Pregón del Cristo de Las Aguas 2010 (Guatiza)

Pregón de las Fiestas del Cristo de Las Aguas
Guatiza 2010

 Por:  JUAN ANTONIO CEJUDO REYESJUAN ANTONIO cejudo-2010

Sres./as directivos del CSC TAIGA, queridos amigos y amigas, vecinos todos. Decía un alcalde de una gran ciudad que los pregones de fiestas tendrían que ser como las minifaldas: cortos y que enseñen. Voy a intentar cumplir por lo menos con el primer precepto y no alargar el pregón. La segunda parte que me es quizás la más difícil intentaré salvarla proponiéndoles un compromiso. Mis primeras palabras tienen que ver con mis sentimientos. Con la manera de sentirme hoy, aquí, con y ante ustedes; resumidos en el corazón, la emoción y el agradecimiento.

Agradecimiento a toda la junta directiva del Centro Socio Cultural “TAIGA” en la persona de su presidente, por haberme brindado la oportunidad de compartir con todos ustedes, este acto, siendo el pregonero en estas fiestas del Cristo de Las Aguas 2010.

Desde la prudente emoción, satisfacción y alegría que me inunda ante tan solemne acto, sólo me es posible hacer este pregón atendiendo la llamada y el sentir de mi corazón. Corazón de un Guaticero mas, y no con la retórica y la lírica de la palabra de las cuales, desgraciadamente, me veo despojado.

Quien tiene el privilegio hoy de pronunciar el pregón del inicio de nuestras fiestas en honor del Santo Cristo de las Aguas 2010 ha vivido intensamente en este pueblo los momentos más decisivos y emotivos de su vida y se siente orgulloso de que, lo poco o lo mucho que desde mi trabajo en la sociedad conejera haya podido y pueda aportar en un futuro, esté siempre asociado a este mi pueblo, Guatiza. Pero cuando el Sr. Presidente del Centro Socio Cultural “Taiga” me pidió ser el pregonero me enfrentó de bruces a mi pasado; mi infancia; mi juventud, mi adolescencia.

Desande en un momento ese camino casi olvidado de esos vividos años, que ya cabalgan en mis espaldas. Lo primero que se me vino a la cabeza en ese momento es lo que me tiene más anclado a mi pueblo y al que, inevitablemente, estoy unido para siempre. Las vivencias. Reaparecen en mi memoria las caras de los amigos, de los compañeros de escuela, los juegos, el recuerdo de los primeros amores, de los profesores y vecinos que tanto marcaron mi camino y las vivencias más emotivas.

Vuelven los olores y los sabores de la infancia. Me detengo un segundo y me parece mentira que haya podido pasar tanto tiempo desde aquel lejano día hasta el que soy capaz de recordar. Aquellos polvorientos caminos que dibujaban las arterias de Guatiza y donde discurría gran parte de la vida de los Guaticeros. Esos caminos de tierra están íntimamente unidos a mi memoria, y creo que también a la de mi pueblo. Eran caminos de aventuras y desventuras que siempre olían a júbilo, libertad y mejores sensaciones pues en ellos se hacían nuestros juegos, nuestra vida y guardaban, también, nuestros secretos. Eran diáfanos por que desde ellos podíamos ver a los mayores en sus faenas diarias de casa: la trilla, la recolección de la cochinilla, el deambular incesante de idas y venidas de los burros y camellos ataviados con los correspondientes aperos. Y desde ellos podían vernos a nosotros en nuestras peripecias diarias. Aquí se me vienen a la cabeza el recuerdo sentido y querido a los compañeros, amigos y vecinos ausentes. Ellos son la memoria colectiva de nuestra historia.

