Pregón de Teguise 2013

Pregón de las Fiestas del Carmen
Teguise 2013

Por  EFIGENIA TORRES  MARTÍNEfigenia Torres Martin

Muy buenas noches, Sr. Alcalde, Autoridades, amigos, vecinos y familiares.
A todos y a todas los aquí presentes vaya por delante mi agradecimiento por acompañarme en este acto tan entrañable y que da paso al comienzo de lo que serán las fiestas en honor a Ntra. Sra. del Carmen.
Se me ha ofrecido la dignísima oportunidad de ser la pregonera lo que me llena de orgullo y de tal responsabilidad, que todavía me tiemblan las piernas.

Muchos son los recuerdos que tengo en mente, unos con más nitidez y otros parecen diluirse ya que el tiempo pasa inexorablemente.
He desarrollado mi vida prácticamente en La Villa donde he formado mi familia, pero mi niñez y juventud la viví en Máguez, en el seno de una familia de diez hermanos siendo yo la número ocho, hija de ganadero y agricultor, Pablo y Dominga.

En el invierno todos los hermanos teníamos faena con las tareas del campo. Cuando llovía el agua se cargaba en barriles con la burra o el camello y también con el ruedo en la cabeza antes de que se secara el charco. Mi madre, Sólita y Lola se encargaban de las labores del campo y las propias del hogar; así como trabajos en época de zafra en Peña Redonda con don Julio Blanca para poder comprarse el ajuar.
Y cuando mis hermanos emigraron buscando oportunidades de trabajo por necesidad. Pablo a la Aiún. Juan Manuel, Angelito y José a La Palma y Domingo para Arrecife.
La comunicación era por cartas. Mis padres no sabían leer ni escribir, esa tarea me tocaba a mí y cuando recibía la carta y empezaba a leerla, mi madre lloraba y yo que no podía continuar. ¡Qué desespero! Escríbele a Juan Manuel a ver que dice de ellos. ¡No te achiques que tú puedes!
Mis maestras, doña Josefa y la Srta. Casilda, con la que nos iniciamos en la lectura, escritura con aquellos trazos tan perfectos y en el conocimiento de los números.
Tengo un grato recuerdo de aquella plaza de Máguez en las que ponían diversos juegos pero a mis hermanas Agustina, Ciala y a mí nos atraía más la ruleta de Cazorla.
¡Cómo nos divertíamos con la muñeca de un caroso y la lajita para jugar al teje!
Recuerdo el devenir en el pueblo, actividades como la lucha donde podíamos ver a Andrés Luzardo, el Pollo de Máguez; Rafael El Pintao, Nono el Artista, Camurria, Gregorio Barreto, hoy Cronista Oficial de Haría.
Además de los paseos por la plaza, lugar de encuentro entre las gentes del pueblo y forasteros, allí se iniciaban las relaciones de amistad como me sucedió a mí con Simón, un forastero que comenzó por ser mi amigo y, aspirando a ser un amigo especial, como dicen los jóvenes de hoy, me pidió que le dejara acompañarme por el camino. Me quiso sorprender con una serenata y ¡Menuda sorpresa se llevó él! Al terminar de cantar se quedaron hablando. Esto se alargaba y como no se iban mi padre salió, pero al oír el rugir de la puerta… volaron y yo, desde la alcoba, escuchando todo que el corazón se me quería salir. Y acabó siendo mi marido. Tras llegar el enamoramiento, fechas y planes de boda. Llegaba el momento de pedir la mano cosa que se estilaba en la época, dirigirse a los padres de la novia. A mi madre no le costó tanto porque ya que desde que tenías novio te acompañaba a las salidas, como también mi tía Gertrudis, situación que aprovechaba para salir. El momento complicado venía en la conversación con mi padre, dado que no existía aún mucha relación y para su asombro, su respuesta fue: – si ella quiere con una mano yo, con las dos-. Aquí empezamos la comunicación ambas familias, fui acogida y me sentí querida, igual Simón con la mía. Era tanto mi empeño y afán en caer en gracia que, mi suegra me invitó con un café. Antes era costumbre moler el café en el molinillo, pero mi suegra molió primero las pimientas para las morcillas. Se podrán imaginar cómo se me quedó la garganta, que hasta mi cuñada miraba al suelo pensando que lo había tirado y yo sin quejarme. Fui comadre de mi cuñada Carmen, aún siendo soltera. Ella fue la que me acompañó en el primer pateo por La Villa, dando el recado de mi primera amonestación y la fecha de mi boda. Me guiaba, pero había tantos callejones que cuando me dejaba sola me perdía.
