Pregón de San Antonio 2012 (Los Valles)

Pregón de las Fiestas de San Antonio
Los  Valles 2012

 POR: PONCIANO TITO DE LEÓN DE LEÓN

Buenas tardes. Vecinos de Los Valles, responsables de esta sociedad, autoridades, señoras, señores, asistentes todos.
Me ha causado una gran alegría, no exenta de sorpresa que me llamasen para proponerme pronunciar el Pregón de estas fiestas, pues no era algo que me hubiese imaginado alguna vez. Hay personas en el pueblo con capacidad para poder pronunciarlo, con gran categoría personal e intelectual y con muchísimos conocimientos.
Desde niño, hace 52 años, que, primero por estar interno en Las Palmas, después estudiando en La Laguna, y finalmente por estar trabajando, no he podido asistir a ellas.


Después de pensarlo y calibrar si podría hacerlo con un mínimo de dignidad, acepté y aquí estoy con el fin de que este acto sirva de comienzo a las fiestas y ayude, en lo posible, a que sean de gran alegría –momentos en que hace mucha falta-. No quisiera convertir esta disertación en una LAUDATIO, pero sí exponer y recordar algunos valores que los vecinos de este pueblo siempre han tenido.

Este pregón es en honor de las fiestas dedicadas a San Antonio de Padua, que no es de Padua, sino de Lisboa donde nació en 1195, aunque sí murió de Padua en 1231. Como se ve muy joven (36 años). Y otra casualidad: no se llamaba Antonio sino Fernando (Martim de Bulhões e Taveira Azevedo). También cabe señalar de su personalidad que primero fue fraile Agustino y más tarde se cambió de Orden y se pasó a los Franciscanos y, sin más cambios, murió en ella. La iglesia lo convirtió en Santo al año siguiente, hecho no muy normal en la situación actual, pero bastante más en los primeros años de la Iglesia, aunque con San Antonio, ya no se tratase de los primeros.
Si embargo, no es mi intención hacer un panegírico sobre el Santo, sino intentar unas reflexiones o aseveraciones sin ninguna intención cronológica ni absolutamente organizadas sobre el pueblo que nos acoge y mencionar tanto su situación física como humana e histórica.
Este es un pueblo que mira al futuro, que siempre lo ha hecho y, por ello, su progreso es evidente, pues en una treintena de años el cambio sufrido y, a mejor, se puede apreciar a primera vista.
Mis recuerdos de esta fiesta son bastante escasos, pues, como ya dije hace pocos momentos, casi no he participado en ellas y cuando lo hacía no era apenas consciente de nada, era solamente un niño, que recuerda algunos detalles como las meriendas con chocolates relacionadas con las primeras comuniones, las funciones (misas cantadas), procesiones y casi ninguna otra cosa, por tanto lo que pueda decir no ha de estar relacionado con esos recuerdos.
También significaban esas fiestas de San Antonio que ya se acercaba el verano, que no tendríamos que ir todas las mañanas de forma regular y obligatoria a clase, que en los paseos de la carretera debíamos mantener la compostura para evitar que al siguiente día de clase el maestro reprobara nuestras actitudes, y quizá algo más que una reprobación, que temíamos más que las reprimendas, pues algunas veces se nos quedaban las manos con color y con dolor.
Hablando del maestro, yo sólo tuve uno (D. Domingo Valenciano), recuerdo que estaba pendiente de todas las festividades religiosas y del pueblo: el mes de mayo y los rosarios con los poemas de los niños, San Antonio, Santa Catalina, Las Primeras Comuniones, el Corpus, etc. El tiempo alcanzaba para enseñarnos Matemáticas, Historia, Ciencias Naturales, Lengua Española o Castellana –recuerdo que no era lo que mejor se me daba, al menos la escritura- y, ¡oh, circunstancias de la vida! Es la materia a la que dediqué gran parte de mi trayectoria profesional, junto con otra que en estos momentos está bastante denostada: el Latín, que yo considero indispensable para la formación humanística de la juventud actual. ¡Cómo cambia la vida cuando los hados y las circunstancias se empeñan!
