Pregón de Teguise 2011

Pregón de las Fiestas del Carmen
Teguise 2011

Por:  JOSÉ GERMÁN CAMACHO HERNÁNDEZ

Señoras y señores: Muy buenas noches.

A mediados de la segunda semana del pasado mes de mayo recibí una llamada telefónica de mi amigo Paco -Paco el de Severa, como familiarmente todos le conocemos-, donde me invitaba, por delegación del Concejal de Cultura de nuestro Ayuntamiento, a ser el pregonero de las Fiestas del Carmen de Teguise de este año.

Era pasada ya la media tarde y había regresado de dar uno de mis paseos por las calles de la hermosa Ciudad de San Cristóbal de La Laguna, donde resido.

¡Germán!, me dijo, este año te ha tocado ser el pregonero. ¡Sí!, te ha tocado.

Inicialmente no supe que responderle.

Cuatro años antes también me lo habían propuesto pero por esas fechas no me encontraba bien ni física, ni anímicamente -ya que estaba inmerso en un proceso de jubilación por enfermedad- por lo que amablemente, y agradeciéndoles la deferencia que habían tenido hacia mi persona le comuniqué a Paco que no podía serlo.

Quizás en otra ocasión.

Por ello quiero con estas mis primeras palabras dar las gracias a la Comisión de Fiestas por depositar en mí, por segunda vez, su confianza para elaborar este pregón.

Quiero también agradecer a todas aquellas personas, y sobre todo a mi familia, que han despertado en mi memoria un sinfín de vivencias y recuerdos que tenía olvidados, y que me han animado constante y permanentemente.

Gracias también a todos ustedes por su presencia.

Deseo asimismo pedir disculpas porque voy a nombrar a muchas personas, sin el permiso correspondiente, pero con el mayor respeto y consideración para todas ellas o sus familiares.

Confieso, pues, que esta nueva propuesta me cogió un poco atolondrado, quizá por el cansancio del largo paseo que había realizado.

Le respondí:

“¡Pero Paco!, si llevo ya casi cuarenta y cuatro años fuera de la Villa, ¿de qué voy a hablar? No tengo ni idea de cómo se escribe un pregón, ni aquí dispongo de la información adecuada para ello”.

Me exclamo:

“¡Don Bartolo, el maestro, también llevaba fuera de la isla más que tú y fue pregonero! Por lo general, casi todos suelen narrar sus vivencias personales”.

Me quedé dubitativo. Pero después de la cortesía que habían tenido al invitarme la primera vez, no podía negarme y como aun faltaba más de mes y medio para el día de hoy acepté gustosamente.

Mientras, iría haciendo anotaciones, viajaría a Lanzarote 10 o 15 días antes de la fecha, y con la información que podía obtener en el archivo municipal y la que Paco me suministrara lo escribiría.

Suelo oír bastante la radio. Casualmente un día escuché una entrevista que le estaban realizando al ex presidente de la Real Academia de La Lengua, Víctor García de La Concha. Analizaba la similitud existente entre la obra escrita de cinco importantes escritores en lengua castellana. De uno de ellos, el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, citó una frase que éste había escrito en su libro de memorias:

LA VIDA NO ES LO QUE UNO VIVIÓ, SINO LO QUE UNO RECUERDA QUE VIVIÓ PARA CONTARLO.

Estas palabras me sugirieron la idea de lo que plasmaría en mi pregón. Relataría, ya en la Villa, saliendo de mi casa y regresando a ella, haciendo un recorrido imaginario por sus calles, los aspectos más entrañables e inolvidables de mi niñez y juventud.

[CARPETA DE FOTOS 1]
Vamos pues:

Comienzo mi viaje entrando en la tienda que hoy es una ferretería con un largo mostrador de madera en forma de L. Veo a Maximiano Díaz allí, en la esquina, leyendo el periódico Antena o El Eco de Canarias o ya por la tarde El Diario de Las Palmas. O rellenando quinielas a las que era muy aficionado. Era un forofo del Real Madrid. Veo también a Don Severino Bethencourt, a don Leandro Perdomo, a don José el cura y en alguna ocasión a don Julio Blancas con quien solía acudir a las peleas de gallos a las que era muy aficionado.

Salgo y entro en la cantina de Andrés García. Me veo mirando y paseando por las diferentes mesas en las que se juega al envite, en partidas de 4. 6, 8, e incluso 10 o 12 jugadores: Bartolomé y Enrique Caraballo, Domingo Hernández, seño Tomás Batista, Andrés Díaz, Manuel López, Nicasio Acuña, y muchos otros que ahora veo mentalmente pero cuyo nombre no recuerdo.