En la Iglesia se anunciaba después de Misa, cada domingo una Amonestación: eran tres y el cuarto domingo correspondía al día de la boda, a la familia más allegada se solía avisar con anterioridad y de forma personal.
Los primeros meses de matrimonio estuvimos viviendo en casa de mis suegros, Simón y Lola, compartiendo el patio y cocina con su cuñada Rosalía y sus hijos Teresa y Marcial. Nos mudamos de alquiler a casa de Carmita Morales, también en Chimida, en ella vivimos 6 años.
Tengo en mi mente aquella mezcla de olores a nardos, hierba luisa y al humo de las caleras.
Los hornos de cal, uno de los trabajos más duros que se realizaban en el pueblo. De las pedreras de la Montañeta se extraía la piedra y se cargaban en camiones hasta la calera. Junto a la leña y el carbón se prendía, duraba la humareda hasta dos días, bajaba la cal por la hornilla y se terciaba.
Veía como llegaban las familias desde Tiagua y otros pagos del municipio en camellos, a cargar las piedras de cal para poner en las aljibes como desinfectante para limpiar el agua en el invierno después de las lluvias. La gente del pueblo buscaba la cal blanca para albear las casas y la morena para encalar, poner algún piso y también para los frontis y muros ya que cubría más y así poder tener listas las casas para las fiestas.
Teguise, pueblo laborioso y constante en sus obligaciones cotidianas, marcaban el ejemplo de una esplendorosa agricultura, por las cosechas de batata del jable, como las papas, sus cebollas, tomates, granos frutos secos, sus excelentes vinos y sus extraordinarios quesos.
Le ayudaba a descamisar a Adelaida la de Rumaldo en la era donde tenía el cañizo impregnado del gran olor del buen queso con su sabor peculiar. Cuando hacían la matanza de cochino me invitaban y yo colaboraba haciendo las morcillas. Mi suegro me ayudaba muchísimo, con sus conocimientos por su dedicación a matarife.
Hay momentos que empiezas a recordar y parece que están a tu lado, luego reflexionas y piensas: “no están físicamente pero estará siempre en mí, su recuerdo”.
Ayudaba a Antonia Sosa a coger vainas de arvejas, cebollas, a la cobra cuando trillaba en la era. Los granos y demás productos se los vendían a D. Eugenio Robayna, el tenía un almacén con personal contratado, allí apartaban los granos, las cebollas, las batatas… se encargaban de empaquetar y transportar los productos; a muchos dio trabajo durante varios años y después cambió de profesión cuando la agricultura bajó por la escasez de agua, dejando buen ejemplo como emprendedor, fundó su gasolinera que ha generado puestos de trabajo, negocio que hoy día gestionan sus hijos.
Cuando veía pasar a Tomás el pastor con su ganado formado por las cabras de la gente del pueblo, con el cabrito cogido en brazos porque alguna cabra le daba cría en el camino mientras pastoreaba. Cada dueño dejaba las cabras por la noche en sus corrales, y por la mañana se la llevaban al de su casa. Me recordaba a mi padre y se me venía en el pensamiento cuando yo las iba a buscar a los Jameos del Agua, Cueva de los Verdes o sacarlo del toril con mi hermana Agustina y Ciala.
Como Marcial Farray, que cuando llovía y corrían los barrancos, colocaba unas tablas para cruzar y dejar las cartas en la misma puerta, él se las ingeniaba para no dejar de cumplir con el reparto. Igual de servicial encontrabas a Marcos el zapatero, te hacía unas sandalias como te tapizaba cualquier cosa. Asimismo Manuel Cabrera con el mismo oficio, en lo que ibas a correo te ponía las tapas a los zapatos o les daba un cosió y los dejaba como nuevos.
Las tiendas que había, todas tenían su mostrador. Se vendía a granel y todo se dejaba reflejado detalladamente en la libreta del cliente como en la del comercio, así se llevaba el control de las deudas.

