Pregón de La Graciosa 1994

Pregón de las Fiestas del Carmen
La Graciosa 1994

 Por: OSWALDO BRITO GONZÁLEZoswaldo brito
(Leído por D. Lorenzo Orarte)

Al presentar hoy, en esta entrañable isla graciosera el Pregón de sus Fiestas por especial invitación del Excmo. Ayuntamiento de Teguise, Villa capitalina de la historia normanda y señorial, quiero transmitir mi afecto y especial valoración a todos aquellos que, tanto en los difíciles tiempos pasados como en los no menos complejos del presente se han afincado tanto en La Caleta del Sebo como en Pedro Barba.

De otra parte, no es mi pretensión el emular la interesante crónica de Don Francisco Hernández Delgado en que se recogen los dispersos retazos de la historia de La Graciosa, en esta siempre difícil tarea de historia de La Graciosa, en esa siempre difícil tarea de historiar realidades con escasa disponibilidad documental o descriptiva. Es sabido lo difícil que resulta historiar a los pueblos sin documentos, lo cual no debe entenderse jamás como la no historicidad de los mismos y la importancia de su función en el devenir histórico.

Conocedor profesional de la Historia del Archipiélago, he constatado la función estratégica que las islas e islotes del denominado ArchiOlartepiélago Chinijo y particularmente La Graciosa y Lobos desempeñaron en los múltiples acontecimietos de la piratería sistemática a que fueron sometidas las islas durante el denominado Antiguo Régimen (S.XV al XVIII). Ello se refleja a los informes sometidos a la consideración de Felipe II, en que se aconseja a la Corona el sometimiento al control real tanto de Lanzarote como de los islotes para evitar su función de bases operativas para la acción pirática. En especial, para el corso europeo que, operaba en nuestras aguas a la espera del obligado paso en su derrota por Canarias de las flotas de Indias. El proyecto de 1587 recoge la voluntad, después desechada, de sacar del control señorial tales islas y reforzar sus sistemas defensivos con cargo a la Hacienda real.

Por ello, junto a las descripciones de algunos autores sobre La Graciosa -de seguro visitada por todos los navegantes de cabotaje en los tiempos anteriores y posteriores a la conquista y colonización normanda- debemos destacar por su significación histórica la arribada a esta isla del famoso científico y naturalista alemán Alexander Von Humboldt quien nos deja su testimonio escrito de aquella experiencia en una carta a su hermano en junio de 1799: “…Hemos salido el 5 de junio, con viento NO muy fresco y con la suerte de no haber encontrado ningún navío. Diez días más tarde estábamos ya en las costas de Marruecos, y el 17 de junio en Graciosa, donde tomamos tierra.

…En aquella soledad en medio de tantos islotes desiertos, gozamos largo rato del espectáculo de una naturaleza salvaje e imponente. Las montañas negras de Graciosa ofrecían sus paredes cortadas a pico, de una altura de 500 a 600 metros. Su sombra proyectada sobre la superficie del Óceano, daba al paisaje un carácter lúgubre. Riscos basálticos surgían del seno de las olas, como restos de un enorme edificio. Su presencia nos recordaba aquella época lejana.

En que los volcanes submarinos dieron a luz nuevas islas y desgarraron los continentes. El mismo desierto empieza a vivir, desde que reconocemos en él la presencia de la mano laboriosa del hombre…”.

Este interesante y poco conocido relato del científico que viaja en la corbeta Pizarro, al mando del Capitán Manuel Cagigal, abandonó el Puerto de La Coruña el 5 de junio de 1799, situará a La Graciosa en el conocimiento de la geografía náutica de la Europa ilustrada.

Pero nuestra isla sería motivo de estudios y proyectos no tan desinteresados y de investigación exploratoria. La Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas, en 1875, informa al Comandante de Marina de la Provincia de Canarias,”… sobre el establecimiento de pesca y secadero para el salpreso en la isla de La Graciosa…”,Doa años después, el infome del Cónsul británico informa a su Gobierno que:

Un americano, el Sr. Edward Belknap, después de estar aquí hace unos años y de haber profundizado en el asunto, declaró que había más pescado en las aguas entre entre las islas de Lanzarote y La Graciosa que en todas las costas de Terranova…”.

Sorprende tal afirmación puesta en la pluma de unos cónsules que siempre se caracterizaron por la falta de imaginación y la pulcritud de sus informes. Sin duda, la información de George Glass es su azarosa presencia en Canarias, marcará toda la información sobre el banco pesquero canario-sahariano.

