Pregón de Las Nieves 1966

Pregón de las Fiestas de Las Nieves
La Montaña 1966

 Por:  JOSÉ F. MORALES RODRÍGUEZErmita_de_las_Nieves

La ermita de Nuestra Señora de las Nieves esta enclavada en la Montaña de Teguise a unos ocho kilómetros de la antigua capital lanzaroteño. Su situación es, además, excelente, pues desde allí se otea casi todo el horizonte de la isla de Lanzarote. La fértil Vega de Los Valles, con sus ricos maizales y plantas patateras, se extiende a sus faldas.

A su dorso, la impresionante pétrea del acantilado de famara y al fondo de éste se enmarca una franja azul del Atlántico, en cuyas quietas aguas cual prehistórico y gigantesco dinosaurio nada mansamente la isla de La Graciosa, con sus blancos caseríos marineros y sus barcas varadas en las playas que parecen simular desde lo alto diminutos juguetes de una isla en miniatura.

Aquí, en esta Montaña, tiene lugar una de las principales manifestaciones religiosas de nuestra isla de Lanzarote. Cada año, concretamente el cinco de agosto, día dedicado a Nuestra Señora de las Nieves, se cuenta más del millar de peregrinos que acuden al Santuario a fin de rendirte culto, en fervorosa manifestación de fe y gratitud. ¿Cómo se recrea el alma, y cómo se eleva nuestro espíritu viviendo y contemplando aquellas manifestaciones de adhesión y fervor! Aquellos cirios amontonados a sus pies como obsequio y reconocimiento a sus favores. Aquellos cantos salidos de lo más profundo de los corazones que se elevan por los aires pregonando las excelsitudes de nuestra Madre Celestial.

Sin embargo, dicho Santuario no responde a la extraordinaria devoción que se profesa a la Señora, ni ofrece seguridad alguna, ya que se encuentra en lastimoso estado, amenazando con desplomarse de un momento a otro.

Para que el lector se forme una idea de la importancia y significación de esta ermita, no ya en el ámbito lanzaroteño, sino incluso en las restantes islas del archipiélago, hemos querido realizar un pequeño relato histórico, basándonos en antiquísimos que hablan y fundamentan la devoción de Nuestra Señora de las Nieves en nuestra isla de Lanzarote, al cual damos paso seguidamente:

Sin lugar a dudas, los continuos ataques perpetrados por los herejes de la Iglesia de Rubicón en la pequeña (eleva a catedral según la famosa Bula del Papa Benedicto XIII, de fecha 7 de julio de 1404, y primeros cimientos de la Iglesia Católica en las Islas Canarias) en cuyo archivo debían existir valiosísimos documentos histórico-religiosos de la época, privaron a los historiadores formar un estudio complemento sobre la iconografía marina de la isla de Lanzarote, por lo cual parece desconocerse las primeras manifestaciones de devoción a la Santísima Virgen, atribuyéndose sin embargo la primacía de esta advocación a Nuestra Señora de las Nieves ya que el primer templo dedicado a la Señora llevó aquel nombre y parece haber sido erigido allá por el siglo XVI .

Datos más concretos, aunque de épocas posteriores, los encontramos en un antiquísimo documento hallado recientemente en el archivo parroquial de Teguise, cuyo contenido es el siguiente:

