Pregón de Teguise 2014

Pregón de las Fiestas del Carmen
Teguise 2014

Por: Mª DEL CARMEN HERRERA TEJERA

Señor Alcalde del Excmo. Ayuntamiento de Teguise, señor concejal de festejos, vecinos y amigos, BUENAS NOCHES A TODOS.Mª Carmen Herrera
Me gustaría antes que nada destacar mi sorpresa, cuando Daniel Morales me propuso ser la Pregonera de unas fiestas tan entrañables como son las de NUESTRA SRA. DEL CARMEN.
Después de estar varios días y noches dándole vueltas a la cabeza y pensando si yo podría cumplir con valentía esta tarea, me dirijo a todos ustedes desde mi humildad y con el deseo de compartir mi amor por nuestra querida Villa. Pueblo que me vio nacer así como mis recuerdos y vivencias en estas empedradas calles llenas de historia, pero de esa historia que día a día vamos construyendo los hijos e hijas de esta vendita tierra.

Mis padres se dedicaban al trabajo del campo, en una época en la que la agricultura era una de las principales formas de vida y sustento en nuestra isla, pero también la agricultura ha sido seña de identidad y de cultura en todos los aspectos. A ellos les agradezco los valores que me inculcaron desde niña. En palabras de un entendido, «La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre».
En mi familia la festividad de Ntra. Sra. Del Carmen era un día para estar todos juntos. Cada año por esta fecha, nuestras madres tenían que luchar con la plancha de carbón que tardaban en calentarse y procurar que no se apagara para poder planchar y lucir nuestras mejores galas, especialmente en las fiestas del Carmen, semana santa y navidad que eran las celebraciones más importantes del pueblo. (Alguna vez con una tizna/mancha de carbón en el vestido)
Recuerdo con nostalgia que mi abuela y mis primas venían caminando desde Tao para compartir el día con nosotros, asistir a la función solemne, a la procesión y almorzar juntos el tradicional puchero. A ellas también les hacía mucha ilusión venir a las fiestas de la Villa.
De la época de mi niñez añoro los años en el colegio donde las señoritas nos enseñaban las primeras letras de las que guardo un buen recuerdo aunque no tanto de una, que me las hizo pasar regular. Les cuento: ser zurda era algo inconcebible y se trataba de corregir desde la infancia como un error. En mi casa en cuanto notaron que yo cogía todo con la mano izquierda se empeñaron en que comiera con la mano derecha, escribiera con la mano derecha y no sé cuantas cosas más con la mano derecha, poniendo mucho empeño para conseguirlo. Mi madre siempre me contaba que mi abuelo Domingo ante esta situación les dijo a mis padres «Pero bueno, ¿Qué empeño tienen conque la niña coja las cosas con la mano derecha? Si nació izquierda que se quede izquierda». De hecho lo único que consiguieron mis maestras fue que escribiera con la mano derecha porque el resto de acciones lo sigo realizando con la mano izquierda. Eran otros tiempos y todo aquello que se desviara de la derecha estaba mal visto, especialmente estricta era la señorita Antonia que vino desde las Palmas a dar clase y todas mis compañeras del 49 la recordarán por su mal carácter.
Otra de mis vivencias fue con mi compañera de pupitre, Quique, a la que le gustaba mucho hablar en clase. Estaba dándome conversación con la tapa del pupitre levantado cuando la señorita Hortensia se dio cuenta, y la perjudicada fui yo ya que me mandó al último banco y ella continuó en su sitio. (O cuando nos mandaba de rodillas al patio).
Comencé en la juventud mi primer contacto con el piano. Gracias a la señora Paquita que me daba las clases y a las Hermanas Pino y Rosa que me dejaban el centro Falange donde había un piano, (por cierto no sé dónde podrá estar ese piano), allí pude aprender a distinguir las notas blancas de las negras. También, me gustaría destacar la colaboración que prestó Paquita, en una época en nuestro pueblo preparando la Navidad.
En nuestra sociedad tecnológica y moderna todos estamos permanentemente comunicados con teléfonos móviles pero en aquellos tiempos la comunicación se basaba en el trato con los vecinos, las conversaciones en familia y con las amigas, muchas veces camino de las novenas, que suponían una distracción ya que había pocas oportunidades de salir. Deseábamos que llegara el mes de Octubre para rezar el rosario en el convento de Sto. Domingo, en tiempos de D. José Fajardo y Rafael el sacristán puntal fundamental en la Iglesia de nuestro pueblo.
De esta época recuerdo los paseos que dábamos las chicas, carretera abajo carretera arriba, desde la casa de Mima hasta el Fogón Oriental. Para nosotras era muy importante estar en la punta, porque sí íbamos en el centro del grupo y pasaba el muchacho que nos gustaba, no tenía oportunidad de acercarse, por eso, todas queríamos punta. En aquel tiempo estos paseos eran de las pocas distracciones en las que podíamos estar con las amigas para hablar un rato de nuestras cosas.