Y, dejando de lado mi infancia, que está bastante lejos y cuyos recuerdos son harto oscuros, -a veces pienso que son sueños y no recuerdos-, acerquémonos a nuestro pueblo, cuyos primeros habitantes de la época histórica, es decir, después de la conquista y dominación castellana, se remontan al S. XVI alrededor de la Casa HERRERA, conocida como casa PERAZA desde el S. XVIII.
Sin embargo, los datos que encontramos publicados, en la mayoría de los casos nos indican que el pueblo se fundó como consecuencia de que los vecinos de Santa Catalina, en el Sur, huyeron del volcán y se asentaron aquí, es decir, a comienzos del segundo tercio del S. XVIII. Quizá sea porque los datos anteriores a estas fechas se han perdido o no se han encontrado. Los incendios de los archivos de Teguise pueden ser una de las razones para ello.
Desde esta época los Vecinos de Los Valles son conocidos por su laboriosidad, su generosidad y su espíritu cooperativo en todas las tareas comunales y vecinales.
Los Valles (de Santa Catalina) fue una población rica en producción de granos. El pueblo era autosuficiente en todos los elementos agrícolas, excepto en el de millo y que, según todos los datos que han llegado a mi conocimiento, tuvo la suficiente inteligencia para exportar a otras islas, como la de Gran Canaria, productos de los que eran excedentarios y cambiarlos por él (el millo). Quizá esta autosuficiencia le llevó a quedarse comercial y socialmente bastante aislado, lo que le condujo a crecer apenas en nº de habitantes durante más de dos siglos.
El pueblo disponía de varias fuentes desde las que se surtían los habitantes para beber y para atender a los ganados, cabras, animales de labranza, etc. No estuvieron exentos estos nacientes de polémica, ya que algunos habitantes se quejaban de la mala calidad en que quedaba el agua para el consumo humano después de que los animales las usasen y, por ello, se decidió poner pilas y dornajos para que bebiesen los animales, hecho que luego se siguió utilizando en las maretas y aljibes que eran propiedad comunal o de muchos herederos. –yo mismo recuerdo en maretas cerca de mi casa como había pila y dornajo para dar de beber a los animales y también había balde que todos dejaban en su lugar después de ser utilizado-. Consecuentemente hemos de colegir con absoluta claridad que la población de este pueblo respetaba mucho la propiedad vecinal o comunal. No sé si hoy pasaría lo mismo.
Para el consumo doméstico las mujeres o los hombres de Los Valles iban a los nacientes con dos barriles en la silla del burro y un cántaro sobre la cabeza para traer a sus casas el agua para la comida y la bebida y, más tarde, ya se hicieron aljibes en casi todas las viviendas.
Las crónicas de Los Valles también señalan también hechos muy agradables como que el día 30 de octubre de mil novecientos veintisiete, el agua del pozo alcanzaba una altura de 4.50 metros de agua potable y, consecuentemente el valor de sus acciones aumentó muchísimo, parece que hasta a mil pesetas. Y unos años más tarde, en 1936 y, ya organizado por el Cabildo de Lanzarote, se realizaron tareas de limpieza del fondo en la que trabajaron bastantes vecinos de Los Valles. He recogido los datos de estudios realizados por D. Francisco Hernández * que me ha ofrecido cuánto le he pedido y quiero indicar que una parte importante de los documentos que he utilizado para escribir este pregón han sido aportados por él. Vaya mi agradecimiento para él y también para D. Jesús Perdomo que igualmente me ha ofrecido toda la documentación que le he solicitado. ¡Gracias!.
Los Valles es un pueblo en el que el cultivo de la papa es su máximo exponente. Su calidad siempre ha sido valorada nacional e internacionalmente. Solamente con el aumento del comercio y la especulación, las hectáreas dedicadas al cultivo de este producto, de altísima calidad, ha sufrido un fuerte retroceso.