Las que conocí…, Rafael el Chispa con cantina, Maximiano Díaz, Amelia, Pepe Morales, Severa, Juana la de Enrique, Mariano con la fruta…., Concha la de Esteban, ésta la conocí poco, ya eran mayores y si le pedías una aguja te decía: “por una perra que vale una aguja, no me voy a levantar, me voy guisar los sueros con fulas…” y dejaba a cargo a su marido.
Las que frecuentaba era la tienda de Amelia, estaba en Los Molinos, en frente estaba el pilar de agua donde la gente del pueblo llenaba sus garrafones, se destinaba una cantidad según el número de miembros de la familia, ella controlaba este servicio de forma desinteresada.
La tienda de Pepe Morales, cuando la conocí la llevaba sus hijos, Bernardo la parte del almacén con millo y guano, baldes o sogas y la bodega, Mary y Sensa la tienda. Allí compraba también fiado… le decía a Sensa: “…cuando ingrese el Cabildo te pago…” y ella me decía:”…s¡ cobras y no me pagas las cojo de la Caja…” pues esta familia también gestionaban la primera Caja de Ahorros que se fundó en el pueblo, a cargo de Pepe Morales y Carmita su hermana. Pues yo lo tenía muy presente porque además su padre era el Juez de Paz. Al jubilarse los dos hermanos, sus hijos Kiko y Sensa continuaron al frente de la Caja.
Severa, como comerciante no había otra, te ofrecía y vendía de todo, siempre tenía alguna novedad. Me daba hilo para las rosetas y cuando le entregaba el trabajo terminado, me hacía el descuento. Siempre muy servicial.
Los carnavales….¡Que carnavales tan diferentes! Yo estaba acostumbrada a las mascaritas, a los refajos, a esos disfraces hechos con trozos de cortinas o de sábanas que escondían la Intriga de no saber quien las llevaba… y me encontré en este pueblo con unos Diabletes envueltos en el ruido de aquellas esquilas, que impregnaban los callejones de temor mezclado con desafío. Yo confieso, que los primeros años les abría la puerta con un disimulado respetito para invitarlos a un refrigerio… lo menos que esperaba yo es que fuera hacer ropa de diablo.
La primera que confeccioné fue a Pedro mi ahijado, mirando la ropa de Tomás Cabrera, no tenía apuro en cortar, ni coser pues había recibido clases de costura de manos de una buena maestra como lo fue para mí Fida, la de Nicolás. Después fui entrando en confianza y ellos entraban por la puerta principal de casa, se tomaban el licorcito y salían por la puerta de atrás para sorprender al grupo de chicos que estaban esperando gritándoles “Jelengua” a Tomás Cachimba y Carmelo, hasta que uno de mis hijos gritó “Jelé, Jelé, Carmelo el Mocho es”, y lo llevó corriendo hasta el Castillo y alcanzó unos zurronazos. Mi sobrino Toni, que venía de Máguez, también estreno’ el zurrón.
No me costó integrarme en la comunidad cristiana, acudía a la misa de las seis de la mañana. En esa época 1967, estaba de Párroco Don José Fajardo y Rafael Cabrera de sacristán, lo recuerdo porque a mí me llamó la atención por no llevar el velo y era obligación. Más tarde esta costumbre dejo de usarse.
Me traen muchos recuerdos mis vivencias en la Comunidad cuando destinaron al párroco D. Agustín Sánchez a nuestra Parroquia, quien inició el catecumenado y donde comenzó mi integración en los grupos de la comunidad cristiana, en cuya labor nos acompañaba Pepechu, durante su preparación para diácono, era el orientador del grupo de jóvenes que formó, junto a ellos recuperó la festividad de San Rafael en Los Molinos. A todos los párrocos que han pasado les debo un agradecimiento, por habernos formado, celebrado y compartido su experiencia para fortalecer nuestra fe, llevando así nuestro compromiso con entusiasmo, alegría y mucho amor. Hoy continuamos la andadura con D. Alejandro.
Semana Santa… se disfruta de unos días de reflexión, de familia y playa, que daba comienzo con el Domingo de Ramos, desde las vísperas preparando el olivo o decorando el palmito para su bendición.
A mi sobrina Carmen Rosa le gustaba mucho venir en esas fechas, sobre todo a la procesión del Encuentro… ¡Era muy bonita! Aparecía San Juan por el Arco de la Iglesia-esquina del antiguo correo y la Verónica venía pasando delante de casa de Seña Eustaquio, antigua telefónica… llegaba al encuentro de la Dolores y el Nazareno, que tenía lugar en la esquina del Palacio Spínola. Recuerdo que Don Alfonso encendía los motores de la luz en la puesta de sol y los apagaba a las doce de la noche. Por ello para el Vía Crucis preparaba un farol con una lata de leche condensada y una vela para la niña… ¡y qué contenta iba ella!, salíamos al Vía Crucis temprano, pero venía desilusionada me decía: “pues yo creía que iba a salir la Veroquina”.
Navidad, en todas partes del mundo es una fiesta entrañable, pero en la Villa de Teguise, son únicas e incomparables, un conjunto de sensaciones que con palabras no puedo expresar.