Mis padres también me inculcaron la participación en la iglesia desde niña, y por ello, he participado cada año en la celebración del nacimiento, donde ya mi padre, formaba parte del Rancho de Pascua. Unas personas que han sido referentes para mí, las hermanas Dña. Manuela y Dña. Catalina Castillo y otras tantas que han participado a lo largo del tiempo en los diferentes actos que celebramos en el pueblo.
Hasta la actualidad he colaborado desde la sencillez en las actividades de nuestra parroquia. Esto, me ha permitido estar en contacto con los niños del pueblo y vivir los diferentes cambios que ha afrontado nuestra sociedad. Antes, era necesario escoger a los niños que querían participar en el Nacimiento, sin embargo, la situación ha cambiado radicalmente en los últimos años y ahora nos cuesta encontrar niños que quieran colaborar en la celebración. Para todos los que hemos nacido en este pueblo y amamos sus tradiciones la Noche Buena no se concibe sin la participación en el nacimiento, por eso, no nos gustaría que se perdiera esta tradición que cada 24 de Diciembre nos reúne en torno al humilde portal donde nace el niño Dios. Una tradición que vivimos con fe y emoción en nuestra querida Villa.
Durante mi juventud la mentalidad de una mujer estaba enfocada a aprender las labores del hogar y prepararse para ser esposa y madre, quedando reservados los estudios para los varones. Aprendí a coser con Yolita y Bienvenida, esto me ha permitido ir tejiendo un capítulo importante de mi vida al que he dedicado muchos años, las clases de corte y confección.
Comencé como monitora en el primer plan cultural organizado por el Excmo. Ayuntamiento de Teguise en el año 1983, siendo alcalde D. Dimas Martín Martín. El primer pueblo donde impartí clase fue Soo y viví una experiencia completamente nueva para mí. Allí las mujeres del pueblo encontraron un nuevo espacio de encuentro y diálogo, no solo aprendíamos sino que compartíamos vivencias y salíamos de la rutina cotidiana.
A lo largo de todos estos años impartiendo clase de Corte y Confección, no solo hemos enhebrado agujas y cosido patrones, sino que ha sido una oportunidad para tejer relaciones y confeccionar nuevos vínculos con las vecinas de los distintos lugares donde he estado. Las clases son un espacio para desconectar y para adentrarnos en la costura, en el mundo de la creación que permite desarrollar la creatividad y que nos hace crecer. No solo he tenido alumnas, sino compañeras de viaje.
En estos años como monitora hemos hecho distintas actividades con grupos de otros pueblos para convivir y compartir experiencias. Recuerdo un viaje a Fuerteventura con las compañeras de Mozaga y Tao, donde lo pasamos muy bien y vivimos una experiencia diferente en la isla vecina.
Estas fiestas que celebramos eran muy concurridas, pues acudían personas de distintos lugares de la isla y se organizaban muchos actos que siempre eran un éxito. Formé parte de la comisión de fiestas durante mi juventud y recuerdo la representación del popular concurso televisivo 1,2,3. Fuimos a Arrecife para comprar la vestimenta adecuada y preparamos con mucha ilusión todos los detalles. Esta representación tuvo un lleno total en el teatro y resultó muy divertida para todos los asistentes. Como cita ineludible en las fiestas del Carmen, quiero destacar el Teatro. Había que comprar pronto las entradas, porque si no únicamente quedaban disponibles las entrañables escalinatas y hoy todavía las echamos de menos. También preparábamos las banderitas con las que se engalanaba el pueblo. No era tarea fácil pues estaban hechas de un papel de colores muy fino y había que pegarlas con harina.
Hay muchos pueblos en nuestra isla, que como nosotros, celebran la festividad de la Virgen del Carmen. Unos con mayor solemnidad y otros más austeros, pero todos unidos por una gran devoción a la Virgen, patrona de los marineros.
En estas fechas tan especiales para nuestro pueblo, quisiera recordar con emoción a las personas queridas que echamos de menos, pues ya no están entre nosotros. Ahora nos cuidan desde el cielo, junto a Ntra. Sra. del Carmen, que jamás deja a sus hijos desamparados, sino que nos tiende su mano cariñosa en todo momento y cada 16 de Julio nos recuerda que camina a nuestro lado.
Doy las gracias a todas las personas citadas en este humilde pregón porque de todas ellas he aprendido algo, a mí familia y amigos y a todos ustedes por prestarme su atención. Gracias.
Les invito a participar y disfrutar de los actos organizados para conmemorar la festividad en honor a Nuestra Señora.

La Virgen de sonrisa dulce
Y de mirada serena
Que nos infunde respeto
Y nos alivia las penas.

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