Nuestra alimentación ha pasado en estos últimos años a ser más un asunto de sabores provocados por el añadido de elementos exógenos y, muchas veces perjudiciales para la salud, que de mantenimiento de nuestra gastronomía. Tendríamos que valorarla, recuperarla y exhibirla a todos los que nos visitan, mostrando su gran calidad.
También tenemos que destacar la importancia que ha tenido en este pueblo la artesanía, empleitas, sobre todo para sombreros, -con la Sra. Ana de León, que lo hereda de su familia, y la Sra. Hortensia Ramos- las rosetas –que tanto ayudaron a nuestros mayores en épocas de malas cosechas, es decir, en años “ruines”, en los que prácticamente lo único que ayudaba a mantener la economía doméstica, eran estas actividades, realizadas por mujeres-, el queso y los huevos. Las cabras, más como producción familiar que industrial, y, también, con frecuencia, atendidas por las mujeres. Los ganados eran pocos, pero en casi todas las casas se criaban cabras y gallinas.
No he pretendido ser exhaustivo en el tratamiento de este tema, solamente, como he señalado desde el inicio de esta exposición, quiero indicar algunas pinceladas de hechos que, reales o supuestos, me han resultado interesantes. Además no quisiera alargarme en detalles.
Nuestra población estaba exenta de las enfermedades provocadas por los alimentos y el sedentarismo, pues los habitantes de este pueblo comían lo justo, su alimentación estaba basada en los productos naturales y no había tiempo casi ni para sentarse. Las necesidades de supervivencia le llevaban a trabajar de sol a sol. El trabajo era intenso, pero sin estrés, sin ese apuro y gran ambición por poseerlo todo y ya, que nos ha invadido en estos últimos años a todos los que vivimos en este país.
A pesar de enorme cambio experimentado, nuestro pueblo mantiene ese sentimiento de colaboración y ayuda al vecino que lo necesita, le presta todo el apoyo y tiene palabras amables para quien lo precise, y, por suerte, se observa que aún se mantienen esos valores que han existido desde antaño. Ya desde antes de la mitad del S. XVIII, el pueblo recogió más de trescientas fanegas de grano, donadas para ayudar a la construcción de la ermita de Santa Catalina y algo parecido sucedió, y esto en el S. XX con su reparación, -casi obra nueva- en la que los vecinos de Los Valles ofrecieron su trabajo y sus ayudas económicas. Nos tenemos que felicitar por ello.
La población de Los Valles con la ermita de Santa Catalina en medio nunca necesitó campanas para llamar a nada (quizá por eso no existen). Todos los eventos, las buenas nuevas y las desgracias, los entierros y los nacimientos, las bodas, etc. se comunicaban de boca en boca, algunas veces caminando bastantes minutos y horas, llamando de puerta en puerta.
Siempre o casi siempre la organización de las fiestas de la Virgen de las Nieves fue realizada por los las gentes de LOS VALLES, y, claro está, era una fiesta nuestra, lo que indica, una vez más, la generosidad de los vecinos de este pueblo, no siempre comprendida ni reconocida, sino más bien al contrario, algunas veces parece que se le quería para colaborar y trabajar, pero evitando que tuviesen protagonismo alguno.-Hay algunas excepciones y sólo a título particular, pero ello sólo afianza además su gran bonhomía y afabilidad.
Yo, como persona que me he dedicado a la enseñanza debo señalar la preocupación que han tenido los vecinos de este pueblo por aumentar la instrucción de sus hijos –digo instrucción, porque enseñanza tal como la entendemos hoy, en las épocas pretéritas estaba bastante lejana- y ello les llevó allá por el primer cuarto del S. XIX (1816) a contratar un maestro que les diese clases a los niños de LOS VALLES, EL MOJÓN, TESEGUITE Y GUATIZA. La sede estaba compartida entre LOS VALLES y GUATIZA, pero los padres tenían que pagarlo –La enseñanza pública y gratuita es bastante más moderna y, para ello tenemos que adentrarnos en el S. XX y esperamos que continúe por mucho tiempo; que el S. XXI no nos traiga ninguna sorpresa en ese sentido, -pues con la que se avecina- y no quiero entrar en detalles porque creo que no es el lugar ni el momento.
