Pregón de Las Nieves 2007

Pregón de las Fiestas de Las Nieves
La Montaña 2007

 Por:  OLIVER MARTÍNErmita_de_las_Nieves

Buenas tardes, hoy me encuentro aquí a las pies esta madre y ante todos ustedes para pregonar y anunciar la llegada de estas fiestas, nuestra fiesta.

Parece fácil, pero resulta arte complicado entonar el pregón de Las Nieves.

Fue un día cotidiano cuando el señor párroco D. Antonio Juan se acercó a mi en el Centro Sociocultural de Los Valles y me dijo que me tenía que hacer una propuesta, comentarme algo; Oliver quisiera que fueras el pregonero de las fiestas de Las Nieves de este año.

Nada más decirme eso en aquel momento me dio una sensación, como si se me hubiese ajuntado el cielo con la tierra, reaccioné al instante y le dije que me era difícil desempeñar esta labor y el me contestó: piénsatelo y ya me das la contestación en otro momento.

Aquellas palabras de Antonio Juan me ayudaron a reflexionar y a pensar que el despreciar esta propuesta, luego me haría sentir mal ante esta Virgen a la cual he llevado conmigo desde muy pequeño.

Puse manos a la obra y con gran entusiasmo esto pude preparar para traerlo hoy aquí a ustedes.

Mis estudios son pocos, mi capacidad mucho menos, no soy ni historiador, ni licenciado en ningún tipo de carrera, mi única carrera ha sido la de trabajar para poder vivir, por eso hoy me encuentro un poco fuera de mi sitio ya que esto de las letras no va en mi persona pero espero que me sepan comprender y que con estas letras les pueda hacer llegar a lo más hondo de sus corazones los recuerdos y las vivencias que un chinito como yo ha pasado en esta montaña junto a los pies de nuestra madre la Virgen de Las Nieves

La Virgen de Las Nieves y su ermita tienen su historia. Este pregonero enamorado de esta imagen y motivado por mi fe, hoy le quiere saludar.

En las tantas visitas a este santuario la he venerado y he aprendido a amarla al oír sus maravillas en tantos sermones de tantos sacerdotes donde han hablado de ella.

De su historia, que data del siglo XVI, de aquel pastor de Los Valles llamado Luís Alonso que mientras andaba por estos lugares se le apareció aquella imagen de una mujer con un rostro suave y delicado al medio de tanta bruma y le dijo que les comunicaran a los vecinos del pueblo que le levantaran este santuario, donde hoy nos encontramos y que después ce cinco siglos de vida, aún sigue viva esta casa donde todos venimos a venerar a esa rosa de calor blanco que aquel día a Luís Alonso lo evocó a sus vecinos: dicho documento declara con juramento Luís Alonso ante el vicario de la isla el día 19 de Febrero de 1676.

Y como un gigantesco foco cuya luz irradia a toda la isla de Lanzarote aparece la fe que aglutina en la montaña de Famara bajo el monte de la Virgen de Las Nieves a todos los lanzaroteño y cuya permanente iluminaría, encendida desde los fabulosos tiempos, permanece intacta y nos llega a nuestros días con los mismos resplandores con que iluminan las almas sencillas de nuestros antepasados.

Fueron aquellos sencillos pastores que guardaban sus ganados por estos riscos de Famara y en el alba de la historia cristiana de Lanzarote empezaba así el culto mariano de todos los isleños. La Virgen de Las Nieves desde aquella fecha es nuestra vía de acceso al mundo sobrenatural.

La Virgen está aquí, en su ermita, en lo más alto de la isla, con las peñas del Chache al fondo en silencio. La Montaña de Las Nieves ha sido y seguirá siendo por los siglos nuestro retablo de paz.

Porque cuando a ella acudimos no sólo a este santuario sino a desempeñar nuestras labores del campo, nunca nos sentimos solos, siempre estamos arropados por tu mirada y así nos haces sentir más participe de tu fe.

En mi ámbito familiar siempre me enseñaron que cada vez que se venia a la montaña, a lo que fuera, si era posible había que hacer por llegar hasta aquí, hasta tus pies. Saludarte como a toda madre buena y luego ya podíamos retornar a casa. No ha pasado en mi vida, en lo que tengo uso de razón ni tan sólo un día que estando en estos campos me halla para casa sin pasar a saludarte, ya que de no ser así me parece como si algo me faltara en el cuerpo.
Por eso yo quiero hacer un repaso de lo que en mi memoria perdura en cuanto a estas fiestas.

