Pregón del Cristo de Las Aguas 2007 (Guatiza)

Pregón de las Fiestas del Cristo de Las Aguas
Guatiza 2007

 
Por:  DIEGO ARREBOLA GÓMEZ

Buenas noches.diego

Estoy seguro que esto es una venganza de antiguos alumnos por las palizas que les di en la escuela para que me fastidie teniendo que preparar este pregón, pero les va a salir el tiro por la culata porque ya me enteré de quiénes son los culpables y en este pregón pienso ponerlos verde a todos. A lo mejor no ha sido por eso y lo han hecho para que por lo menos me roce un día por el Taiga.

Dejando las bromas quiero decir que es para mí un motivo de satisfacción el que me hayan encargado este pregón, que hago con mucho gusto, precisamente en un pueblo al que llegué cuando acababan unas fiestas del Cristo de las Aguas en el año 1978 y al que tanto le debo en el aspecto profesional y personal, y aunque no haya nacido en él es en el que más tiempo he vivido.

Quizás algunos de ustedes se pregunten cómo es que en aquellas fechas llegaron aquí dos peninsulares, una gallega, Elisa, que recordarán especialmente los que hoy tengan alrededor de 35 años pues les dio infantil o primer curso, y un andaluz. El motivo fue que en este colegio se habían creado dos plazas para ocupar las aulas nuevas que hizo la gente del pueblo para que los alumnos no tuvieran que desplazarse a La Villa. Como en aquel tiempo todavía no existían las CCAA y los concursos se hacían a nivel de todo el Estado pues lo mismo te enviaban a un canario a la Península que al revés. El mismo D. José estuvo durante un tiempo en la Península en un pueblo de Aragón. Cuando no conseguías plaza en los colegios que habías solicitado te otorgaban automáticamente una que hubiera quedado sin pedir y ese fue el motivo de que los dos viniéramos aquí, es decir, se trataba de un destino forzoso. Bueno lo de forzoso es un decir, porque eso era el primer año, y los dos vinimos con una misma idea: la de estar un curso y regresar. Pero se ve que el ancla mía se trabó bien pues todavía no he logrado izarla. Y lo que te rondaré morena.

Cuando me enteré que me tocó Guatiza yo sabía de Canarias lo que era normal pero hasta el detalle de saber dónde estaba exactamente y cómo se llegaba, no. Así que me propuse llamar por teléfono para hablar con el Director y que me informara de viajes, alojamiento, colegio, etc. Entonces me di cuenta que no sólo no había teléfono en el colegio sino que en todo el pueblo sólo había uno que como ustedes saben era el que estaba en casa de Sixto al lado de la tiendita. Pues bien, allí llamé y ya me dijeron que mandarían recado a D. José para yo llamara otro día y estuviera allí. Así fue. D. José me informó, le dije que me diera permiso para estar algunos días más pues tenía un examen que hacer y hacia mitad de mes me vine para acá.

Llegué a Arrecife de noche y me alojé en el Gran Hotel. No crean que era porque me sobraban las perras que aquello me echó por tierra el presupuesto, sino porque me pegué un buen rato buscando pensión más barata y me fue imposible encontrarla.

Al día siguiente taxi y para Guatiza. Y un día de septiembre de 1978 un joven bajito, flaquito, con mucho pelo y bien largo aparece en la puerta de este colegio. A la vista está que el tiempo no pasa en balde. Ahora todo lo que tengo de más me gustaría tenerlo de menos y al revés.

En el colegio no había nadie y me fui a la tiendita que tenía Cecilia justo un poco más acá de la que hoy tiene Mari Carmen para pedirle información. Justo en aquel momento había unos alumnos sentados en el muro de enfrente de la tienda, alguno de ellos bien espigadito y fuertote. Le pregunté si aquel era uno de los alumnos que me tocaban a mí y me dijo que no que todavía estaban en cursos más bajos. Yo ya pensé que si con aquella edad ya eran así de grandes aquí todos serían puntales más o menos, así es que buena era la que me esperaba. Me dijo donde estaba la casa de D. José y allí me fui preocupado por enseñarle los justificantes de mi tardanza. Dejé mi maleta, no de madera pero casi, en la tienda de Cecilia, y me fui a ver a D. José que era el Director. Después de saludarlo inmediatamente comencé a explicarle el motivo de mi tardanza y a enseñarle los justificantes. Sin dejarme terminar D. José me dijo:

-Pero muchacho, ¿de qué te preocupas? Mira ahora están acabando las fiestas del pueblo, dentro de unos días son las del pueblo de al lado y cuando terminen estas, en octubre, entonces empezaremos el curso. Así es que lo que tienes que hacer es venir a las fiestas, a las verbenas que seguro que te lo vas a pasar bien y no te preocupes que ya tendremos tiempo de las clases.

Efectivamente así fue, y en octubre comenzamos el curso. Lo malo fue que esto duró poco más y en años sucesivos se fue acortando el comienzo hasta llegar a hoy. Un pisquito más y me veo comenzando el 1 de septiembre o quien sabe si en agosto. ¡Hay que ver como se van perdiendo las buenas costumbres!

