Pregón de Las Nieves 2012

Pregón de las Fiestas de Las Nieves
La Montaña 2012

 Por MARISOL FELIPE ROBAYNAMarisol

Todo esto empezó un martes. Tras una reunión de catecumenado el párroco de Teguise, D. Antonio Juan, nos pidió ir pensando en un pregonero o pregonera para la fiesta de Las Nieves.
Mi impulsividad me hizo dar un nombre pero por distintas circunstancias el tema no salió, fue entonces cuando Antonio Juan me dijo que había pensado en mí para llevar a cabo esta responsabilidad.


Debo reconocer que ante el ofrecimiento se mezclaron en mí sentimientos encontrados. Por un lado, el que me decía que habían otras personas más capacitadas y con más historias que contar que yo y por otro el que me decía ¿por qué no devolver a la madre de La Montaña, a la que tantas veces hemos acudido todos, parte de mi agradecimiento?
Después de varios días meditando y consultando con mi entorno, tomé una decisión que comuniqué a Antonio Juan en la misma línea en la que me habían contestado todos aquellos a los que preguntaba ¿y por qué no?
¿Por qué no devolver a la virgen un poco del tiempo que ella nos dedica a nosotros y conjugar algunas palabras que den arranque a estas fiestas?
Adquirí conmigo misma y con nuestra señora de Las Nieves el compromiso de hacerlo lo mejor que pudiera y encomendarme a su protección para estar a la altura de todos mis antecesores en este puesto, para mí, de tanta responsabilidad; supliendo mis torpezas y calmando mis agitados nervios.
Hacer un repaso a la historia de la virgen o de la ermita de Las Nieves ya lo han hecho, y muy bien, otros que tienen en esto más experiencia que la mía. No podemos vivir sólo de la contemplación de nuestro pasado, aunque no es menos cierto que en días como hoy debemos también recordar, algunos de los acontecimientos históricos de este santuario.
La ermita de Las Nieves, situada en lo alto del macizo de Famara, se encuentra ubicada en el municipio de Teguise pero con bastante incidencia en el municipio de Haría coincidiendo incluso en muchas de sus celebraciones.
El saqueo y destrucción de los archivos de Lanzarote durante la invasiones moriscas, nos impiden localizar referencias a la primitiva ermita de Nª. Sª. de Las Nieves.
Sin embargo, existe algunas citas que hablan de la existencia de esta ermita, Don Julio Sánchez expone en su obra “la Virgen de La Merced en Canarias” que hubo en esta montaña en los siglos XV –XVI – XVII una ermita, pero dedicada a la virgen de La Merced.
La advocación de Las Nieves fue a partir de la aparición de la virgen, en el año 1676, al guarda de la vega de Los Valles Luis Alonso. Este declara ante el vicario de Lanzarote, que saliendo a recorrer dicha vega, entre once y doce de la noche, oyó como una voz decía: ¿no hay ningún cristiano que alce la casa de la virgen santísima de Las Nieves?
Poco después de 1676, el gobernador del obispado, solicitó del ayuntamiento de Teguise, que cada cinco años bajase la virgen de Las Nieves a Teguise.

Desde sus orígenes, los conejeros y conejeras acudían a la ermita de Las Nieves ante las calamidades, la falta de lluvia para el campo u otras necesidades. Pero fue a partir de 1.730, cuando los vecinos de Santa Catalina se instalan en el pueblo de Los Valles huyendo del volcán, siendo estos los que se preocupan por mantener viva la devoción de la virgen con altibajos pero puede decirse que hasta la fecha.
Nuestra señora de Las Nieves, en cinco siglos ha padecido adoración y olvido, cambios de fecha en su celebración, incendios y saqueos en su ermita y ha sido reconstruida en distintas ocasiones. Siendo la última edificación en 1966. Mucho más importante que todas las aportaciones económicas, fue la entrega y dedicación que tuvo el párroco de Teguise, el Rvdo. D. José Fajardo Morales para este nuevo santuario.
Elaborar un compendio de la historia escrita y documentada de la madre de Las Nieves no es mi estilo de pregón. Un pregón pegado a mis recuerdos y mis vivencias entorno a Las Nieves y sus tradiciones es más del estilo de lo que hoy pretendo hilar en estas palabras que les dirijo. Como dijo Agustín de la Hoz “la ermita de Las Nieves que se alza solitaria como un gran mojón de cal en medio de los pedregales y aulagas espejea el caserío de los valles de Santa Catalina” que mejor reflejo de mi pregón que esta frase en la que Agustín de la Hoz ya dejaba ver claramente el vínculo tan especial que existe entre el pueblo de Los Valles, sus habitantes y la virgen de Las Nieves. Una especial relación de respeto, necesidad mutua, dependencia y muchísimo cariño.
Se me antoja ver en ella una madre que arropa y mece el pueblo de Los Valles en su falda, a la vez, que transmite el calor de sus entrañas y cuida de la seguridad de sus hijos
Unos hijos que siempre han sabido demostrar su gratitud y cuidar de su madre. Se me viene a la cabeza una anécdota que a varios he oído comentar y que es clara muestra de esta gratitud.
Cuentan que hace ya algunos años un grupo de hombres de Los Valles y uno de Haría se decidieron a poner en condiciones el deteriorado techo de la ermita. Antes no se llamaba al ayuntamiento, sino que se organizaban cuadrillas y se arreglaba. Así el pobre Manuel Medina, subido a las vigas de madera del techo, perdió pie y fue a parar al suelo resultando milagrosamente para unos y por mucha suerte para otros, ileso pero con un buen susto. Ese hombre vino a Las Nieves caminando sábado sí sábado también hasta que su salud se lo impidió no hace tanto tiempo. Y es que digan lo que digan la virgen de Las Nieves hace milagros y nos ayuda cuando lo necesitamos.