Que recuerdos me trae la llegada del mes de Agosto, ya se notaba el ir y el venir de los vecinos a las tiendas del puerto para traer alguna mudaita nueva para el día grande. Las brochas y alguna que otra escoba vieja se sacaba para albear las casas, también los cacharritos de pintura para puertas y ventanas. Los barrancos se barrían si había alguna hierba seca o algún moñigo. Mi abuela cuidaba al mínimo detalle lo poco que tenía para que el día de la Virgen, todo estuviera como la patena.

La víspera de la fiesta mi padre nos llevaba a la barbería, mientras mi abuela se quedaba en casa guisando con su habitual maestría aquella gallina que había desplumado minutos antes para así poder hacer la sopita que tanto nos gustaba y aquel puchero con garbanzos nuevos que el aroma que desprendía llegaba hasta “el camino cruzao”. Mi abuelo el hombre de la casa, con su tranco lento y pausado le sacaba brillo de donde no lo tenía a su D.K.V. (moto ducati) de color blanco para que estuviera a punto para el día de la Virgen, porque traerlo lleno de tierra era como una falta de respeto.

El día 5 de Agosto, que ilusión; nos levantábamos toda la juventud de Los Valles y subíamos caminando hasta aquí, unas veces por “la cañada” y otras veces por “el lomo el medio” y siempre recuerdo que al llegar a “Los Alcaideros” pasábamos por las parras de Ramón Batista y le cogíamos unos gansitos.

Que bonito, que ilusión la de venir todos juntos hablando riéndonos, cantando y a su vez con ganas de llegar hasta aquí; no sólo con el pensamiento de ver a la Virgen que también la traíamos, sino más bien con ganas para comprar en el ventorrillo de “Luna” aquellas pistolitas de mistos o corchos para luego ir a jugar a “la peña el risco” como niños que éramos, después de estar artos de pastillas, caramelos y de aquellos cucuruchos que tan ricos y apetecibles eran con el calor.

Cansados de estar aquí al mediodía volvíamos caminando para casa, pero ya más despacio y con más calma; llegábamos, nos sentábamos almorzar, cada uno con los suyos y la hora del café en mi familia, allí bajo el morro salíamos todos para las aceras, abuelos, hijos, nietos y algún que otro allegado asemejándose aquel barranco a una calle real, así pasábamos la tarde, todos en una bonita unión, costumbre que con el paso del tiempo y la evolución de la sociedad se ha ido dejando caer en el aluido.
Al hablar de esta Virgen y sus fiestas también se me viene a la memoria, aquel hombre de mediana estatura, de fuerte carapacho y miranda encantadora que acompañado por su perro grandullón siempre acudía hasta esta montaña para abrir, acompañar y compartir una parte de su huida con nuestra madre como él decía. Quien no se acuerda de D. Rafael Cabrera más conocido por todos como Rafael “el sacristán” y su fiel acompañante como lo era “Toribio” que a simple vista se asemejaba a una oveja. Cada tarde mi padre se acercaba hasta aquí en su cuatro latas azul para recoger a Rafael y así aliviarle la larga caminata que le esperaba de regreso hasta La Villa; siempre tenía la cafeterita preparada para mi madre y aquel platito de sabrosas torrijas que ella tanto recuerda.

Siempre me hace mi padre los cuentos y anécdotas de Rafael y una de tantas de esas que él siempre recuerda es que muchas de las veces que venía a buscarlo, de regreso para la Villa, por la Vega de San José lo hacía dar media vuelta y volver hasta aquí para asegurarse así, de que había dejado apagada las velas del altar.

Pues así como he ido relatando, a mi corta edad tengo algún que otro recuerdo de este lugar y de esta señora que pasa un día y otro en su altar, unas veces con las puertas cerradas y otras con ellas abiertas, por donde pasamos muchos peregrinos y visitantes a venerarla durante el año.