-“En la Villa de Teguise de esta isla de Lanzarote a diez y nueve de febrero del año mil seiscientos sesenta y seis, Luis Alonso, vecino de esta isla, en cumplimiento del Auto antecedente, ante el señor Vicario pareció a hacer la declaración que por él se le manda, de igual, estando presente su merced, recibió juramento en forma según derecho del cargo del cual prometió decir verdad y preguntando qué voces son las que dicen oyó, y qué hora las oyó, dijo: Que habrá pocos días, más o menos quince, a los que se quiere acordar, estando éste que declarar en la Vega de Los Valles, de donde es guarda, saliendo a recorrer dicha vega, entre once y doce de la noche, por si acaso se habían entrado en ella algunos ganados y comerse los sembrados, recogiéndose de hacer esta buena diligencia oyó una voz como clamorosa, que decía estas palabras: “No hay algún buen cristiano que alce la casa de la Virgen Santísima de las Nieves” a las cuales se levantó de su cama, que ya estaba acostado, cuando se dijeron, y abrió la puerta de la casa en donde se recoge, que no hay otra en aquella Vega, y viendo que no parecía nadie se volvió recoger, que de allí a otras dos noches, que siguieron a la misma hora poco más o menos oyó repetir las mismas palabras en la misma voz y clamor que lleva declarado, y que éste que declara de hacerla concibió en su corazón y ánimo, tal deseo de que se pusiese a examen lo dicho por dicha voz, que si con su mano, el pudiera y hubiera caudal con que poder luego al punto mismo levantar la ermita de Nuestra Señora de las Nieves, no lo dilatara, y que esto se lo había dicho a otras personas y que debajo del mismo juramento que ha hecho, y en caso que sea necesario declara como el año que entró en la isla la última langosta, pasando este que declara para el Valle de Haría, y cogiéndolo la noche junto a la ermita de Nuestra Señora de Las Nieves, que está en medio del camino, temiendo pasar por delante, pues era tarde, se quedó a dormir en una casilla que estaba junto a dicha ermita, y a la madrugada habiéndose levantado de dormir y estando sentado esperando a que aclarase el día para hacer su camino que clara y distantemente dijo estas palabras: Agua no les podrá faltar, más no la han de gozar pues que no se quieren enmendar” las cuales palabras se repitieron tres veces por el aire haciendo un ruido en él como lo suelen hacer un gran bando de palomas cuando pasan y que a la tercera vez que lo oyó repetir, le dio grima y vio aquel año que hubo muy lindas aguas y hermosas cementeras y que después entró la langosta y las asoló, todo lo cual es la verdad debajo del juramento que he hecho. No firma porque dijo no saber. Es de edad de sesenta años, poco más o menos. Su señoría lo firmó en presencia de los que fueron testigos y en presencia del que es el dicho Luís Alonso, se ha hecho esta declaración”.

II

El Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves ya había sido edificado hallándose en ruinas en la época que señala el citado documento, ya que parece referirse no a la fundición del Santuario sino más bien a reedificarlo, pues Luís Alonso en sus manifestaciones ya habla de la ermita, al decir que pernotó en la casilla que se hallaba junto a ella.

También confirma esta creencia nuestro ilustre historiador, ya fallecido, don Eugenio Rijo, basándose para ello en un antiguo documento o escritura de unos terrenos en el cual se hace constar los linderos mencionándose en uno de ellos la ermita de las Nieves. Dicho documento está fechado por el año mil quinientos y pico, que como se puede comprobar es de fecha muy anterior al relato de Luís Alonso, cimentado aún más la creencia de que el susodicho santuario fuese construido en el siglo XVI.

Sin embargo, dejando a un lado las épocas anteriores a las manifestaciones expresadas en el citado documento, épocas que merecen un estudio más serio y concreto, vamos a referir la evolución que ha expedientado la advocación a Nuestra Señora de las Nieves tomando como base, no como fundacional, sino principio de nuestro relato, el siglo XVII.

Una vez conocido el deseo expreso de la Santísima Virgen por boca de aquel campesino o guarda de los Valles, dieron comienzo inmediatamente las obras, que podríamos deducir fueron realizadas con escasos recursos obtenidos merced a las limosnas de los fieles, como denota la pobre construcción de que fue objeto el Santuario.

A partir de este hecho la devoción a la Santísima Virgen adquirió gran preponderancia respaldada por las manifestaciones del tal Luís Alonso. Pero esta devoción fue decayendo de tal modo que el Ayuntamiento de Teguise y el Cabildo tomaron cartas en el asunto según redacta el libro de actas del Ayuntamiento de fecha mes de abril de 1786.