También a mi hermano Emiliano que jugaba a la “napolitana” con Horacio Rodríguez, Pepito Perdomo, Jaime Tolosa…

Y ya yo un poco mayor jugando partidas con Pepito Bonilla, Paco, Pocholo, Falo Acuña, Bernardo y José Francisco Morales, Gorio, Germán López, Nolo Fontes, Pepito Rodríguez, Ramón Camacho y su hermano Felucho, Benjamín Díaz, Tomasillo, todos ellos de mi edad o un par de años mayores o menores que yo. Unas veces algunos de ellos eran compañeros y otras contrincantes. Jugábamos a la salida de misa de los domingos y también por la tarde. Entre partida y partida tomábamos unas tapas con un vaso de Agua Moya o un vasito de vino, que nos servía el propio Andrés o sus hijos Pepe y Jaime.

Uno de mis recuerdos más gratos era ver correr el barranco que pasaba delante de la casa de mi abuela Nieves. La calle no estaba asfaltada, como ahora, sino empedrada e inclinada por ambos lados hacia el centro. Cuando escampaba mi madre me enviaba con sacos y “julaga” para poner en la “arcogía.

En la parte posterior de la casa de Andrés García, lindando con el parque Alfonso Spínola se celebraban verbenas. Recuerdo el escenario engalanado con ramas de palmeras y globos, a Juanito el de Severa tocando la trompeta; a Juanele, Zenón, Lolo, Sosto, Sindo Machín, Alfredo Curbelo y otros tocando sus instrumentos.

También aquí había luchadas en las fiestas importantes; nos subíamos al muro de mi casa que lindaba con la suya y así las veíamos.

Recuerdo también el canapé de piedra existente junto al muro de enfrente de la casa de mi abuela en el que en las noches calurosas de verano nos sentábamos a refrescarnos.

Continuando con mi recorrido llego a casa de mi tía Gabriela a donde iba a buscar higos picones. Enfrente vivía seño Esteban García y su esposa Eulogía, a quien aquí especialmente quiero recordar, pues fue la primera persona que vi en mi vida ya que era la comadrona que atendió a mi madre en el parto cuando nací.

Sigo y al cruzar la esquina en dirección a la era de mi tía Margarita, recuerdo la impresionante figura de seño Salvador Pérez fumando un puro que confeccionaba él mismo con las hojas de tabaco que cultivaba. En la era, en la época de trilla acudían a ayudar todos los vecinos de los alrededores: Manuel López, Vicente Villalba, José Camacho, Manuel Díaz.

Recuerdo que además de a la trilla iba muchas veces a escamisar el palote. Y sobre todo, turnándome con mi tía Margarita en el uso de un majo grueso enorme en el mortero de canto rojo, con millo y un poco de agua, para pelarlo y luego hacer un caldo.

Un poco más abajo, a la altura de la casa de Manuel Díaz, se iniciaba el camino que conducía al monte, donde mis padres me llevaban metido en la alforja del burro. En esa época me encargaba de recoger las papas o batatas chicas que quedaban detrás y que no servían para el embarque.

Iba muchas veces con mi amigo Pepito Bonilla al ayuntamiento donde trabajaba su padre. Había un patio interior con un aljibe, sacábamos agua y regábamos los geranios. En la parte trasera exterior estaba la carnicería, con las piezas de animales colgando en los garfios, y a donde acudía a comprar carne cuando en mi casa se hacía “puchero”.

Ya delante del Ayuntamiento, muchos de ustedes, de mi edad o mayores, recordarán los distintos juegos que se realizaban en las fiestas. Pero lo que más ha perdurado en mi memoria es la figura de Alejandro el celador poniéndonos a todos, que portábamos una banderita, en fila, esperando la llegada en un coche engalanado del gobernador civil de entonces.

Siguiendo el recorrido que me he propuesto realizar llego a la carpintería de José Francisco Herrera. Pero ahí al que recuerdo es a don Alfonso Tolosa engrasando su coche negro y alargado con el que iba luego con don José el cura a leer el Evangelio en las misas, acompañándome también Pocholo. Junto al garaje estaba el cine y veo a Juan Rodríguez que vendía las entradas, y a Pepe Curbelo, Simón Morales o a Pepe Rodríguez, que las recogían en la puerta de acceso.

Por la misma calle hacia arriba, estaban las tiendas de María Luisa y seña Frascorra donde recuerdo que íbamos a comprar una perra de chufas, de algarrobas o de regaliz.

También recordaba que iba con bastante frecuencia a casa de doña Rosa Bethencourt y a casa de Leandro Delgado, pero no sabía el motivo. Al preguntarle a mi hermano Justo me dijo que era para buscar gajos secos de parra y carozos de millo. Todos sabemos para qué.

[CARPETA DE FOTOS 2]
Siguiendo mi trayecto llego junto a la casa que fue de don José Ramírez. Si giro a la izquierda tomo la dirección de la Montañeta donde iba a llevarle a mi padre la fiambrera con la comida, cuando trabajaba colocando en las zanjas las tuberías que traerían el agua desde las galerías existentes en los riscos de Famara.

[CARPETA DE FOTOS 3]
Si sigo en la dirección de la Vera Cruz llego hasta los molinos recordando mi época en que jugaba al fútbol, de portero, donde hoy está el campo actual, que era de tierra y que cuando llovía se llenaba de barrancos.