El maestro era pagado por los habitantes del pueblo que debían dedicar para ello la cantidad de 100 fanegadas de cebada, y además, otra cantidad para pagar el alquiler del local
Ya en 1931, en octubre, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes da luz verde a la solicitud por parte de los vecinos de la creación de una escuela en Los Valles, después de valorar positivamente el local que tenían en el pueblo junto a la habitación para la maestra. Solamente tenían que realizarse unas pequeñas obras para ello
Ahora quiero leer una descripción del pueblo que hace el gran escritor lanzaroteño Agustín de la Hoz + en 1988: “ Entre los altos de las Nieves, Montaña Temeja y los Valichuelos espejea el caserío de Los Valles (de Santa Catalina), grandioso verdal que fue durante todo el S. XVI residencia veraniega de los Señores de Lanzarote, cuyos vestigios se ven aún representados por casonas de la época, resguardadas por altas barbacanas y vistosos portalones rematados con calvarios de una sola cruz (aún quedan en pie algunas de ellas) La población se divide en “Valle de Arriba” que sube hacia las laderas del barranco de Tenegüime, bordeando la carretera del Norte, y en “Valle de Abajo”, que es el núcleo principal, cuyas casas parecen brotar del pie casi circular de los declives formados por agrupaciones montuosas. Desde el Valle de Arriba se ven laderías de verdadero mito, llegándose a contar hasta diez tonos de verdes, separables y distinguibles a simple vista; vese asimismo ocho marrones y muchos otros colores que se asocian entre el gris, azul, amarillo y violeta. ¡El sol cae y transforma la acuarela!. Un cielo despejado, límpido, puro totalmente.
El Hombre de Los Valles de Santa Catalina es parsimonioso y suele hablar con una paciencia que desespera y tortura por su melosidad. Son, empero, ágiles para el trabajo, cuyas excelencias bien expuestas andan por las pendientes y laderas de los altozanos, labrados estos casi con arte. El hombre de Los Valles se levanta a las tres de la mañana para atender sus tierras paridoras, mientras las mujeres hacen guapuras [….] en las humeantes cocinas haciendo potajes, [….] que duran tres o cuatro días, y que recalientan cada día no sin añadirle un trozo de tocino por modificar el gusto. Los hombres, tenaces, nunca protestan, porque así interpretan la economía doméstica, adobando la maltratada comida con sendos pedazos de tollos o con la sabrosa menudencia de burgados en vinagre.”.
Por otra parte cabe señalar que el pueblo de Los Valles siempre estuvo bastante aislado, incluso ya iniciada la segunda mitad del S. XX, es decir, hasta hace nada. Las comunicaciones con las dos poblaciones mayores cercanas eran exclusivamente a pie o usando el transporte de los camiones (sólo hacia Haría) que trabajaban trayendo arena para nuestros campos y que gracias a ella mejoró muchísimo el rendimiento del trabajo del campo.
Las comunicaciones con Arrecife estaban casi vedadas a los vecinos de Los Valles. Allá se iba con muchas dificultades, pues las guaguas de la “GILDEZ” tenían muy pocos servicios y por ello, en muchos casos se iba con los camellos y los burros cargados con algunos productos de nuestra tierra para venderlos en el mercado del puerto, de Arrecife, hasta que en la década de los 50* llegó al pueblo un coche para servicio público, D. Primitivo Felipe compró su coche y prestó un servicio impagable a este pueblo. Hizo que sus habitantes conociesen un poco el resto de la isla. Se podía llevar de forma más rápida a nuestros familiares al médico, en caso de urgencia –para los más jóvenes decirles que la medicina pública no existía en ese momento y las ambulancias menos aún-. Luego con su coche y a modo de guagua, se podía ir a Arrecife cualquier día de la semana y, los jóvenes podían asistir a bailes en otros pueblos, a las fiestas, a la nochebuena en la Villa y otras salidas.