No tenía alojamiento y como tampoco tenía coche pues me llevó a Los Cocoteros que en aquel tiempo estaba en pleno funcionamiento el bar, restaurante, piscina, discoteca… Hablamos con Dimas y él amablemente me dejó un apartamento. Justo uno que hace esquina cerca de la piscina al lado del que vivía Juan Brito. Y menos mal que tuve la suerte de que viviera allí Juan pues como no tenia coche ni había guagua él tenía 4 hijos en el colegio que llevaba y traía todos los días en un 127 y me ofreció su coche y así estuve yendo y viniendo a Los Cocoteros mientras viví allí. Aunque algún día no pudo recogernos y tuvimos que hacer el trayecto en el coche de San Fernando y campo a través que era más corto. Por cierto que el apartamento tenía 4 camas y como yo no era muy aficionado a lavar sábanas cuando estaba una semana en una me pasaba a la otra y así estuve el mes largo que viví allí.

Comenzado el curso los chicos aguantaban todo calladitos mis rollos (otra costumbre que se va perdiendo) y como no decían nada les pregunté “ustedes me entienden” (bueno como estaba recién llegado igual les dije “vosotros me comprendéis”) y muy tímidamente me dijeron que sería mejor que les hablara un poco más despacio. Esto no era de extrañar pues pasar en un momento de la calma de D. José a la velocidad peninsular mía les sería un poco difícil.

En aquellos primeros años éramos 6 maestros/as y 6 aulas. Durante bastantes años fue así y no sólo en el número sino que también lo éramos las mismas personas y cada uno con los mismos cursos. No había que hacer al comienzo adjudicación de cursos, de aulas ni nada por el estilo.

Llegábamos todos los días al colegio y la tercera ventana de la clase que se encuentra debajo de la que fue casa de D. José era la testigo de nuestras tertulias de mañana, recreo y tarde y donde aguantábamos las polvaredas que se formaban por los juegos de los chicos. Claro que a veces estaban tan animadas y como no había sirena pues sin darnos cuenta nos pasábamos unos minutos hasta que D. José, que era el Director, claro los demás no íbamos a hacerlo, miraba el reloj y decía: Pero muchacho si son las 9 y … unos minutos y entonces cada mochuelo a su olivo y comenzábamos las clases. Más adelante cuando al patio se le pusieron lozas la tertulia del recreo pasó de la ventana a la sombra de un árbol sentados en sillas. Claro que a veces D. José recuperaba los minutos perdidos porque también se olvidada de mirar el reloj a la hora de salir y a algunos empezaban a hacerle algún ruido las tripas.

También en aquel tiempo teníamos nuestras salidas extraescolares llamadas entonces excursiones. Eso sí, no era necesario tenerlas programadas con mucha antelación, contratar guagua ni pedir el permiso a los padres. Eran de decisión rápida, utilizábamos la guagua de San Fernando, y su destino era la Caldereta y la de fin de curso a bañarnos en La Caleta.

Y también teníamos inspectores. Lo que pasa es que no estaban en Lanzarote sino en Las Palmas y de vez en cuando se daban una vuelta por aquí. A veces nos pasábamos años sin verlos (y que conste que nosotros no nos quejábamos por ello) y claro como se presentaban sin avisar pues a veces nosotros no estábamos preparados para recibirlos ya que tuvieron la suerte de presentarse en dos ocasiones muy oportunas.

Una de ellas fue cuando vino una inspectora, muy puesta ella en el vestir, el adorno y la pintura y qué coincidencia se le ocurrió venir cuando teníamos unos problemillas con la limpieza y alguna clase no estaba todo lo limpia que era de desear. La inspectora fue visitando las clases y al llegar a la misma se encontró con una gran alfombra blanca de algunos centímetros de espesor formada por papeles de todo tipo especialmente pelotas y aviones, ya que los alumnos de dicha clase eran muy aficionados a tirarse tales proyectiles y tras bastantes días sin limpiar el campo de batalla era normal que estuviera así.

En otra ocasión, qué casualidad, fue un día que a nosotros se nos ocurrió hacer nuestra excursión a La Caldereta. Viendo el colegio vacío preguntaron a los vecinos que les informaron de dónde estábamos y claro como no les gustó la idea de hacernos compañía en La Caldereta pues dejaron el aviso a Frasquita y la mujer del señor Juan.

Claro que nosotros qué culpa teníamos de ello. Si nos hubieran avisado pues nos hubiéramos puesto guapos y aleccionado a los niños pero si es que no teníamos teléfono. Pero no crean que lo echábamos de menos. Era la excusa ideal para cuando alguna cosa no nos interesaba mucho conocer pues con decir que no nos habíamos enterado era suficiente. Hacia finales de los 80 lo pusieron y ya ven ustedes que no siempre el progreso todo lo que trae son ventajas.