Muchos son los recuerdos que se aglutinan en mi mente entorno a la figura de la virgen, unos con más nitidez y otros más diluidos en el tiempo.
Es mi obligación reconocer que mi devoción por nuestra señora de Las Nieves me viene desde muy pequeñita cuando acompañaba a mi abuela Teresa a esta ermita en la que hoy soy pregonera, por las veredas y caminos polvorientos con aromas a tierra y fruta de temporada que todavía vienen a mi mente.
Miro atrás con nostalgia a un vago recuerdo de aquel 18 de diciembre, recién inaugurada la ermita, en el que María del Carmen Betancort, maestra de Los Valles, nos subió caminando a todos las chinijas de la escuela a aquella concelebración de Don José Fajardo y Don Enrique Dorta. ¡¡Qué bien si se me ocurriera a mí hacerlo ahora con mis chicos del colegio!!
En mi generación, hemos conocido desde muy niñas esta ermita en la que hoy nos encontramos. Recuerdo con cariño las caminatas que hacíamos a Las Nieves los sábados de misa un grupo de amigas. Porque aunque es verdad que la misa igual se nos hacía pesada, pasábamos muy buenos ratos por el camino de subida y de bajada, jugando y hablando de nuestras cosas, los estudios, los chicos etc.
Menos cansadas llegábamos cuando conseguíamos algún burro para subir a misa. Reconozco que nunca fui muy buena en eso del monte y recuerdo con simpatía como Beni, muy buena jineta, echó una de sus carreras y yo que iba de acompañante me dejó tirada en medio del camino.
No me atrevo a nombrar a mis amigas de fechorías y travesuras por esos caminos: Lomo el Medio, Peñas del Agua, Ribera, Peña del Barro, Lomo Blanco. Que nos llevaba hasta el santuario, por temor a olvidarme de alguna de ellas, que sepan que todas están en mi recuerdo, como creo que yo en el suyo.
Aunque sé que este tema genera suspicacias, debo decir que la iglesia de Las Nieves, en Los Valles, ha sido siempre parte de la convivencia de nuestro pueblo. Nuestras festividades siempre han sido San Antonio en junio, El Rosario en octubre, Santa Catalina en noviembre y Las Nieves en agosto. Por aquello de que en Los Valles no teníamos sólo con tres santos, hemos adoptado la cuarta.
Las fiestas de antaño nada tenían que ver con las de hoy. Unas fiestas tradicionales con ventorrillos confeccionados con bidones, palmeras, lonas, etc. Aprovechando el zoco de los muros de la iglesia, que entre otros montaban mi tío Domingo y sus hijos desde algunos días antes del cinco de agosto. Realizaban torneos de baraja y bola y alguna fritura. Recuerdo a mi abuelo Domingo y a señor José Peraza esperando en casa a mi padre, para que los subiera en coche a echar la partida.
Ni que decir tiene que en esas noches, todas en casa de puertas a dentro y las mismas muy bien cerradas porque como decía mi madre “había mucho borracho de fuera por la zona”.
Pero además de fiestas, ventorrillos o borrachos, la festividad en la montaña siempre ha sido algo más.
Una estela de misterio ha envuelto siempre en mí, aquellas bajadas de la virgen del camarín al trono y sobre todo cuando el tiempo acompañaba con nubes bajas y una intensa neblina que lo envolvían todo.
Al hablar de la bajada, me viene a la mente, el rostro de felicidad y entusiasmo de aquel señor que todos le llamábamos, Rafael, el sacristán. Un hombre con una gran sensibilidad y siempre fiel a la virgen de Las Nieves y a su perro Toribio.
Recuerdo con simpatía, como estando ya en el instituto de Haría, empezó a correr por los pasillos el bulo sobre la muerte de las primogénitas y todas recurrimos rápidamente a la virgen de La Montaña para hacerle una promesa, si el rumor no llegaba a hacerse realidad “llegaríamos descalzas hasta su altar”
Y les prometo que la intención era cumplir con la promesa pero cuando empezamos a subir descalzas, por aquel mal camino no nos quedó más remedio que hacer una pequeña trampa y volver a ponernos los zapatos.
Desde esa, las promesas se iban sucediendo una tras otra: por aprobar los exámenes, por sacar el carnet, por salir de una enfermedad. Veníamos a buscar protección para un nuevo hijo, para un nuevo coche y también porque no para dar gracias cuando las cosas nos iban bien.
Otro momento importante en mi vida en esta iglesia, fue el de mi boda. La virgen de Las Nieves fue testigo de la unión de casi todos los jóvenes del pueblo de mi generación aquí empezamos todos nuestra vida de casados y la constitución de nuestras familias.