Quisiera también en este pregón relatar un hecho que ocurrió en este santuario allá por el año 44, en el mes de Mayo, tiempo de las arrancadas como todo lujo de familia labradora, vino mi tío Faustino Delgado a arrancar cebada a “la peña de Las Nieves”, el madrugó pero a sus tres hermanas se les hizo poco más prostero y ellas se encargaron de traer el burro; en las alfojas del animal traían el garrafoncito con agua y un cacharrito por si se ofrecía guindar del aljibe de esta ermita, por medio camino, la desgracia que estaba con los muchachos, se espanta el burro y partió a correr rompiéndose así el garrafón. Ellas tres disgustadas nada más llegar a la finca donde su hermano las esperaba para arrancar, le cuentan lo sucedido y lo mariaban una y otra vez ¡Faustino vete a Las Nieves por agua que estamos muertitas de sed! Mi tío ya cansado entre las horas de trabajo y del guineo de sus hermanas coge la cacharrita y en compaña de un perrito que tenía se dirige hasta aquí con intención de llenarles agua para así refrescar a sus hermanas y trabajaron tranquilas.

Al llegar mi tío Faustino al pórtico de la ermita el perrito rompe a ladrar causándole a él mucho asombro los ladridos del animal; cuando ya camino hacía la aljibe y se da cuenta que había un sombrero negro encima del brocal y a su vez, de dentro del aljibe salía una voz que decía ¡sáqueme que me voy a ahogar! Él atemorizado por aquel suceso, no sabía ni como lo hacía, ya que el hombre estaba dentro del aljibe y tan sólo agarrado con sus manos que cada vez iba perdiendo y quedándose sin fuerzas, pero esta madre milagrosa le dio fuerza y valor para poder sacarlo, hizo muchas fuerzas ya que era un hombre parejo. Esto fue un milagro que esta Virgen realizó, porque el señor se acercó hasta esta ermita como costumbre que tenía y mientras se encontraba rezándole a la Virgen en su puerta el viento le llevó el sombrero hasta el fondo del aljibe; él inocentemente se metió con intención de sacarlo, y lo sacó pero hizo tantas fuerzas que después él que no podía salir era él. La Virgen como agradecimiento le devolvió su salvación ya que ella sabía que aquel vecino del pueblo de Teseguite llamado Andrés González acudía con mucha frecuencia hasta sus pies a visitarlo y a rezarle.

Y como este milagro otros tantos y tantos que tan sólo ella lo sabe.

Ya para ir terminando este pregonero se hace voz una vez más para congregar a todos los lanzaroteños.

Yo les convoco a la concentración anual de la montaña. A los de La Graciosa que también conocen esta ruta, a los del Valle de Haría con su alma esplendida como las copas triunfales de las palmeras, a los de Tinajo y San Bartolomé con el libro abierto de su laboriosidad extraordinaria, a los lanzaroteño de Yaiza con su corazón de oro y su sencillez increíble, a los de Tías con su gran serenidad, a los del Puerto con su sentido de la fraternidad y como no a mis paisanos de Teguise con su carga deslumbrante de historia reflejada en sus calles gloriosas en sus monumentos seculares, las manos y los corazones unidos, bajo el mar de las dificultades cotidianas.

La vida de Lanzarote debe concentrarse durante estos días en la montaña. Yo en nombre de los creyentes deseo poner toda la problemática lanzaroteña a los pies de la Virgen para que sirva de mediadora y sepa de donde podemos sacar fuerzas de flaquezas para continuar en la brega, o donde hay un inagotable venero de optimismo para suavizar tantas amarguras.

Les pido a todos que no dejen de pasar estos días maravillosos sin visitar a la Virgen.

Yo, hoy en la montaña ya termino recordando como dije al principio que nuestros padres nos han dicho que dirigidos por un resplandor y unas voces, te encontraran en lo más alto de la montaña de Famara.

Pero si nosotros te veneramos, no es por ese motivo, es porque durante todos los días de nuestra existencia de cristianos has sido siempre Madre de misericordia y Abogada nuestra.

Darle gracias a todos los que aquí se encuentran por acudir hoy a oír este pregón y desearles unas felices fiestas llenas de paz, de emoción y alegría.

Muchísimas gracias.

Con versos atropellados
Y prosa de andar por casa
El pregonero hoy repasa
Nuestras fiestas del pasado
Y pone especial cuidado
En anunciar que mañana
No habrá pena ni dolor
¡Es nuestra fiesta mayor
gócenla de forma sana!

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