Los viajes de fin de curso ya supondrán que no estaban tan organizados como hoy con sus actividades previstas con monitores, guías etc. Recuerdo uno que hicimos a Tenerife que con ventorrillos y demás conseguimos para el viaje (algo más de 200 ptas por alumno en los Santa María) y pagar una pensión de estudiantes de pocas estrellas en La Laguna . Pagado esto el presupuesto no nos alcanzaba para excursiones así que se nos ocurrió pedirle al Cabildo de Tenerife ayuda para las mismas. Ni cortos ni perezosos, nos fuimos allí, y nos recibió un señor que nos preguntó que de dónde éramos. Le dijimos que de Guatiza. Como no sabía bien dónde quedaba eso nos preguntó el municipio. Entonces le dijimos que de Teguise. El señor entonces nos hizo pasar a una sala donde otro nos saludó efusivamente y nos soltó un discurso que al poco de comenzado empezamos a temernos que no iba destinado a nosotros pues nos ponía una guagua a nuestra disposición para varias días. Como el señor estaba tan entusiasmado con su discurso no quisimos interrumpirlo y cuando acabó y le dijimos quiénes éramos cambió su cara pero después de lo dicho no se quiso echar atrás y tuvimos guagua gratis. Eso sí, compartida con los alumnos del Alfonso Espínola de Teguise que eran los que ya tenían apalabrada esa guagua y con quienes él nos había confundido por ser del mismo municipio.

Qué decir, en fin, de las vicisitudes, con huelga incluida, que se pasaron para conseguir los servicios de las aulas en cuya construcción colaboró el pueblo. De las primeras clases de deporte que dimos en el parque, en la era de Dña. Lola, y después en el campo de fútbol y donde jugábamos a balonvolea con red imaginaria, calculando si la pelota pasaba la altura o no a ojo de buen cubero. De los entrenamientos de los sábados, de las competiciones de fútbol y balonvolea y de los viajes que hicimos con ellas a Las Palmas. De las escuelas viajeras a las islas y a la Península. De la primera fotocopiadora que se compró de segunda mano, todo un armatoste que de vez en cuando se le ocurría funcionar. Menos mal que D. José era manitas en mecánica, si no nos arruinamos en reparaciones. De la célebre bicicleta de D. José, de las “palizas” que nos daba alguna tarde a toda la segunda etapa, metida en su aula, escuchando lo de radioaficionado, cuando al no estar acostumbrados apenas entendíamos lo que se hablaba por aquel medio y de otras cosas más que ahora se me escapan.

Además de todas estas anécdotas quiero hacer una valoración personal de todos estos años de escuela en Guatiza. Mi primer recuerdo es para todos los alumnos/as que han pasado por aquí en estos 29 años. De todos ellos tengo un recuerdo grato porque me parece que tuve mucha suerte con que me tocara esta escuela pues creo que todos ellos han sido buena gente. No quiero decir con ello que hayan sido angelitos y unos Einstein estudiando. Ha habido de todo. Alumnos que no han roto casi ningún plato y otros que han roto vajillas enteras. Unos muy estudiosos, otros regular y otros que no han dado un palo al agua. Pero creo que todos han sido buena gente y no hemos tenido los problemas de disciplina que por desgracia hay en otros centros. En líneas generales han sido trabajadores, obedientes, respetuosos y en bastantes casos cariñosos.

Muchos salieron de la escuela al instituto donde su origen ha sido en muchas ocasiones garantía de buena preparación (alguno/a de los presentes estará diciendo que eso no lo digo por él) y después a la universidad, terminando una carrera universitaria. Otros hicieron FP o módulos trabajando en oficios y profesiones técnicas. Algunos crearon empresas y trabajo. Otros trabajan como empleados en muchas ramas del turismo, la construcción, servicios (Cabildo, Ayuntamientos) y me parece que siguen siendo gente de bien integrados plenamente en la sociedad y que guardan unas relaciones cordiales con sus antiguos profesores/as.

Pero también en la vida hay cosas tristes y los peores momentos de todos estos años han sido aquellos en los que hemos tenido que lamentar la pérdida de miembros de esta comunidad tanto de profesores/as como de alumnos/as que por desgracia ya no están entre nosotros.

Asimismo creo que hemos tenido suerte en el caso de los padres/madres. En su gran mayoría sienten una gran preocupación por la educación de sus hijos y tienen una actitud de colaboración con el colegio.

Por último decir que en el aspecto personal también le debo mucho a este pueblo. Aquí me casé y aquí nacieron mis dos hijos. Como ya todos nos conocemos y están ellos presentes no les voy a elogiar mucho porque entonces se me ponen muy gordos y hay que comprar ropa nueva y como están ahora las hipotecas el sueldo no da para tanto.

Acabo formulando tres deseos. El primero que este colegio siga cada día a mejor con la colaboración de todos, el segundo que ustedes se gocen unas buenas fiestas del Santo Cristo de las Aguas y que nos podamos ver celebrando muchas más y el tercero un pequeño deseo personal como es el que algunos ex-alumnos/as que todavía siguen llamándome con el don a ver si algún día se deciden a quitármelo.

Muchas gracias y un abrazo para todos/as.

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