de obras y de directiva en este centro, y junto con los jóvenes del pueblo, me hice cargo de las Fiestas de San Juan. Llevamos a cabo la plantación de palmeras en la calle de la Montaña, con la participación de jóvenes, adultos y abuelos. Mi madre siempre se quejaba de que mientras otras hijas ayudaban en la casa durante las fiestas, yo estaba en actos o actuaciones para el pueblo…

Hoy tengo la grandísima suerte de vivir en Tinajo, un paraíso por los cuatro costados y, por supuesto, también me he implicado en la vida comunitaria del pueblo de mi marido y la tercera de mis hijas. Catequesis, teatro, Belenes vivientes, consejo escolar, política…. Fui concejal en Tinaja en la legislatura de 1995-1999 y de 1999 al año 2003, aunque en el año 2000 hice un paréntesis de tres años. Y… ¿quién me lo iba a decir? ¿Quién nos lo iba a decir? Que hoy MI GENTE, MI PUEBLO Y yo, tenemos el honor de contar para su Historia que una hija de Soo tiene el privilegio de ser la presidenta del Cabildo de Lanzarote.

Quiero hacerla bien para el bien de mi tierra, pero también para orgullo de los míos y de mi gente, como orgullosos sé que están mis padres de una hija que, desde niña, siempre miró más por los demás que por ella misma.

Con 19 años, era el presidente del centro sociocultural de Soo. Organizó eventos extraordinarios: Convocó premios literarios de redacción con jurados de lujo, María Dolores Armas, Fernando Gómez Aguilera, Francisco Delgado… y me propuso la presentación de estos magníficos eventos. Se vivían entonces momentos gloriosos en el pueblo.

Empecé mi andadura como maestra de adultos en Soo, con alumnos de Tiagua y Muñique. Organizábamos carnavales, trabajábamos con los jóvenes en la organización de eventos, teatros, homenajes… a Justiniana Ferreras, a Sotero Martín.

Siempre entendí la vida y le encuentro sentido en el servicio a los demás, ayudando y colaborando para que todo y todos estemos mejor. Siempre pensé y creo que lo ideal no es quejarse de lo que está mal, sino de arrimar el hombro para ayudar a mejorar.

Quiero aprovechar la oportunidad que me da este pregón para dar las gracias a todos nuestros antepasados que lucharon para que heredáramos esta tierra que nos vio nacer y nos acoge; e invitarnos todos a recoger el testigo y entregarlo a las siguientes generaciones facilitándoles una mejor calidad de vida, pues, como decía César Manrique, todo se puede mejorar. Depende del entusiasmo, de tener una verdad en las manos y una valiente y honrada decisión.

Compartamos con alegría nuestras fiestas de San Juan.

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