Quiero y espero que podamos tener siempre presente a quienes son ya parte de la historia de nuestro Pueblo, desde el más acomodado al más humilde. Sin exclusiones, etiquetas, valoraciones y condiciones pues todos ellos han hecho historia a través de su quehacer diario, sencillo y anónimo, pero no por ello más ó menos valorado. Todas nuestras gentes, sin exclusión, han contribuido en una u otra medida a engrandecer nuestra historia y con ello las virtudes de nuestro pueblo. La memoria de verdad, la de nuestro pueblo, sus costumbres, fiestas, hechos, nuestra idiosincrasia… esa historia que no se escribe en ningún sitio, pero que tampoco se olvida, porque nos gusta recordarla. Es nuestra, y de ella inexcusablemente somos y seguiremos siendo parte. Se agolpan tantos gratos recuerdos, tantas vivencias añoradas, situaciones profundamente vividas que se atropellan en su querer discurrir en mis pensamientos. Aunque pienso que es más bien fruto de la felicidad e intensidad con que, quien les habla, vivió aquellos años. Hablar de cada una de esas vivencias sería infinito e interminable, pero con vuestro permiso me referiré al azar a algunas de ellas.

Uno de esos recuerdos tan gratos, eran las llegadas de nuestras fiestas, donde las calles se engalanaban, los frontis se albeaban para lucir sus mejores fachadas a la espera de la llegada del día grande de la fiesta, cuando era casi de obligado cumplimiento el estreno de alguna prenda de vestir. La bandera ondeante en lo más alto del mástil de la UNION y LA IMPARCIAL nos anunciaba las verbenas y sus correspondiente Asalto que amenizaban las orquestas punteras de la Isla. Los cartelones colgados en las tiendas y bares nos recordaban a diario los actos que se celebrarían.

El “tañir” de las campanas de la Iglesia nos recordaba la preceptiva Función Religiosa a la que acudíamos todos los vecinos y donde se encontraban los que por una u otra razón residían fuera. El saludo, el recuerdo y la emoción concurrían en torno a estos encuentros. Los olores al PUCHERO recorrían las calles mezclándose entre sí, formando una mezcla de sensaciones y un bienestar embaucador. Se engalanaban los camiones del pueblo con palmeras y banderas de papel de colorines. Los timples y guitarras, las garbanzadas, el vino. Todo el pueblo, incluido el Santo Patrón al que hoy veneramos, nos íbamos de excursión a alguna playa del norte a pasar el día. La diversión, el encuentro y el disfrute se fundían en nuestras retinas disfrutando de las licencias que el estar en aquel jolgorio se nos concedían. El único recurso para sufragar los actos y eventos de las fiestas eran la ilusión y compromiso de quienes a ello se atrevían y con los que colaboraba cada uno de los vecinos de Guatiza. Uno medio duro y otros el duro completo, una gallina, un conejo, un balde papas, cada uno aportaba lo que buenamente quería. La fiesta estaba hecha.

Era algo más que una fiesta al uso, era la manera de sentirnos como un verdadero pueblo y vecinos en toda su más amplia extensión. Era la hora de dar paso al “belingueo” y “tenderete”, olvidando lo cotidiano, derrochando sin tregua todas nuestras energías que en buena medida lo atrapaba el jolgorio de nuestra fiesta. Cuantos buenos ratos he podido compartir con nuestros vecinos mayores. Muchas veces con cualquier pretexto y después de los saludos pertinentes y el mutuo interés por unos y otros, acababa sumergido en sus apasionantes relatos. Me trasladaban a sus vivencias de aquellos duros años. Cuando el desatino de la Guerra Civil a muchos les llevo a estar en los frentes, prisioneros, en campos de concentración y no se cuantas atrocidades que me parecían, y aun me parecen, surrealistas y sacadas de alguna película de ciencia ficción. Pero lo que más me sorprendía y me sorprende es la paz y tranquilidad que desprenden en su voz y reflejan sus ojos. Ausentes de rencor y odio, en ellos siempre veo paz, esa paz que solo el pasar de los años, supongo, nos va dando mezclado con la inevitable resignación. Otras veces me hablaban de las peripecias que tenían que hacer para poder sobrevivir en la rudeza de nuestra tierra, cuando la sequía se hacía pertinaz y las cosechas apenas daban para poder sacar el sustento del día a día. Cuando las faenas del campo se compartían entre todos. Se organizaban las “peonadas” para arrancar, trillar o echar un techo. Las “camelladas” o el dejar los burros en el risco cuando llegaban los malos años de sequía y no había con que alimentarlos.