Como casi todos los vecinos de Los Valles, puedo decir que nunca he fallado a la virgen en su día cada cinco de agosto. Bueno uno sí, el de 1982 cuando mi hijo se decidió a venir al mundo sólo un día después, pero bien que la visité nada más llegar a Los Valles y presentarle al nuevo miembro de la familia.
El 5 de agosto, siempre ha sido un día grande para mí. Desde muy niña los recuerdos de mi verano se asocian con estas fiestas. Acababan las clases, y con los calores llegaban las tardes largas que aprovechábamos para ensayar teatros y preparar algún concurso para ese día.
Las fiestas de Las Nieves en los años sesenta y setenta eran diferentes a las de hoy. Además algunos las vivíamos desde la experiencia de los niños/as, muy distinta a la vivida por los mayores.
Mi corazón vibraba especialmente con las tómbolas, los puestos de piñas y golosinas, el carro de Luna, alguna atracción y ventorrillos.
Punto de reencuentro de personas que venían desde todos los puntos de la isla (La Villa, Haría, Guatiza, Teseguite, La Graciosa) la iglesia se convertía en una riada de gente, que rezaba delante de la virgen. Tanto hombres como mujeres iban de rodillas desde la puerta hasta el trono, muchas cogidas de la mano de un niño/a o llevando entre sus manos un ramo de flores o una vela.
El agua de la aljibe refrescaba en los días de calor a los peregrinos que llegaban a la iglesia por los diferentes caminos e incluso en guagua en los últimos años.
El bullicio de la gente sólo se volvía silencio en ese día cuando la imagen salía de su casa para recorrer los escasos metros de su procesión. Un silencio roto sólo por algún sollozo de algún fiel emocionado, probablemente por los recuerdos de los que en ese día ya no pueden acompañarnos.
Pero un pregón no es momento de tristezas, debemos recordar a la virgen y su festividad por los buenos momentos vividos en la misma y no por las veces que hemos acudido a ella ante la desesperanza.
Desgraciadamente, con el tiempo la festividad de Las Nieves fue un poco decayendo y quedando más relegada a una festividad más de los pueblos vecinos que a la gran fiesta insular que fue en mi niñez.
Hace ya algunos años algunos jóvenes del pueblo y animados por los que habíamos conocido esta fiesta en su máximo apogeo decidieron intentar volver a transformarlas en las fiestas de antaño.
Y debemos reconocer que lo han ido consiguiendo. Muchas son las anécdotas que podríamos contar de esta nueva etapa pero considero que eso le tocará a otro u otra pregonera.
Y para terminar si me permiten, no quiero acabar este pregón sin tener unas palabras para la persona que me concedió el privilegio de estar aquí hoy con ustedes pregonando las fiestas de la patrona de este año 2.012, Antonio Juan.
Nos decía el otro día, cuando nos anunció que se iba, que ha crecido como persona y como cristiano en estos nueve años a nuestro lado, hoy le digo desde aquí y creo que en nombre de otros muchos que somos nosotros los que hemos podido crecer a su lado.
No me gustan nada las despedidas, además porque confío en que con él no es necesaria porque se dará sus escapaditas.
Hemos tenido un cura, que además de cura es amigo y compañero, compartiendo los momentos malos y los buenos
Con cada uno de nosotros. A nuestro lado en los momentos difíciles pero también disfrutando como el que más en los buenos.
¿Cuántas partidas ha ganado el cura en los campeonatos de Las Nieves? Como cura del municipio tengo entendido que pocas pero seguro que en los años venideros serán muchas más en las que participe con su equipo de Teseguite.
Porque, y pongo en mi bocas palabras de casi todos los que estamos aquí hoy, perdemos a Antonio Juan como párroco de Teguise pero no como amigo porque con ese sí esperamos y deseamos seguir contando.
Y para despedirme me gustaría usar unos versos que mi maestra, Mª del Carmen Betancort, me hizo llegar para este día tan especial:

Llegó la fiesta de Las Nieves
con las luces y flores de su altar
como siempre, las fiestas pasarán
¡madre querida! Pero tú no te irás
y desde aquí, con tu tierna mirada cariñosa
a todos nos miraras ¿verdad?
Y el ahogado murmullo de plegarias
que los pechos dejan en tu altar
Hasta el fin de la vida
¡madre mía! ¿verdad que escucharás?
Y al llegar el ocaso de nuestras vidas
Cuando del mundo nada hemos de esperar
en la puerta del reino de los cielos
nos esperarás ¿verdad?

Buenas tardes y felices fiestas de Las Nieves a todos y todas

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