Proyectos de establecimiento pesquero que se materializaron, aunque pronto se abandonaron, como recoge otro informe consular de 1892, al afirmar que:

“…En la isla de La Graciosa, al norte de Lanzarote, hay unos cobertizos enormes que se levantaron para secar y curar el pescado…”.

Sin embargo, no fue éste el único ni más relevante asentamiento dedicado a la obtención de la proteína básica en la alimentación isleña: el pescado salpreso o salado. Un informe consular de 1891, pone de relieve el interés atlántico del Imperio británico, al señalarse la posible instalación en la misma de una Estación carbonera al indicar que:

“…Este nuevo valor de las islas es ahora enteramente reconocido, como demuestra los resultados de la actividad portuaria y, de seguir el incremento del tráfico a su ritmo actual, se necesitará un paralelo aumento de las instalaciones portuarias. Las ventajas naturales de las islas de Lanzarote y Graciosa harán probablemente que se analicen sus perspectivas futuras, ya que no existe otro lugar, ni en las islas orientales ni en las occidentales donde tal empresa podría llevarse a cabo sin gastos enormes…”.

¡Qué bien conocían las potencialidades y los mares isleños las potencias europeas, mientras se mantenía la ignorancia, el olvido y la marginación por parte del titular jurídico de la soberanía sobre el Archipiélago!

Sin embargo, tales proyectos no llegaron a materializarse y la situación de La Graciosa queda reflejada por Florence du Cañe, en 1911, cuando publica su crónica en Londres sobre las Islas Canarias y afirma:

“…Las tres islas de Fuerteventura, Lanzarote y el Hierro completan el grupo de las siete Afortunadas, porque sus pequeños satélites, Graciosa, Alegranza y Montaña Clara no son más que grandes rocas deshabitadas, sólo visitadas alguna vez por los pescadores…”.

Una percepción que se altera en 1929, por parte de Juan Delgado Marrero, en su “Geografía Regional de las Islas Canarias”, al señalar que:

“La Isla de Graciosa se halla situada al Norte de Lanzarote, separada de ella por el estrecho del Río, con una extensión de 15 kilómetros cuadrados y una población de 278 habitantes. Sus pobladores se dedican a la pesca y viven en cabañas. Corresponde al término municipal de la Villa de Teguise. Tiene una escuela mixta servida por Maestras”.

Una isla Graciosa de discutido toponímico, ya desde la época de Abreu Galindo, quien afirmaba que “…La isla de La Graciosa se llamó así porque, como está más cercana de la isla de Lanzarote, forma un canal muy agradable a la vista, entre la una y otra isla y, aunque pequeña, de bastante fondo para navegar, y de gracia con su canal; y esta isleta la llamaron de este nombre. La Graciosa…”.

Quizás el recordado artista y ecólogo universal, César Manrique, se inspirara en la lectura de Abreu Galindo y su extraordinaria capacidad recreativa de la naturaleza para, desde el Mirador del Rio, inmortalizar la visión graciosa, agradable y entrañable de nuestra pequeña isla.

En cualquier caso, desde la silenciosa visión de pioneros visitadores de la época clásica o del medievo, desde la más lógica presencia de los piratas del corso presente en Canarias en siglos posteriores o en la perspectiva del pescador o cazador de pardelas, La Graciosa acumula más allá del registro escrito y de la crónica oficial- la más entrañable de las crónicas vivas: la que se experimenta en el paso de El Río y el tocar sus arenas concheras, desde el reencuentro, siempre especial y único, de cada ser humano con el silencio de la naturaleza.

Por ello, desde la añoranza y el agradecimiento, desde la ilusión y la esperanza de futuro, no puedo menos que terminar este brevísimo Pregón rememorando a nuestro poeta de la identidad escribía:

“Y olvido muchas veces del mundo las zozobras, pensando de las islas en los montes, las playas y las olas.

Mi espíritu es isleño como la patria rocas, y vivirá cual ellas hasta que el mar anegue aquellas costas.

La patria es una fuente, la patria es una roca, la patria es una cumbre, la patria es una senda y una choza”.

Desde el emocionado recuerdo de nuestro Don Nicolás Estébanez, poeta de la patria isleña, un abrazo de sincera admiración a todos los gracioseros por su esfuerzo y entrega a la insularidad.

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