También me han hablado de sus confidencias, de sus correrías de jóvenes, de las zoletas, los bailes de candil, y de cómo la tregua para poder disfrutar de la fiesta y el jolgorio les hacía ingeniárselas lo mismo caminando que a bicicleta o en cualquier destartalado fotingo y muchas veces de regreso no se llegaba a casa sino a la fanegada que correspondiera para seguir con las tareas del campo. Recuerdo muchos cuentos de los “cabildos” que se formaban al zoco de la Imparcial, Cuatro esquinas o en las tiendas….y que servían como punto de encuentro en el que alegar e intercambiar las vivencias diarias a las que los más pequeños nos aplicábamos desde la prudente distancia. Y como no, cuando desde la Asociación de la 3ª Edad tuvimos oportunidad de compartir actividades, fiestas, viajes y encuentros. Ahí pude seguir ahondando en esas vivencias y añoranzas que forman y conforman nuestra historia mas reciente. Mi infancia, hoy grato recuerdo, transcurre por todos y cada uno de los rincones de este pueblo. Al igual que la de cualquier otro chinijo de mi época, estuvo vinculada al juego al aire libre que permitía nuestro pueblo en la década de los sesenta y setenta.

Alejados por entonces de los entornos cerrados, no ya solo de las redes informáticas y las “play stations”, “Mp-3”, “Wii”, Móviles, sino incluso de la propia Televisión. La escuela de obligado cumplimiento de 9 a 12 y de 2 a 4 donde nos inculcaba la educación suficiente para llegar algún día a ser alguien de “fundamento y provecho”, eso es lo que nuestros padres nos remachaban a la primera negación de sus razonamientos. Tedioso en especial aquellos interminables tardes en las que con un calor de trofeo y nuestra cabeza más pendiente de nuestras aventuras y desventuras, teníamos que dedicarlas a nuestra formación.

Dos horas en las cuales entre nuestra falta de interés y los “infalibles métodos de enseñanza” al uso, salíamos cada día con menos ganas de volver al siguiente. Ahora se puede decir, pero creo que las Fugas de San Diego de hoy no tienen parangón con las que practicábamos por aquellos años. Nuestros lugares de aventuras, ya lo dije, eran al aire libre, en contacto pleno con la naturaleza que nos rodeaba. Jugando al marro, al boliche, la estampita a la carabina y tantos otros.

Los rifles y revólveres hechos de cualquier trozo de palo, cámaras y mucha imaginación nos permitían celebrar las mejores batallas del OESTE. Memorable eran nuestras ligas de Fútbol entre los equipos representativos de cada barrio ( Punta Gorda, La Mareta y la Cuesta), ¡¡con trofeo y todo!! Las escaladas en las paredes de todo el Barranco de Teneguime. Las competiciones y juegos a lomo de destartaladas bicicletas en la mayoría de los casos, heredadas de nuestros padres, y donde la ausencia de cualquier mecanismo de seguridad eran evidentes. Si había desavenencias, cosa que no era rara, las solucionábamos, con otro juego algo más bélico y peligroso, a la pedrada. El día acababa cuando desde los cuatro puntos de Guatiza se oían a nuestras madres llamándonos a “grito pelao” poniendo fin a nuestro jolgorio. Cuando llegaban los ganados de cabras del pastoreo diario, entonces nosotros y las cabras, con incontenible resignación, poníamos fin a nuestras aventuras regresando juntos a casa, eso sí, terminábamos “enterregados” hasta las cejas. Llegaba la hora de ayudar en casa con lo que mandaran, hacer los deberes a la luz del farol o el quinqué. Un fregadito de las “patas” y los “calcañales” y a dormir que mañana sería otro día. Era la etapa en que la ausencia de zapatos junto con los zurcidos y remiendos en nuestras prendas de vestir era generalizada. Donde las pequeñas heridas nos las curábamos con un puñado de tierra o un trozo de “tela araña”, con tal de no dar tregua a nuestros juegos y la consecuente diversión.