Desde el mes de noviembre ya están Carmelina, Mary Carmen, Mercedes y Nievitas, reclutando a los niños que van a participar en el belén viviente. Los ruidos de las sonajas, los panderos, los angelitos y los versos de los pastorcitos.
El ruido de las espadas y triángulo del Rancho Viejo, el Coro, aquel sonido de las castañuelas, ¡como las hacía sonar mi vecino Paco!
Parece que aún escucho la voz, al entrar en la Iglesia, de Manuel Cabrera, como la de Nono, labor que continúa Antonio González. También el ejemplo del Señor Daniel González, que a pesar de sus años, ¡como hacia el salto del niño!! Con sus anhelos para que no se perdieran las tradiciones
Desde las fiestas de Santa Bárbara, en Máguez, aviso a mi familia que se vayan preparando para venir a celebrar la Navidad; mis sobrinos y mi sobrina nieta, Haridiam, los primeros en apuntarse.
Gracias a Dios he tenido la suerte de que los que han podido tanto familia como amigos me han acompañado durante 46 años. La han vivido conmigo desde cuando vivía en Chimida y como de costumbre, mi suegra siempre dispuesta a acoger a mi familia, venía con los colchones al hombro para que se recostaran los niños, nos acompañaban entre ellos la familia de Palenke. Acudíamos al Nacimiento y Misa del Gallo a llevar a mis hijos, ya que todos han participado. Al terminar nos dividíamos: unos iban a los ventorrillos de la plaza y otros a la Acatife, aquellos que tenían por costumbre de ir a saludar a Segundo. Nos perdíamos de tanta gente que llegaba a ver este acontecimiento y al regresar no faltaba la visita a la Cantina del Chispa. Nos queda en el recuerdo esa armonía, el sabor de las truchas que habíamos preparado, el brazo de gitano que le compraba a Sensa, los mimos de Clementina y sin faltar los pasteles de carne de Maruja.
Al amanecer del día de Navidad nos visita el Niño Jesús, al besa pie acompañados de los participantes del belén viviente y junto a familiares y amigos a degustar un mantecadito, un mimo y también un buchito de licor de café, que aprendí hacer en este pueblo, y puse interés en practicar con una receta de la Señora Simona Méndez, porque el señor Pedro (panadero en Máguez), me advirtió… “si te vas a vivir a la Villa, tenme el pastelito y el Licor de Café para la Navidad tan tradicional allí, en esas fechas…”
Me ha tocado vivir con gente maravillosa, con unos vecinos estupendos que ya siento como familia. De la gente de este pueblo he gozado, aprendido y me han contagiado, no sólo en sus artes culinarias sino en las labores textiles: de mi suegra aprendí la presilla, blonda y rehilados; de mi cuñada, el encaje de horquilla, con Yoya la decoración de los manteles de rosetas, de María Machín, a hacer la montera, Lola la Majorera, Juanita y Águeda a los calados, en las manualidades M° José y Liduvina, de mi vecina Francisca, la confección del vestido de Angelito para mi nieta Acerina.
Todas estas enseñanzas, intento transmitirlas a través de exposiciones, en el mercadillo, impartiendo cursos y participando en Ferias no sólo en nuestra Isla, sino en otras e incluso en la Península. También he podido mostrar mi labor como artesano a las nuevas generaciones en los colegios, como también en el recorrido cultural que se realizó con los alumnos de las unitarias.
En este pueblo siempre hemos disfrutado de un plan cultural del que obtuve nociones de cuadros, cestitos de junco, escuela de adultos, taller de memoria… como también la oportunidad que tuve de natación en las instalaciones de Las Marinas…el primer día tuve que salir…! me parecía muy honda!, pero le cogí el truco y nos auxiliábamos unas a otras. Me toco de compañera Florita… ¡¡cómo nos divertíamos!! Mejor no contar…