El contenido de dicha acta es el siguiente:

-“por cuanto al culto que se debe a Dios Nuestro Señor, Su Santísima Madre y todos los Santos, es el objeto primero de los superiores en general y en particular de aquellos que se hallan en congregación por juramento, u otra razón de obsequio a algún Santo e imagen, sentenciando lo antecedente hace preciso de Vds. poner algún tanto de atención y lo que acontece y experimentó la bajada de Nuestra Señora de las Nieves de este año próximo pasado. Habiendo en esta isla muchas calamidades por la escasez de lluvia, este Ilustre Cabildo y los primeros sujetos de la Isla, juraron traer la Señora desde su casa a la Matriz, para en ella y el día de la Expectación, hacer una función por vecindario siguiendo el novenario con los demás que es costumbre y consta. Esta gestión tan cristiana con el tiempo se ha enfriado de tal manera, que causa dolor ver la poca devoción que tuvo la traída, cuatro hombres alguna vez, luces que dos faroles, aunque es cierto ha concurrido siempre el Caballero Regidor y el escribano del Ayuntamiento. Ya vimos que no hubo quien acompañara la bajada de dicha Señora por cuya causa faltaba quién cargase la Señora y las insignias, siendo preciso al Vble. Beneficiado Rector quitarse el sobrepelliz y ponerse a cargar el sillón y no haber quien lo quisiera cargar. Si esta Señora bajase por sólo una vez hay necesidad pues como sucede con la Candelaria de Tenerife y del Pino de Canarias, o como cada cinco años Las Nieves de La Palma, juzga el exponente que por este retiro y por otras muchas razones que no se esconden a Vds. Se facultó en su ermita, en el mismo día y por vecindario como ahora. Parece conveniente que no puede este Cabildo determinar por si sólo sobre el asunto, se convoque Cabildo General, para que dicte lo más conveniente. Por el señor Aguacil Mayor se acordó en vista de la representación del Caballero Regidor, que siendo de antigüedad la bajada de la Virgen, se mantenga la misma costumbre según el juramento que por los antiguos se hizo”.

Más tarde, en los años que median entre 1786 al 1894, la devoción de Nuestra Señora de las Nieves adquirió mayor preponderancia, según se hace constar en los folios 10, 186 y 233 del Libro Capitular del ayuntamiento y en el folio 202 del Actas del Cabildo. A través de ellos se hace notar también las donaciones de tres pesos de que era objeto la Señora a fin de que antes de retirarse a su santa ermita se le siguiera haciendo el novenario como era costumbre cuando se le bajaba de la Montaña a la iglesia matriz y permanecía allí el tiempo que duraba dichas novenas.

Esta advocación se ha ido acrecentando de manera extraordinaria a través de los años hasta el extremo de haber acaparado la devoción no sólo de todos los fieles del orbe lanzaroteño sino del resto del archipiélago, como lo demuestra el hecho de haber recibido donaciones de otras Islas Canarias.

Luego de haber querido significar a través de estos múltiples y variados ejemplos la importancia de esta advocación mariana, sólo pretendemos llamar la atención de todos los fieles devotos de la Santísima Virgen, pues aquel clamor de que nos habla Luís Alonso vuelve a dejarse oír. El actual santuario, por el paso de los años y la deficiencia en que fue construido se ha resquebrajado en sus paredes y los contrafuertes laterales, amenazando con desplomarse de un momento a otro. Por eso hemos querido lanzar esta angustiosa llamada: La Virgen de Las Nieves es digna de un nuevo santuario, un santuario que sea nuestro homenaje de fe y gratitud. Solamente nuestra generosidad y comprensión puede convertir en tangible realidad esta gran obra.

Este año va a ser derruida y provisionalmente se levantará una pequeña capilla para albergar la santa imagen hasta que sea terminado el templo definitivo. Por eso ahora más que nunca, necesitamos tu aportación generosa para lo cual puedes dirigirte al señor cura párroco de Teguise o a la Caja Insular de Ahorros, cartilla núm. 3738, cuenta “Nuestra Señora de las Nieves”.

La Virgen te premiará tu generosa aportación.

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