Cuando generalmente no se discutía las normas dadas por nuestros padres o las de cualquier vecino. Se obedecían de igual modo. Era importante el “tener fundamento”. El atrio de la Iglesia también acogía muchos de nuestros encuentros. El viejo órgano, la matraca, la lacenita donde se guardaba el vino, el campanario, los entresijos del retablo y tantos otros formaron cuerpo de nuestras andanzas. Ajenos entonces al valor artístico o religioso que sus muros encerraban y, posiblemente, con el mismo desinterés formativo. El repique de campanas llamando al servicio religioso anunciaba la hora dominical.

El ambiente del pueblo bullía cada mediodía de cada domingo y se hacía presente con el discurrir de chicos y grandes, bien acicalados, con la ropa festiva, camino de la iglesia, ignorantes, en la mayoría de los casos, de que significado tenía todo aquello. A la salida, los paseos por la carretera de los jóvenes y enamorados con frontera en “la vega de los Bobos”, los guateques en la “Unión”, y el polo de hielo en el “Bar El Parral”. El palizón de trabajo que nos pegábamos recolectando todo tipo de objetos para realizar las hogueras de San Antonio, San Juan o San Pedro. Gomas de camiones y máquinas rodaban tambaleantes en medio de un enjambre de chinijos. Los carros que tirábamos con nuestras manos. Cargados a tope de restos de maderas, muebles viejos y demás material que fuera susceptible de arder y dar vigor a nuestras hogueras. Punta Gorda, El Morro, La Mareta, La Cuesta y el Cercado Viejo. Entre los objetivos estaba el afán por destacar de las de entre todos los barrios, cual daría más luminosidad y sobre todo cual aguantaba más ardiendo. Cuidar que no nos quitaran el material recolectado o en el peor de los casos no nos prendieran fuego a la hoguera la muchachada de los otros barrios, era una incesante tarea. Especial recuerdo me merece el “Club Guadarfía”. Para los de la “quinta”, considero que fue algo muy especial ya que en su entorno maduramos, descubrimos nuevos retos y nos sentíamos integrados como una parte activa de nuestro pueblo. Se nos oía y tenía en cuenta. Me atrevo a calificarlo como una especie de transición entre diferentes etapas de nuestras vidas. Muchos de nosotros habíamos salido fuera a estudiar, comenzábamos a viajar a mezclarnos con gentes y costumbres fuera de nuestro ámbito y como no a absorber todo lo que fuera de aquí se hacia, se practicaba y….. Por supuesto unido a la inquietud propia de nuestra juventud. La colaboración de todos nos llevo a organizarnos para poder de alguna manera conseguir todo aquello que estábamos descubriendo. La televisión única en blanco y negro tímidamente empezaba a cambiar sus modos y formas. Comenzaban a llegar las primeras revistas y periódicos. Las vivencias de quienes habían salido más allá de nuestras fronteras. Las aportaciones de los que de otros pueblos de la isla recalaban en Guatiza. De esa mescolanza nacieron las ganas y el brío necesarios para aquel embrión. Como una más de nuestras correrías. Sin “tos ni son” nos fuimos embaucando en algo que fue tomando cuerpo, atrapándonos a cada uno de nosotros en aquel embrión del que luego sería la Asociación Juvenil “Club Guadarfía”. Más o menos nos situaremos al comienzo de los 70. La media de edad de quienes conformábamos aquella “jauría” estaría sobre los trece años. En la vivienda de la escuela al amparo de una vieja mesa y algunas no menos destartaladas sillas procedentes de la reciente renovación del mobiliario escolar. En el balcón una bandera. Las paredes atiborradas con los pósters de las que entonces eran nuestras sex-simbols. Bien camufladas de posibles miradas intrusas, las cajetillas de cigarro y alguna botella de anís “El Mono” que furtivamente adquiríamos con nuestra ya ambiciosa capacidad crediticia. Recuerdo que éramos pocos, los del barrio y alguno más. Todos unidos por el juego diario. Un primer proyector de cine mudo. Escuchar, al amparo de un viejo reproductor de Cassettes a pilas, la música y autores que por aquel entonces emergían. Algunas tardes colocábamos bombillas de colores, aquel viejo cassett, ventanas forradas de cartulinas negras, banderillas de papel coloreado adornando. Con la complicidad de aquellos mimbres hacíamos los guateques en las aulas nuevas. Vaya un entusiasmo. Los chicos y chicas del pueblo querían formar parte de todo aquello. Allí ya nació la idea de incorporar a todo el que quisiera y donde realmente fraguó la Asociación Juvenil “CLUB GUADARFIA”.
A través de la delegación del Ministerio de Juventud elaboramos y registramos los estatutos que nos permitieron dar legalidad y formalidad al proyecto. Papeleo y más papeleo. Libros de Actas, de Registro, fichas de Socios, Carnets y no sé cuantas más. Cada escrito que había que realizar nos costaba tirar cinco o seis. No había ordenador. Cosas de la era de la máquina de escribir y el papel de calco. Celebramos la primera reunión para aprobar los estatutos, nombrar la Junta Directiva, ya éramos formalmente responsables ante toda la sociedad y organismos de la época. Cumplir normas, pautas, acuerdos. Gestionar todos nuestros recursos. Aquello comenzó a rodar.