Como se señalaba más arriba, el cambio ha sido tan profundo que hoy no hay familia que no pueda desplazarse fuera del pueblo por falta de elementos de comunicación o transporte. Nos comunica el coche, el teléfono, Internet, etc. Y, ello ha hecho que los niños y los jóvenes de Los Valles hayan aumentado considerablemente su formación y, como resultado, ocupan puestos de trabajo en la isla o fuera de ella que antes casi estaban reservados a los residentes en las capitales o grandes pueblos.
También debemos señalar la gran ayuda para salir del aislamiento intelectual y de conocimientos de otras realidades que supuso la publicación en Arrecife de “ANTENA. Semanario Deportivo y Cultural” que mantuvo a los habitantes de Lanzarote informados de algunas cuestiones que sucedían en la isla y fuera de ella. Comenzó esta publicación el año 1952 y cerró en 1970, aquejada por problemas económicos. Yo recuerdo que llegaba a casa los martes de cada semana, pero si por casualidad, el lunes por la tarde ibas a Arrecife, la podías traer.
Las mejores tierras se enarenaban con el gran esfuerzo y trabajo de los vecinos que se endeudaban para ello, pagando “premios” que superaban en muchos casos el 10%, cantidades que muchas veces se hacían casi impagables, sobre todo si “venía un año ruin”. También es necesario señalar que hubo algunas ayudas estatales a través de INSTITUTO NACIONAL DE COLONIZACIÓN, que prestaba unos dineros a devolver en varios años y con unos intereses menores que los que ofrecían los prestamistas y, además, daban una pequeña cantidad a fondo perdido y como ayuda propiamente dicha. Creo que era el 25%.
Tampoco puedo terminar sin referirme un poco a esta Centro Social, creado en la década de los sesenta como parte de un plan del Ministerio de Información y Turismo que dirigía Manuel Fraga, la creación de TELECLUBS en las localidades rurales del Estado y que llamaban TELECLUB DE…, en este caso, LOS VALLES y cuyo edificio, a tenor de la información que encontrado en un artículo publicado en el Diario LA PROVINCIA por mi predecesor en esta mesa D. José Antonio Peraza Bonilla, se inaugura en el año 1972 después de su construcción en la que colaboraron los vecinos del pueblo, con subvenciones para los materiales, pero casi nada más.
Además hago esta alusión porque quiero rendir homenaje a aquella primera junta directiva provisional presidida por D. Juan Clavijo y en la que figuraba mi padre, y a la siguiente que presidió D. Francisco Felipe, que le tocó inaugurar la primera obra de este Teleclub y que lo echó a andar –como decimos por aquí. ¡Vaya para ellos mi sincero recuerdo!.
Me congratula el trabajo y ahínco con que el pueblo ha luchado por mejorar cada día esta Sociedad, ahora Centro Socio Cultural de Los Valles que ha ido creciendo no sólo en tamaño sino, lo más importante, en actividades y en ser centro de referencia y de reunión para todos los vecinos.
No sería justo si, llegado a este momento no citase al Ayuntamiento de Teguise que tanto ha ayudado a llegar a la situación actual de este edificio y la ayuda para que se organicen las fiestas y, supongo que todas las actividades, tanto puntuales como las que se organizan para toda una temporada tendrán el apoyo del Ayuntamiento.
Y finalmente quiero destacar de nuevo que, este pueblo, que ha estado más de dos siglos anclado en el pasado, sin apenas cambios ni progreso aparente, años en los que casi ni creció la población, sin embargo a partir del último cuarto del S. XX, ha sufrido un cambio magnífico, su progreso es evidente , el avance social y cultural, aunque en el camino se hayan podido quedar algunos valores de los que antes habíamos citado, ha sido muchísimo mayor que el que ha sufrido el resto de la sociedad. Por ello animo a este pueblo a continuar adelante, estar atentos para no cometer los errores del pasado, dejar en herencia a nuestros hijos los citados valores y hacer que el pueblo suene en el ámbito de la isla como se merece.
Olvidemos algunas realidades durante unos días. ¡Que todos disfrutemos de estas fiestas!.
Buenas noches.

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