[CARPETA DE FOTOS 4]
Recuerdo también que con 12 o 13 años mi madre me enviaba a Haría con el burro a vender batatas o tomates. Salía de mi casa, y giraba justo aquí, delante de la puerta de entrada del Teatro, giraba, atravesaba la Mareta, seguía por la Vega en dirección a las Nieves y luego bajando las cuestas de Malpaso llegaba a Haría. Alguna vez, bajándolas se me partió la cincha de burro y se me cayó toda la carga.

[CARPETA DE FOTOS 5]
Recuerdo las subidas al arenado del castillo para arrancar las lentejas o las arvejas.
Los arenados de sus laderas plantados de tabaco.

Y ya en el interior del mismo los distintos calabozos a los que bajábamos colgados de atillos o cintas medias viejas.

[CARPETA DE FOTOS 6]
Un lugar muy importante para los chicos de la época era la mareta. Allí jugábamos también al fútbol procurando que la pelota no se nos fuera para dentro del agua. Pero sobre todo nos gustaba arrastrarnos desde arriba montados en sacos y llegar hasta abajo, por la zona más alta que era la que iba a dar a los cuarteles.

Un sitio álgido era la plaza del pueblo, frente a la iglesia. Pepito Bonilla se llevaba el tocadiscos y nos pasábamos horas escuchando música acompañados de las amigas de nuestra edad.

Aquí recuerdo el banco donde estaba sentado con Perico Pérez y Pepe Perdomo Pino cuando me enseñaron por primera vez a conocer las horas que marcaba el reloj de la torre. El primer banco a la izquierda, según se sale de la iglesia y se entra en la plaza. Pero lo que nunca he olvidado, y son las únicas que me he aprendido en mi vida, son las alineaciones de los equipos de fútbol del Barcelona y del Atlético de Bilbao de la época. Si nos vemos casualmente, antes de saludarme Pepe Perdomo me dice: “¡¡alineación del Barcelona!!, y yo le respondo:
Ramallets, Seguer, Biosca, Segarra, César, Flota, Bosch, Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón.

O la del Atlético de Bilbao:

Carmelo, Orúe, Garay, Canito, Mauri, Maguregui, Arteche, Marcaida, Arieta, Uribe y Gainza.

De la iglesia recuerdo cuando después de la misa nos daban el catecismo Censa, la hija de don Salvador Jiménez y Mercedes González, la maestra. Pero sobre todo el día en que la misa se celebraba por la noche, se apagaban todas las luces de la iglesia, la gente que vestía de negro, en silencio, nerviosa, esperando, y de pronto, pummmmm. Era el tiro de la escopeta de Agustín Castillo anunciando la Resurrección de Cristo.

[CARPETA DE FOTOS 7]
Ayer, después de comer en el Chiringuito, entré como siempre a mi casa por la puerta de atrás y eso que miro a la izquierda y veo la gañanía. Pasaban muchos años y ni siquiera entraba. Ayer lo hice. Y encontré todos los aperos de labranza que utilizábamos entonces y recordé las actividades que con ellos realizábamos que me darían para escribir 10 pregones más:

El vaso en que traíamos la paja o el palote en el camello, las palas de ajollar, la jorquetas, la rastra, la tanganilla, las sillas del camello, la albarda del burro, la zaranda, las cestas y cestos para recoger las batatas o las papas, los cribos, las cernideras, y sobre todo una reliquia, de más de 60 años y que muchos de ustedes recordarán porque fueron a mi casa más de una vez a comprar batatas: la pesa con los mismos atillos, el fiel de hierro y los pesos de “callaos”.

Me vinieron entonces a la memoria otros recuerdos: el chillido del cochino cuando se mataba, la hoguera de julaga en el patio de atrás para quemarle el pelo, la sangre en la palangana, que se separaba para hacer las morcillas, el olor a chicharros fritos, las barricas donde se guardaban en sal la carne y el tocino de un año para otro.

Las truchas que hacía mi madre, la empleita de palma sobre la quesera, con la leche cuajada, el olor a los sueros que luego tomábamos con gofio, los sancochos, con batatas recién traídas, aún con el jable mojado pegado, las papas ratiadas, el congrio o la corvina, las jareas y los pejines, las sardinas embarricadas o en aceite, el queso de cabra tiernito, el mojo rojo, los higos porretos, el zurrón con el gofio amasado…

Los labios chorreando el jugo de sandía o del melón carraspeño con su olor y sabor característicos.

Los potajes de chícharos o de trigo con costillas o patas de cochino, los potajes de arvejas con papas bonitas y claras de huevos. El sabor del cilantro.

Las canales corriendo, el agua entrando en el aljibe. El balde en que la sacábamos, fresquita, y del que bebíamos hasta saciarnos.

Creo que ya es hora de que yo calle, y que ustedes hablen, o mejor, coman y beban.

¡¡QUE VIVAN LAS FIESTAS DEL CARMEN!!

Muchas gracias

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