Las cosas mejoraron y todo caminó con buen ritmo. A nuestras manos llego un amplificador de 25 W. y sus correspondientes altavoces, recuerdo que eran marrones y Philips. ¡Qué lujo ¡ ¡Cómo sonaba ¡ y mejoraron nuestros guateques. Con un montón de pulsadores y más ingenio hicimos que aquellas bombillas de colores tuvieran vida apagándose y encendiéndose a razón del gusto del que le tocara manipularlas que pocas veces coincidía con los gustos de los demás. Nos propusimos mejorar más: los platos para poder mejorar el sonido y escuchar la música más actual. Micrófonos, discos y sobre todo jubilar aquel cajón caprichoso lleno de pulsadores. Logramos sustituirlo por un “equipo de luces sicodélicas” que mejoro el ambiente y dio algo más de “cahe” a nuestros guateques. Habíamos crecido no solo en numero sino en ambiciones, creo que para esos inicios ya éramos lo menos cuarenta y pico. Prácticamente toda la muchachada. Nos trasladamos a la Casa Parroquial donde el párroco nos dejo una habitación que eran las antiguas cuadras. Raudos y veloces la acondicionamos. Techos y encalado nuevos. Troja con estantes para poner los equipos de sonido. Altavoces empotrados. Las bombillas de colores dieron paso a lo que para nosotros era una revolución: focos de colores. Sobre el fondo blanco de las paredes pintamos las sombras de algunos de nosotros. El salón parroquial se arregló, remiendo de paredes, bancos de mampostería, instalación eléctrica nueva, pintura y mobiliario variopinto que entre unos y otros “raspillamos”. Allí dimos cobijo al ya abundante papeleo que manejábamos y donde nos reuníamos para hablar y decidir sobre cualquiera de los temas que tocara. Inauguración por todo lo alto. Nuevas instalaciones y nuevas ambiciones. Aquel fue el impulso definitivo a todos los proyectos que después se realizaron. Importante fue la lucha contra el prudente rechazo que producía todo aquello a nuestros padres y madres, quizás fue la etapa más dura, el conseguir que ellos confiaran en nuestro proyecto. La verdad que lo encaramos con fundamento. Mediante una nota que el párroco leyó al final de la misa invitamos a que pasaran a conocer nuestro pequeño mundo. Los nervios nos comían. Poco a poco fueron llegando, hicimos los honores de recibirles, mostrarles todo lo que teníamos, como funcionábamos, nuestras ambiciones. Al final se consiguió y ellos mismos nos animaron a seguir. Recuerdo con especial cariño cuando nos ayudaron primero firmándonos como mayores responsables para poder legalizar la Asociación y luego a arreglar las dos habitaciones de la CASA PARROQUIAL poniendo techos, encalando, pintando… y allí tuvimos al fin nuestra discoteca y nuestro centro de reunión. Todo aquello nos llevó a un montón de proyectos muchos de ellos se llevaron a buen puerto y otros se nos quedaron en el camino. Impactante fue la puesta en escena de los PLAY-BACKS con los espectáculos ESCALA EN HIFI y STUDIO 86 con los que rompimos el hielo a todos los tabús establecidos en la época. Lo que nos llevo a recorrer toda la geografía conejera. Parecíamos verdaderas estrellas preparando cada actuación, seleccionando canciones, vestidos, haciendo guiones, preparando decorados, luces sonidos, ensayos. Todos teníamos cabida, cada uno tenia su cometido y entre todos nos lo pasábamos en grande. Apunto la vez que nos invitaron a actuar en la SOCIEDAD DEMOCRACIA, en el puerto. Chacho, la verdad es que no nos lo creíamos. Lo preparamos a conciencia y el día de actos, era San Pedro, estábamos todos en cuatro esquinas con nuestro vestuario, instrumentos de madera, los discos o cintas de las canciones que íbamos a interpretar, repasábamos el guion y el orden de actuación. Nos habían dicho que vendrían a buscarnos. ¡Cacho guagua!, eso no es “pa” nosotros, no ves que esta nuevita en chilla. Hasta que el chófer se acercó a nosotros y nos dijo que venía a buscarnos. Casi no entramos de lo inflado que nos pusimos. Rifas, ventorrillos, ventas de entradas de los Play-Bak, subvenciones del Ayuntamiento y del entonces Ministerio de Cultura y Juventud, aportaciones de las casas comerciales y las cuotas que cada uno aportaba eran nuestra forma de llevar a cabo todo aquello.

