Pregón de Sata Catalina 1990 (Los Valles)

Pregón de las Fiestas de Santa  Catalinaesteban
Los  Valles 1990

Por: ESTEBAN BETANCORT BONILLA

¡Como pasa el tiempo, Dios mío! Ya estamos de nuevo en nuestra alegre y tradicional fiesta de “Sta. Catalina”. Este año, y por primera vez, me ha tocado a mí ser el PREGONERO de este evento festivo. ¡ojalá! Que en los años venideros esto continúe y sean los hijos del Pueblo los que sigan pregonando sus patronales.

¡Oh!, Valles, Valles!
Pueblo de grandes sorpresas,
son tus mujeres calladas
que visten con suma elegancia
y tienen la dulce fragancia
de la más bonita flor.

Entre los altos de Las Nieves, Montaña Temeja y Los Valichuelos, espeja el caserío de Los Valles de Sta. Catalina, grandioso vergel que fue durante todo el siglo XVI residencia veraniega de los “señoritos” de Lanzarote, cuyos vestigios se ven aún representados por casas de la época, resguardadas por altas albacanas y vistosos portalones rematados por Calvario de una sola Cruz. Sus casas parecen blancas palomas que cobijan bajo sus alas a los 395 habitantes con que cuenta el pueblo hoy día. La población se divide en Valle de Arriba, que sube hacia las laderas del barranco de Tenegüime y por la carretera del Norte; y el Valle de Abajo, que es el núcleo principal y cuyas casas parecen brotar del pie casi circular de los declives formados por agrupaciones montañosas.

El hombre de Los Valles de Santa Catalina es parsimonioso en su hablar, con una paciencia que desespera y tortura. Es una gente afable y tranquila. Sin embargo, son ágiles para el trabajo; andan por las pendientes de las montañas y sus labrados son casi una obra de arte. El hombre de Los Valles se levantaba con las primeras luces del Sol de la mañana y se marcaba al campo a atender sus labores agrícolas, mientras las mujeres quedaban en sus casas preparando la comida y otros quehaceres para más tarde incorporarse a ayudar a sus maridos. Eran aquellos otros tiempos. Hoy, en cambio, salen juntos y entran juntos y por igual se reparten las tareas de la casa.

En el centro del Pueblo y al borde de la carretera del Norte se encuentra la ermita de Sta. Catalina, no la antigua, sino la que se reedifico allá por el año 1.730 por los 42 habitantes del viejo pueblo de Santa Catalina, que huyendo del mar de lava que sepultaba a la antigua aldea, sentaron en este lugar a la imagen salvada milagrosamente de las consecuencias del volcán, que destruyó el primitivo pueblo y templo ubicado muy cerca de “Peña Paloma”. Según cuenta la leyenda, una vez destruido el pueblo los habitantes se dirigieron en dos brazos: uno que tiró hacia el Norte asentándose en el lugar al principio referido y que bautizaron con el nombre de “Los Valles de Santa Catalina”, en recuerdo de su aldea recién sepultada; y el otro que se dice marchó hacia Yaiza o Fuerteventura, decisión aún no definida.

Este caserío, el de Los Valles, creció alrededor de la casa Herrera, residencia veraniega de los señores de Lanzarote, “los Herrera Peraza”, que fue heredada en 1.710 por el reconocido Coronel de las Milicias D. Rodrigo Peraza (la que conocemos hoy como la casa de Clemente o de Sr. Maximino, q.e.p.d.)

Cuentan las tradiciones que en esta ermita, hoy restaurada y remozada en su totalidad por el Ayto. de Teguise, se depositó la imagen de Sta. Catalina de Alejandría, que en su mano izquierda sujeta una hoja de palma y en la derecha una espada. Bajo la espada, y junto a su pie derecho, la cabeza de un personaje con barba y turbante, que según cuentan nuestro padres y abuelos ésta era la cabeza del padre de la propia Sta. que había matado por ella porque era moro. Sin embargo, hoy día se dice que esto no es cierto: que Sta. Catalina, o Catalina de Alejandría, no ha sido reconocida por la Iglesia como Santa, ya que no se le reconoce ningún milagro, condición indispensable para que pueda ser canonizada. Y que se encuentra en los altares como ejemplo de una gran mujer que supo enfrentarse a los árabes y turcos para evitar que el cristianismo desapareciera en aquella región, y que dicha cabeza es la del emperador turco Majencio, que mandaba la legión de hombres en aquel entonces.

Así, pués, mujeres de Los Valles, seguid el ejemplo de esta buena Catalina para enfrentarse a todos y cada uno de los problemas que nos plantea la sociedad de hoy.

