Pregón de Caleta Famara 2003

Pregón de las Fiestas del Sagrado Corazón de Jesús
Caleta de Famara 2003

Por: JUAN LORENZO VALENCIANO RIJO

Si les digo la verdad, yo no esperaba estar aquí o tal vez ni se me había pasado por la cabeza, creyendo equivocadamente que aún era muy joven para contar historias o para pregonar unas fiestas como las de La Caleta de La Villa (Famara); pero cuando a uno se lo pide la gente joven del pueblo, el presente y el futuro de lo que este pueblo es y será, me siento tremendamente orgulloso de pregonar Las Fiestas de La Caleta de La Villa (Famara).

¡Se conoce que sí me ha llegado la hora y el momento de contar historia!

Me decía un amigo: Juan Lorenzo si me vas a contar lo del pueblo marinero y todas esas historias, ni me molesto. Mi amigo es de los llegados a La Caleta hace relativamente poco tiempo.

La Caleta se tiene que saborear con todos los sentidos, con imágenes, con sabores, con sonidos y con sensaciones y emociones.

Cuando seas capaz de sentir con todos los sentidos a este pueblo serás capaz de disfrutar de la gran fiesta que ofrece La Caleta cada día.

César Manrique en su infancia y juventud impregnó sus sentidos de La Caleta, así en su libro “Escrito en el fuego” dice: “todos los objetivos del ojo son diferentes pero lo importante es ser vistos, contemplados. Hay una intencionalidad en el entorno, como una provocación narcista que te obliga a mirar…saber ver y no mirar es la clave del conocimiento”.

Las primeras imágenes que tengo de La Caleta se difuminan en el tiempo. Recuerdo un pueblo chiquito, metido en el amarillo del jable, blanco en las paredes y canelo en el techo. Un hombre gordo, tenía una gran barriga pero fuerte, se acercó con un burro con las alfojas llenas, me saludó cariñosamente y me dijo: entra y pide unas palanganas. La casa era blanca, en la puerta de entrada había dos escalones de forma redondeada llenos de agujeritos, eran vértebras de ballena, la puerta de entrada daba a un patio muy limpio. Señor Marcial Machín me dijo: ayúdame que vamos a preparar estos animales, vació las alfojas, de ellas comenzaron a salir un sinfín de avutardas. Junto a la casa había una tienda, el espacio entre las dos cosas estaba delimitado por grandes costillas de ballena. Para un niño aquello era un espacio mágico, de las alfojas salían avutardas, jugabas entre vértebras y grandes costillas de ballena y cuando ibas a la tienda te regalaban golosinas. Aquel era un lugar mágico.

De mis imágenes de verano, otra que se me quedó grabada para siempre fue la de la Señora María, la mujer de Feliciano el viejo. Señora María, era una mujer enjuta, de poca carne, de cara angulosa, pero siempre activa, nunca se cansaba. Barría el jable que estaba en las puertas de la casa de tal manera que por la mañana no quedaban huellas del día anterior.

Con mi imaginación de niño, pensaba que si la playa había quedado llena de huellas del día anterior y amanecía lisa, barrida y limpia, Señora María barría la playa mientras yo dormía.

Y aún podemos ver cómo este rito mágico se repite día a día, la playa amanece barrida, Señora Nieves, Reyes, Antonia, Mercedes, Candelaria, Leonor y otras muchas mujeres más del pueblo barren el jable para que no queden huellas del día anterior y comenzar el nuevo día igual que lo hace el mar.

Señora María y Señora Bárbara eran personajes mágicos a los que siempre procuraba arrimarme. Preocupa estar junto a mi padre cuando estaba en casa de Feliciano el viejo, para que Señora María me invitara a una tacita de agua.

Las imágenes de los hombres son más difusas. Señor Isidoro era el último que llegaba, sobre el mediodía, con una gran gueldera, los chinijos le ayudábamos a varar la chalana. Los hombres más jóvenes salían a la mar al atardecer y llegaban al amanecer del siguiente día, muy temprano, la pesca se arreglaba en los charcos. Al levantarme los charcos siempre tenían crias de cazones y marrajos, sacadas del vientre de sus madres que aleteaban tratando de buscar un vientre que les acogiera en aguas más profundas. Con los ojos de un niño el mar paría para mí cada noche y por la mañana encontraba esas crías tratando de buscar el cobijo de un vientre o un mar profundo.

Era un hecho mágico poder ver parir al mar cada mañana.

De joven los límites de mi mundo caletero eran por el Este: La Casa de Las Brujas y por el Oeste la casa de Albarrán; bajo, playa, trampolín, escondite, bajos y vuelta a empezar pues los días se hacían cortos.

Mientras, el mar seguía pariendo gracias a Feliciano el chico, Antonio, Mariano, Rafael, Marcial, Ramón, Felipe, Rogelio, Mariano y otros muchos nombres que se me olvidan.

Las huellas del día anterior se borraban todas las mañanas gracias a las mujeres de La Caleta.

Yo quiero pregonar que esa es la verdadera fiesta, las fiestas de las imágenes de La Caleta. A la gente joven de La Caleta quiero pregonarles estas fiestas y decirles que la magia de La Caleta no se ha perdido, que esa magia existe, que hay que buscarla en la sabiduría de vuestros mayores y en la experiencia de todas estas personas que les he ido nombrando.

No dejen que los límites de su pueblo sean aberraciones urbanísticas como Alcatraz y La Moncloa.

No dejen que el color dominante sea el negro del asfalto, recuperen el amarillo del jable.

En La Caleta la boca siempre termina salada, con sabor a mar y es que en el Norte la mar casi nunca está callada y casi siempre tiene algún sonido o sabor que ofrecemos. Los hombres y mujeres de La Caleta siempre han tenido la mar de frente; como decía el poeta gomero Pedro García Cabrera “ésta no es una mar que se tiende a hacer el cristo bocarriba, ésta es una mar que te habla de tú a tú”. Os invito a que hagáis de los sonidos y sabores caleteros una fiesta, una fiesta mágica.

Caleteros no dejen que vuestros sonidos sean los motores de los coches, obligad a que se apaguen, enciendan el mar, que se escuche el mar.

Caleteros no dejen que los malos olores emponzoñen el aire, disfruten del sabor a salitre.

Permitirme que el pregonero salude a los amigos de La Caleta con quien compartió su infancia: A Fernando Machín, gracias por enseñarme a cazar al rastro y a pescar a baila en Famara. A Manuel, por los buenos partidos de fútbol. A Andrés y a Juan por los buenos momentos y a todos muchas gracias por haberme ayudado a participar de la verdadera Fiesta de La Caleta.

A la gente joven de La Caleta decirles que la magia de La Caleta no se ha perdido, crean en ella y cada día sea una fiesta mágica de los sentidos

Caleteros, veraneantes y recién llegados disfrutad con todos vuestros sentidos de las fiestas de La Caleta de La Villa.

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