Permítanme subrayar que ya en aquellos tiempos teníamos claro lo de “la igualdad”. Cuando en nuestro pueblo tanto en la SOCIEDAD UNION e IMPARCIAL sólo eran socios los varones mayores de 18 años en nuestra Asociación lo eran de plenos derecho e igualdad todos, chicos y chicas. Lo importante mas a allá de lo vivido fue la ilusión y ganas que le pusimos todos sin excepción. Trabajamos duro dando lo mejor de cada uno de nosotros para que aquello pudiera ir creciendo y mejorando cada día. La organización de las fiestas del pueblo, boletines informativos, promovimos la posibilidad de fusión de la “Unión” y “La Imparcial”, creamos una pequeña biblioteca pidiendo lotes de libros a las embajadas y centros de cultura, ayuntamiento y cabildo. Tantísimas otras actividades cada una de ella con más o menos atino pero les garantizo que con la misma ilusión. Los años, inexorables, se fueron adueñando de nuestras vidas, llegaron las responsabilidades laborales en unos casos, los estudios o la mili en otros, los amores y desamores. Nuevos compromisos, nuevas emociones y retos personales. Todo aquello que hasta ahora había marcado nuestro rumbo se fue abandonado poco a poco y dando paso a las nuevas generaciones que llegaban. Al comienzo de este pregón os dije que la segunda parte quería realizarla proponiéndoles un compromiso. Con ello lo único que pretendo es el impregnar a todos mis vecinos la fuerza, ímpetu y coraje que siempre han tenido nuestras gentes para vivir en comunidad para conseguir que en su pueblo, los servicios y todas aquellas carencias que han ido surgiendo se han conseguido siempre desde el empeño comunitario y la unión ante la defensa de los intereses comunes.

No quiero hablarles de una retahíla de hechos históricos que seguramente ya cada uno en mayor o menor medida los conoce. Importante es que más allá de esos hechos históricos tomemos razón de la capacidad, empeño y tesón de nuestra gente y de nuestro pueblo. Guatiza y sus gentes hemos sido innovadores, ambiciosos en nuestros proyectos de comunidad, defensores de nuestras tradiciones. Podemos constatar en cada momento de la dilatada vida de nuestro pueblo que estas han sido una de su principal virtud:
Innovación, solidaridad y espíritu de colaboración los que han movido a nuestro pueblo como constante, a través del devenir de toda su historia. Ya a lo largo de este pregón he señalado algunas, pero podríamos encontrar muchos más ejemplos en los que ese espíritu de solidaridad se ha hecho presente. La construcción del templo parroquial (15 de Agosto de 1.876). Creación del Cementerio (Agosto de 1.889). La Sociedad Unión (25 de Diciembre de 1.899). Creación de la Cartería Rural (13 de Septiembre de1903). Creación del Juzgado de Paz (10 de Julio de 1916). Concesión de las Escuelas Públicas (1921).