Los Valles, pueblo tranquilo y humilde,
sus gentes parecen criaturas angelicales,
apreciadas por todos sus visitantes,
quien mira a sus caras
maldice la guerra y predica la PAZ:

Los Valles es un pueblo moderno, que divisado desde lo alto de la carretera de La Montaña o de la “Peña las Nieves” se semeja a un gran Belén donde sus figurillas se mueven al son que las toca el Sol al salir por la mañana y al ocultarse la tarde.

Los Valles es un pueblo de gentes bien unidas, de gentes campesinas humildes y sencillas, que se desenvuelven en un mundo sin alborotos, sin grandes velocidades. Su gente impresiona por su manera de ser. Quizá existan gran cantidad de problemas a nivel interno, pero lo realmente cierto es que dado la amabilidad de sus habitantes dan la impresión de gozar de todas las ventajas de la vida moderna.

Pero desde aquellos años pasados hasta hoy mucho “gofio” ha habido que amasar y muchas frituras que cocinar. Sin embargo, el esfuerzo y valentía de nuestros padres, abuelos y antepasados nos permiten hoy disfrutar de las comodidades de la vida y de un pueblo humilde, sencillo y libre de las ya conocidas y repugnantes lacras sociales. O es que ¿no recuerdan Uds. Cuándo había que ir al Pozo o a la fuente del Valle del Palomo a buscar agua con el “barril” que bajar a Arrecife desde la madrugada, guiados siempre por el Lucero, las Cabrillas o el Arado, en burro o en camello, y muchas veces caminando?.

¡Que tiempos aquellos!, donde el hambre, la miseria y los años malos obligaron a muchos varones del pueblo a emigrar a Cuba, Venezuela, Argentina, etc. en busca de la peseta para poder escapar, Unos volvieron con el tesoro que buscaban; pero otros, la mayoría, se quedaron allá para nunca más volver. ¡Un recuerdo para ellos en estas fiestas!

¡Ay Sta. Catalina!, como pasan los años. Recuerdan cuando nuestro gran luchador Mamerto Pérez, “El puntal del Norte”, con sus levantadas y encaderadas, acabó venciendo hasta al alcalde del pueblo llamado el “Berguilla”. Aquel día fue un día de vino y de fiestas en el pueblo. ¡Que hombre aquel! Hasta su hermana Dolores acabó desafiando al pollo de Tías “El Majorero”. Eran, entonces, las mujeres unas mujeres fuertes, hechas de gofio, tocino y fruta pasada y muy hábiles para el “cango por dentro”. Hoy, en cambio, no son tan fuertes; pero algunas tumban a más de cuatro con la vista.

¡Oh, tiempos felices!
¡Oh, tiempos que fueron!

¡Que diferencia de la Catalina de antes a la Catalina de hoy!
Antes fueron las casas de Marcos, Sr. Pacheco, Tomás Robayna y Primitivo los verdaderos lugares de encuentro y bailes de estas fiestas, incluso había que hacer turnos para poder bailar todos un ratito. Hoy lo es nuestro precioso y amplio Centro Sociocultural, donde no hay que coger turno y se puede bailar el uno pegado al otro.

Más antes todavía fue en la casa del Sr. Domingo Clavijo donde se hacían estos bailes en presencia del Cura del pueblo, D. José Mª, que nació en una casita, ya inexistente, frente a la Mareta de Los Lemes. ¡Fuerte Cura este! Según cuentan los abuelos era más enamorado el Cura que el resto de todos los sangalotes del pueblo.

En antaño el mejor novio era aquel que más “pajeros” tenía o el que mejor sabía arar o uñir la cobra; hoy es mejor el que tiene una carrerita terminada, un buen empleo o un buen zarcillito colgando de la oreja.

Antes nuestros abuelitos eran bien queridos y mimados por su edad, por su experiencia de la vida, por su amor a la familia, y no digamos nada si nos daban alguna perra chica para la fiesta; ahora, en cambio, nos sobran, son incómodos, no valen para nada. ¡Que pesadilla!

¡Cómo cambian las costumbres en tan corto espacio de tiempo!

Y así, ya estamos en noviembre de 1.990, el mes de la siembra y de la esperanza, el mes de nuestra patrona Sta. Catalina de Alejandría. Que ella desde su altar nos ilumine y nos deje pasar unos ratitos de fiesta popular, y si es con los barrancos de “bote en bote” mucho mejor.

Y ya, para terminar y no cansarles más, les voy a leer unos versos de Chano Sosa dedicados a nuestro pueblo y que dicen así:

Por Los Valles va la luna
y se parece un lucero,
lucero de luces blancas
con mil ruidos de calderos

Mil ángeles se posaron
en Los Valles y senderos
con las pretensiones Santas
de montar en el camello.

Santa Catalina rie
el camello está bailando
ángeles y serafines
cantan Santo, Santo y Santo.

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