El deporte… entre ellos el fútbol, siempre lo hemos atendido y ha sido un pilar importante para mantener a los padres en sintonía con los hijos porque hasta yo que no entiendo del fútbol iba al campo a ver los partidos de mi hijo Orlando y Tanausú. Mi marido después de la jornada de trabajo, ya estaba llamando a Domingo González o Carlos López a ver por donde comenzaba el recorrido del municipio para recoger a los muchachos ya fuera para un partido o un entrenamiento. En la Villa era muy raro no encontrar en La Mareta algún niño con un balón. Así sucede también en el balonmano que he tenido contacto primero con Rosa y hasta ahora mi nieta Acerina que juega en el equipo.
Otra actividad arraigada las peleas de gallos, que mantiene la afición, entre los que se encuentra mi marido. La primera que vi fue en el teatro…la gallera de Arrecife con La Villa… Aún sigue la riña.
Nuestras autoridades nos han dado la oportunidad de disfrutar de todos los monumentos históricos que tenemos en nuestro pueblo. Tuvimos la oportunidad de recibir las clases de Adultos en el Palacio Spínola con la profesora Otilia. Me matriculé para corregir la ortografía y aprendí hasta inglés. Llegaba tarde y me preguntaba ¿tienes los deberes?- Con esa asignatura estoy trabada- ¿Pero la estudiaste? Sólo sé decir My name is Efigenia, from Teguise y table.
En el Palacio Herrera y Rojas, la emisora de Radio, donde tuve la suerte de intervenir como miembro de Caritas para darnos a conocer y presentar la Campaña de Solidaridad.
Y en este Convento de Santo Domingo, que en su día celebró la entrega de la Orla de mi hijo Tanausú en 4o de la ESO, hoy punto de reunión para el comienzo de estas Fiestas.
La veneración a la Nuestra Señora del Carmen, mi consuegra Felipa, me preguntaba que cómo en La Villa no siendo pueblo de costa se celebraban las Fiestas en honor a la Patrono de los Marineros, y esto se debe que al ser antigua capital fue la sede de la primera cofradía de pescadores de las Isla, y aún desde antes debido a que los Franciscanos implantaron su culto.
Nuestras fiestas son un motivo para las reuniones familiares y de amigos, de esta forma mantenemos viva nuestra cultura y costumbres que tanto han caracterizado a este pueblo.
Actividades destacables como los actos religiosos en su nombre, con los versos de Elsa y con su ofrenda destinada a los más necesitados. Otra muy importante en Teguise es el Teatro, que se ha mantenido y evolucionado llevando su arte usando como escenario nuestras calles y callejones, su diana floreada que ambienta el entorno con la música de la Banda Municipal y el colorido de sus gigantes y cabezudos, los encuentros de folclore con las agrupaciones entonando sus mejores coplas y en las que mi hija Yurena aportaba su granito de arena, tocando la guitarra, las proyecciones de cine en La Mareta y que no faltara el puchero en la mesa pee compartir.
Encarguémonos de mantener nuestras tradiciones que es nuestro patrimonio…” que no hayan casas sin gente, ni gente sin casas…”
Les animo a vivir felices bajo la advocación de Ntra. Sra. del Carmen, intentando imitar su ejemplar comportamiento y manteniendo entre todos una vecindad feliz.
Espero y deseo que por unos días olviden sus preocupaciones cotidianas para pasar en estas fiestas momentos muy divertidos.
Hacer extensiva la felicitación a todos los vecinos de La Graciosa, que a pesar del mar que nos separa es un pago de este Municipio, que también celebran sus Fiestas Patronales.

¡VIVA LA VIRGEN DEL CARMEN!

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