Colecta para la compra y construcción de un Grupo Escolar (1.954). Inauguración de la Sociedad Imparcial (18 de Julio de 1.926). Ensanche de las obras del Cementerio (Mayo de 1.933). Electrificación del Pueblo (20 de Julio de 1.972). Creación de Nichos en el Cementerio y arreglo de la subida (1.975). Creación de la Asociación de Vecinos “Santa Margarita”. Arreglo de Muros en el Pueblo. Arreglo de la Iglesia. Construcción de dos aulas escolares nuevas. Centro Socio Cultural Los Eucaliptos (1.983). Centro Socio Cultural TAIGA (1.988). Cesión de terrenos para la realización de la carretera o la construcción del campo de futbol.

Son casi seis siglos de historia de nuestro pueblo, se dice pronto, pero ahí esta, viéndonos pasar a cada uno de nosotros, marcándonos un camino del que podamos tomar las referencias de nuestra propia identidad como pueblo. No podemos improvisar nuestra historia ni nuestro progreso, actitud nada infrecuente en el ritmo de vida actual, marcado por un exceso de acomodamiento e intereses conformistas. Vivimos en una época en donde la globalización genera lazos de conexión entre los pueblos, por lo que el desarrollo es intersectorial y comunitario. Por este motivo deberemos saber preveer, planificar y organizar nuestros recursos, disponibles y venideros, de manera coherente y creativa, como fuente de prosperidad y progreso comunitario. Tomando como referencia esos matices y peculiaridades que nos han forjado y marcado como pueblo. Es entonces cuando adquiere especial significado el Cristo de Las Aguas, tan altivo y simbólico, protegidos por Guenia, Tinamala, La Caldereta y Teneguime. El Cristo de las Aguas, representa esa salida del cautivo progreso social y al que solemnemente homenajeamos cada catorce de septiembre.

Sin renunciar al progreso sigamos reivindicando y promulgando desde cada uno de nosotros esos valores que han hecho de Guatiza y sus gentes lo que hoy es. Que esa ambición de mejora, la innovación, la vida comunitaria, el respetarnos en la memoria de nuestros antepasados sea el norte que nos guíe y con el que sepamos transmitir a los que lleguen ese mismo espíritu. Construyendo tradición y compromiso con los valores de nuestras gentes, con tenacidad y rigor en un objetivo común: nuestra casa, nuestro pueblo, nuestras gentes, Guatiza. A quienes llegan y conviven con nosotros brindémosles nuestro tradicional espíritu acogedor y la mejor de las bienvenidas. Que se sientan partícipes. Contagiémosles de nuestras vivencias, tradiciones y valores. Juntos compartiremos esa tenacidad, compromiso y rigor creciendo en el diario andar de nuestro pueblo. Guatiza. Quisiera, y con el permiso de Vds., dar las gracias a mis padres, principales responsables de que yo esté hoy aquí, agradecer a mi familia su cariño y apoyo constante, a los amig@s, tantos, por haber estado siempre ahí, y sobre todo, darles las gracias a todos Vds., Guaticeros, que son el alma de este pueblo, el motor del presente y el proyecto de futuro, y que han tenido la inmensa generosidad de regalarme estos minutos de su paciente escucha. Agradecidos a nuestro Santo Patrón. Gozosos por el buen quehacer realizado, hoy es motivo de alegría y satisfacción el sentirnos con el deber cumplido, por haber llevado a buen término nuestras obligaciones personales, sociales y laborales, tras un año de plena dedicación y esfuerzo. “Guatiza princesa mora y la dama Caldereta cautiva de Guru-Gu en el castillo de Guenia”

Y ya sólo resta abrir nuestras Fiestas, con sus guateques, gymkhanas, juegos, campeonatos, ventorrillos, bailes y demás actos; y con ellas abrir los corazones a la alegría, la solidaridad y el compromiso con nuestro pueblo y sus gentes, e invitarles a todos a una fiesta sana, plena y merecida. Guaticeros:

¡Vivan nuestras Fiestas del Cristo de las Aguas 2010!

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